domingo, agosto 24, 2008

El australiano Mike Martin (o de los orgullos nacionalistas)

Mike Martin es australiano. Tan australiano como el venezolano José Fernández.

Mike Martin llegó a Australia desde Venezuela por allá en los años ochenta. En aquel entonces lo único que había que hacer para inmigrar a Australia era tener ganas. No hacia falta -en principio- hablar mucho inglés, y algún filtro menor se aplicaba en cuanto a preparación académica. Inclusive Australia le pagaba el pasaje, primeros meses de estadía y entrenamiento en el idioma al inmigrante. Fue así como Australia vio llegar a Mike, que en realidad no era tal; su nombre de pila era Miguel, devenido en Michael, y para los amigos “Mike” por cuestiones de adaptación. Mike llegó recién graduado de electricista, muy joven. En Australia Mike terminó de crecer, se casó, tuvo hijos, amigos, compró casa e hizo una vida. ¿Qué razones llevaron a Mike a salir del Caribe y venir a parar aquí tan lejos? Eso sólo lo sabe él porque Mike no habla mucho al respecto. De hecho, Mike, luego de tantos años aquí, prefiere hablarme en inglés. Es que no había muchos latinos aquí para la época, y hoy en su casa, lógicamente, se habla inglés. Y todo el tiempo me está sugiriendo que hable inglés en mi casa con Yel y Viv (¡imagínate!) porque: “el inglés es lo más importante aquí, tú sabes. Además, ¿para que vas a hablar español si aquí eso no sirve para nada? ¡Olvídate de eso!” me dice. Mike con el tiempo se ha embebido en el fanatismo patriótico aussie: para él un Holden Commodore es el mejor carro del mundo; se le olvidan algunas palabras en español, le encanta una barbie (parrillada), tiene pocos amigos -pero tiene muchos contactos- me mira mal cuando soy “muy venezolano” o cuando critico algún aspecto de la vida en Australia. Mike es Aussie, tiene un montón de años aquí, y espera que yo sea Aussie como él, pero fuera de eso, Mike es, como muchos Aussies, un “top bloke”, es decir, un tipazo.

José Fernandez es venezolano. Tan venezolano como el Australiano Mike Martin. También es australiano porque José nació en Australia de madre venezolana. José es joven, en sus veinte y pico de años, habla español -si acaso- muy mal, pero no pierde oportunidad de practicarlo cada vez que nos ve. José fue un par de veces a Venezuela a visitar a familiares de sus padres cuando era un niño, pero hoy en día los siente lejanos. José, sin embargo, siente simpatía por todo lo que es latino y en particular por lo venezolano -pese a su mal español. No obstante, José creció aquí en Australia y desarrolla una vida normal australiana: se emociona con los juegos de footy, se viste, habla, camina y se comporta como un aussie, sus amigos son aussies; a pesar de lo que él diga, porque a veces se refiere a los australianos como “ellos”, con la connotación de “esos que son diferentes a mi”. Conversando con él creo que puedo inferir por qué: José creció en un ambiente un poco rudo para el extranjero -o aquel de origen extranjero- donde los sobrenombres y las burlas en el colegio no eran infrecuentes; cosas de muchachos, dirán algunos, y no dudo que así fuera, pero bromeando a veces a algunos se les fue la mano, por lo que puedo percibir.

Hace unos días mi querida hijita estaba viendo los juegos olímpicos, emocionada, sobreexcitada con las hazañas del equipo australiano, y justo allí se me ocurrió preguntarle: “Viv, si Australia compite con Venezuela ¿a cual equipo le irías tú?". Mi pequeña se quedo pensando, rumiando, recapacitando, y no me contestó nada. Me dijo que la pregunta era muy difícil y se sumió de nuevo en la televisión. No hay duda que a estas alturas la pregunta es difícil y en el futuro, lo será más, o tal vez no. Lo único seguro es que Australia ha cambiado mucho desde los días en que José estaba en la escuela. Hoy los bullies o bravucones son duramente castigados y la posibilidad de un ambiente hostil para alguien de origen extranjero es casi nula en Australia. Esto deja abierta, sin contaminantes, la posibilidad de que los niños se identifiquen con este país, con su país de origen, con los dos o con ninguno. Muy probablemente se identificaran mucho con este, un poco con el de origen, depende de los padres.

¿Y los inmigrantes adultos actuales? Estos vienen a este país después de pasar por un filtro donde se les solicita conocimientos del idioma y sobre todo una contundente experiencia profesional. Por ello, estos no llegan con la maleta vacía como llegó Mike Martin. El que llega a Australia hoy invariablemente tiene logros previos, financieros, profesionales, culturales o académicos, conseguidos en su país, que lo hacen caminar altivo, ostentando cierto orgullo por su tierra, la cual dejaron por razones que no son su culpa, circunstanciales, y por lo tanto no tienen absolutamente nada de que avergonzarse. Siendo así, ese orgullo les dificulta hacerse “Aussies” y probablemente no lo sean nunca. Serán, a lo sumo, venezolano-australianos o de cualquier otro origen una vez que se nacionalicen. En mi caso, Australiano nacionalizado, también suma el hecho de que no hay ningún aussie que piense que yo o cualquier otro por el hecho de portar un pasaporte australiano ya somos aussies. Comprensible, si me preguntan a mí, y yo reciproco en consecuencia.

Nuestro orgullo no es comprensible para alguien tan aussie como Mike. Él llegó muy joven y sin experiencia, él le debe todo lo que es hoy a Australia, y no pasó su infancia aquí así que no lo conoce todo -como José. Para Mike, igual que para algunos Aussies, a Australia no se le critica, es una cuestión de respeto. A Australia se le quiere y obedece. Punto; como a las madres: “no se discute lo que mamá dice”. Yo, sin embargo, opino diferente. Quería y quiero mucho a Venezuela, y en esa misma medida la criticaba, para plantar la semilla de la mejora; en la crítica indagaba respuestas y el proceso me ayudaba a entender. Igual es en Australia, la critico -igual que hacen muchos Aussies educados, por cierto- porque deseo todo lo mejor para este gran país en el cual decidimos vivir.

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martes, agosto 19, 2008

Suplicio en Phuket

Te juro que no queríamos ir. Protestamos, nos opusimos, pedimos comunicarnos con la embajada Australiana, apelamos a que nos acompañaba una menor de edad, pero igual nos obligaron. Quien me manda a estar metiendo tanta cosa en esas maletas. En fin, lo cierto es que tuvimos un malentendido con la aduana Tailandesa en Bangkok y nos mandaron a un centro de detención en Phuket, este:

Fue horrible. El trato fue absolutamente vejatorio. Todos los días nos obligaban a trabajos forzados en la playa. La temperatura del agua era tan cálida que nosotros al principio sospechamos que personas con problemas de incontinencia se habían bañado justo antes allí, pero luego averiguamos que esa es la temperatura normal. La que más sufrió en la playa fue la Viv, mirála aquí, pobrecita:

Pero allí no acabaron los malos tratos. No contentos con el trabajo forzado durante el día, también en las tardes nos transportaban a Patong, a la ciudad, para que continuáramos trabajando de noche. Patong era sórdida, bizarra, se veía cualquier cosa en la calle:

El transporte era patético:

Y justo cuando pensábamos que habíamos caído bajo, descendimos más abajo todavía:

Los reclusos se peleaban casi todos los días (Muay Thai: Boxeo patada tailandés).


Y tenía que defenderme:

Por ratos, al menos pudimos ahorrarle amarguras a nuestra pequeña al enrolarla en el retén de menores (Kid’s club) Allí tenían a varios niños en actividades de rehabilitación:

Algunos días nos trasladaron a otras playas para seguir martirizándonos. Una de ellas fue Phi-Phi Island, donde fue filmada la película The Beach (La playa) con Leonardo Di Caprio. La playa más hermosa del mundo, según nos dijeron para engañarnos, pero la verdad es que los paisajes eran absolutamente deplorables.


Otro día nos llevaron a James Bond Island, donde fue filmada la película homónima The man with the golden gun (el hombre de la pistola de oro) con Roger Moore. Yo soy un fanático de James Bond y no me creo que esa fue la locación de esa película porque la formación rocosa que aparece en el fondo de la siguiente foto explotó en la película original. ¿Cómo es que todavía sigue allí? Puras mentiras. Sólo querían vernos sufrir.

Pero lo peor de todo, y lo digo sincera y francamente, fue la comida. ¡Que espanto de comida! Preferíamos no comer. Casi nos morimos de inanición:

Cada vez que nos tocaba comer, a Yel se le notaba en el semblante. Le repugnaba:

Tanto fueron las nauseas que Yel decidió hacer un curso de culinaria tailandesa:

En fin, quedamos humillados, vejados, desmoralizados. ¡Más nunca volvemos para allá!

Más de 100 fotos del resto de nuestro calvario en Phuket aquí.

miércoles, agosto 13, 2008

El tiempo

Eran Yel y dos amigas que miraban las fotos de nuestro reciente viaje a Tailandia en la pantalla plana de la sala. Pasaban foto tras foto mientras Yel les iba comentando los pormenores. Viv estaba en la misma sala en una mesita dibujando, concentrada, sesuda, abstraída de las fotos. Yo observaba la situación a lo lejos, en la mesa del desayuno, tomando un trago de no me acuerdo que. Las mujeres comenzaron a subir el nivel del cuchicheo al pasarse por una serie de fotos de la Viv. La orgullosa madre se hinchaba ante los madrigales que le lanzaban sus amigas a nuestra hijita: “Mira esa… ¡que linda!”, decían. “Y mira esta otra foto”, se escuchó luego. La escena transcurría linealmente hasta que Yel cambió su expresión al escuchar a una de sus amigas decir boquiabierta: “¡mírala allí Yel! que grande se ve…”

Casualmente sonaba en la sala una canción vieja, de esas de al menos 5 años atrás. Me hizo acordarme de un cuento que le contaba a la Viv cuando estaba pequeña hacia esa misma época. En aquel entonces yo no me sabía ningún cuento para niños, y además había que contárselo con la luz apagada porque la idea era que se durmiera, así que no le podía leer. Ni modo, tuve que inventar el cuento. Este era sobre una niña llamada Vava cuya madre la envió en un tren desde París a visitar a su abuelita en Budapest. Vava viajaba con su perrito Doggy. Una vez en la cabina de pasajeros del tren, Vava se sintió importunada por el humo de un señor que estaba fumando una pipa. Es así como Vava decide acudir a la policía del tren para que intercediera, y así lo hicieron, pero provocaron una reyerta en la que el policía decide sacarle la pipa al señor de la boca y tirarla por la ventana. El señor de la pipa, a su vez, decidió quitarle un zapato a Vava y también lo tiró por la ventana. En medio del atajaperros que se formó, Doggy se escapó corriendo de la cabina, y Vava, sin un zapato, se fue atrás de él. El señor de la pipa también huyó de la policía. Vava buscó a su perrito por todo el tren pero este no apareció; la pobre Vava quedó muy triste, y así el tren siguió hacia su destino. Al llegar a Budapest, Vava le contó todo a su abuelita, y esta le dijo: “Vava, vamos a la comisaría a declarar a tu perrito Doggy como perdido”. Al llegar las dos a la comisaría ¡vaya sorpresa! La policía había agarrado al señor que se había escapado y también al perrito de Vava, Doggy. El perro tenía algo en la boca: ¿Qué era?

Aquí Viv invariablemente me respondía: “La pipa, Papi”. Y yo le decía: “No, no. Tenía el zapato de Vava en la boca”. Y justo en ese instante Viv se echaba a reír largo y tendido, y yo con ella. No importaba cuentas veces yo le contara esa historia ella siempre contestaba lo mismo: “la pipa” y luego de mi respuesta nos destornillábamos de la risa, una y otra vez. Ahora que me acuerdo me rió de nuevo.

En eso, mi canción vieja de hace 5 años se acabó en la sala, y yo levanté la mirada de nuevo. Allí seguían Yel y sus dos amigas, ya hablando de otra cosa. Viv seguía dibujando. Y mi flashback entró en una pausa, sucumbió a lo terrenal, a lo tangible, al pragmatismo de un viernes por la noche. Lo único que había quedado allí, colgando en el aire y sin dar cabida para cursilerías, era aquella frase de Caro: “¡mírala allí Yel! que grande se ve…”

A veces la realidad nos alcanza de forma tan contundente que sin mediar palabra le da dos bofetadas a cualquier recuerdo y lo acuesta a dormir. Benjamín Franklin tenía una frase categórica: “¿amas a la vida? Entonces no desperdicies el tiempo porque es la sustancia de la que esta hecha”. Yo me atrevería a parafrasear: ¿amas a tus hijos? Entonces invierte la mayor cantidad de tiempo posible con ellos.

jueves, agosto 07, 2008

The Aussie way (2): The Barbie

Barbeque, BBQ, bar-bi-kiu, parrillada, asado, o como le dicen cariñosamente aquí, la “barbie”, es la quinta esencia de las tradiciones australianas y es sin duda la costumbre con la que más se identifican los australianos. Varios países del mundo tienen una tradición similar pero en ninguna parte la han sofisticado tanto como aquí. Toda casa que se respete en Australia tiene una parrillera en el patio trasero y muchos parques tienen parrilleras públicas. En fin, es toda una institución. Como toda institución, esta necesita reglas, así que me he dado a la tarea de compilar algunas:

LOS 10 MANDAMIENTOS DE LA PARRILLADA AUSTRALIANA

1. NO COMPARARÁS
Si vas a una parrillada en una casa australiana no oses comparar la aussie barbie con tu parrillada venezolana (o asado argentino o churrasco brasileño) y mucho menos decir que la tuya era mejor, o lo peor, que la aussie barbie es una copia de la barbeque americana. ¡No digas nada! Ellos deben continuar pensando que son los otros que se copiaron de ellos –si quieres que te inviten de nuevo.

2. NO USARAS FÓSILES PRIMARIOS
Atención venezolanos: aquí no se usa carbón en la parrilla, se usa gas. No hay venezolano que conozca que no haya reaccionado con horror al enterarse de esto, y al principio todos han vertido innumerables epítetos sobre la costumbre gasífera, pero en menos de seis meses todos están felices volteando carne en su parrillera a gas. Es más limpio, mucho más rápido y el impacto en el sabor es mínimo para la calidad de carne que se consigue aquí.

3. NO PERDERÁS EL GLAMOUR
Nada de comer en platos plásticos o de cartón, eso es para tortas. Después de todo no es sólo una parrillada, es la más famosa tradición australiana. Se debe sacar la mejor de las vajillas y los mejores cubiertos, no importa que sea en un parque público. Si la necesidad apremia, es preferible dar de comer a los invitados en una servilleta.

4. NO TORTURARÁS
Un bistec debe ser cocinado en una vuelta y listo -si quieres que le quede esa capa caramelizada- Nada de torturalo con 15 vueltas (so pena de que quede hecho una chancleta)

5. NO MUTILARÁS
Atención venezolanos: aquí la carne no se sirve picada en trocitos. Repito: no se pica, no, no, no. Aparte de que así se enfría más rápido, aquí la carne es de primera calidad y no hay necesidad de disfrazar la calidad de la carne picándola. Si nos fijamos, en Venezuela cuando la carne era buena (lomito, punta, churrasco) tampoco se picaba.

6. NO ESCATIMARÁS
En Australia la carne buena es muy buena. Estamos hablando de Porter steak, Scotch filet, rump, etc. Es buena y es cara. Pero si sucumben a la tentación de comprar “esa carnita del super que es más barata” pagaran la penitencia de su sabor: ¡es horrible! Sabe a cera de oído. Aquí la carne cara es buena pero la barata es pésima. Nota: el 80% de las aussie barbies populares son con salchichas y cebolla, aquí no me suscribo y les doy el mismo tratamiento a las salchichas que a la carne barata.

7. RESPETARÁS A TU DIOS (BACO)
Parrillada australiana sin cerveza o vino no es parrillada australiana.

8. SERÁS GENEROSO
Existe un viejo adagio en Australia que pregona que no se le debe abrir al invitado que toque la puerta; eso, porque el acto indica que no está cargando la debida caja de cervezas. Uno sólo debe abrirle al que toque la puerta con los pies. Moraleja: nunca vayas a una Aussie Barbie sin llevar algo para compartir, sea esto cervezas, el postre, carne, o lo que sea. Pregunta antes.

9. NO OSARÁS CRUZAR EL UMBRAL
En Australia una mujer no se acerca a una parrillera ni de lejos, eso es territorio de hombres. Igualmente, un hombre no mueve un dedo por hacer la ensalada, eso es territorio de mujeres. En el evento, se separan en hombres (alrededor de la parrillera, hablando de carros, lanchas y cosas de hombre) y mujeres (alrededor de la ensaladera, chismeando y hablando cosas de mujeres)

10. NO MALINTREPRETARÁS
Atención venezolanos: no deben asumir que en Australia cambiaron a la yuca y hayaquitas como acompañantes por el ñame. Cuando un australiano repite “ummm, ñame” (yummy) quiere decir que le gustó la parrilla.

sábado, agosto 02, 2008

La otra ciudad de los ángeles

Algunos le dicen el llamado de la selva, o el llamado de los lobos, pero a mi me gusta más la expresión “Les chèvres sont toujours attirés par le maquis”. Lo cierto es que volamos y desandamos parte del camino antes emprendido. Me preguntaba: “¿Qué tiene Tailandia?, ¿Qué tiene Bangkok qué atrae a tanta gente no sólo de vacaciones, como eran nuestros planes, sino que inclusive muchos farang se quedan a vivir? ¿Por qué ese coolness factor que envuelve a todo lo que tiene que ver con el antiguo reino de Siam?”

Al abrirse la puerta del aeropuerto recibimos una bofetada de calor húmedo que vino con un cúmulo de recuerdos primarios, de esos que no vienen del cerebro sino de la memoria visceral. Cuando nos adentramos a la ciudad inmediatamente nos sobrevino una sobre exposición de los sentidos. Bangkok es gigante, ruidosa, con un tráfico aplastante. Miles de personas marchaban por las calles, cuales hormigas, tratando de sortear a los muchos vendedores callejeros, puestos de comidas, otros transeúntes, turistas, miles de motos, vehículos.

Y Olores. Había muchísimos puestos de comida en la calle.
Así, el muy familiar tercer mundo nos dio -de nuevo- la bienvenida. Definitivamente esto no parecía -y aquí me permito usar el término mexicano que es menos despectivo- para niños fresa.
Pero esa fachada dura pronto develó un Bangkok mucho más cálido. El Bangkok de la eterna sonrisa Tailandesa, del hablar bajito, del conocido saludo “sawadee-ka” con las manos juntas en forma de rezo, de gente servicial que se desvive por atender, de un gracias “kah-kun-kah” del que casi se le siente el terciopelo. De un lenguaje tonal que recuerda a la textura de la seda. Viniendo de donde vengo, ya casi había olvidado este nivel de contacto personal.

Bangkok es sórdidamente espiritual. Los tailandeses son budistas de la tradición Therevada la cual se basa en la introspección -observarse uno mismo- la meditación y en acogerse a un sistema de preceptos entre los que destaca el “camino medio” o no-extremismo; este enseña fundamentalmente a no aferrarse pero tampoco a reprimirse. Casi cada dos cuadras hay al menos un pequeño altar para rezar, y por supuesto, también hay templos grandilocuentes que son destino turístico. Hay al menos 10 de estos templos, pero los más destacados son el Wat Pho y el Gran Palacio, este último es un complejo con varios templos que queda adyacente a la antigua residencia del Rey de Tailandia; infaltables en una visita a Bangkok.

“El Buda Acostado” dentro del templo “Wat Pho”


El Gran Palacio

Un análisis de la espiritualidad Tailandesa no está completo sin incluir la relación del pueblo con el rey. Tailandia es una monarquía constitucional, hay un primer ministro, pero se consiguen afiches y fotos del rey por todas partes. También observamos con curiosidad pequeños altares con ofrendas a reyes pasados (recientes de una o dos generaciones atrás)

La religiosidad en Tailandia se sincretiza abiertamente con la cábala y la superstición. Ningún tailandés osaría dar un paso importante sin antes consultarse con un Chamán. Esto en si, es sumamente complejo y es motivo de turismo temático desde todas partes del mundo -más popular de lo que uno podría imaginarse. Las ofertas de lecturas de cartas, planta de la mano, lectura de tabaco y demás hierbas abundan por todos lados, inclusive en el medio de la calle. Para mí todo es válido siempre que logre inspirar a la gente a prosperar por el buen camino. Curiosamente, observamos como se venden los números de teléfono celular de acuerdo a los números “de suerte”, siendo más costoso el que repita cierta combinación de números. ¡Numerología en acción!

El desapego por las cosas materiales del budismo tailandés contrasta poderosamente con el consumismo desaforado que se ve en las calles. Con todo el comercio formal abierto todos los días hasta las 10:00pm y el informal trabajando 24 horas, había centros comerciales inmensos, hiper-lujosos. También había mercados populares disfrazados de centros comerciales, y mis preferidos los mercados al aire libre. Los precios, risibles, en particular viniendo de Australia. El fuerte era ropa, calzados y joyería, todo de excelente calidad. Después de todo si uno revisa la etiqueta de cualquier camisa de marca comprada en cualquier lugar del mundo hay una buena oportunidad de que haya sido manufacturada en Tailandia.

Chinatown en Bangkok
(en este mercado se podría conseguir hasta un riñón para un transplante)

El anochecer en Bangkok no significa absolutamente nada para el ritmo de la ciudad. El tráfico y la cantidad de gente siguen igual. Aparecen, sí, las luces de neón y una vida nocturna que dejaría a las Vegas con los ojos pizpiretos.


Bangkok no sólo no duerme sino que -como los Gremlins- le gusta comer de noche. La gastronomía tailandesa no necesita presentación; faltaría aclarar que donde se come mejor es en una de esas mesas plásticas en las aceras junto a las ventas de comida en la calle –el precio es regalado. Una escapada a alguno de los muchos restaurantes de lujo también vale la pena. Comer en Tailandia es toda una experiencia: para dos o tres personas se sirven seis o más platos variados y cada quien toma un poco de cada uno. Lo que importa es compartir y el momento social.


Bangkok es una ciudad inmensa, intimidante. Al principio nuestro primer instinto fue el de resguardar nuestra seguridad personal, pero rápidamente corroboré lo que había investigado antes: Bangkok es una ciudad sorprendentemente segura. Se deducía por la inmensa cantidad de turistas y expats que se veían a toda hora y la omnipresencia de la policía turística.

Todo en Bangkok era increíblemente barato por cualquier estándar, cosa que indicaba -y que además sabía de antes- que los salarios tienden a ser muy bajos, que existía pobreza. Esta, además, era evidente. Yo siempre había asociado -demográficamente- a la pobreza en masa con la eventual aparición de delincuencia común, y ver a esta inmensa ciudad tal Caracas o São Paulo, con los mismos vicios tercermundistas, con el mismo caldo de cultivo, pero sin el mismo resultado violento anti-social, para mi representó un cambio de paradigma el cual me prometí analizar con mayor profundidad en el futuro. Para completar la utopía, Tailandia no tiene una industria petrolera o minera. Ellos viven de la manufactura y exportación de bienes de todo tipo -a super bajo costo- y de la agricultura. Eso, junto a otras actividades (turismo incluido) es lo que genera empleos.


Los salarios bajos más bien se manifiestan en algunos tailandeses tratando de sacarle dólares rápidos a los turistas. Algunos taxistas nos mentían diciendo que tal atracción estaba cerrada e insistían en llevarnos a una tienda o restaurante en particular –donde él ganaba una comisión. Hubo muchos casos como ese. En fin, lo intentaron mil veces pero no pudieron con nosotros. Los chóferes de los tuk-tuks eran particularmente mercenarios. Un tuk-tuk es un pintoresco carro-taxi de 3 ruedas que se maneja como una motocicleta, pintado de todos los colores posibles, que por sus características no tiene taxímetro. En Bangkok hay miles y miles de Tuk-tuks. Bangkok no fuera Bangkok sin ellos.


Nos fuimos de Bangkok sobre expuestos, saturados de pensar sobre cosas en las que usualmente no pensamos y muy satisfechos. Viviendo en la tranquilidad acogedora de Perth, Bangkok nos recordó la importancia de tener cierto agite de vez en cuando (y no hay que salir de Perth para tenerlo) También por primera vez sentí que mi tiempo para experimentar algo que realmente me atraía ya había pasado. En fin, no es difícil dejarse deslumbrar por la que -muchos dicen- es la verdadera capital del mundo.

Después de demolernos en Bangkok nos iríamos a Phuket, allá en la playa tendríamos unas vacaciones más convencionales, serían más las vacaciones de la Viv, y le daríamos un descanso a nuestros maltrechos sentidos.

Más de 100 fotos de nuestro viaje a Bangkok aquí.

domingo, julio 27, 2008

The Aussie way (1): barefoot


Crónicas Perthianas, siempre ocupada con la difusión de la cultura popular de este país, hoy hace la primera entrega de la serie The Aussie way. La serie busca introducir al hispano parlante a esta cultura tal vez enfatizando las diferencias culturales, no para separar o ironizar, sino buscando aproximar a las dos culturas.

A veces he escuchado -de parte de extranjeros- que Australia no tiene una cultura propia, que todo es prestado de la Gran Bretaña y los EEUU. No estoy de acuerdo. Esta es una de las culturas más ricas con las que he tenido contacto. Cierto que aquí no hay pirámides ni templos, pero la cultura está en la gente, en la que forma que llevan el día a día, en el Aussie way. El Aussie way es todo un conjunto de costumbres, es como una plantilla de comportamiento que todos siguen, es sumamente atractiva en valores, simpática en su contenido, un poco radical en su componente regionalista, a veces llegando a extremos de culto. Y como en todo culto, siempre hay algunos fanáticos puristas -que paradójicamente tienden a ser los que no nacieron aquí- pero esos no son verdaderos Aussies. El Aussie de verdad, la mayoria, es inclusivo, simpático y sobretodo muy plain (sencillo).

Y nada encarna mejor a esa sencillez australiana como la costumbre de caminar descalzos en la calle (walking barefoot). Nótese que no se trata de un caminar descalzo casual como se ve en localidades playeras, no. Se trata de alguien que se fue desde su casa en el suburbio, tomó el tren, se bajo en el CBD (centro de la ciudad), hizo sus diligencias y volvió a su casa por la misma vía, todo el trayecto descalzo. Así, es frecuente conseguirse a alguien descalzo en el tren, en locales de comida rápida, en el banco, caminando por la calle, en los centros comerciales, etc. A veces cargan las cholas en el bolsillo de atrás del pantalón (¿?) Alguien pensará que los que andan descalzos son de cierta clase social. ¡No! Cualquiera camina descalzo aquí. Recuerdo cuando éramos vecinos de la haute socialité en Cottesloe que allí fue cuando más vimos a gente descalza, lógicamente en la playa, y bien lejos de la playa también. Se ve a gente completamente vestida de los tobillos para arriba, mujeres maquilladas que claramente no vienen de la playa, que se bajan del carro sin zapatos a ponerle gasolina al carro. Se ve a gente en los pubs abarrotados, en cuyo piso se revuelven mezclas exóticas de licores y jugos humanos, un piso pues como para caminar con botas de pescador hasta la cintura; allí hay gente descalza. Y esto no es algo Perthiano, lo vi en igual magnitud en Sydney y Brisbaine. No he conseguido evidencias todavía de que esto se vea en Melbourne. Tal vez es algo que tenga que ver con el clima -porque se ve más en verano-

Ahora bien, cuando no se está descalzo, se viste la pieza que es la pasión nacional australiana: thongs (cholas), pero de esas, las de dedito, las que si se ponen horizontales a contraluz se desaparecen por lo delgado de la suela, esas que en Venezuela se usan en la casa y nadie sale a la calle ni loco con ellas. Paradójicamente, he aprendido que esta pieza se usa en todo el mundo cuando el clima lo permite: Asia, Europa, EEUU, casi toda Latinoamérica, pero no mucho en la Venezuela urbana -tengo una idea del porque pero no viene al caso ahora- Como sea, si usted viene para acá, mejor váyase acostumbrando.

martes, julio 22, 2008

The massage


Los masajes tailandeses son archi nombrados, no necesariamente conocidos, al menos yo no los conocía, y por supuesto no íbamos a dejar pasar la oportunidad en Phuket para dejar que nos dieran unos “golpecitos aquí y allá”. Así pues, hacia el final de las vacaciones, dejamos a la Viv en el kid’s club y nosotros nos entregamos a un paquete de 3 horas -una revisión mayor- después de todo cuando un vehículo ha rodado más de 200 mil, sólo latonería y pintura no son suficientes; ya hay que hacerle la máquina.

En fin, nos pusieron a los dos boca abajo, en guayuco sobre dos camillas, con la cara metida en una especie de excusado hecho con toallas (no podíamos ver lo que nos hacían) y dos tailandesas de contextura pequeña comenzaron a untarnos un aceite terroso, primero con las manos, luego con una toalla, y paulatinamente fue variando tanto la densidad del aceite como el tipo de toalla. A esa altura, yo sin poder ver nada, trataba de adivinar con que me untaban el aceite. “Esto es papel, como una servilleta” me decía. Luego, cuando cambiaba el tejido, pensaba “esto es una toalla áspera”. Y así me embebí en un juego de imaginación infra-sensorial donde se me olvidó el mundo y lo único que hacia era percibir texturas. Simple ¿no? pero relajante. Luego la masseuse me pidió que me pusiera boca arriba y el embadurnado siguió, así como mi juego imaginativo, pero al mismo tiempo pensaba cosas en paralelo, por ejemplo, en la importancia de leer. Quien lee tiene acceso a la imaginación, y quien imagina emprende cosas (y quien escribe, bueno, escribir ya es un emprendimiento) Es importante rodearse de actividades que estimulen la imaginación. Por eso es que algunos artistas se niegan a hacer videos de sus canciones, porque parcializan y limitan la imaginación de quien los escucha. Yo estoy muy satisfecho con que a mi hijita le hayan inculcado el valor de la lectura en la escuela -se ha convertido en un ratón de biblioteca-. Todo eso pensaba mientras me entregaba a mi juego imaginativo.

- “Madame, Mister, please take a shower to continue with the massage.”

Al volver de las duchas, de nuevo boca abajo en la camilla, fue que realmente comenzó el masaje (¿se le puede llamar así?) La masseuse comenzó con los pies, julepe que julepe, y de repente clavó el codo en un punto abajo del talón (digo yo que era el codo porque no veía nada) “¡eeeeepa eso dolió!” estuve a punto de decirle, pero me contuve. Luego subió a las pantorrillas, luego a los muslos. Parecía seguir una rutina, primero masaje convencional, luego puyaba -¡duro!- con el codo en un punto clave, tú sabes, ahí donde se te bajan los breakers. Ya me estaba acostumbrando al dolor punzante, picoso, pero relajante. Y empecé a pensar-

Estas deben ser mis primeras vacaciones reales. Antes de venir a Australia solía viajar mucho pero por trabajo, así conocí muchos lugares, y claro que mezclaba los viajes con placer, pero siempre estaba esa laptop que había que prender en las mañanas, nunca me relaje como ahora. Además después de 10 años viajando tanto, hice esta interrupción de 3 años sin tomar un avión desde que llegamos a Perth, así que esto realmente sienta un hito.

Ciertamente Yel y yo no somos los turistas que se tienden en una playa como morsas; a nosotros nos gusta mezclarnos con la gente en mercados, observar, entender, aprender. En Bangkok y Kuala Lumpur vimos mucha riqueza y ostentación, pero también pobreza y formas de vivir realmente diferentes. Vimos religiosidad, espiritualidad, cábala, formas de inspirarse de la gente que eran muy creativas, algunas realmente chocantes, pero otras las encontramos dignas de admiración. Vimos cosas terribles, pero también utopías. Algunas cosas me dejaron pensando que yo no había sabido vivir hasta ahora. Fue un asalto furioso a los sentidos donde se nos gritó, crudo, alto y claro: ¡la vida se puede vivir de muchas maneras y ustedes no han visto nada todavía!...

En eso la masseuse me metió la rodilla en la espalda y me agarró los brazos como para manejarme como una motocicleta y jaló; allí chillé como un cochino “¡arrrrggghhhhhh!”

- “Are you Okay, mister?”

“Yesssshh, ahh, I’m sort of Okay” le dije y me volví a sumir en mis pensamientos-

…Y al menos yo fui tentado, aunque fue sólo por un momento. Y aunque no sucumbí, sí quedó claro que no viviremos igual después de este receso. Por ejemplo -y es sólo un ejemplo- hicimos mil cosas, fuimos a mil lugares, todo con una energía y frenetismo envidiable. Queda la pregunta ¿Cómo incorporar esa pasión y sanuk en nuestra vida de no-vacaciones? Si usáramos la mitad de esa energía todos los días ahora seriamos dueños de un tercio de todos los terrenos de Perth. Lo que sea que pasó, éramos nosotros, los mismitos; observen, aprendan, reprodúzcanlo. ¡Inspírense!

No hay duda de que hay una gran riqueza en observar con profundidad las cosas pequeñas de la vida. Y ciertamente, enfocarse en lo que realmente nos importa de verdad, hace una gran diferencia.

- “Mister, the massage has finished”

“Thank you” le dije. “Psst ¡Yel, epa! ¿Y a ti como te fue?”

viernes, julio 11, 2008

After all it's your life, so why give chance to others to rule your life?

กรุงเทพฯ เมืองหลวงของไทย ที่ขึ้นชื่อว่าเป็นเมืองที่น่าท่องเที่ยวเป็นอันดับ 3 ของโลกเป็นเมืองที่เป็นศูนย์รวมของแหล่งท่องเที่ยวในหลากหลายรูปแบบ ทั้งศิลปวัฒนธรรม แม่น้ำ ช้อปปิ้ง อาหาร บันเทิง ทั้งกลางวัน กลางคืนที่สะท้อนถึงอดีตแห่งความรุ่งเรืองของราชอาณาจักรไทย เรื่อยมาจนถึงความทันสมัยที่โดดเด่นทัดเทียมโลกตะวันตก
กรุงเทพฯ จึงนับเป็นเมืองที่มีสีสัน มีเรื่องราวมากมายให้ได้ค้นหา และเป็นสิ่งที่ดึงดูดใจนักท่องเที่ยวทั้งชาวไทยและนักท่องเที่ยวจากทั่วโลก จึงเป็นที่มาของคำว่า "เสน่ห์กรุงเทพฯ"

lunes, julio 07, 2008

Selamat Datang

Selamat datang ke kelab Portal Pendidikan Utusan-Selamat Pagi Malaysia. Kelab ini terbuka kepada semua pelajar sekolah dan guru-guru di seluruh negara tanpa mengira keturunan dan agama. Bagi keahlian pelajar sekolah, tahap umur yang layak menyertai kelab ini ialah seawal usia tujuh tahun (tahun 1) sehinggalah pelajar tingkatan enam atas.
Kepada guru-guru pula, sesiapa sahaja adalah layak, sama ada yang mahir/memiliki atau tidak mahir/tidak memiliki komputer. Penyertaan daripada kalangan para profesional serta orang perseorangan yang mahu bersama-sama membangunkan bidang pendidikan negara juga amat dialu-alukan.

martes, julio 01, 2008

La mentira más grande del mundo (y los héroes que las desmienten)

“Hay 200 millones de niños que duermen cada día en la calle – ninguno en este país” decía la publicidad en la pared.

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Digamos que, por ejemplo, la esposa quiere cambiar el color de la pintura de las paredes de la sala. Tan simple como parece, primero hay que buscar dinero en el presupuesto para eso. Si trabajan los dos –y aun si no- ambas partes van a empujar por lo que les parece más importante: color, precio, época del año para hacerlo, etc. Aun allí, todavía hay que asignar a un contratista. Uno tiene que preguntarse ¿Qué hay detrás de ese precio tan bajo que el contratista nos pasó?, ¿Por qué una empresa tan grande querría un contrato tan pequeño como este? Muchas preguntas deben ser consideradas de manera que podamos identificar un posible engaño. Al final, lo mejor que podemos hacer siempre será esforzarnos por tomar una decisión informada basada en la mejor evidencia disponible y actuar en consecuencia, aunque la mejor de las evidencias nunca será garantía de que se tome la decisión correcta.

Lo anterior es sólo un ejemplo de alguien aplicando algunas de las teorías de Maquiavelo (conjeturando, el esposo que no quiere que le cambian el color de la sala). La inteligencia maquiavélica se demuestra en comportamientos como: hacer y romper alianzas, hacer y romper promesas, hacer y romper reglas, mentir y decir la verdad, culpar y perdonar, confundir y desviar la atención.

Las teorías de Maquiavelo se han aplicado en política en todo el mundo, sobre todo en la America Latina (porque en África, ya Mugabe ni miente, es tan descarado el carajo) Pero en ningún otro lugar del globo una mentira es tan grande, se ha mantenido tanto en el tiempo, es tan usada por facciones que sólo miran la capa de barniz y la usan para sustentar sus propias obsesiones, como en Cuba.

¿Te gustan los blogs? Apuesto que sí. Te presento a Yoani Sanchez desde La Habana, Cuba. Su blog es hoy por hoy el más importante de habla hispana en el mundo. El lector aguzado habrá notado varios de sus posts en mi cuadro “leí y recomiendo” a la derecha. Yoaní es cubana, licenciada en filología hispana especializada en literatura latinoamericana. Vivió en Suiza 2 años para luego regresar a la Habana, desde donde nos escribe desmintiendo a la farsa más grande del mundo con una agudeza que no tiene desperdicio. Ella escribe en computadoras armadas con piezas del mercado negro y se disfraza de turista para meterse en cibercafés con su memory stick para poder publicar sus posts. Este año Yoaní se gano el premio Ortega y Gasset de periodismo en España por su trabajo en el blog ¿y adivinan qué? La maquinaria cubana no la dejó salir del país para recibir el premio. Recientemente Yoaní recibió una amenaza en el prólogo de un libro escrito por el mismísimo “barbudo con habano” (¡tan viejo! ¿no le dará pena?), a la cual respondió su esposo. Yoani, no hay duda, está siendo vigilada y a veces me pregunto como todavía escribe. Pasará el tiempo y a Yoani, lo sabemos, no le va a pasar nada mientras siga escribiendo, y ello será expuesto por los maquiavélicos como un ejemplo de que en Cuba hay libertad de expresión y tolerancia a la disidencia. Pero por detrás hay y habrá amenazas, coacciones, intimidaciones, contra ella y su entorno. Así funcionan estas cosas.

Y no me trago lo que decía aquella pared en la Habana. No se puede acabar con todo un pueblo para justificar unos paupérrimos logros.

Adelante Yoani, tú tienes de lo que nos faltó a todos.

martes, junio 24, 2008

La dinámica social del inmigrante



Alguna vez leí que las relaciones son el yoga de occidente; y es la pura verdad. Especialmente para un espécimen escapado del caribe las relaciones son, pues ¡todo! la vida gira alrededor de los amigos. Si bien uno no piensa mucho en esto al irse de su país (si no uno no se va), ni tampoco al llegar a Australia, una vez que se está establecido este punto pasa a ser prioritario porque después de todo ¿que es la vida sin amigos para compartir?

Emigrar es una decisión radical -generalmente para un problema radical- y el que así deja su país tiende a pensar radicalmente; a no apreciar los matices grises entre el blanco y el negro.

En el extremo blanco, me consigo en Australia a bastantes grupos de inmigrantes que socializan casi exclusivamente con los suyos, cada “tribu” separada de la otra: hindúes con hindúes, chinos con chinos, caribe con caribe, pommies con pommies, surafricanos, croatas, italianos, aquí hay gente de todas partes del globo, inclusive con mucho tiempo aquí -20 años- que socializan de esta manera. Y cada tribu tiende a pensar que su cultura es de alguna forma más rica que la local -o la de otras tribus-, así es el ser humano. Generalmente el trabajo y el estudio de los niños llevan a estos grupos a relacionarse un poco con otras tribus pero la tendencia a recluirse entre los suyos, por cuestiones de idioma e idiosincrasia, es clara y determinante. He notado, lo admito, que los más extremos, que se cierran exclusivamente con los suyos, y que hasta rechazan a los locales, tienden a pasar por periodos de depresión por la falta de su país. A pesar de esto, esta posición hay que saber respetarla porque las relaciones humanas son algo muy personal. Particularmente, el australiano, que es mayoría aquí, es muy respetuoso y deja a cada quien hacer lo que quiera (aunque tras bastidores, sobre todo después de algunos tragos, algunos Aussies me han enfatizado que les disgusta la reclusión en tribus)

Pero en el extremo negro del gradiente, también me he conseguido a algunos inmigrantes que prefieren relacionarse exclusivamente con los locales en lugar de con los suyos. Nótese que no se trata de que están abiertos a todos por igual, sino de que decidieron deliberadamente discriminar a sus compatriotas en favor del local. Este razonamiento siempre viene acompañado de la pregunta “¿Para qué me vine de Suazilandia… (inserte aquí su país de preferencia)… para andar aquí con Suazilandeses?”. En la psiquis de este inmigrante casi siempre está presente un cierto rechazo a su país, prejuicio con sus paisanos -con lo cual queda justificada la emigración-, idealización del país que lo recibe -todo en Australia es bueno, todo en su país de origen era malo- y por ahí va la cosa. A pesar de que esta posición pareciera auto-racismo, esta también toca respetarla, por su naturaleza personal, y porque cada quien es libre de escoger sus amistades como quiera. Sin embargo debo decir que los que he conocido con esta postura también tienden a deprimirse seriamente, y si son inmigrantes recientes, presentan cierta desadaptación. En lo personal, no creo que nadie pueda darle la espalda a sus raíces sin afectar un poco su salud mental.

Y en el medio está el color gris, que es donde yo prefiero ubicarme. Los grises, entre el blanco y el negro, no discriminan a sus amistades por la nacionalidad o el origen étnico sino que están abiertos a relacionarse con cualquiera que le brinde una relación mutua. Puesto de esa manera, abierto, sin prioridades, no hay duda de que la tendencia va a ser a relacionarse más con los que se tengan más cosas en común: con tus compatriotas, en mi caso con venezolanos. ¿Qué se le va a hacer? Esa es la dinámica emocional, pero no es exclusivo.

Aquí tenemos amigos venezolanos y australianos y a ambos los disfrutamos en forma diferente. No tengo preferencia pero admito que con los venezolanos es mucho más fácil porque la curva de amistad es más rápida, y lo más importante, la tasa de acierto y el tipo de relación es mejor para lo que uno busca. Cuando pasas el tiempo con amigos es para relajarse del trabajo y de las actividades cotidianas, y lo quieres hacer sin presiones. Con otras nacionalidades, al menos al inicio, hay que hacer un esfuerzo, con resultados a veces inciertos. No obstante, si se está abierto a todos, va a ser inevitable que eventualmente se haga amistad “en serio” con algunos locales.

Pero los australianos socializan de otra forma. Para ilustrar la diferencia, pongo a mi mejor amigo aussie; nos tenemos una gran confianza, pasamos excelentes momentos en familia, pero nos vemos, si acaso, una vez al mes. En cambio con los venezolanos nos vemos casi todos los fines de semana.

En algún lado leí que la definición de amigo es aquel del cual uno está seguro que no nos va a hacer ningún daño. Además de la atracción mutua, esa sensación de confianza debe existir para que sea un “amigo de verdad”, sino es sólo una relación. Tener este tipo de amistad con alguien de otro país, con otras costumbres, no es tan fácil, depende de tu capacidad para relacionarte –y la del prospecto de amigo-. En particular el australiano es sumamente simpático, hablador (al menos en Perth), pero difícilmente da “esa confianza” así como así. Los aussies son gente de contactos, de conocerte, de hablarte, de saber que haces, pero en realidad sus grupos sociales son más bien reducidos a núcleos familiares y allegados. Pero si logras establecer una amistad real con un australiano, sabes que tienes a alguien en quien confiar de verdad y a un amigo para toda la vida.

Por supuesto que entre venezolanos también se hacen amistades de confianza, pero como está el factor “bochinche” de por medio muchas relaciones tienden a quedarse a ese nivel (¿o soy yo el bochinchero?) Después de todo no es posible ser el gran amigo de todo el mundo porque hay matices de compatibilidad y uno filtra y es filtrado en consecuencia. La dinámica de las relaciones humanas que llaman.

En todo caso, cada quien tiene los amigos que puede o que quiere. Pero una cosa es seguro; el aspecto social-emocional es clave para el éxito de cualquier proyecto de inmigración a largo plazo. Ignorarlo, o encararlo de mala manera, puede costar caro.

jueves, junio 19, 2008

Caribe Australiano

En los próximos días usaremos nuestro pasaporte australiano por primera vez; eso me hizo recordar que en Octubre del año pasado tomamos el “voto de compromiso” y juramos lealtad a Australia. Desde ese entonces no somos sólo residentes sino nacionales australianos -por naturalización, claro está-.

Los australianos deben ser los seres más patriotas y orgullosos de su país que yo conozca. Más que, por ejemplo los franceses. Seguro más que cualquier latinoamericano, tal vez comparable sólo con los Texanos de los EEUU -esos sí son regionalistas de verdad-. Mi punto es que hacerse compatriota de estos no es, emocionalmente, cualquier cosa. También es cierto que los Venezolanos tenemos una relación extremista-ambigua de pertenencia con Venezuela –muy a favor o muy en contra-, en buena parte alimentada por los lastimosos acontecimientos de los últimos 10 años. En fin, un caribeño haciéndose australiano y el tema identidad es cuando menos interesante y le dedicaré alguna líneas pronto. Garantizado que levantará algunas cejas.

Por el momento se me ocurre divagar sobre el proceso de australianización que he notado entre los caribeños que habitamos por aquí. Los hechos:

  • Cuando recién llegamos aquí, las reuniones no acababan a menos de las 3:00am y las amanecidas no eran infrecuentes. Hoy cada vez se acaban más temprano. Generalmente a las 10:00pm todo el mundo se fue para su casa como buenos padres Aussies (nótese que son los padres, porque los solteros son otra casta)

  • No podemos ver un pedazo de carne un fin de semana porque la montamos en la parrilla.

  • En todas las reuniones las mujeres se van pa’lla y los hombres pa’ca, separados de forma inalienable, y no se vuelven a encontrar si no hasta el final, idéntico a como hacen los Aussies. Esto no es para nada de la cultura caribeña -allá se permanece en pareja- y se nota que es una costumbre adquirida porque los recién llegados rompen los grupos sin darse cuenta (no sin ganarse algunas miradas de desaprobación)

  • Los niños aquí son el centro de nuestras vidas. No que no lo fueran allá, pero aquí es mucho más exacerbado.

  • El uniforme aquí es bermudas y cholas (ojotas, sandalias) -aunque algunos se resisten-

  • Aquí todos están obsesionados por el deporte. Si hasta yo, flojo con carnet de membresía ya he hecho dos tipos de deportes en forma seria y consistente.

  • Todos -bueno casi- al final estamos chapoteando en estas playas frías. ¿Y las aguas tibias del caribe? Ni me acuerdo.

  • Nosotros que le rendíamos culto al prócer latinoamericano Eudomar Santos y su frase “como vaya viniendo vamos viendo”, aquí todo los planificamos con meses de anticipación.

Y lo peor de todo es que ninguno se ha dado cuenta de que están cambiando sus hábitos. Si les preguntas dicen que allá eran así también. ¡Llevamos tanto tiempo aquí que ni nos acordamos!


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lunes, junio 16, 2008

Rojo rojito

¿No les pasa que les gusta dormir tanto tanto que disfrutan de despertarse, digamos a las 3:00am, para tomarse algo en la nevera y volverse a dormir rico a las 3:05am sólo por el gusto de volverse a dormir? A mi sí. Y eso es lo que me había pasado esa noche; tenía un sueño pesadísimo, sabroso, de fin de semana largo, de “mañana-no-tengo-planes”; que se caiga el mundo, no me importa, estoy durmiendo, a pierna suelta, para algo trabajo tanto. Jugaba con la tenue línea que separa la conciencia del sueño profundo, me dormía y me volvía a la semi-conciencia a voluntad. En este nivel de sopor extrasensorial literalmente duermo como duermen los bebés: inocente, olvidado de todo, con la mente en blanco. En eso:

- “Fer levántate que nos vamos”. ¡Vamos, vamos!
- “Ah ¿Qué?, ¿ehhhh?... ”
- Si vale, levántate, ya Viv y yo estamos listas y tú como siempre levantándote tarde.
- Pero, pero, pero… Yel ¿vamos para donde?
- Para Kalgoorlie, a visitar a nuestros amigos, ¿no te acuerdas Fer?
- ¿Queeeeeeeeé? Si eso esta a 8 horas de Perth, yo no voy, yo tengo sueño… te juro que yo no voy. Punto final.

Una hora más tarde:

Y ocho horas más tarde:

Conocido Pub en el centro de Kalgoorlie
Kalgoorlie es, enunciado formalmente, un pueblo minero en el centro de Western Australia con 28 mil habitantes, todos trabajan directa o indirectamente en minería, esta a su vez es la industria más importante del país, más o menos como sería el petróleo en Venezuela -pero sin la misma dependencia -. Mi versión: Kargoorlie es fiebre del oro, níquel, muchos dolare$, polvo, gente rústica, inglés Strine al máximo, grumpy miners, bloody hell, no worries mate, el lejano oeste, aborígenes, didgeridoo, boomerangs, canguros muertos a un lado de la carretera, es sobre todo muy rojo y desértico. Es un pueblo minero en el medio del Outback. Esto es, señoras y señores, Australia.
Excusado de caballeros (dunny) en el inhóspito Outback de Western Australia

Es en Kalgoorlie que está la famosísima Super pit, un hueco inmenso de donde sacan oro desde hace más de 100 años. El hueco es tan grande como la cuarta parte del pueblo.

A la Super pit bajan camiones inmensos para sacar las rocas. Aquí una apreciación del tamaño de los camiones mineros.

No perdimos la oportunidad para bajar a una de las minas subterráneas.

Este es un pueblo minero, rústico, sin grandes lujos, el que vive aquí viene por los billetes grandes, y es posible que pase la semana trabajando aquí y el fin de semana en Perth (FIFO: fly in, fly out) Por eso la alcaldía no se preocupa en cuidar mucho el pueblo. Además, el agua la bombean por una tubería larguísima desde Perth así que esta no sobra para gastarla en jardines y parques. Si a esto se añade que estamos en el medio del desierto, ya se imaginan el paisaje. Definitivamente esto es diferente a Perth.

Algo característico de Kalgoorlie es el uso de láminas de zinc para hacer cercas entre las casas. Eso le termina de dar “ese toque”.

En realidad no todo luce como la foto anterior. Hay algunas urbanizaciones que si están arregladas, pero la mayor parte del pueblo es más bien rústico minero.

Algunos íconos de pueblo minero:

Las Skimpies:

Muñecos que ponen cuando se va alguien del pueblo:

Nombres exóticos:
Nosotros aprovechamos la oportunidad para manejar cuatro horas más de ida (y cuatro horas de vuelta porque volvimos el mismo día) hasta Esperance. Me habían dicho que las playas eran espectaculares, y lo eran, pero estas eran definitivamente diferentes. Yo me sentía que habíamos llegado a una playa en Suecia o Alemania, no sé, era raro, diferente, para eso uno viaja, para ver cosas diferentes. Este era el caso.

En el regreso nos topamos con otro ícono Aussie, el famoso Ettamogah Pub.

Donde me refresqué para continuar el largo regreso.

En este viaje completamos todas las piedras angulares de la cultura Aussie: la parrilla (BBQ), la playa, el Outback y el Pub. Blooddy Oath!

Cuando veníamos pasando las montañas que divisamos a Perth me pareció que llegábamos al paraíso, todo tan verde, con tanta infraestructura, todo moderno, la gente tan educada, con playa, con teatros, cines, centros comerciales… ¡Ah mi Perth!