martes, marzo 17, 2009

Perth, 14th March 2009

No me gustan las hamburguesas en Australia. Y no es que no me gusten, es que no me gustan las de aquí. Con esa mayonesa dulce, con esa remolacha, bañada en salsa BBQ, el sabor te empalaga hasta la mucosa nasal. Pero ese día andaba apurado así que pedí el combo doble con todo -no, no please, medium size. No, miss, no deserts, thank you- Agarro mi bandeja y me la llevo a una apartada mesa alta de cuatro puestos, de esas para gente solitaria que come sin compañía. Que nadie me hable, que nadie me vea, sólo quiero comer rápido, relajarme y salir. Y sí, reconozco que me gusta la vista amplia que te dan esas mesas, son muy apropiadas para la práctica del people-watching.

Con sumo cuidado desempaqué mi hamburguesa, calculé meticulosamente la fuerza con la que tenía que encajar el pitillo en el centro exacto de la tapa del vaso de coca-cola, lo meto y listo, ya estoy comiendo. Fue allí cuando comencé a observar a la gente a mí alrededor. En frente está un flaco largo con su novia, se ven muy enamoraditos, en un rascabucheo típico de la edad. En la esquina está una abuelita con su nietecita. Y la nené me saluda a lo lejos como diciéndome: “te estoy cazando” mientras las detallo. Es que tú sabes, todas las niñas se ríen conmigo. Y en el centro ¡epa! Allí está un gordo con su hijo gordito, con una cara y ademanes que juraría ya que este tipo es Venezolano. Pero es que Perth ya parece Miami, uno se los consigue por todos lados. ¿Qué hago, me acerco a saludar? Nooh, que va. La primera regla de oro entre los venezolanos en el exterior es que sí te consigues a uno en la calle, mejor déjalo pasar. A un venezolano te lo tienen que presentar en casa de alguien o conocerlo del trabajo o algo; si te tropiezas a uno en la calle, la desconfianza generalmente se impone.

Pero veamos, el hijo es igualito al papá, los dos gorditos. Papá gordo está hablando por teléfono celular, un iPhone de esos –con musica, facebook, agenda y pues si vibra quien sabe para que más le servirá- y se le escucha en un español desgañitado: “no, no mamá, que se joda. Si el tipo ese no quiere pagar los 350 por la Hummer no se la vendas”. Y es allí cuando el hijo gordito le dice a papá gordo: “Papá, pupú”. Y papá gordo: “bueno mamá, yo se que ya yo me vine para Australia y tengo que salir de esa vaina pero coño, la Hummer está como nueva y además allá está cotizada con la escasez de carros que hay…”. En eso niño gordo se baja de la silla, se mete debajo de la mesa y con su manita le toca la panza al papa: “Papá, pupú. Quiero hacer pupú” a lo que el padre responde: “¿qué? ¿300? ¡No pana! Mira mama, yo tengo que sacarle algo. A mi me costo como 300 y eso antes de los rines que le monte”. Y el hijo: “Papá, pupúuu!”. En eso el gordo le tira un manotón a la bolsa de papas y se mete varias de un golpe: “essam… ñam… Hummerm … ñam… ñam… que se jodam… ñam”. Y niño gordo: “Papi, pupúuu!” A estas alturas la abuelita de la esquina estaba roja a punto de gritar “oh my god!”; el flaco parecía que se iba a lanzar un clavado en la merengada y la novia estaba sudando a borbotones con ganas de que se la tragara la tierra. Y papá gordo siguió luego de tragar: “¿y es que pa’ papaito no hay nada? Es más, ahora sacando cuentas, esa Hummer está muy barata. Pónsela en 370 a ver que te dice el carajo…”. “Papá, pupú”. “Si vale, y si no le vendemos la camioneta a otro” “papi, ¡pupú por favor!”. “dile al tipo que si me deposita en dólares afuera podemos hablar”. “Papá, pupú”.

Fue allí cuando niño gordo se paró en medio del pasillo, puso una piernita a un lado, la otra del otro y cual luchador de sumo, se agachó levemente y pujó. El sonido y el aroma que lo siguió nos hizo entender a todos los presentes que había cumplido su propósito a cabalidad. Entonces niño gordo se acerco al padre y lo llamó: “Pápi, papi” a lo que papá gordo respondió: “sí bueno hijo ¿qué es lo que pasa?”. Allí me provocaba pararme y gritarle: “¿cómo que qué le pasa? Que se cagó, se cagó aquí en frente de todos mientras tú hablabas pendejadas por la verga esa” pero no dije nada, tu sabes, es que soy tímido. Niño gordito le dijo “pápi, quiero ir a un parque” y el padre respondió “está bien hijo, vamos”, tomó a su hijo de la mano y recorrieron el pasillo dejando una parda estela a su paso. En su ruta a la puerta de salida, papá gordo me pasó por un lado y en perfecto english-ñol me preguntó : “excuse me my friend, where is the nearest park?” A lo que respondí:

- Sorry mate, I don’t know. I’m not from here.

martes, febrero 24, 2009

The aussie way (5): Pubs and alcohol

-Fer.., fancy a drink?- me dijo un compañero de trabajo mientras yo estaba concentrado en la oficina. –Alrightie, just let me give a ring to the boss- contesté mientras marcaba el teléfono para llamar a la ministra de relaciones exteriores: que mi amor, tu sabes, que es viernes, que voy con los muchachos, dejo el carro en la casa, que sí, que regreso con fulano que su esposa lo pasa buscando. ¡Listo! –Ok guys, let’s go-. Y nos fuimos.

El pub debe ser la mejor de las invenciones australianas. No es el mismo pub oscuro británico lleno de tipos tatuados malencarados mata-wogs (aunque ese tipo de pub también existe aquí) Es, generalmente, un sitio donde se puede comer –a carta fija, no al mismo nivel de un restaurant- con cierto ambiente cordial, me atrevería decir que a veces familiar, donde hasta es posible encontrarse con niños - aunque esto es poco común-. Por supuesto, invariablemente hay una barra, y mucha, mucha cerveza y otras bebidas espirituosas. Y así pues, allí estaba yo, llegando ese viernes por la tarde a un aussie pub con algunos compañeros de trabajo.

-Guys, this shout is mine- dijo uno mientras se paraba de la mesa y se dirigía a la barra. Un shout es una ronda. Aquí existe toda un ceremonia respecto a tomar y a los shouts. Es suficiente decir que, primero, nunca se toma sólo, siempre hay que buscar al menos un mate (compañero) para tomar. Segundo, cada shout que uno reciba debe devolverse –brindarlo- en las siguientes rondas. Tercero: uno no puede retirarse del pub si las rondas no le han permitido devolver los shouts (shame on you); el que se pare es un piker (ni me atrevo a traducir eso). Y –aquí está- cuarto, esta cuarta regla se refiere a la forma y cantidad de lo que se toma.

En la mesa se comenzó con cerveza. Luego alguien sugirió: “next shout spirits guys!” y tomaron whisky Bourbon. De allí otra vez a cerveza, a veces negra, a veces blanca. Luego a cócteles bomba. Ya aquí algunos se estaban descomponiendo: “Maaaatee, you are my mate, ain’t you?...you ain’t gonna get angry with me never ever are you, hahahaha…”. Los tres pegaban saltos, le daban puñetazos a la mesa, se metían con el que pasara; ojos desorbitados, baba cayendo por la boca. Miro a mi alrededor y si bien el ambiente era todavía cordial, sí habían algunos excesos etílicos aquí y allá. En particular en la barra había uno con lentes que se caía de la silla alta de vez en cuando y lo que cargaba era una “voladora” de película. Yo a esas alturas tampoco notaba la diferencia entre una cerveza y una sopa de pollo, por lo que me fui a la terraza a respirar un poco de aire fresco.

Allí en la terraza me puse a cavilar: en Latinoamérica y la Europa mediterránea es embarazoso el lucir así de borracho y ruidoso. Allá es más macho el que aguante más palos sin perder la compostura. Aquí no. Aquí es lo contrario. Como buenos herederos de la Europa nórdica, en Australia es más macho el que se embriague y pegue brincos más rápido. Para eso se bebe, para olvidar, “to get away”. Por eso es que mezclan bebidas, para irse al demonio lo antes posible. Y beben como cosacos, en cantidades industriales. ¡Todos! Hombres y mujeres. No lo digo yo, el problema lo reconocen ellos mismos. Emborracharse aquí es “cool” y es promovido desde todos los espacios sociales: colegios secundarios, casas, amigos. Si sabré yo lo que es ser adolescente y que los amigos te digan: “¿pero tú no lo haces?, lo tienes que hacer, todos lo hacemos, ¿no lo has hecho todavía? ¡Hazlo! ¿Cuando lo vas a hacer?” Y algunas otras cosas frecuentemente vienen con esta cultura etílica fiestera: alcoholismo real, promiscuidad y drogas incluidas. Aquí los adolescentes tienden a ser muchísimo más liberales. Por eso, porque aquí es Cool lo que en Latinoamérica es embarazoso, porque aquí sí hay cultura de emborracharse y no de mantener la compostura; por eso sostengo que en Australia hay que estar más alerta con un hijo adolescente que en Latinoamérica.

En Venezuela, por supuesto, también hay alcoholismo, sobre todo en barrios pobres donde eso de mantener la compostura no se usa tanto. Pero de la clase media hacia arriba todavía existe cultura de beber socialmente y no emborracharse, o al menos fingir no estar borracho, para no “pasar la pena”. Eso sorprendentemente persuade a muchos a beber con moderación. Pero aquí no estamos protegidos por el mantra de una clase privilegiada. Aquí vivimos como todos, en el gran barrio Australia -casi- sin clases, donde todo lo que le pase al populacho, bueno o malo, le puede pasar a uno. Dicho esto, lo que se necesita es sólo un poco más de atención al adolescente, más nada. Conozco muchos casos donde todo va bien –y también algunos donde no-.

De vuelta de la terraza, ya adentro se había prendido una trifulca que involucraba al amigo volador de lentes de la barra con otro más. Se estaban dando con todo. Borracho es borracho.

jueves, febrero 19, 2009

4 ingredientes para Naty

Hace unos días me puse a escuchar un programa de opinión por radio venezolana en Internet. La cosa fue más o menos así:

-¿Aló? ¡Ay gracias por atenderme! Al fin voy a poder desahogarme de todo lo que nos esta pasando – dijo la chica con el típico acento “mandibuleao” del este Caraqueño.

-Me llamo Natalia pero me dicen la Naty… Bueehno, es que estoy super friqueada y shoqueada. O seeea ¡ya no aguanto más!- siguió nuestra amiga. Y por cierto, estos dos últimos verbos vienen de freak y shock en inglés.

Luego de una corta conversa y frente a las invitaciones del conductor del programa para que se desahogara, la moza culminó muy elocuentemente:

-…y lo que no puedo entender es como nosotros los Venezolanos, una gente tan linda, terminamos gobernados por ese monstruo, tan feo, tan grosero, vulgar, enredador, tramposo, que manipula los resultados de las elecciones y que además tiene a este país sumergido en una sola crisis y una sola pelea desde hace 10 años. Es que yo lo veo tan claro… ¿Cómo nos pudo pasar esto? ¿Cómo es que los que todavía lo apoyan no lo ven? ¿Son tarados?-

Ay Naty, Naty. Escucha Naty. ¿Que cómo nos pudo pasar esto? ¡Las cosas pasan loquilla! si los planetas se alinean, si combinas los ingredientes exactos, en el momento preciso. Mira, toma una licuadora y mete estos 4 ingredientes:

I. Nuestra sociedad disfuncional: con los típicos problemas de cualquier sociedad latinoamericana: una gran mayoría pobre olvidada y una minoría dirigente –desde la clase media hasta la política- que los miran por encima del hombro, los ignoran y sólo piensan en ellos mismos y su cogollo. Estos últimos además les dio por ser más corruptos que nunca en un momento histórico por allá a finales de los 80.

II. La resaca soviética: en los 60 y 70 los soviéticos financiaban el adoctrinamiento desde adentro de las filas de los jóvenes militares en Latinoamérica –Venezuela incluida- como un plan para expandir el comunismo. No resultó bien, y luego lo intentaron en las universidades (por eso el halo izquierdoso de casi todas las universidades de la región) pero el caso es que un obsequioso joven militar, al cual llamaré “Esteban de Jesús”, sí que resultó adoctrinado en extrema izquierda y comunismo. Este mismo Esteban se rebela contra la putrefacta clase política de los 80 y se levanta contra el gobierno en un golpe de estado a principios de los 90.

III. A un carismático oportuno: Esteban se las arregla para ganar popularidad desde la cárcel a la cual fue a parar por su insurrección. Sale. Forma un partido político, se aprovecha de que la gente estaba harta de la clase política existente, se lanza a la presidencia y ¡oh sorpresa! ganó a finales de los 90.

IV. Petrodólares: al segundo año de gobierno, justo cuando la luna de miel se le acababa a Esteban, el condenado tiene la recontra suerte de que el barril de petróleo sube a precios estratosféricos. La entrada de petrodólares le ha dado –hasta hace poco- financiamiento para mantener cierto nivel de popularidad de forma artificial en base a regalos, dadivas, corrupción, compra de conciencias, amedrentamiento, de todo un poco.

Y mi querida Naty; a estas alturas creo que no vale la pena porfiar que somos gente tan linda, insistir en que lo que esta allí no está, seguir diciendo que el rey no está desnudo. No vale la pena negar nuestras disfuncionalidades como sociedad y mucho menos ahora cuando se hace evidente que es principalmente por ellas que estamos donde estamos. Nuestro país no es ni la peor ni la mejor sociedad de América Latina, pero sí es a la que se le alinearon los planetas hoy, a la que se le revolvieron esos 4 ingredientes en la secuencia precisa.

Y ya ves mi estimada Naty: las cosas sí pasan. Allí está la Alemania nazi, y sin irse tan lejos: las cruentas dictaduras de Argentina, Chile y Brasil en los 70. ¡Vaya! ¡Si le sigue pasando a Cuba desde hace 50 años! A ellos ya les tocó, se les alinearon los planetas en su oportunidad. Ahora nos tocó a nosotros. Todos estos casos Naty, demuestran que la democracia no es perfecta pero es lo mejor que hay. Lo que le falta para ser perfecta, ese 2% perverso, maligno, cuando las cosas salen pésimo aún en democracia, allí vive Venezuela en este momento. A veces por ese 2% se sale del área democrática, y se regresa, y uno no está ni seguro cuando Esteban fue democrático y cuando no lo fue.

Naty, a riesgo de que te molestes conmigo te voy a decir una cosa: el ventajismo exagerado y hasta la trampa son parte del juego democrático, de ese último 2% imperfecto. En todos los países, el gobierno en alguna oportunidad ha abusado de su poder. Sino acuérdate del 2004 cuando Bush le ganó a Gore en los EEUU. El abuso de poder, la intimidación, presos políticos, trampa electoral, uso del dinero para fines políticos y no para la prosperidad del país, todas son viejas fórmulas. El gobierno será tan abusador y doblará las reglas de la democracia tanto como las circunstancias de popularidad le permitan. No hay gobierno que resista una popularidad de menos de 10% por mucho dinero y ventaja que tenga. Así fue como sacaron a Fujimori del Perú, pero lamentablemente ese no es el caso en Venezuela –todavía-.

Paciencia Nati, que al menos el cuarto ingrediente ¡ya no está! Con la maquinaria de gasto de este gobierno, a finales de este año van a estar sumergidos en una falta de liquidez tan profunda, que nadie se va a acordar de ese pedazo de referéndum que se celebró en Febrero. Y la gente lo va a cobrar. Quédate tranquila Naty, tranquila.

domingo, febrero 15, 2009

Country


La campiña o interior del país es similar en todas partes. Y sus personajes también: el vaquero americano, el caipira brasileño, el gaucho argentino, el llanero venezolano, todos son versiones del mismo héroe. Pero se me atoja que el aussie farmer, o granjero aussie y en general la vida en el aussie countryside guarda una increíble e inenarrable similitud con su análogo americano.

El granjero aussie, trabajador como el solo, es un personaje que se levanta a las cinco de la mañana a hacer sus faenas. Trabaja con sus manos; el mismo atiende la tierra o ganado, y si acaso tiene a un grupo de 2 o 3 que lo ayudan, generalmente de la misma familia. Anda por necesidad en una camioneta UTE -la cual es una versión de la pick up americana- con la que surca inmensas praderas verdes y largas carreteras en busca de materiales, hablando con gente, resolviendo prestamos con el banco, atendiendo sus asuntos contables, negociando la cosecha con los –siempre usureros- mayoristas o con las –más usureras aún- grandes cadenas de supermercado. El Aussie farmer pasa mucho tiempo bajo el sol y a pesar del sombrero aussie que lo acompaña, siempre está sunburnt –quemadito pues, rojo como un tomate- especialmente en la parte de atrás del cuello. Visitar la Australia rural es como viajar en el tiempo; en algunas emisoras de radio sólo suenan canciones de los ochenta, por todas partes hay vallas y avisos con letras góticas, las costumbres tienden a ser conservadoras, y la vestimenta campesina. Además el acento es lo más enrevesado que uno se pueda imaginar, escuchar hablar a un tipo de estos es como teletransportarse a la sala de calderas de un barco a vapor. En el pueblo todos se conocen y se llaman por su nombre entre ellos con una familiaridad y complicidad que marca un claro “nosotros somos nosotros” que recuerda la sensación de un caraqueño de visita en el Zulia.

La Australia urbana es otra cosa pero lo mismo a la vez. O más bien eso quiere ser. Es en la Australia rural donde Australia es realmente Australia. Las capitales Australianas se resisten a madurar y se aferran a su pasado –no tan lejano- de pueblo rural, y es de allí donde sobrevive el Mateship, cuyo contenido en el fondo tiene un dejo de “nosotros somos nosotros”. Es en la Australia rural donde las cholas y los pies descalzos al final de un arduo día de trabajo se popularizan. Las camionetas UTE que tanto usan los jóvenes en las ciudades se originan en la vida rural; y el comercio que cierra a las 5:00pm es otra referencia de la ciudad que insiste en ser bushy. Y ni hablar de las costumbres conservadoras. Australia, la verdadera, la que quiere ser, vive en el aussie countryside.

Muchos años antes de vivir en Australia aprendí que en teoría de la comunicación cuando a uno le mencionan, por ejemplo, la palabra “pájaro”, uno se imagina a su ave particular y esta no es igual a la que usted se figura, o a la del otro más allá, sino que cada quien se imagina algo diferente. Así yo me imagino a un halcón, otros se figuran a una gaviota, algunos un colibrí, y puede ser que alguien piense en un avión o en un terodáctilo, o aún en algo más sugerente. Cosas de la mente. Así cuando dicen Australia, la mayoría pensará en el Harbour Bridge de Sydney, o en la gran barrera de coral, o en la playa. Yo en cambio me pinto un granero. Y el granero no viene solo, viene con una pradera verde y una montaña de fondo. Hay gente en el granero: son granjeros aussies trabajando ¡trabajando duro carajo! porque aquí todos trabajamos, trabajamos hasta la hora, balanceando la vida personal para tomar aire y trabajar de nuevo al día siguiente o el lunes, pero todos trabajamos, en equipo, en sociedad.

Esta semana varias decenas de incendios simultáneos azotaron y continúan azotando al interior de Victoria y literalmente cambiaron la cara de la vida rural del estado. Los resultados de la devastación son, hasta ahora, 181 muertos, 1800 casas destruidas, 7000 personas quedaron sin techo. Es la mayor tragedia natural ocurrida en Australia hasta la fecha y rivaliza con las no naturales, por ejemplo el impacto es mayor que las bombas de Bali. Las imágenes en los medios son trágicas y la respuesta de la sociedad abrumadora en términos de solidaridad y donaciones.

Muy a pesar de las decenas de muertes violentas todas las semanas en Caracas, no puedo dejar de conmoverme frente a como esta sociedad se mueve en equipo, alineada, bien dirigida por su liderazgo, para salir de esta tragedia.

Donaciones a la causa de los afectados por los incendios en Victoria aquí.

lunes, febrero 02, 2009

La imposibilidad del no

Mucho se ha hablado –particularmente en los últimos tiempos de éxodo masivo de criollos al exterior- sobre que es lo que más caracteriza a los venezolanos. Se dice que somos comedores empedernidos de arepas y de diablitos Underwood, que tomamos Toddy, Frescolita –y un Nestea especial también-, que somos muy solidarios para rumbear –y un poco desunidos para casi cualquier otra cosa-, que somos amigeros, habladores, exagerados, bailadores, con bellas mujeres, se habla de todas esas cosas y más; todas discutibles, todas vulnerables, todas clichés con numerosas excepciones a la regla.

Yo creo, en cambio, que lo que más nos caracteriza es algo mucho más sutil; vendría a ser algo que afecta todos los aspectos de nuestras vidas –particularmente como nos relacionamos-. Planteo aquí que nuestra marca de fábrica, nuestro talante común, es nuestra imposibilidad de decir “no”.

Y así es. Lo que para cualquier mortal criado en otros pagos seria resuelto con un sencillo “no, panita, hoy no puedo”, a nosotros nos cuesta un mundo. Por ejemplo, propóngale usted a un australiano que conoció en una reunión –digamos, no exactamente a un amigo, sino alguien que sabes que se caen medianamente bien- que un día por favor te cuide al niño, que tú tienes que hacer una diligencia. El anglosajón en cuestión dirá que sí, si realmente puede y si quiere hacerlo. Si no puede, y aún si puede pero simplemente no quiere, sin ninguna razón lógica, él va a decir que no –punto-.

El mismo caso pero esta vez entre venezolanos, o mejor, entre venezolanas –supuestamente amiguísimas-:

- Aló ¿manita? ¿Hola, como estás?
- Chévere, ¿y tú?
- Bien vale… aquí pasando calor, en estos días la temperatura ha llegado a 43…
- Ay sí. No veo la hora que llegue el invierno de nuevo…
- Sí vale… Mira mana, tú sabes que este viernes tenemos la fiesta del trabajo de Juancho y tú sabes como es la cosa aquí: No kids. ¿Será que tú puedes hacerme la segunda con mí chamo?
- (Pensando: “… está sí que es fresca de verdad, con lo que me cuesta mi tiempo libre esta cree que lo voy a querer pasar cuidando un muchacho de otro…”)

Pero en ese momento la neurona 4301 se le cruza con la 2345 y en el cortocircuito liberan una enzima desoxirribonucleica que le nubla el pensamiento, y le dice:

- Ok chama, tráeme tu chamo el viernes.

Y por supuesto, se queda pensando –y peor, comentando- que su amiga es una abusadora. Pero no le dice que no. No se lo dice, porque ella misma no sabe recibir un no. Si uno le pide un favor a un compatriota y recibe un no, generalmente uno se ofende. Toda una receta para el conflicto.

Si existiera un antídoto, una suerte de inyección que nos enseñara a decir que “no” cuando hay que decirlo, yo mismo me sacrificaría y haría de conejillo de indias. Me imagino el momento: me inyectan, se me ponen los ojos blancos, la lengua se me sale, pego tres chillidos, y en el trance busco el laptop, me lo pongo en las piernas y comienzo a escribir un post, así:

- ¡NO! Porque no me como, nunca me he comido y nunca me comeré, esas morcillas en almíbar que llaman la revolución bolivariana.

- ¡NO! Por haberse jugado la carta del odio dividiendo a los venezolanos y aglutinando contra enemigos imaginarios. ¡Que fácil se vende el odio!

- ¡NO! Por bravucón, guapo y apoyao en una chequera de petróleo. Te quiero ver ahora sin plata, papá.

- ¡NO! Por emplear la sutil intimidación: lo suficientemente sutil para desmentirla a nivel internacional, lo suficientemente contundente como para asustar. Me refiero aquí a las listas de opositores marcados, a las brigadas de choque de civiles “independientes”; a las amenazas públicas; a eso y más.

- ¡NO! Por fingir querer a un pueblo dándole regalos y dádivas, y no lo que realmente necesitan: educación y trabajo.

- ¡NO! Por querer quebrar el sector privado productivo del país y sustituirlos con puestos de trabajos improductivos en la nómina pública para disfrazar el desempleo y crear dependencia con el régimen.

- ¡NO! Por meterse con lo más sagrado: destruir la educación, cambiar la historia que se cuenta, crear carreras universitarias de 2 años, secundarias de 2 años, primarias de 1 año.

- ¡NO! Por meterse con lo más impoluto: nuestros niños declamando poemas a revoluciones absurdas, inventar que la patria potestad de los niños no es de los padres sino del estado.

- ¡NO! Porque nunca había habido tanta escasez, tantas empresas quebradas, tanto retroceso, y a la vez nunca había entrado tanta plata en tan corto tiempo al país.

El antídoto sirve. Inmunízate. Aprende a decir que NO este febrero.

viernes, enero 23, 2009

Frankl, el tercer maestro vienés

Viniendo de una de “esas” reuniones del trabajo y después de haber presenciado como BHP botó a 2100 trabajadores en WA en un sólo día, y además dándome cuenta que este es un momento sólo comparable a la gran depresión de 1929, estaba más que determinado a escribir algo sobre la crisis financiera. Tendría que hacerlo antes de que se me quitara el saborcito a carne cruda de la boca. Pero decidí que no, que no voy a escribir nada.

Hubiera escrito sobre por qué las crisis de este tipo son mucho peores en los países desarrollados que en los sub-desarrollados. Que en países como Australia se trabaja a riesgo controlado, buscando un flujo de caja, un retorno seguro. Que en países como Venezuela el riesgo siempre es altísimo y nadie tiene un negocio allá para buscar flujo de caja sino para mantenerse en la pelea buscando “ese negocio grande que lo saque de abajo”. ¿Qué una compañía perdió plata un año en Venezuela? ¡No importa! -que el próximo año me ira mejor- Y además, el personal es barato. ¿Para que sulfurarse? Pero no en Australia. Aquí las compañías no soportarían ni un mes en rojo; al menor aviso de flujo negativo: cortan personal y costos en masa. Y luego toda esa gente en la calle no tendrá para pagar las hipotecas, lo que presionará a los bancos, y aunado al descenso del precio de los metales –el comodity australiano- y que el principal cliente –China- también se mueve hacia la recesión, entonces bueno. Sobre todo eso hubiera escrito. Pero no lo voy a hacer.

Escribiré, en cambio, sobre Víktor Frankl. Este psicólogo vienés insistía en que lo que nos mueve en la vida no es el anhelo de felicidad como postulaba Freud, ni las ansias de poder como demandaba Adler. No, nada de eso. Frankl decia que era nuestra libertad de elección. Frankl acuño el término proactividad que más recientemente Stephen Covey popularizó en el ámbito empresarial. Covey separó a la proactividad en dos componentes. El primero es el mismo concepto de Frankl: la libertad de elección, el asumirse uno como responsable de su conducta, lo que implica la toma de iniciativas para generar mejoras, sin descargar la responsabilidad en otras personas o circunstancias externas. Y el segundo, y mas interesante, el enfocar las acciones dentro de las cosas que podemos influir.

Siempre recuerdo a aquella compañera de trabajo que se odiaba mutuamente con otra de la misma oficina. Ella comentaba que “la otra” le estaba arruinando su vida con chismes y jugarretas, que le hacia la vida imposible, que ya no le provocaba ni ir al trabajo -¿para qué? ¿Para verle la cara a la bicha esa?- me decía. Se la pasaba inquieta con todo lo que hacia su odiada colega: con quien hablaba, si se reunía con el jefe, se preocupaba por cosas antes de que pasaran, se las imaginaba por adelantado. Yo le decía: -mija, te preocupas demasiado. Ignórala-. Y ella: -No puedo, si todo el tiempo esta hablando atrás de mi ¡la odio! ¡esa tipa va a acabar con mi vida!-. Pero un día hablando largo y tendido, la logre convencer de que era su decisión el que esa otra la hiciera tan infeliz. Mi amiga, de buenas a primeras decidió que la otra no la iba a afectar así, y que –es más-, la iba a saludar e inclusive ayudar y cooperar con ella si era el caso. Y se paró, fue hasta su escritorio, le plasmó un besote en el cachete: - ¡muack! hola fulana, ¿Cómo estás?- y se quedó hablando un rato con ella. Y así continuó tratándola todos los días. La actitud temerosa que tanto la afectaba desapareció, y se reconcilió con su trabajo; todo por asumir que ella solita era responsable de sus reacciones, y actuó en lo que podía cambiar. Fue proactiva, puro Frankl.

Frankl fue un genio. Yo creo firmemente en que no hay nada tan energizante como sentirse libre y responsable de sus actos, y además ganar experiencia para distinguir como actuar. Imagino que Frankl gozaría un montón psicoanalizando a la gente de hoy, y le diría a Freud y Adler: “¿ven como la felicidad y el poder no hacen al hombre? ¿Ven como yo tenía razón?”

Algunas situaciones que así lo demuestran:

- Cuando el 20 de enero ya usted ni se acuerda de las resoluciones que tan firmemente había jurado cumplir durante el año; mi hermano, allí falta Frankl.

- El tipo que nunca tiene tiempo para nada, que el trabajo ocupa todo su tiempo y aun así no lo termina, que no tiene tiempo para jugar con sus hijos, ni para escuchar a su esposa, y muchísimo menos para tener hobbies y hacer cosas que le gustan: Frankl con él.

- El personaje que odia al presidente venezolano y siente que este lo odia a él, que el tipo ese ha destruido su vida, y peor aun, que se le refiere como mono, mico o cualquier epíteto racista que en definitiva lo que hace es acrecentar la división por la que este sigue en el poder: remember Frankl.

- El padre que se da cuenta que la única ambición de su hijo de 16 años es ser patinetero, que no le gusta estudiar ni trabajar, y dice: “es que este hijo mío no salió a mi; nació flojo el condenado”: 100% falta de Frankl.

- Otro padre que dice: “es que en la casa ninguno de estos muchachos me hace caso. ¡Cuero es lo que necesitan!”: Frankl por el pecho allí.

- Despojarse de la responsabilidad de nuestros actos y depositarla en brujería, cábala, suerte u otros entes etéreos –aunque algunos logren inspirarse positivamente con esas cosas-: igual, allí necesitan a Frankl.

- Exceso de religiosidad –que hasta Jesus dijo: ayúdate que yo te ayudaré-: Frankl pa’lla.

- El gordo que queriendo rebajar nunca lo logra y culpa a la comida sabrosa que le preparan. El desordenado que nunca logra una rutina de orden y culpa a los demás en la casa. A todos esos: Frankl con ellos.

- Y a los que dirán en un año que la crisis económica se los llevo en los cachos, que como podrían haber imaginado lo que se les venia encima: Frankl, mucho Frankl, panita.

miércoles, enero 14, 2009

The Aussie way (4): Ruge la mar embravecida


Esa tarde me invadió esa familiar sensación de nuevo, un sobresalto que había dejado soterrado años atrás, un recuerdo muy lejano pero que –como manejar bicicleta- nunca se olvida realmente. Miraba para todos lados cual ventilador. Cada 30 segundos ubicaba con los ojos a mi hijita –¡ah! allí está. Está bien- me decía mientras me tranquilizaba al verla jugando y que no le había pasado nada todavía. Sentía nuestra integridad amenazada. Y sí ¡era en Australia! Aquí donde supuestamente nos íbamos a olvidar de resguardar nuestra seguridad de esta manera porque se suponía segura. Sí, aquí –cual Caracas- estaba yo nervioso viendo para todas partes.

Y para completar el cuadro Latinoamericano, se me vino al ipod eterno que tengo por mente esta melodía: ♪Ruge la mar embrabecida♪… ♪Rompe la ola desde el horizonte♪… ♪Brilla el verde azul del mar caribe♪…

Coro:Tiburón, que buscas en la orilla♪…♪Tiburón, que buscas en la arena♪…

Todos los años hay ataques esporádicos de tiburones en WA. De estos, cada dos o tres años uno es fatal. Ya esta temporada se comieron a alguien que estaba buceando en Port Kennedy. Poco después de ese episodio fuimos a la playa cerca de allí, y –lógicamente- estaba un poco más alerta que de costumbre, tanto que me trajo “viejos recuerdos”.

En fin, aquí los tiburones son como las culebras en Venezuela. Todo el mundo ha visto una culebra alguna vez en su vida y conoce a alguien, o ha escuchado de alguien que lo picó una culebra. Con los tiburones aquí es igual. Es común. Nadie le hace mucho caso, ni se preocupan demasiado. Recuerdo una vez estar trotando en la playa cuando divisé a un montón de gente alrededor de unas cámaras de Channel Nine, todo un alboroto. Me acerqué a preguntar y mi sospecha se confirmó: habián visto un tiburón en la playa, cerquita –supuestamente-. Habia un helicóptero dando vueltas. Habían cerrado la playa y todo. Pero la gente -pata e’rolo- se negaba a salirse de la playa. La cumbre de este relato fue cuando en la noche, en la casa, vi el reportaje con la toma desde el helicóptero: el tiburón era gigantesco ¡y estaba nadando como a 20 metros de la gente chapoteando!

Estadísticamente tenerle miedo a un ataque de tiburón es totalmente absurdo. En toda la historia de WA se han registrado alrededor de 60 ataques. Las estadísticas de toda Australia están aquí y así lo demuestran. Por ejemplo, muchísima mas gente fallece ahogada en piscinas y playas por año que por ataques de tiburón o de cualquier otro animal del mar.

No hay duda, ningún animalejo va a detener la cultura playera de esta ciudad. Yo insisto: la playa en Perth es como el mall para los americanos -o los latinoamericanos que heredamos el mismo perfil consumista-. Aquí la gente va a la playa a ver y dejarse ver. En la playa encontramos a los amigos. En la playa también se cometen algunos excesos: se bebe en cantidades industriales, en algunas playas populares se arman trifulcas (Brawls) de película. La playa es el santuario del australiano y está bien metida en su cultura, allá junto a las Barbies y al beber como cosacos.

Las playas aquí son ultra-espectaculares. Eso sí, la temperatura del agua es más fría que en el Caribe. Gran cosa. Yo ya me acostumbre. Es cuestión de los primeros 30 segundos. De resto, es como bañarse en las playas del oriente venezolano. Es en el verano –ahora- cuando agradezco el vivir en la única capital de australia que realmente tiene la playa muy cerca y la integra a la vida del habitante.

¡Larga vida a Perth y sus playas!

Y chao, me voy a la playa.

Post relacionados (y más sobre la cultura local playera): Little Beach

domingo, enero 04, 2009

El limbo, 4 de Enero 2009

Los tiempos decembrinos son generalmente tiempos de reflexión y espiritualidad. En ese mes estamos de vacaciones junto a la familia, en casa o en algún otro lugar, con mucho tiempo para cavilar sobre las cosas que realmente nos importan. Es en diciembre cuando se toman esas grandes decisiones: casas, viajes, migraciones, retornos. Es en esas fechas cuando se recarga el espíritu y enfocamos correctamente, realineamos el timón, guiados por el ethos y no por el luxus. Es así para la mayoría. Es lo que debería ser.

No para nosotros.

Estamos de vacaciones desde la segunda semana de diciembre. Nos quedamos en Perth; después de todo aquí hay verano, playas, amigos, chorrocientos restaurantes y atracciones, además ya habíamos viajado en el 2008. Había que hacer las compras, la decoración de la casa, estaban las cenas, las fiestas, las reuniones. Esa fue nuestra frenética vida hasta el 24: compra, come, bebe, sale, entra, playa, tiburones, decora, ríe, vuelve a reír, vuelve a comer, de nuevo a comprar. Me prohibí a mí mismo sacar todo tipo de cuenta matemática, ya sea de dólares o de kilos. Me hubiera vuelto loco si no. Y así llegó el 24 y 25. ¡Ya pasó! ¡Que rápido! Nos gustaron nuestros regalos. Y la Viv quedo super contenta.

Pasando el 24 y hacia el 31 poco a poco entramos en una especie de excentricidad del espacio-tiempo. Fue como si los relojes comenzaran a andar más y más lento. Los días largos; el sol se ponía como a las 9 de la noche. Salíamos en la tarde a la playa, luego a un restaurante, luego visitábamos a alguien, y todavía llegaba a ver una película. No se como nos daba tiempo para todo. Inclusive nos dio por organizar la gran fiesta del 31 en la casa, incluyendo ese monumental emprendimiento denominado “hacer hallacas para 30 personas” y las hicieron (yo no participé) en ¡sólo un dia! Y eso fue trabajando desde las 6 de la tarde. Y así: tic, tac, tic, tac, llegó el 2009.

Pero llegado el 1ero de enero el tiempo se nos detiene. Entre el 1ero y el día que comenzamos a trabajar entramos en un trance en el que –al menos yo- no tengo objetivos, no se quien soy, ni a donde voy, ni que voy a hacer mañana. No se cual es mi profesión, ni mi trabajo, no tengo nacionalidad. Me alimento cuando tengo hambre, duermo cuando tengo sueño. No se que idioma hablo –sólo me comunico-. Se que tengo esposa e hija y que los suegros están en la casa –porque están a mi lado-. No hay futuro, ni pasado, sólo vivo el momento y si acaso pienso en las próximas 3 horas. Estamos en el limbo.

Me di cuenta de esto ayer –y este es el tipo de cosas que sólo escribiría en un diario privado como este- cuando con un grupo de caribeños se nos dio por hablar de las estrellas, y allí estábamos todos como bobos mirando el cielo de noche y apuntando a satélites, ovnis, aviones y cometas. Olvidados de todo, relajados, disolutos como sólo se puede estar los primeros días de enero antes de comenzar a trabajar de nuevo.

No podía ser de otra manera porque -parafraseando a un gordito bigotudo- y en referencia al 2009: “póngase las alpargatas que lo que viene es joropo”.

¡Feliz 2009!
¡Bom ano novo!
Bonne et heureuse année!
Happy new year!

martes, diciembre 16, 2008

Contrastes


No es un secreto para nadie que me gusta la narrativa inmersiva, esa prosa que describe hasta el último detalle y con estilo atrapa al que la lée. Una vez embebido en el relato, un cambio de velocidad, o de timón, un contraste bien medido, logra sacar al lector de la inmersión y es como si le dijera: ¡epa, despierta! Esta técnica es fácilmente identificable en películas, música y con un poco de práctica también se le puede reconocer en pinturas, fotografía, esculturas o cualquier manifestación artística.

Es así como en el medio de una descripción totalmente formal a veces se cuela una frase soez, o cambia el tema a algo totalmente inesperado. El contraste despierta y produce interés -dice la teoría de la comunicación-. Y en realidad la comicidad es sólo eso: un atajo, un cambio de un relato que creíamos que terminaba de una manera hacia algo completamente inadvertido.

No sólo el arte, sino la vida misma se nutre de contrastes. Muchas veces me ha pasado que alguien resulta ser muy diferente –para bien- a lo que aparentaba. Y que placer produce encontrar a alguien humilde cuando se profundiza en una relación que parecía ser todo lo contrario en la superficie. Por alguna razón ese contraste se disfruta más. O Yel y yo que somos tan diferentes en algunas cosas, tanto que nos complementamos. O el cambio de aire en unas vacaciones. O también las diferencias que me ha tocado vivir entre Latinoamérica y Australia. O mi interés en opiniones diferentes a las mías –las disfruto más que las que concuerdan conmigo, no es de estas últimas de las que voy a aprender algo nuevo-. Todos esos contrastes hacen una vida más rica y provechosa: la vida es –no hay duda- un juego de contrastes.

Pero hay que saber diferenciar los contrastes fructuosos de los chimbos. Porque hay gente que se dedica a coleccionar contrastes chimbos, por ejemplo: en mi tierra de contrastes, donde el pobre y el pudiente parecen de diferentes países, con acento e idiosincrasias diferentes, allá se ven –adicionalmente- los siguientes contrastes: misiones de ayuda que no ayudan sino que crean clientelismo, desempleo y desabastecimiento; una democracia que sataniza a todo aquel que disienta; niños angelicales adoctrinados en los colegios para declamar poemas y alabanzas al che o al mismísimo Esteban; regalo de dinero a otros países compinches de doctrina –mientras la pobreza y delincuencia galopa libre en el país-. Y muchos dirán que el colmo de la contradicción: todo eso se mantuvo y empeoró mientras el barril de petróleo estuvo entre 80 y 120 dólares en un país rico en ese mineral.

Pero para mí ese no es el peor contraste. Agarra este: enmienda constitucional. Coño, ¿qué no es el colmo de lo contradictorio el adjetivar de constitucional, y por ende democrático, a algo que le daría la posibilidad a Esteban de quedarse en el poder hasta el 2000 siempre? ¿Qué tiene eso de constitucional y democrático? ¿Cuál es su intención? Y lo de enmienda. Se enmienda algo que se hizo mal bajo buena fe, es como un “perdón, me equivoque, hay que enmendarlo” Pero esto es un vulgar engaño donde poco a poco se intenta empujar con la barriga las intenciones de un dictador que pretende eternizarse en el poder. Eso de enmienda constitucional es algo así como un ateo cristiano, o un caraquista magallanero, o un mentiroso sincero; es algo que no pega, es discordante, es un contraste chimbo.

Los contrastes en mi país son tan comunes que se han hecho cotidianos. Nos hemos acostumbrado a que todo el tiempo la mata se esté moviendo. Pero dentro de ese mar constantemente picado, mi pana, esta es una Tsunami, es el contraste que contrasta con los demás contrastes. Si le dan a Esteban el tiquete hasta el 2000 infinito: ¡uh, ah, ese no se va! Sólo espero que con esta gracia, como una frase soez en el medio de la narrativa inmersiva, se despierte la gente y sus lideres, y puedan hacer retumbar un sonoro: “¡verga, NO!”.

lunes, diciembre 08, 2008

De la Langue Inglaise (2)

Pour: Bertrand@france.com.fr
De: Thierry@perth.com.au
Subject: Re: Re: Me imigration /adaptation a l’Australie

Quoi? No Bertrand. Je conozque gent qui ha sobrevivié en l'Australie con une inglaise poubre, mas c’est un risque additionnel! Et ahors con une crisis financiere… par dieu!

C’est une grande advantage apprender l’inglaise le mais qui vous pudez antes de venir a l’Australie. Le conceille de venir sin inglaise est le pioure conceille que je he escuché.

A la prochaine,
Thierry

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Pour: Thierry@perth.com.au
De: Bertrand@france.com.fr
Subject: Re: Me imigration /adaptation a l’Australie

Thierry, tout bien? Desfortunement, mi inglaise est todavie poubre. Mas je escuché qui puedo ir a l’Australie aussi, qui egalement je conseguiré travaille! Que-est que vous pensez?

Bertrand

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Pour: Bertrand@france.com.fr
De: Thierry@perth.com.au
Subject: Me imigration /adaptation a l’Australie

Bonjour Bertrand!

Comme ça va? Est-que vous est bien? Moi, je estoi mui bien. Ja ha 3 meses que estoi en Perth. Je estoi travailliant pour un enterprise du sector minero. Tres Jolie! Quand est-que vous vienez pour l’Australie?

L’unique probleme que vous puedez tenir en Australie est con l’inglaise. Ne ha chose le mais important et ao misme temps olvidé pour les futures imigrateurs que la langue inglaise. Pour vous se figurer, l’Australie pued ser le ciel ou l’infiern en dependent de comme la personne parle l’inglaise.

Je vous adviert, l’exam d’inglaise presenté pour imigrer a l’Australie, l’IELTS, ne est une indication de que vous tienez le nivel adecuat pour enconter travaille aquí. Si vous est sincere con vous misme, vous sabez si vous parlez ao nivel adecuat. C’est ça!

Imaginez! Ja vi de messiers les imigrateurs que vient sin travail, con un petit budget, con familie et sin inglaise suffisant. Par dieu! Quelle combination dangereuse! Alguns disent que vant apprender en travailliant. Je ne pense que vous puedez encontrer un travail en Australie sin parler l’inglaise! Est-que vous puedez encontrer un travail en France sin parler français? Misme pour apprender l’inglaise aquí, c’est mui caro! con familie, con pression, con la rente de la maison, l’epouse en se quixando… Definitivement l’inglaise tiens que ser matrissé anteriorement a venir aquí. Ao menois que vous vienez pour estudier con le correct budget et plan, clarement!

Aussi est Bertrand, vous tenez que melhorer votre inglais. Comme hacer? Ne ha un formule magique, cade un tiens un manniere different d’apprender outre langue. Je conozque personnes aquí que tiens 10 annos en Australie et todavie ne parlant inglaise correctement. Aussi misme, je connais personnes en France que jamais han vivié à un pais extrangier que parlant l’inglaise parfaitement.

Ha un chose que est important en apprendent un nouvelle langue, c’est mantener la teste comme un infant. Oui, oui! Penser et agir comme un infant, nunca dexar de se surpriser pour les petit choses, de se maravillier pour la liason entre la comunication et las emotions. Parler un nouvelle langue est mui emocionant. C’est comme les infants pensant, et pour esse est que elles apprendent tan rapide.

Ha une chose additionnel Bertrand. En Australie (et en quelquer lugar du mond je pense) les personnnes vous tratent comme vous parlez. Si vous parlez inglaise poubre, vous est en risque de ser traté comme ignorant. Si vous parlez bon inglaise, enton vous aubre tous les portes.

Remenbrez Bartrand, parler bon inglaise est possible en cort temps! Ne dexez que nadie vous digez le contraire. Vous seulement tienez que vous esforzer.

A bientôt!
Votre ami, Thierry.

lunes, noviembre 24, 2008

La invasión de los cyborgs

“Y ahora todo es culpa de los pitiyanquis” repetía el tipo una y otra ves. Lo dijo 200 veces antes de la torta, lo remachaba durante la piñata, lo coreaba durante el cumpleaños feliz. “Pitiyanqui esto, “pitiyanqui aquello”. Y yo permanecía callado. Si acaso le respondía con la sonrisa cabizbaja que uno esboza de cara al piso cuando algo te da vergüenza, porque en el fondo lo que me provocaba decirle era: “pero bueno pana ¿Y quién demonios son esos pitiyanquis?”

Confieso que no leo mucha prensa venezolana en línea. Nunca me lo propuse así pero desde que pisé Australia es muy poco lo que leo. Soy excesivamente práctico –mi defecto- y hace tiempo que perdí la expectativa de encontrarme algo esperanzador por allá. Sin embargo, los últimos sucesos a nivel mundial, más las recientes elecciones regionales –con chance real para los opositores- me han llamado la atención y comencé a leer.

¿Qué ha cambiado? En realidad poco. Hay nuevos términos como los “pitiyanquis” que presumo son “petit yanquis” para referírseles despectivamente, pero el discurso anti-norteamericano no ha cambiado mucho, más bien se ha intensificado; resulta conveniente. Es muy fácil conseguir aliados, particularmente a nivel internacional, entre los que adversan al imperio del norte, y además internamente tiene ese efecto aglutinador de “nosotros-David” contra el “imperio-Goliat”. Mientras tanto, Venezuela está haciendo negocios increíbles con el imperio, las relaciones económicas bilaterales nunca estuvieron mejor –si se les puede llamar así porque los negocios parecen favorecer mucho más al imperio que a los venezolanos-. Bien lo decía Rochefoucault: “La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud”

Pero volviendo al asunto pitiyanquístico, el presente año ha visto episodios más o menos dramáticos, y por instantes la pugna en los micrófonos y la diplomacia parece haber transcendido lo suficiente como para que un enfrentamiento sea considerado. En el nefasto y tristísimo caso de una invasión pitiyanqui a la tierra de los comedores de arepa, estoy seguro, Obama usaría algo diferente a las tropas marines que ahora ocupan varios rincones del mundo. Siendo Obama un tipo moderno, usaría los soldados del futuro, humanos con exo-esqueletos bio-mecánicos, cyborgs de última tecnología que están en desarrollo en este momento, dada la naturaleza tracalera de su adversario. Los caribeños nos defenderemos ¿pero con qué? Si el elegante portador de la verruga ya le habrá regalado toda la plata a otros países y además el barril de petróleo estará en 30 dólares. No será con armamento ni recursos que nos defenderemos, será con psicología, con inteligencia, con eso será.

Porque estos Cyborgs llegarán a la capital y cuando saquen sus tanques oruga, sus super máquinas de avance terrestre, van a volverse mierda con los huecos de Caracas. No hará falta ni lanzarles un petardo, ellos solitos caerán en los 40 huecos de la avenida Lecuna –aunque Bernal diga que sólo hay 12 huecos sin tapar en toda la ciudad- y se les quebrará la punta de eje, botarán el diferencial. O se quedarán colapsados en la autopista del Este, a cualquier hora y en cualquier dirección, y tendrán que negociar el paso con un fiscal de tránsito vestido de tamarindo, el cual se cree dueño del magnánimo gesto de “tú no pasas ahora”, “tú sí”, “tú no todavía, tu te quedas allí hasta que me dé la perrísima gana”. Y que ni se les ocurra rozar a una moto porque enseguida estarían rodeados por motorizados, una nube de avispas metálicas que les trancarán el paso, los escupirán, les darán cascazos (si los cargan) “y qué pasó apá, vas a revirá, vente pues, vente robotico e’ mielda, vamo'a dano, que’s lo ques, ay apá, ete como que’s algolla”. O serán atracados por malandros invisibles, mucho mejor armados que ellos, que salen de la nada y en la nada se desvanecen dejándolos en ropa interior y si acaso con cinco mil bolos para que se paguen el pasaje o llamen a su mamá.

Y cuando tras mucho esfuerzo lleguen a Miraflores o a la asamblea nacional y vean a los asambleístas o al gabinete de ministros, dirán: “ya va, un momentico ¿estos panas no son Ultraman, Robocop y Terminator que mandamos en la invasión pasada hace aaaaaaaaños? ¡Míralos allí instaladísimos haciendo chanchullos también! ¡Se metieron a políticos y se quedaron pana!". Y así poco a poco los invasores quedarán diluidos entre la población local, desperdigados y confundidos. Algunos se empatarán con una come-viáticos y vivirán para pagarle la operación de lolas o el capricho de turno. Otros acabarán enloquecidos, caminando por la ciudad al lado de los indigentes, recogiendo latas, revisando la basura para sobrevivir. A lo mejor algún cyborg reconozca a uno de sus camaradas mientras huelen pega debajo del puente de las Mercedes:

- Disculpa pana ¿tú eres venezolano o cyborg?
- No sé. No me acuerdo. Pero más chavista será tú madre ‘esgraciao.

Y sólo entonces se darán cuenta que la invasión ha fracasado.

miércoles, noviembre 19, 2008

Saudades qui manquent

Del portugués brasilero aprendí la palabra “Saudade”; esta es “uma espécie de lembrança carinhosa, de um bem especial que está ausente acompanhado de um desejo de revê-lo ou possui-lo”; es como un recuerdo entrañable. Los luso-parlantes se regodean diciendo que no existe una palabra equivalente en otro idioma. No se traduce como nostalgia porque esta lleva adosada un dolor, un recuerdo que deprime y hace daño. La saudade no duele, es más bien una remembranza dulce, o tal vez agri-dulce: es como un recuerdo que pica, a veces arde, a veces causa placer y el disfrute prevalece; es como esa herida a medio cicatrizar que nos eriza al frotarla con las sábanas, y la rozamos de nuevo, no queremos que acabe, nos arde, nos punza, pero gusta.

Del francés parisino asimilé el verbo “Manquer”; la frase en francés “tu me manque” expresa un sentimiento poderosísimo. El cerebro demora en asimilar que una extremidad amputada ya no está allí, y el miembro imaginario puede llegar a picar, doler, sentir frío o calor; “tu me manque” es mucho más que “I miss you” o “me haces falta”; si alguien te manca es como si sintiera que estás allí con todos los sentidos, no hay recuerdo porque virtualmente no falta nada, hasta que un día ves y ya no está, y allí se extraña, pero en la cotidianeidad se vuelve a olvidar que no está, y se vuelve a mancar.

Pero la palabra que aún no he conseguido en ningún idioma es la necesaria para expresar saudade por aquello que deseamos poderosamente, pero que no ha ocurrido y que tal vez no ocurra. Con el pasar del tiempo los adultos nos hacemos más adultos, menos niños, menos imaginativos y soñadores, y tendemos a coleccionar muchas de estas “saudades que mancan”.

Hace muchos años, cuando soñaba más, escuche una canción del maestro Sabina que decía: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Obviando la carga negativa del vocablo “nostalgia”, eso se parece mucho a la palabra que busco.

lunes, noviembre 17, 2008

Bati-cumpleaños

Un día Yel me comentaba que unos amigos australianos no celebraban el cumpleaños; decían que eso era una fiesta pagana, que ¿para qué celebrarlo? En seguida fruncí el seño y muy consternado le respondí en caribe rabioso: “¿como que pa’qué? pues, pa’rumbear, pa’joder ¿pa’que más?”. Yel soltó una carcajada y luego del ataque de risa quedamos de acuerdo en que, sí, un cumpleaños se tiene que celebrar y punto final.

¿Pero cómo celebrarlo? Esta semana cumplo años y esa es la pregunta que me hago. Cavilando mucho al respecto, he compilado la siguiente lista de posibles formas de celebrar un aniversario –o quizás sea un inventario de típicos personajes y formas de festejar su cumpleaños:

- Está el Guasón; siempre cagado de la risa, que conoce a todo el mundo; este es de los que hacen la mega rumba del siglo, con rios de “güisky”, copiosas bandejas de comida, banda en vivo, casa full de gente de los cuales sólo al 2% les tiene confianza como para pedirles un favor. Al final de la fiesta el Guasón casi siempre se emborracha porque –este es mi güisky, mi casa, mi comida, y para eso tengo bastante plata para tirar para el techo, no joda-

- ¿Y se acuerdan de Ma Parker? la mamá bonachona que siempre está tejiendo y protegiendo a sus hijos. Ma Parker sólo celebraría su cumpleaños con su familia y, si acaso, algunos allegados muy cercanos.

- También está el Rey Tut. Este era aquel gordito con la barba de chivo que se creía la reencarnación de Tutankamon. El Rey Tut sufría de amnesia y cuando invita a su cumpleaños en un restaurante, siempre se le olvida aclarar que los invitados tienen que pagar por todo lo que consuman.

- Y tenemos al acertijo; le encanta una adivinanza, siempre está pendiente, preguntando, averiguando quien le está organizando la fiesta sorpresa de su próximo cumpleaños.

- Igualmente aparece el pingüino; siempre con esas entradas espectaculares a rapel o volando con su paraguas. El pingüino celebraría su cumpleaños tomando un riesgo excitante: tipo lanzándose de un puente en bungee, o practicando parapente, o montándose en un globo.

- O se hace como doble-cara que es de los que siempre dice que no le gusta celebrar su cumpleaños pero que está súper pendiente de que quien lo llama o le regala algo. Y que ni se te ocurra mandarle sólo un mensajito SMS o por el facebook. ¡Te hace la cruz!

- Muchos también celebran como el Sr. Frio que el día de su cumpleaños lo congela todo y mira hacia atrás para reflexionar, esperando haber hecho algo bueno con su vida y la gente que lo rodea.

- Claro, también está el que celebra todos los días; aun si no es el día de su cumpleaños. Estos, no necesitan personaje. Después de todo, la vida ya es una tira cómica.

jueves, noviembre 13, 2008

Hija de tigres (3): educando a una tigrita

Estas cosas pasan cuando se educa a una niña en una ciudad capital de un país desarrollado. Hace año y medio inscribimos a Viv en clases de gimnasia rítmica; a ella le llamaba la atención, las clases quedaban cerca, sin mayores pretensiones. En la competición de la foto Viv ganó una medalla de plata. La del centro, esa es la entrenadora. ¿Parece que no rompe un plato, verdad? Resulta que esta instructora ya ha ganado dos veces seguidas la competición de Miss Fitness Australia, que tratándose del país con más deportistas per cápita del mundo, no es una tontería. Aquí está el video de la entrenadora de Viv cuando ganó la competición; en el video, sin duda, esta chica rompe un plato -y toda la vajilla también.

Cuando Viv se supo entrenada por semejante personalidad, el factor motivación pegó un salto cuántico y del tiro Viv se aprendió la coreografía de tanto que la siguió en youtube. De allí, Viv pasó a mostrar la coreografía en la clase, se la enseñaba a sus compañeras, y hasta le han encargado la clase a Viv por algunos instantes. La entrenadora está contentísima con nuestra hijita: la promueve, solicitó que la pusiéramos a hacer ballet, nos ha hablado del futuro de su “carrera”. Veremos a donde llega todo esto.

La entrenadora se enfoca en Viv porque piensa que tiene un talento natural. Igual pasa en la escuela primaria y secundaria en Australia; los profesores detectan a los alumnos aventajados y los promueven de diferentes maneras: los aconsejan más, les recomiendan materias, ponen a los alumnos talentosos juntos en una misma aula donde les imparten conocimientos más avanzados. Y los alumnos con rendimiento normal o subnormal van en otros salones. En realidad cada docente parece estar entrenado para entregar al final del año escolar una curva de Gauss con, digamos, 20% de estudiantes con excelente rendimiento, 60% con rendimiento normal y 20% con rendimiento debajo del promedio.

Nótese que en Australia se buscan talentos naturales, no inducidos o forzados, porque generalmente a los estudiantes no se les exige gran cosa. La función de un docente es vista no como alguien para elevar el rendimiento del estudiante, sino para enseñar y además detectar los estudiantes que pueden aprovechar mejor los conocimientos. Esto es así por varias razones: primero porque no todos pueden ir a la universidad, Australia también necesita técnicos y trabajadores, que por cierto tienen ingresos bastante decentes; y segundo, porque –como en todo país desarrollado- no sobran los recursos como para dedicarlos en estudiantes que no rindan; ellos quieren promover a los que rinden en forma natural, a los que sacan buenas notas sin que se les exija.

Es por eso que los que provenimos de otras culturas, donde siempre se intenta elevar el rendimiento de todos así se desperdicien recursos, al principio nos sentimos ofendidos por este sistema y acusamos a Australia de promover mediocridad. Y es verdad, se promueve mediocridad. Ejemplos sobran:

- Si un estudiante de secundaria va mal en química y los padres piden consulta, la recomendación del profesor es que retire química -que él no sirve para eso.
- Si un niño de primaria ya lee bien, la maestra ya no le corrige la tarea. Sólo confía en que él la haga por su cuenta.
- En el sistema secundario hay un sistema de materias electivas que privan varias carreras universitarias. Muchos profesores deliberadamente aconsejan materias electivas que sólo llevan a carreras técnicas cortas.
- Si se analiza el contenido de las materias se nota también la misma filosofía: el contenido es relativamente escaso, particularmente en secundaria –porque es ineficiente enseñar tanta cosa a un estudiante que probablemente no lo vaya a usar.

Pero si se analiza el sistema educativo australiano desde la perspectiva local, este sistema entrega lo que Australia necesita: líderes profesionales naturales, trabajadores medios, y mano de obra no calificada, cada uno en su justa proporción de acuerdo a una curva de Gauss (aunque a través de los años este sistema ha fallado en entregar profesionales técnicos y aquí es donde los inmigrantes entramos en la ecuación –tema para otra oportunidad) En fin, después de todo, el sistema mediocre no es tan mediocre, sino más bien “inteligente”; una muestra es este ranking mundial de lectura, matemáticas y ciencia.

Este sistema educativo puede ser bastante retador para un padre que tiene aspiraciones universitarias para sus hijos. Además de que el sistema deliberadamente aleja al estudiante de la universidad, el sistema es muy discrecional; el destino del estudiante no es gobernado por evaluaciones imparciales sino más por la percepción del docente de turno o en el mejor de los casos, de la junta directiva de la escuela o colegio. Todo esto significa que el padre tiene que estar allí, involucrado todo el tiempo, tanto para que el niño estudie y haga las tareas –porque la escuela no lo exige, aunque si lo evalúa- como para que los maestros y profesores tengan una buena percepción –dada la discrecionalidad. Hay que hacer “networking de colegio”: hablar con los maestros, otros padres, enterarse de cuales son las tareas importantes, de cuales son las debilidades y fortalezas del niño. Si no es así, el padre nunca se entera, el niño se atrasa, y así se compra la mediocridad que este sistema vende.

Afortunadamente para nosotros nuestra niña es muy estudiosa y sociable. Sale bien porque le gusta, es natural, y se beneficia de la mejor parte de este sistema educativo –y es promovida. En este momento estamos evaluando colegios secundarios para ella –sí, a más de tres años antes de entrar en secundaria, hay listas de espera largísimas. Y aunque la tendencia mediocre es la misma en el sistema privado o público, en nuestra evaluación gana el sistema privado por lejos. Razones y argumentos en un próximo post.

lunes, noviembre 03, 2008

Ernesto 136


Era un día cualquiera de playa en Perth cuando divisé a Ernesto a lo lejos. Allí estaba él sentado en la arena con su esposa, enrollado en un suéter, ocultándose atrás de unos lentes oscurísimos, abajo de un sombrero aussie que lo protegía del sol. Teníamos bastante tiempo sin haberlo visto y nos acercamos a saludarlo: -¿Cómo está todo, Ernesto?-. Nos dijo que todo bien, que el trabajo andando. El tono de la respuesta y las ojeras bajo los lentes me hicieron sospechar que no todo estaba tan bien. Profundizando poco a poco lo confirmamos: -Coño Ernesto ¿Qué te pasa viejo?-. “Nada, no pasa nada pana” nos mintió, antes de sincerarse. Lo que nos contó enseguida, me hizo recordar algo que llevo presente desde entonces: pocas situaciones te dejan con esa sensación de desamparo como cuando acabas de nacer; una de ellas es inmigrar con familia y sin trabajo a un país que no conoces.

Pero esta historia no comienza aquí; este cuento comienza en Venezuela, al menos dos o tres años antes. Ernesto, muchacho treintón temprano, recién casado, había aplicado a una visa de residencia permanente para venir a vivir y trabajar a Australia. Ernesto, como muchos, despotricaba de todo sobre el país que lo vio nacer. En Venezuela todos criticamos, claro, pero no con la saña de Ernesto: “es que la gente aquí es desordenada”, “aquí sólo sobreviven los vivos y corruptos, por eso me voy, allí les dejo su porquería de país”. Exceptuando ese detalle, Ernesto llevaba una vida normal, con trabajo, amigos, familia, esposa y todas sus relaciones en orden.

Ernesto llegó a Australia en una visa 136 de residencia permanente, sin trabajo, con un buen inglés, una maleta llena de ilusiones y muchísima determinación. Algunos de sus compatriotas le ofrecieron la típica ayuda de “escribe esto en el CV” o “para conseguir trabajo necesitas tales contactos”. Ernesto se sintió abrumado por todos los consejos no solicitados y así nos lo hizo saber: “¿será que estos creen que soy tonto?” nos decía. Sin embargo en ocasiones sintió lo contrario, que no lo querían ayudar, cuando no consiguió la recomendación que sí solicitaba. En fin, Ernesto a las pocas semanas después de llegar consiguió lo que buscaba: un trabajo en su profesión.

Un buen día Ernesto me dijo: “los venezolanos aquí son chismosos, todos se meten en la vida de todos. Además son unos engreídos, se aíslan, no se integran con la sociedad australiana”, y siguió: “… ¿para que me voy a venir aquí tan lejos? ¿para andar con venezolanos? Si de ellos es que me vine escapando...” Con el transcurrir de los días pude constatar que las últimas amistades de Ernesto eran ciertamente algunos venezolanos que tenían esta línea de pensamiento apátrida, pro-adaptación social al país de adopción; recuerdo que así había muchos compatriotas en la Florida y en Europa, es más, esta actitud es típica nuestra, pero de todos el más radical me parecía, hasta ahora, Ernesto, por el tono y la frecuencia de sus embestidas.

Con su nuevo trabajo Ernesto se mudó. En su nuevo vecindario Ernesto hizo una fuerte amistad con un señor mayor latinoamericano retirado, que había llegado a Australia hacia muchos años. Tenía tanto tiempo aquí que había perdido el acento original en español de su país, tanto que ni recuerdo de cual país era. Ernesto y este señor se hicieron grandes amigos, eran casi como padre e hijo. Coincidencialmente el señor también tenía una visión de asimilación a Australia a ultranza y veía con malos ojos a los inmigrantes latinos recientes, diría yo que los prejuzgaba como pocos dados a adaptarse. ¿Por qué? No se. O quizás sí se: tiene razón que muchos latinos no quieren adaptarse (así como muchos británicos, sudafricanos, o de cualquier origen), en gran parte porque pocos quieren asimilarse en los términos que este señor definía. En un par de ocasiones compartimos las tres familias y pude escuchar recomendaciones como estas: no es bueno tener muchos amigos, no hagas amistad con tus compatriotas –eso no te ayuda a adaptarte-, aquí se duerme a las 8:00pm y nos levantamos a las 5:00am –tú debes hacer igual, ¿los domingos? Sólo se ve el footy –y tu debes hacer lo mismo, así podrás seguir la conversación sobre footy el lunes en el trabajo. Y Ernesto parecía estar comprando todo el repertorio; el pobre estaba a punto de perder la única ventaja que en mi opinión tienen los inmigrantes en Australia: que no somos australianos y podemos tener una visión un poco más amplia.

A Ernesto cada día lo veíamos menos, hasta que no lo vimos más. Yo me quedé asistiendo a parrillitas y reuniones todos los fines de semana con cualquiera que quisiera compartir con nosotros –que casi siempre eran venezolanos que además son los únicos que aguantan ese trote, pero de vez en cuando también compartíamos con los menos cuantitativamente sociables aussies o con cualquier otro. Pero Ernesto se perdió. Continuó perdido hasta ese día en la playa cuando lo vimos de nuevo.

Esa tarde en la playa, luego de casi un año sin ver a Ernesto, él nos habló de una experiencia en Australia que me era ajena. Nos habló de su familia que le reclamaba el haberse ido. Nos habló de familiares que lo necesitaban, de su culpa por haberlos dejado y de cómo se lo echaban en cara. Nos habló de soledad. Nos habló de muchas otras cosas que no dijo pero que estaban allí evidentes: de una profunda depresión, de que no había conseguido una vida social satisfactoria y estabilidad emocional entre australianos y locales. Habló, habló muchísimo. Y luego de esa tarde, se nos volvió a perder. No lo hemos visto más.

Inmigrar a Australia en una visa 136, con familia, a buscar trabajo en otro idioma, a donde no se tiene una historia, es como volver a nacer, te deja absolutamente vulnerable; pone a prueba todo lo que tienes, lo mejor y lo peor: tus prejuicios e inmadurez se manifiestan, tus demonios te persiguen, pero también potencialmente tus fortalezas y sobre todo tu espíritu brillan. Y hablando de espíritu, hay una frase que una vez leí en un cuento inocente que ahora se me antoja muy apropiada: "La pura lógica es la ruina del espíritu".

martes, octubre 21, 2008

¡Mosca!

Este invierno se prolongó bastante más de lo deseado. Los días estaban transcurriendo con una modorra tristona, con un sopor aplastante, y el viento le ponía el sound track a esta película esquiva. A pesar de que en Perth nunca hace frío como para no poder salir en pantalones cortos –así sea corriendo al carro- igual la lluvia y el ocaso a las cinco y media me tenían aletargado. Pero ¡fuera cachos! Este fin de semana el pronóstico era –por primera vez- más de 30 grados, y allá estábamos nosotros: en King’s Park para disfrutar del calorcito.

Luego de estar un rato en el parque con Viv y amiguitas, llegó el momento por el cual había esperado todos estos gélidos meses: me aleje sigilosamente del grupo y me senté en la grama en frente de la mejor vista de la ciudad. Que nadie me hable, que nadie me moleste, ahora sólo somos yo, la naturaleza y esa madre protectora llamada Perth. Me recosté en la grama y cerré los ojos: el sol calentaba ¡sí, era verdad! El verano llegó por fin. Sentía el calor de la tierra y casi podía escuchar como las flores, la grama, todo el verde crujiendo entrando en calor, sacudiéndose la somnolencia del frío seco perthiano. ¡Oh como vamos a disfrutar este verano! Ahora con carro descapotable: no nos permitiremos quedarnos en la casa en las tardes, queda prohibido no ir a la playa todos los fines de semana, que sea un mandato cocinar todos los días en la parrillera del patio; que ninguna semana se parezca a la otra, vamos a disfrutar hasta el último minuto de luz cuando el ocaso llegue por allá a las nueve de la noche. Hay que divertirse, la vida es una. Todo eso pensaba allí, tirado en la grama.

En eso siento un ruidito en el oido: “ññññiiiuhhn” y tiro un cachetazo que me deja la oreja roja. ‑Epa ¿qué fue eso?- “ñññiuhn” “ñññiiiiuhn” -¡Otra vez!, ¡Que fastidio!- De repente siento que algo me camina por el cachete, y por la nariz, y otro por el brazo. Me paro tirando manotazos para todos lados: -¡Pero bueno! ¿Qué pasa?-. Y justo allí me acordé que con el verano australiano siempre vienen ellas, esas zagaletonas que les encanta cualquier recoveco húmedo. Vaya si este invierno fue largo, tan largo que no me acordaba de ellas. Sí, ellas, las que le hacen a uno el verano de cuadritos. ¡Ellas!

¡Las moscas!

Mi sueño de una noche de verano se vio nublado por recuerdos de la temporada pasada: nubes enteras de moscas que te persiguen por todas partes y se te pegan al sudor que excretas en un calor seco de baño turco. Hay tantas moscas que si abres la boca se te mete una (por eso el acento aussie tan cerrado: no pueden abrir mucho la boca) Mentalmente de nuevo le puse el techo al carro y comencé a pensar que cocinar dentro de la casa, con aire acondicionado, en realidad no estaba tan mal. Bueno, nada es perfecto.

Pero lo peor es que esas no son las únicas moscas que vinieron a molestar este verano.

Hay que estar mosca con la mega crisis global que se asoma con el desplome del crédito en los EEUU. Esto se veía venir: ¿a quién se le ocurre que prestar plata en masa a gente sin credenciales y quedándoles los giros en el 60% de los ingresos podría ser buena idea? Sólo a banqueros avarientos. Esa prestadera de plata se puso de moda en todo el mundo desarrollado, Australia incluidísima, pero creo que esos días de crédito fácil están por irse. Menos mal. La gente necesitaba un reality check.

Desde otro punto de vista, esto ocasionó el desplome de los mercados bursátiles y un freno en el desarrollo desaforado de China. Todo eso se traduce en una baja del precio de los comodities que Australia exporta: los metales. La situación puede poner a Australia realmente contra la pared. Por el momento, lo que veo es a algunas empresas comenzando a cancelar proyectos. Algunas sí, otras no –todavía. Veremos.

El mercado de dinero reaccionó retirando fuertes capitales de la economía local, lo que causó una caída del aussie dólar de casi 30%. Y gracias a dios que fue así. Al menos ahora producir aquí es 30% más barato y eso va a ayudar a las empresas a sobrevivir o hacer viables en esta nueva situación a esos proyectos de ampliación que tenían en cartera. El otro lado de la moneda es que ahora todo lo importado –es decir, casi todo- se va a poner mucho más caro (que si conozco mi ganado, todo va a subir no 30 sino 50%)

Pero lo más interesante va a ser ver como va a empezar el año 2009 en cuanto al mercado laboral. Siempre he dicho que esta gente es dificilísima para entrarles en el trabajo y si ellos pudieran meterían a trabajar solamente a sus amigos, o a los que estudiaron en la uni con ellos, a gente que conocieran por su reputación. Pero es que no pueden, hay demasiado trabajo y se tienen que conformar con lo que consiguen –inmigrantes incluidos. Si comienzan a cerrar proyectos, esta situación pudiera revertirse. Para el que está insertado en el mercado probablemente esto no significará mucho pero el que llega definitivamente lo va a sentir.

Una que arrimamos al mingo: el barril de petróleo estaba en US$74 esta mañana, y los pronósticos son de US$50 (desde los 100 y pico en que estaba hace 2 o 3 semanas) Me pregunto como va a hacer Esteban de Jesús para seguir financiando estupideces y planes proselitistas que no educan ni le dan empleo a nadie sino lo que hacen es crear una relación de dependencia con papa-gobierno-que-me-da-plata. ¿Y como ahora si se le acaba la plata? Con lo único que hay que estar mosca es con el nivel de sectorización que hay en la población venezolana. Una Venezuela sin Esteban, o la ruta hacia allá, no será un camino de rosas. No se que será peor, si el remedio o la enfermedad. De nuevo: nada es perfecto.

Pero que fastidio con estas moscas de verano ¿no?

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miércoles, octubre 15, 2008

La teoría del todo (3): De mantuanos y castizos


Un cambio de paradigma. Eso que te pasa cuando algo te saca totalmente de contexto y de repente te hace ver lo que antes no veías. Ese “clic” seguido de un: “¿como no lo pude ver antes?” Eso me pasó hace unas semanas en una conversación casual sobre el desarrollo humano en América latina -una de las tantas que he tenido. Este tema me ha interesado desde que tengo memoria adulta. Muchos libros he leído, muchas conversaciones he sostenido, siempre buscando un por qué a la pobreza, violencia y corrupción de nuestros países. Y mi interés se intensificó mucho más cuando comencé a salir de mi país por trabajo y conocí otras culturas. Es algo de vieja data; garantizado que mi interés no es el del típico inmigrante que quiere satanizar a su país para justificar su desarraigo.

En fin, estaba yo en el intermedio de un curso de entrenamiento en Perth cuando el facilitador se me acercó:

- “¿De donde erés?”

Luego de la aclaración y su reconocimiento (se acordó de la primera Miss Universo Venezolana: Maritza Sayalero, que por cierto ganó la corona en 1979 en Perth, y que se cayó parte de la tarima cuando se anunció la ganadora -un desastre- pero esa es otra historia…) mi interlocutor me pregunta:

- “¿Que tal está Venezuela? ¿Es un país estable?”

No es un secreto para nadie la situación actual de Venezuela -como no lo era para él-así que no es difícil imaginar el tono de mi respuesta. A lo que él respondió:

- “El problema de Latinoamérica es el sistema de clases que heredaron de sus colonizadores. En cambio los ingleses dejaron un sistema diferente, más igualitario…”

Allí comencé a subirme por las paredes. Pensé: “este no sabe nada de Latinoamérica y quiere aplicarnos sus prejuicios aprendidos en otra parte. Seguro nos está confundiendo con el conocido sistema de castas de la India.” Pero súbitamente me acordé de algo que contradecía su punto -según yo- y le dije: "¿sistema inglés diferente? Mira Sudáfrica ¿qué tipo de sistema dejaron allí los ingleses en complicidad con los holandeses?"

- “Eso es diferente; eso es racismo” me dijo. “En el racismo se excluye de la sociedad a un sector, pero los que quedan dentro de la sociedad, todos están en el mismo bote y todos reman en la misma dirección. De hecho, casi todos los países desarrollados tienen una vergonzosa historia de racismo. En su momento esta exclusión fue –equivocadamente- vista como una forma de mantener a la sociedad unida. Con sus equivocaciones históricas, los países del primer mundo siempre se han basado en sociedades unidas e igualitarias… ”

Ya aquí era evidente que esta no era una conversación promedio. Al final resulta que mi amigo el facilitador era un erudito sobre el tema, como el resto de la conversación demostró. Lo que sigue pasó más en los pensamientos que yo entretejía en el segundo plano de la plática –porque mi orgullo no me dejó hablar sobre ellos- mezclando elementos de la conversación en sí.

Es cierto, mi experiencia es que las sociedades más desarrolladas están basadas en la igualdad de sus ciudadanos; ejemplos sobran. También es rigurosamente cierto que las sociedades latinoamericanas, al contrario, están basadas en la desigualdad, en escalafones sociales. Allá es muy normal que alguien piense que en la sociedad hay gente que es “menos” que uno y otros que son “más” que uno. Es muy sutil, porque casi nunca hay discriminación directa pero muchos en el fondo sí piensan que “otros” tienen su lugar y “yo” tengo el mío. No se trata de la existencia de clases sociales –que en todos los países existen- se trata de clasismo: hay desprecio hacia abajo y rabia hacia arriba. De allí salen los epítetos despectivos “tierruo”, “marginal” o “sifrinito”. Esas cosas existen en todas las culturas, pero no están tan engranados en la sociedad ni existen con ese nivel de rabia y desprecio como en nuestros países. De hecho, la corrupción, delincuencia y violencia se presentan como expresiones escaladas de la rabia y desprecio que existe entre nuestras clases. Eso no es así en los países desarrollados, ni en la subdesarrollada Asia, donde la igualdad es el valor primordial de la sociedad.

Nosotros no tenemos un verdadero sentido de sociedad; nosotros somos los únicos que nos discriminamos, robamos y matamos entre nosotros mismos. Y asumimos como normal la desigualdad basada en un estatus. Uno no lo nota hasta que sale de su país (con la mente abierta para observar este tipo de cosas) y comprueba que el mundo no es así. En Venezuela el estatus generalmente lo da el dinero, o más bien el dinero que gastes o finjas gastar en bienes materiales, pero otros países latinos tienen sus propios temas: apellidos, origen, etc. Cualquiera es bueno para marcar clase y diferenciar. Yo se que a nadie le gusta pensar que su país es así, y si alguien se siente ajeno al clasismo es porque probablemente no sea clasista como individuo, y en realidad hay mucha gente allá que no es clasista, pero no se puede tapar el sol con un dedo, la verdad es que también hay mucha gente que sí lo es.

En una sociedad fraccionada, donde cada quien rema para su lado en el bote, siempre se parte el bote. Esto se refleja en el liderazgo elegido: los líderes –sea gobierno, líderes empresariales, etc- que son los que gritan en el altoparlante hacia donde se rema, van a hablarle sólo a su grupo o clase y lo único que van a lograr es que el bote se parta más rápido. Si no se lidera para todos, se divide. Triste pero cierto.

En mucha de la literatura -de origen anglosajón- que he revisado se señala a nuestra población multirracial como un factor que no ayuda a tener una sociedad cohesionada. Ejemplos sobran, en Asia o en la misma Australia, que echan por tierra ese argumento.

Hacia el final la conversación se desvió hacia la cultura inglesa y la igualdad como valor. En conclusión: yo todavía tengo en observación a esta teoría del todo: “falta de educación y moral, corrupción, violencia, delincuencia, líderes con intereses particulares, todo tiene origen en el sistema de clases que heredamos”. Me suena como muy radical, aunque estoy convencido de que sí juega un rol. Además, si de verdad allí esta la raíz de nuestros males, en la falta de sentido de sociedad, entonces es muy duro admitirlo porque, lo sabemos, nuestra mentalidad colectiva no va a cambiar pronto, tal vez nunca. Entonces ¿que oportunidad tiene esa región del mundo?

En fin, por el momento, si usted se agarra a si mismo creyéndose más que alguien que nació en su propio país, sepa que usted estaría ejercitando el motivo primario de nuestro subdesarrollo -o al menos en Australia hay gente que así lo cree.

miércoles, octubre 08, 2008

Comunicado Oficial de Crónicas Perthianas


República de las Antípodas, 8 de Octubre de 2008.-

La Gerencia de Crónicas Perthianas informa a la colectividad que:

Considerando:

A) Que el presente blog ha recibido recientemente el premio al esfuerzo personal de parte de Marlin.

B) Que el blog Tcalo es un ejemplo de venezolana en el exterior que decidió adaptarse al país que la acoge: desechar lo malo -que siempre hay- y disfrutar lo bueno –de lo que hay más todavía.

C) Que el blog Semilleros es manejado con una espontaneidad, naturalidad y sinceridad que eriza los pelos.

D) Que el blog se habla venezolano es un ejemplo de venezolana que le tocó salir de su país no porque quiso sino porque las circunstancias apremiaron. Además Marú proyecta en su blog un gran don de gente y lleva el concepto de Networking a donde realmente deberíamos llevarlo todos: a relaciones personales bien cultivadas.

En consideración de lo anterior, Crónicas Perthianas resuelve:

1) Otorgar el premio al esfuerzo personal a los siguientes blogs: Tcalo, Semilleros y se habla venezolano.

2) Exhortar a los anteriores blogueros a pasar el premio en forma voluntaria, así como aclarar que no hay obligación ninguna de pasar el premio ni de hacer acuse de recibo del mismo.

3) Agradecer públicamente a Marlin por el premio.

En la ciudad de Perth a los ocho días del mes de Octubre de los corrientes.

Suscriben: Fer y Fmlia.

domingo, octubre 05, 2008

De aquí y de allá (1): Las gaviotas

Ese día venia manejando desde mi nuevo trabajo por la maravillosa costa sur de Perth. La primavera comenzaba a calentar, el sol bañaba los ventanales de las mansiones con vista al mar y el resplandor me encandilaba atrás del volante. Era como cuando la policía interroga a un delincuente y lo pone contra una luz incandescente para intimidarlo: “¡confiesa Fer! ¡Quieres ir a la playa a relajarte!”. Yel me había dicho por teléfono que estaba cansada así que por esta vez decidí pasar de largo la casa y seguir hacia la playa.

Me dirigía a Cottesloe beach la cual era nuestra playa preferida para esa época y además quedaba a cinco minutos de la casa. En el carro venía escuchando un CD de los Artic Monkeys que generosamente me había prestado un amigo del trabajo. Los Artic Monkeys no eran ni son de mi predilección, al decir verdad me parecían una mierda pero trataba de escucharlos para entender por qué le gustan a tanta gente, por qué los idolatran de esa manera. No se si será una cosa generacional pero por alguna razón no me la llevo bien con las recientes bandas del Reino Unido, tanto que me gustaban antes.

Así llegué al estacionamiento enfrente a la playa, y allí me quedé en el carro un rato con los vidrios abajo mirando el atardecer sobre el mar y escuchando este CD, tratando de hacerme un video clip personal, cazando rayos de sol, visualizando paisajes, contrastes, tonos, poniéndolo todo junto con la música. Con el último guitarrazo desafinado decidí bajarme del carro y me acomodé en un escalón de la grama que está en frente de la arena de la playa. A esa hora, tipo 6:00pm, el frío primaveral contrasta con la calidez de la luminosidad; la luz es amarillísima, casi anaranjada, y el contraste con el azul del mar es espectacular. Al atardecer Cottesloe Beach siempre está poblada por parejitas, niños, estudiantes, muchísimas gaviotas, hay de todo y para todos, un bello espectáculo de colores y gente. Lo único que perturbaba mi cuadro sensitivo era la batería estridente de los Artic Monkeys que todavía me retumbaba en la cabeza. Yo tengo el problema -o virtud, depende de donde se vea- que siempre mantengo un iPod virtual en la cabeza, generalmente del último ritmo que escucho.

Y justo en ese momento una señora se aplasta a mi lado en la grama, como a un metro. La miro de reojo y noto que lleva una bolsa con algo que parecían migajas de pan. La señora comenzó a tirarle el pan a las gaviotas y enseguida estas acudieron al llamado alimenticio. Eran de esas gaviotas blancas con alas grises; primero eran cinco, luego diez, luego veinte; se peleaban los pedazos de pan entre ellas, y picotazos iban y venían. “¡Iaaaahr!” chillonamente graznaban las gaviotas; era un grito agudísimo, como la desafinada guitarra de la banda inglesa que todavía me atormentaba en la mente. La señora les lanzó más migajas, y esta vez se sumaron otras gaviotas que tenían como una raya rosada en la cabeza, se abrieron paso aleteando vigorosamente, desesperadas entre las gaviotas de ala gris para ganarse el sustento. El cuadro se veía como una gran nube de plumas blancas, matizada por grises y rosados. “¡Iarrrhr!, ¡Iarrrhr!” descollaba el escalofriante sonido entre el abrumador retumbo del aleteo. De nuevo la vieja arrojó migajas y esta vez entraron revoloteando los cuervos, unos cinco o seis, parecían unos patoteros enfundados en sus chaquetas de cuero negro que entraban al sitio a destrozarlo todo. Y aquella coñaza mi hermano, porque los cuervos llegaron repartiendo picotazo y ala a diestra y siniestra. Un cuervo dispara primero y averigua después. A estas alturas los agitados pájaros se nos estaban acercando peligrosamente y ya la señora se estaba asustando. Yo también. En un último intento desesperado, la señora tomó la bolsa de pan, y como en cámara lenta alzó el brazo para lanzarla lejos, pero con el impulso la bolsa se rompió, cubriéndonos completamente de migajas. Y allí quedamos: cubiertos como si fuéramos unas milanesas gigantes, como un par de helados de mantecado con lluvia de maní, presa fácil para las voraces aves.

Salimos gateando de allí, en una escena digna de la película “The Birds” de Hitchcock, arrastrándonos rapidito, durante largísimos segundos, sin pena, sin voltear atrás, sin mirar a los lados. Huimos por nuestras vidas.

El otro día un amigo me preguntaba sobre los Artic Monkeys, que como me parecían. Le dije que me parecían una mierda, pero le dije una mierda de pájaro sin realmente saber por qué. Ahora que estos recuerdos ocupan mi mente ya se por qué fue.

miércoles, octubre 01, 2008

Hija de tigres (2)


La constancia es importante para el éxito de todo emprendimiento pero hay momentos en que la perseverancia no es suficiente; hay retos que requieren de algo más, de ese último aliento allí donde duele; y es con ese dolor que se rompen las fibras y se crean los músculos.

Yo soy un convencido de que todo el que está realmente satisfecho con su vida lo ha hecho siendo constante en el largo plazo, pero también por momentos de extremo esfuerzo en lapsos cortos, temporales, en instantes específicos cuando la circunstancias lo requirieron. Largos valles de constancia, con algunos picos desenfrenados. Todos pasamos por esa tesis de grado, o por trabajar y estudiar a la vez, o por aquel proyecto súper difícil, o por el primer trabajo en otro idioma; todas situaciones pico que si no hubiéramos respondido a la altura, no estuviéramos aquí. Esos picos definitivamente hicieron la diferencia.

En estos días estamos super orgullosos porque nuestra hijita pasó su primer pico con excelencia. No sólo fue constante, sino que dio su mejor esfuerzo, consiguió motivación y diversión en el estudio y esa fue la clave -otro logro más-

Viv, te esforzaste y lo lograste: ¡banda 6 en NAPLAN numeracy! You want it, you’ve got it! Tu papi y tu mami están muy orgullosos. Una vez más lo has demostrado: eres grande, fuerte y valiente.

¡Mil felicitaciones Viv de parte de Papi y Mami.! ¡Te queremos mucho!

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