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lunes, septiembre 08, 2008

Decálogo decadente Tailandés

Directo desde nuestras maravillosas vacaciones y sin cabida a más introducción, aquí está el Top Ten Thai:

NÚMERO 10:
Disco inédito en Tailandia de José Luís Rodríguez -El Puma- en su época con La Billo’s:

NÚMERO 9:
Hasta ese momento no había visto a ninguna mujer musulmana en la playa:

NÚMERO 8:
La profesión más vieja del mundo nunca duerme en Tailandia. Esta foto es a las 10:30am:

(Esta industria es muy extendida y hace a Tailandia tristemente célebre en el mundo)

NÚMERO 7:
Rancho tailandés en el mar de Andamán (y había muchos más):


NÚMERO 6:
Estos avisos estaban por todas partes en Phuket, no muy estimulante para unas vacaciones:

NÚMERO 5:
Trajes de baño a la medida:

NÚMERO 4:
Mucha gente va a Tailandia a hacerse trajes copiados de diseñadores famosos a la medida. Los precios son sorprendentes bajos:

NÚMERO 3:
Aquel día, en plena Asia, sin nada familiar alrededor, pase al lado de la portada del periódico -del cual no entendía ni papa- y vi de reojo a la chica del cuadro pequeño y dije: “¡epa! ¿Qué paso ahí?” (Interprétese: ese corrientazo que da cuando vez algo demasiado, desmedido, exageradamente familiar)

Y en efecto, era Dayana Menoza que había ganado el Miss Universo la noche anterior y nosotros ni sabíamos. El grito de la sangre que llaman.

NÚMERO 2:
Para todos aquellos amantes de la más reciente cadencia boricua (¿Por qué será que Puerto Rico acapara toda la música del Caribe?) Para leerlo sentado. Sin más, señoras y señores: nos pusieron Regueatton en el boxeo tailandés (ver video):


Yo me perdí toda la historia del regueatton en el caribe. La sigo de lejos; a lo mejor algún día escribo sobre mis impresiones. Lo cierto es que aquí he visto a más de uno que dice que lo odia bailándolo “agachao”.

Y finalmente, LA NÚMERO 1:

Mira a esta princesita japonesa. Que linda ¿no?

Mira de nuevo. Como dirían aquí: “sorry mate, it’s a bloke!” (lo siento pana, ¡es un tipo!) A esta otra, del mismo show, se le nota más:


lunes, septiembre 01, 2008

Being “Cool”

Anoche tuvimos el placer de asistir al concierto de Andrea Bocelli en el Burswood Dome. Apoteósico, para que decir menos. La tarantella, el barbero de Sevilla, la cavalleria rusticana, todas fueron cantadas, junto a los clásicos pop. Todo muy bueno, aunque los asientos un poco incómodos. En el intermezzo me di a la tarea de analizar a la fauna del evento.

La gran mayoría de los asistentes vestía sus mejores galas. Casi todos vestidos de oscuro, había corbatas, las mujeres con trajes largos, todos portaban sus mejores sonrisas. Había grupos que se conseguían con otros grupos, besos y abrazos iban y venían. El ambiente era cheerful total. Un sitio para ver y dejarse ver, para mostrar que estás “in”. Me quedo pensando que en esta cultura mucha gente hace cosas para mostrarse a los demás, sólo para que los vean, y para relacionarse con otros. Esto me recuerda a una de las tantas vacas sagradas nuestras, el axioma según el cual el típico caribeño “compra cosas que no necesita, con dinero que no tiene, para aparentarle a gente que no le importa”. Tú sabes como es.

Me imagino la estampa del típico pantallero criollo importado aquí: el tipo anda en un 4WD gigantesco, de esos con sunroof con unos cauchos de 33’’, con actitud de que el mundo es de él: música a todo volumen, vidrios abajo, mirando alrededor a ver quien lo ve. El tipo va bajando a toda velocidad por la Mitchell Freeway y decide darse una vueltas por el centro de Perth para darse un “toque técnico” y ver que levanta, porque “mi pana, tengo la nave así tipo urbano, para pasear por la ciudad”. Aquí me pregunto: ¿es necesario un 4WD para pasear por la ciudad? ¿Un 4WD no es para salir fuera del pavimento? En fin, nuestro amigo entra en la city, y mientras pasa va saludando a los transeúntes cual reina de carnaval. Así llega a la St. George Terrace y lo agarra el tráfico. Justo allí cambia la música que tiene en el iPod conectado al carro, y en las cornetas: el presidente del género, Don Omar. Suenan los bajos Ki-ti-pum, Ki-ti-pum, Ki-ti-pum. Y dice: Chuli como te sientes, “Suelta como gavete”, pues agarráte vamos pa’arriba como un cohete. Y el tipo se menea y menea con los bajos del regueatton. El 4WD salta -ayudado por los cauchos de 33’’- al ritmo de la estridente música. Y suena el coro: ella bailando es una bomba, deja que se rompa, que lavo su pompa…Y el tipo se asoma hasta el torax por el sunroof, bailando el ritmo boriquoso, dando clases de perreo in-situ, hasta que estalla la risa de todos los que van asomados en la cola de la St. George Terrace.

Esa es nuestra estampa, reza la sapiencia popular. Pero volviendo a la cultura Australiana, aquí mucha gente sí invierte cantidades considerables en cosas que no necesita, en pasatiempos que simplemente les gustan. Invariablemente esto involucra un grupo con el que te quieres identificar -otros a los cuales les quieres mostrar lo que haces o lo que tienes. Hay todo tipo de locuras, todo el mundo colecciona algo, o es fanático de cierto tipo de películas, y las tiene y se reúne con los que las tienen, o carros a control remoto, o camping. Y lanchas: mucha gente las tiene y las exhibe con orgullo y hablan de ellas (algunos parece que sólo saben hablar de eso) Aquí todo eso es normal. Se usa el término Cool para definir algo que es “chévere”. Cuando algo es Cool entonces vale la pena hacerlo o tenerlo. Y se acepta que otros lo admiren y lo quieran hacer o tener también. Allí entonces se usa el término “turning heads”: cuando vas por la calle con una ropa Cool y los demás voltean. Que otros volteen a ver lo que llevas, te hace sentir más Cool, sin ninguna connotación negativa.

Pero si es uno de los nuestros, entonces no se es Cool sino faramallero. Cosas de la vida.

Por cierto, ya por fin cambié de carro, abajo está una foto. Casi me olvidaba de ese detallazo.

martes, agosto 19, 2008

Suplicio en Phuket

Te juro que no queríamos ir. Protestamos, nos opusimos, pedimos comunicarnos con la embajada Australiana, apelamos a que nos acompañaba una menor de edad, pero igual nos obligaron. Quien me manda a estar metiendo tanta cosa en esas maletas. En fin, lo cierto es que tuvimos un malentendido con la aduana Tailandesa en Bangkok y nos mandaron a un centro de detención en Phuket, este:

Fue horrible. El trato fue absolutamente vejatorio. Todos los días nos obligaban a trabajos forzados en la playa. La temperatura del agua era tan cálida que nosotros al principio sospechamos que personas con problemas de incontinencia se habían bañado justo antes allí, pero luego averiguamos que esa es la temperatura normal. La que más sufrió en la playa fue la Viv, mirála aquí, pobrecita:

Pero allí no acabaron los malos tratos. No contentos con el trabajo forzado durante el día, también en las tardes nos transportaban a Patong, a la ciudad, para que continuáramos trabajando de noche. Patong era sórdida, bizarra, se veía cualquier cosa en la calle:

El transporte era patético:

Y justo cuando pensábamos que habíamos caído bajo, descendimos más abajo todavía:

Los reclusos se peleaban casi todos los días (Muay Thai: Boxeo patada tailandés).


Y tenía que defenderme:

Por ratos, al menos pudimos ahorrarle amarguras a nuestra pequeña al enrolarla en el retén de menores (Kid’s club) Allí tenían a varios niños en actividades de rehabilitación:

Algunos días nos trasladaron a otras playas para seguir martirizándonos. Una de ellas fue Phi-Phi Island, donde fue filmada la película The Beach (La playa) con Leonardo Di Caprio. La playa más hermosa del mundo, según nos dijeron para engañarnos, pero la verdad es que los paisajes eran absolutamente deplorables.


Otro día nos llevaron a James Bond Island, donde fue filmada la película homónima The man with the golden gun (el hombre de la pistola de oro) con Roger Moore. Yo soy un fanático de James Bond y no me creo que esa fue la locación de esa película porque la formación rocosa que aparece en el fondo de la siguiente foto explotó en la película original. ¿Cómo es que todavía sigue allí? Puras mentiras. Sólo querían vernos sufrir.

Pero lo peor de todo, y lo digo sincera y francamente, fue la comida. ¡Que espanto de comida! Preferíamos no comer. Casi nos morimos de inanición:

Cada vez que nos tocaba comer, a Yel se le notaba en el semblante. Le repugnaba:

Tanto fueron las nauseas que Yel decidió hacer un curso de culinaria tailandesa:

En fin, quedamos humillados, vejados, desmoralizados. ¡Más nunca volvemos para allá!

Más de 100 fotos del resto de nuestro calvario en Phuket aquí.

sábado, agosto 02, 2008

La otra ciudad de los ángeles

Algunos le dicen el llamado de la selva, o el llamado de los lobos, pero a mi me gusta más la expresión “Les chèvres sont toujours attirés par le maquis”. Lo cierto es que volamos y desandamos parte del camino antes emprendido. Me preguntaba: “¿Qué tiene Tailandia?, ¿Qué tiene Bangkok qué atrae a tanta gente no sólo de vacaciones, como eran nuestros planes, sino que inclusive muchos farang se quedan a vivir? ¿Por qué ese coolness factor que envuelve a todo lo que tiene que ver con el antiguo reino de Siam?”

Al abrirse la puerta del aeropuerto recibimos una bofetada de calor húmedo que vino con un cúmulo de recuerdos primarios, de esos que no vienen del cerebro sino de la memoria visceral. Cuando nos adentramos a la ciudad inmediatamente nos sobrevino una sobre exposición de los sentidos. Bangkok es gigante, ruidosa, con un tráfico aplastante. Miles de personas marchaban por las calles, cuales hormigas, tratando de sortear a los muchos vendedores callejeros, puestos de comidas, otros transeúntes, turistas, miles de motos, vehículos.

Y Olores. Había muchísimos puestos de comida en la calle.
Así, el muy familiar tercer mundo nos dio -de nuevo- la bienvenida. Definitivamente esto no parecía -y aquí me permito usar el término mexicano que es menos despectivo- para niños fresa.
Pero esa fachada dura pronto develó un Bangkok mucho más cálido. El Bangkok de la eterna sonrisa Tailandesa, del hablar bajito, del conocido saludo “sawadee-ka” con las manos juntas en forma de rezo, de gente servicial que se desvive por atender, de un gracias “kah-kun-kah” del que casi se le siente el terciopelo. De un lenguaje tonal que recuerda a la textura de la seda. Viniendo de donde vengo, ya casi había olvidado este nivel de contacto personal.

Bangkok es sórdidamente espiritual. Los tailandeses son budistas de la tradición Therevada la cual se basa en la introspección -observarse uno mismo- la meditación y en acogerse a un sistema de preceptos entre los que destaca el “camino medio” o no-extremismo; este enseña fundamentalmente a no aferrarse pero tampoco a reprimirse. Casi cada dos cuadras hay al menos un pequeño altar para rezar, y por supuesto, también hay templos grandilocuentes que son destino turístico. Hay al menos 10 de estos templos, pero los más destacados son el Wat Pho y el Gran Palacio, este último es un complejo con varios templos que queda adyacente a la antigua residencia del Rey de Tailandia; infaltables en una visita a Bangkok.

“El Buda Acostado” dentro del templo “Wat Pho”


El Gran Palacio

Un análisis de la espiritualidad Tailandesa no está completo sin incluir la relación del pueblo con el rey. Tailandia es una monarquía constitucional, hay un primer ministro, pero se consiguen afiches y fotos del rey por todas partes. También observamos con curiosidad pequeños altares con ofrendas a reyes pasados (recientes de una o dos generaciones atrás)

La religiosidad en Tailandia se sincretiza abiertamente con la cábala y la superstición. Ningún tailandés osaría dar un paso importante sin antes consultarse con un Chamán. Esto en si, es sumamente complejo y es motivo de turismo temático desde todas partes del mundo -más popular de lo que uno podría imaginarse. Las ofertas de lecturas de cartas, planta de la mano, lectura de tabaco y demás hierbas abundan por todos lados, inclusive en el medio de la calle. Para mí todo es válido siempre que logre inspirar a la gente a prosperar por el buen camino. Curiosamente, observamos como se venden los números de teléfono celular de acuerdo a los números “de suerte”, siendo más costoso el que repita cierta combinación de números. ¡Numerología en acción!

El desapego por las cosas materiales del budismo tailandés contrasta poderosamente con el consumismo desaforado que se ve en las calles. Con todo el comercio formal abierto todos los días hasta las 10:00pm y el informal trabajando 24 horas, había centros comerciales inmensos, hiper-lujosos. También había mercados populares disfrazados de centros comerciales, y mis preferidos los mercados al aire libre. Los precios, risibles, en particular viniendo de Australia. El fuerte era ropa, calzados y joyería, todo de excelente calidad. Después de todo si uno revisa la etiqueta de cualquier camisa de marca comprada en cualquier lugar del mundo hay una buena oportunidad de que haya sido manufacturada en Tailandia.

Chinatown en Bangkok
(en este mercado se podría conseguir hasta un riñón para un transplante)

El anochecer en Bangkok no significa absolutamente nada para el ritmo de la ciudad. El tráfico y la cantidad de gente siguen igual. Aparecen, sí, las luces de neón y una vida nocturna que dejaría a las Vegas con los ojos pizpiretos.


Bangkok no sólo no duerme sino que -como los Gremlins- le gusta comer de noche. La gastronomía tailandesa no necesita presentación; faltaría aclarar que donde se come mejor es en una de esas mesas plásticas en las aceras junto a las ventas de comida en la calle –el precio es regalado. Una escapada a alguno de los muchos restaurantes de lujo también vale la pena. Comer en Tailandia es toda una experiencia: para dos o tres personas se sirven seis o más platos variados y cada quien toma un poco de cada uno. Lo que importa es compartir y el momento social.


Bangkok es una ciudad inmensa, intimidante. Al principio nuestro primer instinto fue el de resguardar nuestra seguridad personal, pero rápidamente corroboré lo que había investigado antes: Bangkok es una ciudad sorprendentemente segura. Se deducía por la inmensa cantidad de turistas y expats que se veían a toda hora y la omnipresencia de la policía turística.

Todo en Bangkok era increíblemente barato por cualquier estándar, cosa que indicaba -y que además sabía de antes- que los salarios tienden a ser muy bajos, que existía pobreza. Esta, además, era evidente. Yo siempre había asociado -demográficamente- a la pobreza en masa con la eventual aparición de delincuencia común, y ver a esta inmensa ciudad tal Caracas o São Paulo, con los mismos vicios tercermundistas, con el mismo caldo de cultivo, pero sin el mismo resultado violento anti-social, para mi representó un cambio de paradigma el cual me prometí analizar con mayor profundidad en el futuro. Para completar la utopía, Tailandia no tiene una industria petrolera o minera. Ellos viven de la manufactura y exportación de bienes de todo tipo -a super bajo costo- y de la agricultura. Eso, junto a otras actividades (turismo incluido) es lo que genera empleos.


Los salarios bajos más bien se manifiestan en algunos tailandeses tratando de sacarle dólares rápidos a los turistas. Algunos taxistas nos mentían diciendo que tal atracción estaba cerrada e insistían en llevarnos a una tienda o restaurante en particular –donde él ganaba una comisión. Hubo muchos casos como ese. En fin, lo intentaron mil veces pero no pudieron con nosotros. Los chóferes de los tuk-tuks eran particularmente mercenarios. Un tuk-tuk es un pintoresco carro-taxi de 3 ruedas que se maneja como una motocicleta, pintado de todos los colores posibles, que por sus características no tiene taxímetro. En Bangkok hay miles y miles de Tuk-tuks. Bangkok no fuera Bangkok sin ellos.


Nos fuimos de Bangkok sobre expuestos, saturados de pensar sobre cosas en las que usualmente no pensamos y muy satisfechos. Viviendo en la tranquilidad acogedora de Perth, Bangkok nos recordó la importancia de tener cierto agite de vez en cuando (y no hay que salir de Perth para tenerlo) También por primera vez sentí que mi tiempo para experimentar algo que realmente me atraía ya había pasado. En fin, no es difícil dejarse deslumbrar por la que -muchos dicen- es la verdadera capital del mundo.

Después de demolernos en Bangkok nos iríamos a Phuket, allá en la playa tendríamos unas vacaciones más convencionales, serían más las vacaciones de la Viv, y le daríamos un descanso a nuestros maltrechos sentidos.

Más de 100 fotos de nuestro viaje a Bangkok aquí.

domingo, julio 27, 2008

The Aussie way (1): barefoot


Crónicas Perthianas, siempre ocupada con la difusión de la cultura popular de este país, hoy hace la primera entrega de la serie The Aussie way. La serie busca introducir al hispano parlante a esta cultura tal vez enfatizando las diferencias culturales, no para separar o ironizar, sino buscando aproximar a las dos culturas.

A veces he escuchado -de parte de extranjeros- que Australia no tiene una cultura propia, que todo es prestado de la Gran Bretaña y los EEUU. No estoy de acuerdo. Esta es una de las culturas más ricas con las que he tenido contacto. Cierto que aquí no hay pirámides ni templos, pero la cultura está en la gente, en la que forma que llevan el día a día, en el Aussie way. El Aussie way es todo un conjunto de costumbres, es como una plantilla de comportamiento que todos siguen, es sumamente atractiva en valores, simpática en su contenido, un poco radical en su componente regionalista, a veces llegando a extremos de culto. Y como en todo culto, siempre hay algunos fanáticos puristas -que paradójicamente tienden a ser los que no nacieron aquí- pero esos no son verdaderos Aussies. El Aussie de verdad, la mayoria, es inclusivo, simpático y sobretodo muy plain (sencillo).

Y nada encarna mejor a esa sencillez australiana como la costumbre de caminar descalzos en la calle (walking barefoot). Nótese que no se trata de un caminar descalzo casual como se ve en localidades playeras, no. Se trata de alguien que se fue desde su casa en el suburbio, tomó el tren, se bajo en el CBD (centro de la ciudad), hizo sus diligencias y volvió a su casa por la misma vía, todo el trayecto descalzo. Así, es frecuente conseguirse a alguien descalzo en el tren, en locales de comida rápida, en el banco, caminando por la calle, en los centros comerciales, etc. A veces cargan las cholas en el bolsillo de atrás del pantalón (¿?) Alguien pensará que los que andan descalzos son de cierta clase social. ¡No! Cualquiera camina descalzo aquí. Recuerdo cuando éramos vecinos de la haute socialité en Cottesloe que allí fue cuando más vimos a gente descalza, lógicamente en la playa, y bien lejos de la playa también. Se ve a gente completamente vestida de los tobillos para arriba, mujeres maquilladas que claramente no vienen de la playa, que se bajan del carro sin zapatos a ponerle gasolina al carro. Se ve a gente en los pubs abarrotados, en cuyo piso se revuelven mezclas exóticas de licores y jugos humanos, un piso pues como para caminar con botas de pescador hasta la cintura; allí hay gente descalza. Y esto no es algo Perthiano, lo vi en igual magnitud en Sydney y Brisbaine. No he conseguido evidencias todavía de que esto se vea en Melbourne. Tal vez es algo que tenga que ver con el clima -porque se ve más en verano-

Ahora bien, cuando no se está descalzo, se viste la pieza que es la pasión nacional australiana: thongs (cholas), pero de esas, las de dedito, las que si se ponen horizontales a contraluz se desaparecen por lo delgado de la suela, esas que en Venezuela se usan en la casa y nadie sale a la calle ni loco con ellas. Paradójicamente, he aprendido que esta pieza se usa en todo el mundo cuando el clima lo permite: Asia, Europa, EEUU, casi toda Latinoamérica, pero no mucho en la Venezuela urbana -tengo una idea del porque pero no viene al caso ahora- Como sea, si usted viene para acá, mejor váyase acostumbrando.

martes, julio 22, 2008

The massage


Los masajes tailandeses son archi nombrados, no necesariamente conocidos, al menos yo no los conocía, y por supuesto no íbamos a dejar pasar la oportunidad en Phuket para dejar que nos dieran unos “golpecitos aquí y allá”. Así pues, hacia el final de las vacaciones, dejamos a la Viv en el kid’s club y nosotros nos entregamos a un paquete de 3 horas -una revisión mayor- después de todo cuando un vehículo ha rodado más de 200 mil, sólo latonería y pintura no son suficientes; ya hay que hacerle la máquina.

En fin, nos pusieron a los dos boca abajo, en guayuco sobre dos camillas, con la cara metida en una especie de excusado hecho con toallas (no podíamos ver lo que nos hacían) y dos tailandesas de contextura pequeña comenzaron a untarnos un aceite terroso, primero con las manos, luego con una toalla, y paulatinamente fue variando tanto la densidad del aceite como el tipo de toalla. A esa altura, yo sin poder ver nada, trataba de adivinar con que me untaban el aceite. “Esto es papel, como una servilleta” me decía. Luego, cuando cambiaba el tejido, pensaba “esto es una toalla áspera”. Y así me embebí en un juego de imaginación infra-sensorial donde se me olvidó el mundo y lo único que hacia era percibir texturas. Simple ¿no? pero relajante. Luego la masseuse me pidió que me pusiera boca arriba y el embadurnado siguió, así como mi juego imaginativo, pero al mismo tiempo pensaba cosas en paralelo, por ejemplo, en la importancia de leer. Quien lee tiene acceso a la imaginación, y quien imagina emprende cosas (y quien escribe, bueno, escribir ya es un emprendimiento) Es importante rodearse de actividades que estimulen la imaginación. Por eso es que algunos artistas se niegan a hacer videos de sus canciones, porque parcializan y limitan la imaginación de quien los escucha. Yo estoy muy satisfecho con que a mi hijita le hayan inculcado el valor de la lectura en la escuela -se ha convertido en un ratón de biblioteca-. Todo eso pensaba mientras me entregaba a mi juego imaginativo.

- “Madame, Mister, please take a shower to continue with the massage.”

Al volver de las duchas, de nuevo boca abajo en la camilla, fue que realmente comenzó el masaje (¿se le puede llamar así?) La masseuse comenzó con los pies, julepe que julepe, y de repente clavó el codo en un punto abajo del talón (digo yo que era el codo porque no veía nada) “¡eeeeepa eso dolió!” estuve a punto de decirle, pero me contuve. Luego subió a las pantorrillas, luego a los muslos. Parecía seguir una rutina, primero masaje convencional, luego puyaba -¡duro!- con el codo en un punto clave, tú sabes, ahí donde se te bajan los breakers. Ya me estaba acostumbrando al dolor punzante, picoso, pero relajante. Y empecé a pensar-

Estas deben ser mis primeras vacaciones reales. Antes de venir a Australia solía viajar mucho pero por trabajo, así conocí muchos lugares, y claro que mezclaba los viajes con placer, pero siempre estaba esa laptop que había que prender en las mañanas, nunca me relaje como ahora. Además después de 10 años viajando tanto, hice esta interrupción de 3 años sin tomar un avión desde que llegamos a Perth, así que esto realmente sienta un hito.

Ciertamente Yel y yo no somos los turistas que se tienden en una playa como morsas; a nosotros nos gusta mezclarnos con la gente en mercados, observar, entender, aprender. En Bangkok y Kuala Lumpur vimos mucha riqueza y ostentación, pero también pobreza y formas de vivir realmente diferentes. Vimos religiosidad, espiritualidad, cábala, formas de inspirarse de la gente que eran muy creativas, algunas realmente chocantes, pero otras las encontramos dignas de admiración. Vimos cosas terribles, pero también utopías. Algunas cosas me dejaron pensando que yo no había sabido vivir hasta ahora. Fue un asalto furioso a los sentidos donde se nos gritó, crudo, alto y claro: ¡la vida se puede vivir de muchas maneras y ustedes no han visto nada todavía!...

En eso la masseuse me metió la rodilla en la espalda y me agarró los brazos como para manejarme como una motocicleta y jaló; allí chillé como un cochino “¡arrrrggghhhhhh!”

- “Are you Okay, mister?”

“Yesssshh, ahh, I’m sort of Okay” le dije y me volví a sumir en mis pensamientos-

…Y al menos yo fui tentado, aunque fue sólo por un momento. Y aunque no sucumbí, sí quedó claro que no viviremos igual después de este receso. Por ejemplo -y es sólo un ejemplo- hicimos mil cosas, fuimos a mil lugares, todo con una energía y frenetismo envidiable. Queda la pregunta ¿Cómo incorporar esa pasión y sanuk en nuestra vida de no-vacaciones? Si usáramos la mitad de esa energía todos los días ahora seriamos dueños de un tercio de todos los terrenos de Perth. Lo que sea que pasó, éramos nosotros, los mismitos; observen, aprendan, reprodúzcanlo. ¡Inspírense!

No hay duda de que hay una gran riqueza en observar con profundidad las cosas pequeñas de la vida. Y ciertamente, enfocarse en lo que realmente nos importa de verdad, hace una gran diferencia.

- “Mister, the massage has finished”

“Thank you” le dije. “Psst ¡Yel, epa! ¿Y a ti como te fue?”

lunes, junio 16, 2008

Rojo rojito

¿No les pasa que les gusta dormir tanto tanto que disfrutan de despertarse, digamos a las 3:00am, para tomarse algo en la nevera y volverse a dormir rico a las 3:05am sólo por el gusto de volverse a dormir? A mi sí. Y eso es lo que me había pasado esa noche; tenía un sueño pesadísimo, sabroso, de fin de semana largo, de “mañana-no-tengo-planes”; que se caiga el mundo, no me importa, estoy durmiendo, a pierna suelta, para algo trabajo tanto. Jugaba con la tenue línea que separa la conciencia del sueño profundo, me dormía y me volvía a la semi-conciencia a voluntad. En este nivel de sopor extrasensorial literalmente duermo como duermen los bebés: inocente, olvidado de todo, con la mente en blanco. En eso:

- “Fer levántate que nos vamos”. ¡Vamos, vamos!
- “Ah ¿Qué?, ¿ehhhh?... ”
- Si vale, levántate, ya Viv y yo estamos listas y tú como siempre levantándote tarde.
- Pero, pero, pero… Yel ¿vamos para donde?
- Para Kalgoorlie, a visitar a nuestros amigos, ¿no te acuerdas Fer?
- ¿Queeeeeeeeé? Si eso esta a 8 horas de Perth, yo no voy, yo tengo sueño… te juro que yo no voy. Punto final.

Una hora más tarde:

Y ocho horas más tarde:

Conocido Pub en el centro de Kalgoorlie
Kalgoorlie es, enunciado formalmente, un pueblo minero en el centro de Western Australia con 28 mil habitantes, todos trabajan directa o indirectamente en minería, esta a su vez es la industria más importante del país, más o menos como sería el petróleo en Venezuela -pero sin la misma dependencia -. Mi versión: Kargoorlie es fiebre del oro, níquel, muchos dolare$, polvo, gente rústica, inglés Strine al máximo, grumpy miners, bloody hell, no worries mate, el lejano oeste, aborígenes, didgeridoo, boomerangs, canguros muertos a un lado de la carretera, es sobre todo muy rojo y desértico. Es un pueblo minero en el medio del Outback. Esto es, señoras y señores, Australia.
Excusado de caballeros (dunny) en el inhóspito Outback de Western Australia

Es en Kalgoorlie que está la famosísima Super pit, un hueco inmenso de donde sacan oro desde hace más de 100 años. El hueco es tan grande como la cuarta parte del pueblo.

A la Super pit bajan camiones inmensos para sacar las rocas. Aquí una apreciación del tamaño de los camiones mineros.

No perdimos la oportunidad para bajar a una de las minas subterráneas.

Este es un pueblo minero, rústico, sin grandes lujos, el que vive aquí viene por los billetes grandes, y es posible que pase la semana trabajando aquí y el fin de semana en Perth (FIFO: fly in, fly out) Por eso la alcaldía no se preocupa en cuidar mucho el pueblo. Además, el agua la bombean por una tubería larguísima desde Perth así que esta no sobra para gastarla en jardines y parques. Si a esto se añade que estamos en el medio del desierto, ya se imaginan el paisaje. Definitivamente esto es diferente a Perth.

Algo característico de Kalgoorlie es el uso de láminas de zinc para hacer cercas entre las casas. Eso le termina de dar “ese toque”.

En realidad no todo luce como la foto anterior. Hay algunas urbanizaciones que si están arregladas, pero la mayor parte del pueblo es más bien rústico minero.

Algunos íconos de pueblo minero:

Las Skimpies:

Muñecos que ponen cuando se va alguien del pueblo:

Nombres exóticos:
Nosotros aprovechamos la oportunidad para manejar cuatro horas más de ida (y cuatro horas de vuelta porque volvimos el mismo día) hasta Esperance. Me habían dicho que las playas eran espectaculares, y lo eran, pero estas eran definitivamente diferentes. Yo me sentía que habíamos llegado a una playa en Suecia o Alemania, no sé, era raro, diferente, para eso uno viaja, para ver cosas diferentes. Este era el caso.

En el regreso nos topamos con otro ícono Aussie, el famoso Ettamogah Pub.

Donde me refresqué para continuar el largo regreso.

En este viaje completamos todas las piedras angulares de la cultura Aussie: la parrilla (BBQ), la playa, el Outback y el Pub. Blooddy Oath!

Cuando veníamos pasando las montañas que divisamos a Perth me pareció que llegábamos al paraíso, todo tan verde, con tanta infraestructura, todo moderno, la gente tan educada, con playa, con teatros, cines, centros comerciales… ¡Ah mi Perth!