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lunes, octubre 05, 2009

Las cosas de Perth a las que nunca te acostumbras (y posiblemente de Australia también)

- Que te quedes estático por más de 10 segundos y al salir del letargo estés lleno de telarañas.

- Que en verano casi nadie use zapatos en la calle.

- Que toda vagabundería quede justificada con un “pobrecito, estaba borracho…”

- Que si te agarran pidiendo una botella de vino que no sea de Western Australia, el local te mire como si quisiera volverte morcilla con su visión de rayos X.

- Que absolutamente todo el mundo, a todo nivel, sea super chismoso, pero a la Australiana: que el afectado nunca se entera (“confidencialidad”, le dicen aquí)

- Que los venezolanos aquí chismeen a la Australiana pero que el afectado siempre se acabe enterando.

- Que en cualquier actividad formal, por ejemplo trabajo, la gente no te dirija la palabra hasta que no te conozcan bien.

- Que en cualquier situación informal, por ejemplo en la calle, todo el mundo te hable como perico sin conocerte.

- Que todo el mundo se niegue –y hasta se ofenda- en reconocer diferencias sociales entre australianos (supuestamente aquí no hay diferentes acentos, todos las urbanizaciones son iguales para vivir, todos somos igualitos…)

- Que los mismos carajos que dicen que todos somos iguales clasifiquen a la gente en los que viven al norte o al sur del rio, o los que tienen a los niños en tal o pascual colegio privado, o los que tienen o no una lancha. “Es que no son diferentes clases; son sólo diferentes demographics…”

- Que en las urbanizaciones de clase alta la gente sea súper sociable, y en las de clase trabajadora la gente tienda a ser más engreída y antisocial (¿Y entre venezolanos no era al revés?)

- Que la mentalidad sea “el lugar de la mujer es en la casa cuidando a sus muchachos y punto, no joda”.

- Que a pesar de lo anterior sea frecuente conseguirse mujeres electricistas, o mecánicos, o ejerciendo cualquier tipo de profesión en la sociedad.

- Que se crean que inventaron a la parrillada como evento social.

- Que el tema de conversación más recurrente sea el origen étnico de la gente y que tu carta de presentación sea tu raza. Ah, y que no entiendan que los latinos no son una raza originaria sino una mezcla. Es más: que no entiendan lo que es una mezcla –en este contexto-.

- Que si tienes o quieres hacer un posgrado eres un animal raro; si tienes más de uno eres un bicho insólito; o si hablas tres o cuatro idiomas eres un extraterrestre.

- Que todo cierre a las 5:00pm y esté cerrado todo el domingo. Y que –hasta ahora- no hayan aprobado horas extendidas de comercio.

- Que se acuesten a dormir con las gallinas a las 8:00pm. Y que se levanten –con los gallos- a las 4:00am.

- Que haya esta pepa de sol a las cuatro de la mañana y que no hayan querido cambiar una hora en el verano como el resto del mundo civilizado para aprovechar mejor la luz (dizque porque los niños se quedan despiertos hasta más tarde, o porque hace más calor, o porque las vacas se confunden)

- Que te consigas una jauría de canguros en la calle (o como se diga grupo de marsupiales)

- Que haber visto a un tiburón en la playa sea tan común como haber visto una culebra en Venezuela.

- Y last but not least, que las tiendas tengan ofertas especiales todo el año: descuentos de temporada de 20% (luego de haber subido el precio al doble); o los descuentos de 40% cuando uno regatea -no es por nada, pero si yo doy un descuento de 40% estaría poniendo por escrito en la factura que fui un autentico ladrón desde el principio, ¿o no?-.

martes, marzo 17, 2009

Perth, 14th March 2009

No me gustan las hamburguesas en Australia. Y no es que no me gusten, es que no me gustan las de aquí. Con esa mayonesa dulce, con esa remolacha, bañada en salsa BBQ, el sabor te empalaga hasta la mucosa nasal. Pero ese día andaba apurado así que pedí el combo doble con todo -no, no please, medium size. No, miss, no deserts, thank you- Agarro mi bandeja y me la llevo a una apartada mesa alta de cuatro puestos, de esas para gente solitaria que come sin compañía. Que nadie me hable, que nadie me vea, sólo quiero comer rápido, relajarme y salir. Y sí, reconozco que me gusta la vista amplia que te dan esas mesas, son muy apropiadas para la práctica del people-watching.

Con sumo cuidado desempaqué mi hamburguesa, calculé meticulosamente la fuerza con la que tenía que encajar el pitillo en el centro exacto de la tapa del vaso de coca-cola, lo meto y listo, ya estoy comiendo. Fue allí cuando comencé a observar a la gente a mí alrededor. En frente está un flaco largo con su novia, se ven muy enamoraditos, en un rascabucheo típico de la edad. En la esquina está una abuelita con su nietecita. Y la nené me saluda a lo lejos como diciéndome: “te estoy cazando” mientras las detallo. Es que tú sabes, todas las niñas se ríen conmigo. Y en el centro ¡epa! Allí está un gordo con su hijo gordito, con una cara y ademanes que juraría ya que este tipo es Venezolano. Pero es que Perth ya parece Miami, uno se los consigue por todos lados. ¿Qué hago, me acerco a saludar? Nooh, que va. La primera regla de oro entre los venezolanos en el exterior es que sí te consigues a uno en la calle, mejor déjalo pasar. A un venezolano te lo tienen que presentar en casa de alguien o conocerlo del trabajo o algo; si te tropiezas a uno en la calle, la desconfianza generalmente se impone.

Pero veamos, el hijo es igualito al papá, los dos gorditos. Papá gordo está hablando por teléfono celular, un iPhone de esos –con musica, facebook, agenda y pues si vibra quien sabe para que más le servirá- y se le escucha en un español desgañitado: “no, no mamá, que se joda. Si el tipo ese no quiere pagar los 350 por la Hummer no se la vendas”. Y es allí cuando el hijo gordito le dice a papá gordo: “Papá, pupú”. Y papá gordo: “bueno mamá, yo se que ya yo me vine para Australia y tengo que salir de esa vaina pero coño, la Hummer está como nueva y además allá está cotizada con la escasez de carros que hay…”. En eso niño gordo se baja de la silla, se mete debajo de la mesa y con su manita le toca la panza al papa: “Papá, pupú. Quiero hacer pupú” a lo que el padre responde: “¿qué? ¿300? ¡No pana! Mira mama, yo tengo que sacarle algo. A mi me costo como 300 y eso antes de los rines que le monte”. Y el hijo: “Papá, pupúuu!”. En eso el gordo le tira un manotón a la bolsa de papas y se mete varias de un golpe: “essam… ñam… Hummerm … ñam… ñam… que se jodam… ñam”. Y niño gordo: “Papi, pupúuu!” A estas alturas la abuelita de la esquina estaba roja a punto de gritar “oh my god!”; el flaco parecía que se iba a lanzar un clavado en la merengada y la novia estaba sudando a borbotones con ganas de que se la tragara la tierra. Y papá gordo siguió luego de tragar: “¿y es que pa’ papaito no hay nada? Es más, ahora sacando cuentas, esa Hummer está muy barata. Pónsela en 370 a ver que te dice el carajo…”. “Papá, pupú”. “Si vale, y si no le vendemos la camioneta a otro” “papi, ¡pupú por favor!”. “dile al tipo que si me deposita en dólares afuera podemos hablar”. “Papá, pupú”.

Fue allí cuando niño gordo se paró en medio del pasillo, puso una piernita a un lado, la otra del otro y cual luchador de sumo, se agachó levemente y pujó. El sonido y el aroma que lo siguió nos hizo entender a todos los presentes que había cumplido su propósito a cabalidad. Entonces niño gordo se acerco al padre y lo llamó: “Pápi, papi” a lo que papá gordo respondió: “sí bueno hijo ¿qué es lo que pasa?”. Allí me provocaba pararme y gritarle: “¿cómo que qué le pasa? Que se cagó, se cagó aquí en frente de todos mientras tú hablabas pendejadas por la verga esa” pero no dije nada, tu sabes, es que soy tímido. Niño gordito le dijo “pápi, quiero ir a un parque” y el padre respondió “está bien hijo, vamos”, tomó a su hijo de la mano y recorrieron el pasillo dejando una parda estela a su paso. En su ruta a la puerta de salida, papá gordo me pasó por un lado y en perfecto english-ñol me preguntó : “excuse me my friend, where is the nearest park?” A lo que respondí:

- Sorry mate, I don’t know. I’m not from here.

martes, febrero 24, 2009

The aussie way (5): Pubs and alcohol

-Fer.., fancy a drink?- me dijo un compañero de trabajo mientras yo estaba concentrado en la oficina. –Alrightie, just let me give a ring to the boss- contesté mientras marcaba el teléfono para llamar a la ministra de relaciones exteriores: que mi amor, tu sabes, que es viernes, que voy con los muchachos, dejo el carro en la casa, que sí, que regreso con fulano que su esposa lo pasa buscando. ¡Listo! –Ok guys, let’s go-. Y nos fuimos.

El pub debe ser la mejor de las invenciones australianas. No es el mismo pub oscuro británico lleno de tipos tatuados malencarados mata-wogs (aunque ese tipo de pub también existe aquí) Es, generalmente, un sitio donde se puede comer –a carta fija, no al mismo nivel de un restaurant- con cierto ambiente cordial, me atrevería decir que a veces familiar, donde hasta es posible encontrarse con niños - aunque esto es poco común-. Por supuesto, invariablemente hay una barra, y mucha, mucha cerveza y otras bebidas espirituosas. Y así pues, allí estaba yo, llegando ese viernes por la tarde a un aussie pub con algunos compañeros de trabajo.

-Guys, this shout is mine- dijo uno mientras se paraba de la mesa y se dirigía a la barra. Un shout es una ronda. Aquí existe toda un ceremonia respecto a tomar y a los shouts. Es suficiente decir que, primero, nunca se toma sólo, siempre hay que buscar al menos un mate (compañero) para tomar. Segundo, cada shout que uno reciba debe devolverse –brindarlo- en las siguientes rondas. Tercero: uno no puede retirarse del pub si las rondas no le han permitido devolver los shouts (shame on you); el que se pare es un piker (ni me atrevo a traducir eso). Y –aquí está- cuarto, esta cuarta regla se refiere a la forma y cantidad de lo que se toma.

En la mesa se comenzó con cerveza. Luego alguien sugirió: “next shout spirits guys!” y tomaron whisky Bourbon. De allí otra vez a cerveza, a veces negra, a veces blanca. Luego a cócteles bomba. Ya aquí algunos se estaban descomponiendo: “Maaaatee, you are my mate, ain’t you?...you ain’t gonna get angry with me never ever are you, hahahaha…”. Los tres pegaban saltos, le daban puñetazos a la mesa, se metían con el que pasara; ojos desorbitados, baba cayendo por la boca. Miro a mi alrededor y si bien el ambiente era todavía cordial, sí habían algunos excesos etílicos aquí y allá. En particular en la barra había uno con lentes que se caía de la silla alta de vez en cuando y lo que cargaba era una “voladora” de película. Yo a esas alturas tampoco notaba la diferencia entre una cerveza y una sopa de pollo, por lo que me fui a la terraza a respirar un poco de aire fresco.

Allí en la terraza me puse a cavilar: en Latinoamérica y la Europa mediterránea es embarazoso el lucir así de borracho y ruidoso. Allá es más macho el que aguante más palos sin perder la compostura. Aquí no. Aquí es lo contrario. Como buenos herederos de la Europa nórdica, en Australia es más macho el que se embriague y pegue brincos más rápido. Para eso se bebe, para olvidar, “to get away”. Por eso es que mezclan bebidas, para irse al demonio lo antes posible. Y beben como cosacos, en cantidades industriales. ¡Todos! Hombres y mujeres. No lo digo yo, el problema lo reconocen ellos mismos. Emborracharse aquí es “cool” y es promovido desde todos los espacios sociales: colegios secundarios, casas, amigos. Si sabré yo lo que es ser adolescente y que los amigos te digan: “¿pero tú no lo haces?, lo tienes que hacer, todos lo hacemos, ¿no lo has hecho todavía? ¡Hazlo! ¿Cuando lo vas a hacer?” Y algunas otras cosas frecuentemente vienen con esta cultura etílica fiestera: alcoholismo real, promiscuidad y drogas incluidas. Aquí los adolescentes tienden a ser muchísimo más liberales. Por eso, porque aquí es Cool lo que en Latinoamérica es embarazoso, porque aquí sí hay cultura de emborracharse y no de mantener la compostura; por eso sostengo que en Australia hay que estar más alerta con un hijo adolescente que en Latinoamérica.

En Venezuela, por supuesto, también hay alcoholismo, sobre todo en barrios pobres donde eso de mantener la compostura no se usa tanto. Pero de la clase media hacia arriba todavía existe cultura de beber socialmente y no emborracharse, o al menos fingir no estar borracho, para no “pasar la pena”. Eso sorprendentemente persuade a muchos a beber con moderación. Pero aquí no estamos protegidos por el mantra de una clase privilegiada. Aquí vivimos como todos, en el gran barrio Australia -casi- sin clases, donde todo lo que le pase al populacho, bueno o malo, le puede pasar a uno. Dicho esto, lo que se necesita es sólo un poco más de atención al adolescente, más nada. Conozco muchos casos donde todo va bien –y también algunos donde no-.

De vuelta de la terraza, ya adentro se había prendido una trifulca que involucraba al amigo volador de lentes de la barra con otro más. Se estaban dando con todo. Borracho es borracho.

domingo, febrero 15, 2009

Country


La campiña o interior del país es similar en todas partes. Y sus personajes también: el vaquero americano, el caipira brasileño, el gaucho argentino, el llanero venezolano, todos son versiones del mismo héroe. Pero se me atoja que el aussie farmer, o granjero aussie y en general la vida en el aussie countryside guarda una increíble e inenarrable similitud con su análogo americano.

El granjero aussie, trabajador como el solo, es un personaje que se levanta a las cinco de la mañana a hacer sus faenas. Trabaja con sus manos; el mismo atiende la tierra o ganado, y si acaso tiene a un grupo de 2 o 3 que lo ayudan, generalmente de la misma familia. Anda por necesidad en una camioneta UTE -la cual es una versión de la pick up americana- con la que surca inmensas praderas verdes y largas carreteras en busca de materiales, hablando con gente, resolviendo prestamos con el banco, atendiendo sus asuntos contables, negociando la cosecha con los –siempre usureros- mayoristas o con las –más usureras aún- grandes cadenas de supermercado. El Aussie farmer pasa mucho tiempo bajo el sol y a pesar del sombrero aussie que lo acompaña, siempre está sunburnt –quemadito pues, rojo como un tomate- especialmente en la parte de atrás del cuello. Visitar la Australia rural es como viajar en el tiempo; en algunas emisoras de radio sólo suenan canciones de los ochenta, por todas partes hay vallas y avisos con letras góticas, las costumbres tienden a ser conservadoras, y la vestimenta campesina. Además el acento es lo más enrevesado que uno se pueda imaginar, escuchar hablar a un tipo de estos es como teletransportarse a la sala de calderas de un barco a vapor. En el pueblo todos se conocen y se llaman por su nombre entre ellos con una familiaridad y complicidad que marca un claro “nosotros somos nosotros” que recuerda la sensación de un caraqueño de visita en el Zulia.

La Australia urbana es otra cosa pero lo mismo a la vez. O más bien eso quiere ser. Es en la Australia rural donde Australia es realmente Australia. Las capitales Australianas se resisten a madurar y se aferran a su pasado –no tan lejano- de pueblo rural, y es de allí donde sobrevive el Mateship, cuyo contenido en el fondo tiene un dejo de “nosotros somos nosotros”. Es en la Australia rural donde las cholas y los pies descalzos al final de un arduo día de trabajo se popularizan. Las camionetas UTE que tanto usan los jóvenes en las ciudades se originan en la vida rural; y el comercio que cierra a las 5:00pm es otra referencia de la ciudad que insiste en ser bushy. Y ni hablar de las costumbres conservadoras. Australia, la verdadera, la que quiere ser, vive en el aussie countryside.

Muchos años antes de vivir en Australia aprendí que en teoría de la comunicación cuando a uno le mencionan, por ejemplo, la palabra “pájaro”, uno se imagina a su ave particular y esta no es igual a la que usted se figura, o a la del otro más allá, sino que cada quien se imagina algo diferente. Así yo me imagino a un halcón, otros se figuran a una gaviota, algunos un colibrí, y puede ser que alguien piense en un avión o en un terodáctilo, o aún en algo más sugerente. Cosas de la mente. Así cuando dicen Australia, la mayoría pensará en el Harbour Bridge de Sydney, o en la gran barrera de coral, o en la playa. Yo en cambio me pinto un granero. Y el granero no viene solo, viene con una pradera verde y una montaña de fondo. Hay gente en el granero: son granjeros aussies trabajando ¡trabajando duro carajo! porque aquí todos trabajamos, trabajamos hasta la hora, balanceando la vida personal para tomar aire y trabajar de nuevo al día siguiente o el lunes, pero todos trabajamos, en equipo, en sociedad.

Esta semana varias decenas de incendios simultáneos azotaron y continúan azotando al interior de Victoria y literalmente cambiaron la cara de la vida rural del estado. Los resultados de la devastación son, hasta ahora, 181 muertos, 1800 casas destruidas, 7000 personas quedaron sin techo. Es la mayor tragedia natural ocurrida en Australia hasta la fecha y rivaliza con las no naturales, por ejemplo el impacto es mayor que las bombas de Bali. Las imágenes en los medios son trágicas y la respuesta de la sociedad abrumadora en términos de solidaridad y donaciones.

Muy a pesar de las decenas de muertes violentas todas las semanas en Caracas, no puedo dejar de conmoverme frente a como esta sociedad se mueve en equipo, alineada, bien dirigida por su liderazgo, para salir de esta tragedia.

Donaciones a la causa de los afectados por los incendios en Victoria aquí.

viernes, enero 23, 2009

Frankl, el tercer maestro vienés

Viniendo de una de “esas” reuniones del trabajo y después de haber presenciado como BHP botó a 2100 trabajadores en WA en un sólo día, y además dándome cuenta que este es un momento sólo comparable a la gran depresión de 1929, estaba más que determinado a escribir algo sobre la crisis financiera. Tendría que hacerlo antes de que se me quitara el saborcito a carne cruda de la boca. Pero decidí que no, que no voy a escribir nada.

Hubiera escrito sobre por qué las crisis de este tipo son mucho peores en los países desarrollados que en los sub-desarrollados. Que en países como Australia se trabaja a riesgo controlado, buscando un flujo de caja, un retorno seguro. Que en países como Venezuela el riesgo siempre es altísimo y nadie tiene un negocio allá para buscar flujo de caja sino para mantenerse en la pelea buscando “ese negocio grande que lo saque de abajo”. ¿Qué una compañía perdió plata un año en Venezuela? ¡No importa! -que el próximo año me ira mejor- Y además, el personal es barato. ¿Para que sulfurarse? Pero no en Australia. Aquí las compañías no soportarían ni un mes en rojo; al menor aviso de flujo negativo: cortan personal y costos en masa. Y luego toda esa gente en la calle no tendrá para pagar las hipotecas, lo que presionará a los bancos, y aunado al descenso del precio de los metales –el comodity australiano- y que el principal cliente –China- también se mueve hacia la recesión, entonces bueno. Sobre todo eso hubiera escrito. Pero no lo voy a hacer.

Escribiré, en cambio, sobre Víktor Frankl. Este psicólogo vienés insistía en que lo que nos mueve en la vida no es el anhelo de felicidad como postulaba Freud, ni las ansias de poder como demandaba Adler. No, nada de eso. Frankl decia que era nuestra libertad de elección. Frankl acuño el término proactividad que más recientemente Stephen Covey popularizó en el ámbito empresarial. Covey separó a la proactividad en dos componentes. El primero es el mismo concepto de Frankl: la libertad de elección, el asumirse uno como responsable de su conducta, lo que implica la toma de iniciativas para generar mejoras, sin descargar la responsabilidad en otras personas o circunstancias externas. Y el segundo, y mas interesante, el enfocar las acciones dentro de las cosas que podemos influir.

Siempre recuerdo a aquella compañera de trabajo que se odiaba mutuamente con otra de la misma oficina. Ella comentaba que “la otra” le estaba arruinando su vida con chismes y jugarretas, que le hacia la vida imposible, que ya no le provocaba ni ir al trabajo -¿para qué? ¿Para verle la cara a la bicha esa?- me decía. Se la pasaba inquieta con todo lo que hacia su odiada colega: con quien hablaba, si se reunía con el jefe, se preocupaba por cosas antes de que pasaran, se las imaginaba por adelantado. Yo le decía: -mija, te preocupas demasiado. Ignórala-. Y ella: -No puedo, si todo el tiempo esta hablando atrás de mi ¡la odio! ¡esa tipa va a acabar con mi vida!-. Pero un día hablando largo y tendido, la logre convencer de que era su decisión el que esa otra la hiciera tan infeliz. Mi amiga, de buenas a primeras decidió que la otra no la iba a afectar así, y que –es más-, la iba a saludar e inclusive ayudar y cooperar con ella si era el caso. Y se paró, fue hasta su escritorio, le plasmó un besote en el cachete: - ¡muack! hola fulana, ¿Cómo estás?- y se quedó hablando un rato con ella. Y así continuó tratándola todos los días. La actitud temerosa que tanto la afectaba desapareció, y se reconcilió con su trabajo; todo por asumir que ella solita era responsable de sus reacciones, y actuó en lo que podía cambiar. Fue proactiva, puro Frankl.

Frankl fue un genio. Yo creo firmemente en que no hay nada tan energizante como sentirse libre y responsable de sus actos, y además ganar experiencia para distinguir como actuar. Imagino que Frankl gozaría un montón psicoanalizando a la gente de hoy, y le diría a Freud y Adler: “¿ven como la felicidad y el poder no hacen al hombre? ¿Ven como yo tenía razón?”

Algunas situaciones que así lo demuestran:

- Cuando el 20 de enero ya usted ni se acuerda de las resoluciones que tan firmemente había jurado cumplir durante el año; mi hermano, allí falta Frankl.

- El tipo que nunca tiene tiempo para nada, que el trabajo ocupa todo su tiempo y aun así no lo termina, que no tiene tiempo para jugar con sus hijos, ni para escuchar a su esposa, y muchísimo menos para tener hobbies y hacer cosas que le gustan: Frankl con él.

- El personaje que odia al presidente venezolano y siente que este lo odia a él, que el tipo ese ha destruido su vida, y peor aun, que se le refiere como mono, mico o cualquier epíteto racista que en definitiva lo que hace es acrecentar la división por la que este sigue en el poder: remember Frankl.

- El padre que se da cuenta que la única ambición de su hijo de 16 años es ser patinetero, que no le gusta estudiar ni trabajar, y dice: “es que este hijo mío no salió a mi; nació flojo el condenado”: 100% falta de Frankl.

- Otro padre que dice: “es que en la casa ninguno de estos muchachos me hace caso. ¡Cuero es lo que necesitan!”: Frankl por el pecho allí.

- Despojarse de la responsabilidad de nuestros actos y depositarla en brujería, cábala, suerte u otros entes etéreos –aunque algunos logren inspirarse positivamente con esas cosas-: igual, allí necesitan a Frankl.

- Exceso de religiosidad –que hasta Jesus dijo: ayúdate que yo te ayudaré-: Frankl pa’lla.

- El gordo que queriendo rebajar nunca lo logra y culpa a la comida sabrosa que le preparan. El desordenado que nunca logra una rutina de orden y culpa a los demás en la casa. A todos esos: Frankl con ellos.

- Y a los que dirán en un año que la crisis económica se los llevo en los cachos, que como podrían haber imaginado lo que se les venia encima: Frankl, mucho Frankl, panita.

lunes, diciembre 08, 2008

De la Langue Inglaise (2)

Pour: Bertrand@france.com.fr
De: Thierry@perth.com.au
Subject: Re: Re: Me imigration /adaptation a l’Australie

Quoi? No Bertrand. Je conozque gent qui ha sobrevivié en l'Australie con une inglaise poubre, mas c’est un risque additionnel! Et ahors con une crisis financiere… par dieu!

C’est une grande advantage apprender l’inglaise le mais qui vous pudez antes de venir a l’Australie. Le conceille de venir sin inglaise est le pioure conceille que je he escuché.

A la prochaine,
Thierry

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Pour: Thierry@perth.com.au
De: Bertrand@france.com.fr
Subject: Re: Me imigration /adaptation a l’Australie

Thierry, tout bien? Desfortunement, mi inglaise est todavie poubre. Mas je escuché qui puedo ir a l’Australie aussi, qui egalement je conseguiré travaille! Que-est que vous pensez?

Bertrand

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Pour: Bertrand@france.com.fr
De: Thierry@perth.com.au
Subject: Me imigration /adaptation a l’Australie

Bonjour Bertrand!

Comme ça va? Est-que vous est bien? Moi, je estoi mui bien. Ja ha 3 meses que estoi en Perth. Je estoi travailliant pour un enterprise du sector minero. Tres Jolie! Quand est-que vous vienez pour l’Australie?

L’unique probleme que vous puedez tenir en Australie est con l’inglaise. Ne ha chose le mais important et ao misme temps olvidé pour les futures imigrateurs que la langue inglaise. Pour vous se figurer, l’Australie pued ser le ciel ou l’infiern en dependent de comme la personne parle l’inglaise.

Je vous adviert, l’exam d’inglaise presenté pour imigrer a l’Australie, l’IELTS, ne est une indication de que vous tienez le nivel adecuat pour enconter travaille aquí. Si vous est sincere con vous misme, vous sabez si vous parlez ao nivel adecuat. C’est ça!

Imaginez! Ja vi de messiers les imigrateurs que vient sin travail, con un petit budget, con familie et sin inglaise suffisant. Par dieu! Quelle combination dangereuse! Alguns disent que vant apprender en travailliant. Je ne pense que vous puedez encontrer un travail en Australie sin parler l’inglaise! Est-que vous puedez encontrer un travail en France sin parler français? Misme pour apprender l’inglaise aquí, c’est mui caro! con familie, con pression, con la rente de la maison, l’epouse en se quixando… Definitivement l’inglaise tiens que ser matrissé anteriorement a venir aquí. Ao menois que vous vienez pour estudier con le correct budget et plan, clarement!

Aussi est Bertrand, vous tenez que melhorer votre inglais. Comme hacer? Ne ha un formule magique, cade un tiens un manniere different d’apprender outre langue. Je conozque personnes aquí que tiens 10 annos en Australie et todavie ne parlant inglaise correctement. Aussi misme, je connais personnes en France que jamais han vivié à un pais extrangier que parlant l’inglaise parfaitement.

Ha un chose que est important en apprendent un nouvelle langue, c’est mantener la teste comme un infant. Oui, oui! Penser et agir comme un infant, nunca dexar de se surpriser pour les petit choses, de se maravillier pour la liason entre la comunication et las emotions. Parler un nouvelle langue est mui emocionant. C’est comme les infants pensant, et pour esse est que elles apprendent tan rapide.

Ha une chose additionnel Bertrand. En Australie (et en quelquer lugar du mond je pense) les personnnes vous tratent comme vous parlez. Si vous parlez inglaise poubre, vous est en risque de ser traté comme ignorant. Si vous parlez bon inglaise, enton vous aubre tous les portes.

Remenbrez Bartrand, parler bon inglaise est possible en cort temps! Ne dexez que nadie vous digez le contraire. Vous seulement tienez que vous esforzer.

A bientôt!
Votre ami, Thierry.

jueves, noviembre 13, 2008

Hija de tigres (3): educando a una tigrita

Estas cosas pasan cuando se educa a una niña en una ciudad capital de un país desarrollado. Hace año y medio inscribimos a Viv en clases de gimnasia rítmica; a ella le llamaba la atención, las clases quedaban cerca, sin mayores pretensiones. En la competición de la foto Viv ganó una medalla de plata. La del centro, esa es la entrenadora. ¿Parece que no rompe un plato, verdad? Resulta que esta instructora ya ha ganado dos veces seguidas la competición de Miss Fitness Australia, que tratándose del país con más deportistas per cápita del mundo, no es una tontería. Aquí está el video de la entrenadora de Viv cuando ganó la competición; en el video, sin duda, esta chica rompe un plato -y toda la vajilla también.

Cuando Viv se supo entrenada por semejante personalidad, el factor motivación pegó un salto cuántico y del tiro Viv se aprendió la coreografía de tanto que la siguió en youtube. De allí, Viv pasó a mostrar la coreografía en la clase, se la enseñaba a sus compañeras, y hasta le han encargado la clase a Viv por algunos instantes. La entrenadora está contentísima con nuestra hijita: la promueve, solicitó que la pusiéramos a hacer ballet, nos ha hablado del futuro de su “carrera”. Veremos a donde llega todo esto.

La entrenadora se enfoca en Viv porque piensa que tiene un talento natural. Igual pasa en la escuela primaria y secundaria en Australia; los profesores detectan a los alumnos aventajados y los promueven de diferentes maneras: los aconsejan más, les recomiendan materias, ponen a los alumnos talentosos juntos en una misma aula donde les imparten conocimientos más avanzados. Y los alumnos con rendimiento normal o subnormal van en otros salones. En realidad cada docente parece estar entrenado para entregar al final del año escolar una curva de Gauss con, digamos, 20% de estudiantes con excelente rendimiento, 60% con rendimiento normal y 20% con rendimiento debajo del promedio.

Nótese que en Australia se buscan talentos naturales, no inducidos o forzados, porque generalmente a los estudiantes no se les exige gran cosa. La función de un docente es vista no como alguien para elevar el rendimiento del estudiante, sino para enseñar y además detectar los estudiantes que pueden aprovechar mejor los conocimientos. Esto es así por varias razones: primero porque no todos pueden ir a la universidad, Australia también necesita técnicos y trabajadores, que por cierto tienen ingresos bastante decentes; y segundo, porque –como en todo país desarrollado- no sobran los recursos como para dedicarlos en estudiantes que no rindan; ellos quieren promover a los que rinden en forma natural, a los que sacan buenas notas sin que se les exija.

Es por eso que los que provenimos de otras culturas, donde siempre se intenta elevar el rendimiento de todos así se desperdicien recursos, al principio nos sentimos ofendidos por este sistema y acusamos a Australia de promover mediocridad. Y es verdad, se promueve mediocridad. Ejemplos sobran:

- Si un estudiante de secundaria va mal en química y los padres piden consulta, la recomendación del profesor es que retire química -que él no sirve para eso.
- Si un niño de primaria ya lee bien, la maestra ya no le corrige la tarea. Sólo confía en que él la haga por su cuenta.
- En el sistema secundario hay un sistema de materias electivas que privan varias carreras universitarias. Muchos profesores deliberadamente aconsejan materias electivas que sólo llevan a carreras técnicas cortas.
- Si se analiza el contenido de las materias se nota también la misma filosofía: el contenido es relativamente escaso, particularmente en secundaria –porque es ineficiente enseñar tanta cosa a un estudiante que probablemente no lo vaya a usar.

Pero si se analiza el sistema educativo australiano desde la perspectiva local, este sistema entrega lo que Australia necesita: líderes profesionales naturales, trabajadores medios, y mano de obra no calificada, cada uno en su justa proporción de acuerdo a una curva de Gauss (aunque a través de los años este sistema ha fallado en entregar profesionales técnicos y aquí es donde los inmigrantes entramos en la ecuación –tema para otra oportunidad) En fin, después de todo, el sistema mediocre no es tan mediocre, sino más bien “inteligente”; una muestra es este ranking mundial de lectura, matemáticas y ciencia.

Este sistema educativo puede ser bastante retador para un padre que tiene aspiraciones universitarias para sus hijos. Además de que el sistema deliberadamente aleja al estudiante de la universidad, el sistema es muy discrecional; el destino del estudiante no es gobernado por evaluaciones imparciales sino más por la percepción del docente de turno o en el mejor de los casos, de la junta directiva de la escuela o colegio. Todo esto significa que el padre tiene que estar allí, involucrado todo el tiempo, tanto para que el niño estudie y haga las tareas –porque la escuela no lo exige, aunque si lo evalúa- como para que los maestros y profesores tengan una buena percepción –dada la discrecionalidad. Hay que hacer “networking de colegio”: hablar con los maestros, otros padres, enterarse de cuales son las tareas importantes, de cuales son las debilidades y fortalezas del niño. Si no es así, el padre nunca se entera, el niño se atrasa, y así se compra la mediocridad que este sistema vende.

Afortunadamente para nosotros nuestra niña es muy estudiosa y sociable. Sale bien porque le gusta, es natural, y se beneficia de la mejor parte de este sistema educativo –y es promovida. En este momento estamos evaluando colegios secundarios para ella –sí, a más de tres años antes de entrar en secundaria, hay listas de espera largísimas. Y aunque la tendencia mediocre es la misma en el sistema privado o público, en nuestra evaluación gana el sistema privado por lejos. Razones y argumentos en un próximo post.

martes, octubre 21, 2008

¡Mosca!

Este invierno se prolongó bastante más de lo deseado. Los días estaban transcurriendo con una modorra tristona, con un sopor aplastante, y el viento le ponía el sound track a esta película esquiva. A pesar de que en Perth nunca hace frío como para no poder salir en pantalones cortos –así sea corriendo al carro- igual la lluvia y el ocaso a las cinco y media me tenían aletargado. Pero ¡fuera cachos! Este fin de semana el pronóstico era –por primera vez- más de 30 grados, y allá estábamos nosotros: en King’s Park para disfrutar del calorcito.

Luego de estar un rato en el parque con Viv y amiguitas, llegó el momento por el cual había esperado todos estos gélidos meses: me aleje sigilosamente del grupo y me senté en la grama en frente de la mejor vista de la ciudad. Que nadie me hable, que nadie me moleste, ahora sólo somos yo, la naturaleza y esa madre protectora llamada Perth. Me recosté en la grama y cerré los ojos: el sol calentaba ¡sí, era verdad! El verano llegó por fin. Sentía el calor de la tierra y casi podía escuchar como las flores, la grama, todo el verde crujiendo entrando en calor, sacudiéndose la somnolencia del frío seco perthiano. ¡Oh como vamos a disfrutar este verano! Ahora con carro descapotable: no nos permitiremos quedarnos en la casa en las tardes, queda prohibido no ir a la playa todos los fines de semana, que sea un mandato cocinar todos los días en la parrillera del patio; que ninguna semana se parezca a la otra, vamos a disfrutar hasta el último minuto de luz cuando el ocaso llegue por allá a las nueve de la noche. Hay que divertirse, la vida es una. Todo eso pensaba allí, tirado en la grama.

En eso siento un ruidito en el oido: “ññññiiiuhhn” y tiro un cachetazo que me deja la oreja roja. ‑Epa ¿qué fue eso?- “ñññiuhn” “ñññiiiiuhn” -¡Otra vez!, ¡Que fastidio!- De repente siento que algo me camina por el cachete, y por la nariz, y otro por el brazo. Me paro tirando manotazos para todos lados: -¡Pero bueno! ¿Qué pasa?-. Y justo allí me acordé que con el verano australiano siempre vienen ellas, esas zagaletonas que les encanta cualquier recoveco húmedo. Vaya si este invierno fue largo, tan largo que no me acordaba de ellas. Sí, ellas, las que le hacen a uno el verano de cuadritos. ¡Ellas!

¡Las moscas!

Mi sueño de una noche de verano se vio nublado por recuerdos de la temporada pasada: nubes enteras de moscas que te persiguen por todas partes y se te pegan al sudor que excretas en un calor seco de baño turco. Hay tantas moscas que si abres la boca se te mete una (por eso el acento aussie tan cerrado: no pueden abrir mucho la boca) Mentalmente de nuevo le puse el techo al carro y comencé a pensar que cocinar dentro de la casa, con aire acondicionado, en realidad no estaba tan mal. Bueno, nada es perfecto.

Pero lo peor es que esas no son las únicas moscas que vinieron a molestar este verano.

Hay que estar mosca con la mega crisis global que se asoma con el desplome del crédito en los EEUU. Esto se veía venir: ¿a quién se le ocurre que prestar plata en masa a gente sin credenciales y quedándoles los giros en el 60% de los ingresos podría ser buena idea? Sólo a banqueros avarientos. Esa prestadera de plata se puso de moda en todo el mundo desarrollado, Australia incluidísima, pero creo que esos días de crédito fácil están por irse. Menos mal. La gente necesitaba un reality check.

Desde otro punto de vista, esto ocasionó el desplome de los mercados bursátiles y un freno en el desarrollo desaforado de China. Todo eso se traduce en una baja del precio de los comodities que Australia exporta: los metales. La situación puede poner a Australia realmente contra la pared. Por el momento, lo que veo es a algunas empresas comenzando a cancelar proyectos. Algunas sí, otras no –todavía. Veremos.

El mercado de dinero reaccionó retirando fuertes capitales de la economía local, lo que causó una caída del aussie dólar de casi 30%. Y gracias a dios que fue así. Al menos ahora producir aquí es 30% más barato y eso va a ayudar a las empresas a sobrevivir o hacer viables en esta nueva situación a esos proyectos de ampliación que tenían en cartera. El otro lado de la moneda es que ahora todo lo importado –es decir, casi todo- se va a poner mucho más caro (que si conozco mi ganado, todo va a subir no 30 sino 50%)

Pero lo más interesante va a ser ver como va a empezar el año 2009 en cuanto al mercado laboral. Siempre he dicho que esta gente es dificilísima para entrarles en el trabajo y si ellos pudieran meterían a trabajar solamente a sus amigos, o a los que estudiaron en la uni con ellos, a gente que conocieran por su reputación. Pero es que no pueden, hay demasiado trabajo y se tienen que conformar con lo que consiguen –inmigrantes incluidos. Si comienzan a cerrar proyectos, esta situación pudiera revertirse. Para el que está insertado en el mercado probablemente esto no significará mucho pero el que llega definitivamente lo va a sentir.

Una que arrimamos al mingo: el barril de petróleo estaba en US$74 esta mañana, y los pronósticos son de US$50 (desde los 100 y pico en que estaba hace 2 o 3 semanas) Me pregunto como va a hacer Esteban de Jesús para seguir financiando estupideces y planes proselitistas que no educan ni le dan empleo a nadie sino lo que hacen es crear una relación de dependencia con papa-gobierno-que-me-da-plata. ¿Y como ahora si se le acaba la plata? Con lo único que hay que estar mosca es con el nivel de sectorización que hay en la población venezolana. Una Venezuela sin Esteban, o la ruta hacia allá, no será un camino de rosas. No se que será peor, si el remedio o la enfermedad. De nuevo: nada es perfecto.

Pero que fastidio con estas moscas de verano ¿no?

Post relacionados: La culpa la tiene el petróleo

lunes, septiembre 15, 2008

Hola, acabo de leerme todo tu blog…

Lo siguiente es una cadena de emails publicados aquí con permiso del remitente.

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(Primer mensaje, hace 3 meses…)

Hola, mi nombre es Señor X, …...leí de ti a traves de tu Blog…
Sucede que mi familia y yo estamos pensando seriamente en decidir vivir en Australia (pensamos mucho en que la mejor opción es Perth), y hay un millón de dudas que me asaltan y quería saber si podías ayudarme a despejarlas……aquí voy……..
Hace 2 años recibimos la residencia permanente, nos preparamos para ir, vendimos TODO, pero, al final, los miedos, dudas y amigos que nos decían que no era lo mejor, que acá estamos bien y demás, que ustedes también deben haber pasado, nos echamos para atrás...

(resto del email solicitaba información específica sobre costos, la vida en Australia, beneficios, etc... para tomar una decisión informada sobre emigrar o no)

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(Mi respuesta, hace 3 meses…)

Hola señor X,

Lo que me preguntas es algo de lo que tu mismo te tienes que convencer. Te le responderé con lo que me pasó a mí. Yo no me hubiera venido si no me hubiera quedado sin país, lo cual no es tu caso por lo que veo. A mi me iba bien en Venezuela pero me tuve que venir a Australia para que me siguiera yendo bien.

Ahora ya que estoy aquí y en el buen sentido de la frase, hasta daría gracias -en lo personal- de que las circunstancias me obligaron a venirme. Dependiendo de lo que te guste, y sobre todo, si tienes hijos, la vida en América latina no es vida.

Eso fue mi opinión personal.

En resumen. En tu caso, yo -personalmente- hubiera cometido el error de no venirme.

Saludos,

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(Nuevo email de la misma persona recibido recientemente...)

Hola Fer,

Acabo de dar una nueva mirada a tu blog...quería comentarte que mi esposa y yo hemos tomado la decisión de irnos para Australia (concretamente a Perth).....

(el resto del email solicitaba información de suburbios en Perth, hotel para llegar, colegios, universidades y costos)

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(Mi respuesta)

Hola X,

Felicitaciones por la decisión. Espero que te hayas convencido por ti mismo. No todas las experiencias son iguales. No todas las personas son iguales. Australia si es la misma para todos. Por ejemplo, si eres demasiado apegado a la familia que dejas allá, aquí ese tipo de persona pasa mucho trabajo por la distancia –los he visto, literalmente se derrumban. Pero si eres apegado a tu familia nuclear –la que viaja contigo- entonces es otra cosa. Australia con tantos parques y seguridad es para ellos, para los niños. En fin, no soy quien para increpar tu decisión, pero si te puedo ayudar con algunas de las cosas que me preguntas:

El colegio para los niños es lo que va a decidir donde vas a vivir, dado que los colegios públicos aceptan sólo “local intake”, es decir, tienes que vivir en la zona. Aquí no importa que el colegio sea privado o público, lo que importa es que sea bueno. Los hay buenos privados y públicos (y malos también). Y aunque la mayor cantidad de colegios con reputación son los privados, resulta que la mejor secundaria de Perth es pública: Rossmoyne Senior High School. Esta secundaria también tiene el programa ESL (English as a second languaje) el cual es una ayuda a los niños de los inmigrantes, en tu caso indispensable. No todos los colegios tienen este programa. Por favor ve en la página de Rossmoyne y ve el “local intake”, esa es la zona que sugiero para vivir. Para los más chicos hay una Rossmoyne Primary School para primaria donde aplica lo mismo.

Acostúmbrate a los suburbios de Perth en la siguiente página. Allí inmigrantes discuten sobre los diferentes suburbios, ventajas, conveniencias, etc. También hay información sobre como y donde alquilar. Domain y Real estate son las páginas típicas para que te des una idea pero lo mejor –indispensable- es comprar el periódico cuando llegues los miércoles y Sábados, e ir a visitar las casas.

Para llegar, algunos han estado llegando a Perth a este apart-hotel. Tiene cocina –que es lo que necesitas, no podrás comer en la calle todos los días y menos con niños- y el precio es aceptable.

Respecto a las universidades, por favor ve en la siguiente página. En Australia si hay universidades públicas, o más bien subsidiadas, de hecho, de cierta manera todas lo son. En todas hay que pagar por los estudios. Hoy en día los ciudadanos australianos (y te puedes hacer australiano luego de haber estado aquí 4 años) pagan una fracción del costo de los estudios. Los que no son ciudadanos australianos (incluyendo a los residentes permanentes) pagan completo. Para ambos casos hay un sistema de préstamo (HECS-HELP para ciudadanos y FEE-HELP para no ciudadanos) con intereses bajos que el estudiante, futuro profesional, pagará a través del sistema de impuesto cuando tenga el ingreso suficiente. Si tienes hijos en edad universitaria es importante que leas la página indicada arriba.

Respecto a costos, trae todo lo que puedas. Los dos primeros meses entre hotel, electrodomésticos, depósito para alquiler de vivienta, etc, se van mínimo 15K. Luego disminuye, pero nunca menos de 2.2K/mes.

Espero haber ayudado.

Saludos,

jueves, septiembre 04, 2008

The aussie way (3): Mateship

Todas las culturas tienen un aspecto que destaca por encima de los demás, ese “talante” que caracteriza al país o región. Lo que es la competitividad para los norteamericanos, el apego por los detalles artísticos para los franceses, o la calidad para los japoneses, tiene su equivalente en Australia. Este es para mí, sin duda alguna, el mateship.

Lo escribo en inglés porque no se trata de simple compañerismo; es algo difícil de explicar en palabras, pero temerario como soy lo voy a intentar. El mateship se basa en el principio de que todos somos iguales, y de allí se deriva que nadie deba osar destacar por encima de los otros. Esto es particularmente cierto en grupos de trabajo o de amigos, pero también es aplicable a la sociedad en general. El mateship está en el centro del australianismo y es la fuente de la cual se alimentan casi todos los clichés de lo que significa ser aussie. Es idéntico desde Brisbaine hasta Perth, y por eso sostengo que este es el país más uniforme que he conocido (por ejemplo hay muchas más diferencias entre Nueva York y Los Angeles, o entre Bogotá y Medellín que las que hay entre la gente de Sydney y Perth)

El mateship tiene sus códigos, por ejemplo un good bloke es un tipo que trabaja duro el cual se ha construido una reputación entre sus mates a base de compañerismo, participación y mucha (muchísima) humildad. En Australia se entra a un grupo siempre por alguna actividad: trabajo o grupo de interés (hobbies o comunitario) y para ser considerado un good bloke es imperativo hacer tu trabajo bien; no vale -como en otras partes que no quiero mencionar- sólo ser simpaticón. Igualmente, ser humilde -low key- es muy importante; tanto que lo más admirado, y requisito indispensable para ser jefe o gerenciar lo que sea, es que uno finja ser menos de lo que en realidad es: típicamente los jefes exitosos son aquellos que andan con el blue jean roto, hacen BBQ, toman cerveza y se ensucian las manos “allá abajo” con sus subordinados. Otra situación típica de low key es cuando en un grupo alguien comienza a exaltar las cualidades de uno. Aquí uno debe (tiene que) dirigir la conversación hacia otro lado y mostrar que uno está ruborizado. Complicado ¿no?

Pero si eres realmente un tipazo de humilde y colaborador, entonces estás en peligro real de pasar al estatus de, oh dear!, serías un top bloke. Este es el desideratum de la sociedad Australiana y generalmente allí se accede después de mucho esfuerzo. Típicamente allí están las personas que se destacaron en algún deporte (otra de las vacas sagradas Aussies) o personas con mucho carisma. Pero, no es el mismo carisma latino de vivo criollo, no, para nada. Es alguien muy humilde, que se relaciona bien -según los códigos locales- trabajador, con los pies en la tierra, y es en cierta forma divertido, que da gusto emprender algo con él.

En este punto alguien estará pensando que el mateship es algo que es aplicable en todos partes del mundo. Y lo era, por ejemplo en América latina en ciertos sectores –por ejemplo corporativos o transnacionales. Sin embargo, los latinos no tenemos la igualdad como un valor, y de alguna manera más bien tenemos valores contrarios. En ningún lugar, que yo haya conocido o leído, hay todo un país tan alineado con los valores de igualdad y humildad como Australia, y es a todos los niveles sociales, que por cierto, diferentes niveles sociales sí existen aunque casi nadie le gusta hablar abiertamente de ello (porque se supone que todos somos iguales ¡eso es!)

Hay muchos códigos con los que se expresa el mateship, por ejemplo con la archiconocida expresión “mate” (compañero, amigo) para llamar a alguien que se escucha por todos lados. Esta, dependiendo de la entonación y situación puede expresar muchas cosas diferentes, incluyendo una cierta carga despectiva, pero generalmente expresa mateship.

El mateship a nivel personal es muy blockey -de hombres- y en general Australia todavía arrastra una cultura machista (pero avanza muy rápido hacia la igualdad de los sexos) Para que se vea la naturaleza de la relación entre mates, aquí una amistad entre hombres es una admiración mutua y un compinchismo tal que llega al punto de dos amigos irse de vacaciones por una semana o más a pescar o surfear juntos, lejos a otro país, y dejar a las mujeres y niños en la casa (cosa inaudita en otras partes del mundo) Aquí si alguien es tu mate personal, es un vínculo irrompible para toda la vida.

Con el mateship o compinchismo de grupos en el trabajo hay que tener cuidado, y he sido víctima de este mucha veces, sobre todo al inicio en un nuevo rol o proyecto donde todavía no me aceptan en el grupo. También con esta manía de ser todos iguales, Australia se presenta como uno de los sitios más difíciles para ejercer autoridad y liderazgo. Aquí existe esa idea en el imaginario popular de que ellos no necesitan jefe (el muy aussie tall poppy syndrome: rechazo a todo aquel que se destaca). Los que tenemos a personal aussie reportándonos nos las vemos negras si no conocemos los códigos del mateship. Sin embargo me he beneficiado muchas más veces de lo que me he perjudicado de la unión que existe en un grupo cuando este está cohesionado.

Realmente hay que tener hielo en las venas (o no entender la mano) para no sentir admiración por este valor tan australiano. Si yo hubiera crecido aquí, verdaderamente me sintiera muy orgulloso.

See ya later, mate!

domingo, agosto 24, 2008

El australiano Mike Martin (o de los orgullos nacionalistas)

Mike Martin es australiano. Tan australiano como el venezolano José Fernández.

Mike Martin llegó a Australia desde Venezuela por allá en los años ochenta. En aquel entonces lo único que había que hacer para inmigrar a Australia era tener ganas. No hacia falta -en principio- hablar mucho inglés, y algún filtro menor se aplicaba en cuanto a preparación académica. Inclusive Australia le pagaba el pasaje, primeros meses de estadía y entrenamiento en el idioma al inmigrante. Fue así como Australia vio llegar a Mike, que en realidad no era tal; su nombre de pila era Miguel, devenido en Michael, y para los amigos “Mike” por cuestiones de adaptación. Mike llegó recién graduado de electricista, muy joven. En Australia Mike terminó de crecer, se casó, tuvo hijos, amigos, compró casa e hizo una vida. ¿Qué razones llevaron a Mike a salir del Caribe y venir a parar aquí tan lejos? Eso sólo lo sabe él porque Mike no habla mucho al respecto. De hecho, Mike, luego de tantos años aquí, prefiere hablarme en inglés. Es que no había muchos latinos aquí para la época, y hoy en su casa, lógicamente, se habla inglés. Y todo el tiempo me está sugiriendo que hable inglés en mi casa con Yel y Viv (¡imagínate!) porque: “el inglés es lo más importante aquí, tú sabes. Además, ¿para que vas a hablar español si aquí eso no sirve para nada? ¡Olvídate de eso!” me dice. Mike con el tiempo se ha embebido en el fanatismo patriótico aussie: para él un Holden Commodore es el mejor carro del mundo; se le olvidan algunas palabras en español, le encanta una barbie (parrillada), tiene pocos amigos -pero tiene muchos contactos- me mira mal cuando soy “muy venezolano” o cuando critico algún aspecto de la vida en Australia. Mike es Aussie, tiene un montón de años aquí, y espera que yo sea Aussie como él, pero fuera de eso, Mike es, como muchos Aussies, un “top bloke”, es decir, un tipazo.

José Fernandez es venezolano. Tan venezolano como el Australiano Mike Martin. También es australiano porque José nació en Australia de madre venezolana. José es joven, en sus veinte y pico de años, habla español -si acaso- muy mal, pero no pierde oportunidad de practicarlo cada vez que nos ve. José fue un par de veces a Venezuela a visitar a familiares de sus padres cuando era un niño, pero hoy en día los siente lejanos. José, sin embargo, siente simpatía por todo lo que es latino y en particular por lo venezolano -pese a su mal español. No obstante, José creció aquí en Australia y desarrolla una vida normal australiana: se emociona con los juegos de footy, se viste, habla, camina y se comporta como un aussie, sus amigos son aussies; a pesar de lo que él diga, porque a veces se refiere a los australianos como “ellos”, con la connotación de “esos que son diferentes a mi”. Conversando con él creo que puedo inferir por qué: José creció en un ambiente un poco rudo para el extranjero -o aquel de origen extranjero- donde los sobrenombres y las burlas en el colegio no eran infrecuentes; cosas de muchachos, dirán algunos, y no dudo que así fuera, pero bromeando a veces a algunos se les fue la mano, por lo que puedo percibir.

Hace unos días mi querida hijita estaba viendo los juegos olímpicos, emocionada, sobreexcitada con las hazañas del equipo australiano, y justo allí se me ocurrió preguntarle: “Viv, si Australia compite con Venezuela ¿a cual equipo le irías tú?". Mi pequeña se quedo pensando, rumiando, recapacitando, y no me contestó nada. Me dijo que la pregunta era muy difícil y se sumió de nuevo en la televisión. No hay duda que a estas alturas la pregunta es difícil y en el futuro, lo será más, o tal vez no. Lo único seguro es que Australia ha cambiado mucho desde los días en que José estaba en la escuela. Hoy los bullies o bravucones son duramente castigados y la posibilidad de un ambiente hostil para alguien de origen extranjero es casi nula en Australia. Esto deja abierta, sin contaminantes, la posibilidad de que los niños se identifiquen con este país, con su país de origen, con los dos o con ninguno. Muy probablemente se identificaran mucho con este, un poco con el de origen, depende de los padres.

¿Y los inmigrantes adultos actuales? Estos vienen a este país después de pasar por un filtro donde se les solicita conocimientos del idioma y sobre todo una contundente experiencia profesional. Por ello, estos no llegan con la maleta vacía como llegó Mike Martin. El que llega a Australia hoy invariablemente tiene logros previos, financieros, profesionales, culturales o académicos, conseguidos en su país, que lo hacen caminar altivo, ostentando cierto orgullo por su tierra, la cual dejaron por razones que no son su culpa, circunstanciales, y por lo tanto no tienen absolutamente nada de que avergonzarse. Siendo así, ese orgullo les dificulta hacerse “Aussies” y probablemente no lo sean nunca. Serán, a lo sumo, venezolano-australianos o de cualquier otro origen una vez que se nacionalicen. En mi caso, Australiano nacionalizado, también suma el hecho de que no hay ningún aussie que piense que yo o cualquier otro por el hecho de portar un pasaporte australiano ya somos aussies. Comprensible, si me preguntan a mí, y yo reciproco en consecuencia.

Nuestro orgullo no es comprensible para alguien tan aussie como Mike. Él llegó muy joven y sin experiencia, él le debe todo lo que es hoy a Australia, y no pasó su infancia aquí así que no lo conoce todo -como José. Para Mike, igual que para algunos Aussies, a Australia no se le critica, es una cuestión de respeto. A Australia se le quiere y obedece. Punto; como a las madres: “no se discute lo que mamá dice”. Yo, sin embargo, opino diferente. Quería y quiero mucho a Venezuela, y en esa misma medida la criticaba, para plantar la semilla de la mejora; en la crítica indagaba respuestas y el proceso me ayudaba a entender. Igual es en Australia, la critico -igual que hacen muchos Aussies educados, por cierto- porque deseo todo lo mejor para este gran país en el cual decidimos vivir.

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jueves, agosto 07, 2008

The Aussie way (2): The Barbie

Barbeque, BBQ, bar-bi-kiu, parrillada, asado, o como le dicen cariñosamente aquí, la “barbie”, es la quinta esencia de las tradiciones australianas y es sin duda la costumbre con la que más se identifican los australianos. Varios países del mundo tienen una tradición similar pero en ninguna parte la han sofisticado tanto como aquí. Toda casa que se respete en Australia tiene una parrillera en el patio trasero y muchos parques tienen parrilleras públicas. En fin, es toda una institución. Como toda institución, esta necesita reglas, así que me he dado a la tarea de compilar algunas:

LOS 10 MANDAMIENTOS DE LA PARRILLADA AUSTRALIANA

1. NO COMPARARÁS
Si vas a una parrillada en una casa australiana no oses comparar la aussie barbie con tu parrillada venezolana (o asado argentino o churrasco brasileño) y mucho menos decir que la tuya era mejor, o lo peor, que la aussie barbie es una copia de la barbeque americana. ¡No digas nada! Ellos deben continuar pensando que son los otros que se copiaron de ellos –si quieres que te inviten de nuevo.

2. NO USARAS FÓSILES PRIMARIOS
Atención venezolanos: aquí no se usa carbón en la parrilla, se usa gas. No hay venezolano que conozca que no haya reaccionado con horror al enterarse de esto, y al principio todos han vertido innumerables epítetos sobre la costumbre gasífera, pero en menos de seis meses todos están felices volteando carne en su parrillera a gas. Es más limpio, mucho más rápido y el impacto en el sabor es mínimo para la calidad de carne que se consigue aquí.

3. NO PERDERÁS EL GLAMOUR
Nada de comer en platos plásticos o de cartón, eso es para tortas. Después de todo no es sólo una parrillada, es la más famosa tradición australiana. Se debe sacar la mejor de las vajillas y los mejores cubiertos, no importa que sea en un parque público. Si la necesidad apremia, es preferible dar de comer a los invitados en una servilleta.

4. NO TORTURARÁS
Un bistec debe ser cocinado en una vuelta y listo -si quieres que le quede esa capa caramelizada- Nada de torturalo con 15 vueltas (so pena de que quede hecho una chancleta)

5. NO MUTILARÁS
Atención venezolanos: aquí la carne no se sirve picada en trocitos. Repito: no se pica, no, no, no. Aparte de que así se enfría más rápido, aquí la carne es de primera calidad y no hay necesidad de disfrazar la calidad de la carne picándola. Si nos fijamos, en Venezuela cuando la carne era buena (lomito, punta, churrasco) tampoco se picaba.

6. NO ESCATIMARÁS
En Australia la carne buena es muy buena. Estamos hablando de Porter steak, Scotch filet, rump, etc. Es buena y es cara. Pero si sucumben a la tentación de comprar “esa carnita del super que es más barata” pagaran la penitencia de su sabor: ¡es horrible! Sabe a cera de oído. Aquí la carne cara es buena pero la barata es pésima. Nota: el 80% de las aussie barbies populares son con salchichas y cebolla, aquí no me suscribo y les doy el mismo tratamiento a las salchichas que a la carne barata.

7. RESPETARÁS A TU DIOS (BACO)
Parrillada australiana sin cerveza o vino no es parrillada australiana.

8. SERÁS GENEROSO
Existe un viejo adagio en Australia que pregona que no se le debe abrir al invitado que toque la puerta; eso, porque el acto indica que no está cargando la debida caja de cervezas. Uno sólo debe abrirle al que toque la puerta con los pies. Moraleja: nunca vayas a una Aussie Barbie sin llevar algo para compartir, sea esto cervezas, el postre, carne, o lo que sea. Pregunta antes.

9. NO OSARÁS CRUZAR EL UMBRAL
En Australia una mujer no se acerca a una parrillera ni de lejos, eso es territorio de hombres. Igualmente, un hombre no mueve un dedo por hacer la ensalada, eso es territorio de mujeres. En el evento, se separan en hombres (alrededor de la parrillera, hablando de carros, lanchas y cosas de hombre) y mujeres (alrededor de la ensaladera, chismeando y hablando cosas de mujeres)

10. NO MALINTREPRETARÁS
Atención venezolanos: no deben asumir que en Australia cambiaron a la yuca y hayaquitas como acompañantes por el ñame. Cuando un australiano repite “ummm, ñame” (yummy) quiere decir que le gustó la parrilla.

domingo, julio 27, 2008

The Aussie way (1): barefoot


Crónicas Perthianas, siempre ocupada con la difusión de la cultura popular de este país, hoy hace la primera entrega de la serie The Aussie way. La serie busca introducir al hispano parlante a esta cultura tal vez enfatizando las diferencias culturales, no para separar o ironizar, sino buscando aproximar a las dos culturas.

A veces he escuchado -de parte de extranjeros- que Australia no tiene una cultura propia, que todo es prestado de la Gran Bretaña y los EEUU. No estoy de acuerdo. Esta es una de las culturas más ricas con las que he tenido contacto. Cierto que aquí no hay pirámides ni templos, pero la cultura está en la gente, en la que forma que llevan el día a día, en el Aussie way. El Aussie way es todo un conjunto de costumbres, es como una plantilla de comportamiento que todos siguen, es sumamente atractiva en valores, simpática en su contenido, un poco radical en su componente regionalista, a veces llegando a extremos de culto. Y como en todo culto, siempre hay algunos fanáticos puristas -que paradójicamente tienden a ser los que no nacieron aquí- pero esos no son verdaderos Aussies. El Aussie de verdad, la mayoria, es inclusivo, simpático y sobretodo muy plain (sencillo).

Y nada encarna mejor a esa sencillez australiana como la costumbre de caminar descalzos en la calle (walking barefoot). Nótese que no se trata de un caminar descalzo casual como se ve en localidades playeras, no. Se trata de alguien que se fue desde su casa en el suburbio, tomó el tren, se bajo en el CBD (centro de la ciudad), hizo sus diligencias y volvió a su casa por la misma vía, todo el trayecto descalzo. Así, es frecuente conseguirse a alguien descalzo en el tren, en locales de comida rápida, en el banco, caminando por la calle, en los centros comerciales, etc. A veces cargan las cholas en el bolsillo de atrás del pantalón (¿?) Alguien pensará que los que andan descalzos son de cierta clase social. ¡No! Cualquiera camina descalzo aquí. Recuerdo cuando éramos vecinos de la haute socialité en Cottesloe que allí fue cuando más vimos a gente descalza, lógicamente en la playa, y bien lejos de la playa también. Se ve a gente completamente vestida de los tobillos para arriba, mujeres maquilladas que claramente no vienen de la playa, que se bajan del carro sin zapatos a ponerle gasolina al carro. Se ve a gente en los pubs abarrotados, en cuyo piso se revuelven mezclas exóticas de licores y jugos humanos, un piso pues como para caminar con botas de pescador hasta la cintura; allí hay gente descalza. Y esto no es algo Perthiano, lo vi en igual magnitud en Sydney y Brisbaine. No he conseguido evidencias todavía de que esto se vea en Melbourne. Tal vez es algo que tenga que ver con el clima -porque se ve más en verano-

Ahora bien, cuando no se está descalzo, se viste la pieza que es la pasión nacional australiana: thongs (cholas), pero de esas, las de dedito, las que si se ponen horizontales a contraluz se desaparecen por lo delgado de la suela, esas que en Venezuela se usan en la casa y nadie sale a la calle ni loco con ellas. Paradójicamente, he aprendido que esta pieza se usa en todo el mundo cuando el clima lo permite: Asia, Europa, EEUU, casi toda Latinoamérica, pero no mucho en la Venezuela urbana -tengo una idea del porque pero no viene al caso ahora- Como sea, si usted viene para acá, mejor váyase acostumbrando.

martes, junio 24, 2008

La dinámica social del inmigrante



Alguna vez leí que las relaciones son el yoga de occidente; y es la pura verdad. Especialmente para un espécimen escapado del caribe las relaciones son, pues ¡todo! la vida gira alrededor de los amigos. Si bien uno no piensa mucho en esto al irse de su país (si no uno no se va), ni tampoco al llegar a Australia, una vez que se está establecido este punto pasa a ser prioritario porque después de todo ¿que es la vida sin amigos para compartir?

Emigrar es una decisión radical -generalmente para un problema radical- y el que así deja su país tiende a pensar radicalmente; a no apreciar los matices grises entre el blanco y el negro.

En el extremo blanco, me consigo en Australia a bastantes grupos de inmigrantes que socializan casi exclusivamente con los suyos, cada “tribu” separada de la otra: hindúes con hindúes, chinos con chinos, caribe con caribe, pommies con pommies, surafricanos, croatas, italianos, aquí hay gente de todas partes del globo, inclusive con mucho tiempo aquí -20 años- que socializan de esta manera. Y cada tribu tiende a pensar que su cultura es de alguna forma más rica que la local -o la de otras tribus-, así es el ser humano. Generalmente el trabajo y el estudio de los niños llevan a estos grupos a relacionarse un poco con otras tribus pero la tendencia a recluirse entre los suyos, por cuestiones de idioma e idiosincrasia, es clara y determinante. He notado, lo admito, que los más extremos, que se cierran exclusivamente con los suyos, y que hasta rechazan a los locales, tienden a pasar por periodos de depresión por la falta de su país. A pesar de esto, esta posición hay que saber respetarla porque las relaciones humanas son algo muy personal. Particularmente, el australiano, que es mayoría aquí, es muy respetuoso y deja a cada quien hacer lo que quiera (aunque tras bastidores, sobre todo después de algunos tragos, algunos Aussies me han enfatizado que les disgusta la reclusión en tribus)

Pero en el extremo negro del gradiente, también me he conseguido a algunos inmigrantes que prefieren relacionarse exclusivamente con los locales en lugar de con los suyos. Nótese que no se trata de que están abiertos a todos por igual, sino de que decidieron deliberadamente discriminar a sus compatriotas en favor del local. Este razonamiento siempre viene acompañado de la pregunta “¿Para qué me vine de Suazilandia… (inserte aquí su país de preferencia)… para andar aquí con Suazilandeses?”. En la psiquis de este inmigrante casi siempre está presente un cierto rechazo a su país, prejuicio con sus paisanos -con lo cual queda justificada la emigración-, idealización del país que lo recibe -todo en Australia es bueno, todo en su país de origen era malo- y por ahí va la cosa. A pesar de que esta posición pareciera auto-racismo, esta también toca respetarla, por su naturaleza personal, y porque cada quien es libre de escoger sus amistades como quiera. Sin embargo debo decir que los que he conocido con esta postura también tienden a deprimirse seriamente, y si son inmigrantes recientes, presentan cierta desadaptación. En lo personal, no creo que nadie pueda darle la espalda a sus raíces sin afectar un poco su salud mental.

Y en el medio está el color gris, que es donde yo prefiero ubicarme. Los grises, entre el blanco y el negro, no discriminan a sus amistades por la nacionalidad o el origen étnico sino que están abiertos a relacionarse con cualquiera que le brinde una relación mutua. Puesto de esa manera, abierto, sin prioridades, no hay duda de que la tendencia va a ser a relacionarse más con los que se tengan más cosas en común: con tus compatriotas, en mi caso con venezolanos. ¿Qué se le va a hacer? Esa es la dinámica emocional, pero no es exclusivo.

Aquí tenemos amigos venezolanos y australianos y a ambos los disfrutamos en forma diferente. No tengo preferencia pero admito que con los venezolanos es mucho más fácil porque la curva de amistad es más rápida, y lo más importante, la tasa de acierto y el tipo de relación es mejor para lo que uno busca. Cuando pasas el tiempo con amigos es para relajarse del trabajo y de las actividades cotidianas, y lo quieres hacer sin presiones. Con otras nacionalidades, al menos al inicio, hay que hacer un esfuerzo, con resultados a veces inciertos. No obstante, si se está abierto a todos, va a ser inevitable que eventualmente se haga amistad “en serio” con algunos locales.

Pero los australianos socializan de otra forma. Para ilustrar la diferencia, pongo a mi mejor amigo aussie; nos tenemos una gran confianza, pasamos excelentes momentos en familia, pero nos vemos, si acaso, una vez al mes. En cambio con los venezolanos nos vemos casi todos los fines de semana.

En algún lado leí que la definición de amigo es aquel del cual uno está seguro que no nos va a hacer ningún daño. Además de la atracción mutua, esa sensación de confianza debe existir para que sea un “amigo de verdad”, sino es sólo una relación. Tener este tipo de amistad con alguien de otro país, con otras costumbres, no es tan fácil, depende de tu capacidad para relacionarte –y la del prospecto de amigo-. En particular el australiano es sumamente simpático, hablador (al menos en Perth), pero difícilmente da “esa confianza” así como así. Los aussies son gente de contactos, de conocerte, de hablarte, de saber que haces, pero en realidad sus grupos sociales son más bien reducidos a núcleos familiares y allegados. Pero si logras establecer una amistad real con un australiano, sabes que tienes a alguien en quien confiar de verdad y a un amigo para toda la vida.

Por supuesto que entre venezolanos también se hacen amistades de confianza, pero como está el factor “bochinche” de por medio muchas relaciones tienden a quedarse a ese nivel (¿o soy yo el bochinchero?) Después de todo no es posible ser el gran amigo de todo el mundo porque hay matices de compatibilidad y uno filtra y es filtrado en consecuencia. La dinámica de las relaciones humanas que llaman.

En todo caso, cada quien tiene los amigos que puede o que quiere. Pero una cosa es seguro; el aspecto social-emocional es clave para el éxito de cualquier proyecto de inmigración a largo plazo. Ignorarlo, o encararlo de mala manera, puede costar caro.

jueves, junio 19, 2008

Caribe Australiano

En los próximos días usaremos nuestro pasaporte australiano por primera vez; eso me hizo recordar que en Octubre del año pasado tomamos el “voto de compromiso” y juramos lealtad a Australia. Desde ese entonces no somos sólo residentes sino nacionales australianos -por naturalización, claro está-.

Los australianos deben ser los seres más patriotas y orgullosos de su país que yo conozca. Más que, por ejemplo los franceses. Seguro más que cualquier latinoamericano, tal vez comparable sólo con los Texanos de los EEUU -esos sí son regionalistas de verdad-. Mi punto es que hacerse compatriota de estos no es, emocionalmente, cualquier cosa. También es cierto que los Venezolanos tenemos una relación extremista-ambigua de pertenencia con Venezuela –muy a favor o muy en contra-, en buena parte alimentada por los lastimosos acontecimientos de los últimos 10 años. En fin, un caribeño haciéndose australiano y el tema identidad es cuando menos interesante y le dedicaré alguna líneas pronto. Garantizado que levantará algunas cejas.

Por el momento se me ocurre divagar sobre el proceso de australianización que he notado entre los caribeños que habitamos por aquí. Los hechos:

  • Cuando recién llegamos aquí, las reuniones no acababan a menos de las 3:00am y las amanecidas no eran infrecuentes. Hoy cada vez se acaban más temprano. Generalmente a las 10:00pm todo el mundo se fue para su casa como buenos padres Aussies (nótese que son los padres, porque los solteros son otra casta)

  • No podemos ver un pedazo de carne un fin de semana porque la montamos en la parrilla.

  • En todas las reuniones las mujeres se van pa’lla y los hombres pa’ca, separados de forma inalienable, y no se vuelven a encontrar si no hasta el final, idéntico a como hacen los Aussies. Esto no es para nada de la cultura caribeña -allá se permanece en pareja- y se nota que es una costumbre adquirida porque los recién llegados rompen los grupos sin darse cuenta (no sin ganarse algunas miradas de desaprobación)

  • Los niños aquí son el centro de nuestras vidas. No que no lo fueran allá, pero aquí es mucho más exacerbado.

  • El uniforme aquí es bermudas y cholas (ojotas, sandalias) -aunque algunos se resisten-

  • Aquí todos están obsesionados por el deporte. Si hasta yo, flojo con carnet de membresía ya he hecho dos tipos de deportes en forma seria y consistente.

  • Todos -bueno casi- al final estamos chapoteando en estas playas frías. ¿Y las aguas tibias del caribe? Ni me acuerdo.

  • Nosotros que le rendíamos culto al prócer latinoamericano Eudomar Santos y su frase “como vaya viniendo vamos viendo”, aquí todo los planificamos con meses de anticipación.

Y lo peor de todo es que ninguno se ha dado cuenta de que están cambiando sus hábitos. Si les preguntas dicen que allá eran así también. ¡Llevamos tanto tiempo aquí que ni nos acordamos!


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viernes, mayo 23, 2008

Hoy escribo yo

Yo lo cuestiono todo; desde las cosas más mundanas como el precio de los comestibles, hasta las más complicadas como la existencia misma del universo. En películas y novelas mi tema recurrente favorito son los mundos paralelos; una realidad aparente o virtual que existe para ocultar a una realidad “real”; yo cuestiono la primera buscando la verdad de la segunda. Así, no es de extrañar que mi género preferido sea la ciencia ficción, que “The Matrix” y “Los Otros” estén entre mis películas favoritas, y que ahora apunte hacia Philip Dick como autor de mis lecturas.

Tampoco es de extrañarse que cuestionara la realidad (¿virtual?) que se vivía en Venezuela hacia el año 2003 cuando todavía vivía allá. Lo que pasaba –y pasa- era tan bizarro que me hizo dudar si era real. “Esto no es vida. Tiene que haber otra manera de vivir” me decía. Ya antes me había tocado vivir afuera de Venezuela y mi pensamiento era que eso no es la solución. Aun así, la realidad de la época y como pintaban las cosas me hizo tomar la decisión de salir. Ya antes había expuesto por qué tome esa decisión, lo que no he mostrado es por qué elegí Australia como mi nueva realidad, y más importante aún, por qué nos quedamos.

¿Por qué elegí Australia a la distancia, sin conocerla? Eso es fácil:
  • Porque es un país del primer mundo.
  • Porque investigué y sabía que faltaban ingenieros de mi rama. No me refiero a que los aceptaban para inmigrar, sino a que faltaban, estaban desesperados por ingenieros en mi rama, y no habían trabas para el ejercicio profesional.
  • Por el clima y la naturaleza, en comparación al de otros países del primer mundo.

¿Por qué nos quedamos y echamos raíces? En resumen: porque la vida aquí hace ver a la vida allá como una realidad aparente, que sólo existe para ocultar a esta, la verdadera forma de vivir. Lo desarrollo como sigue:

En cuanto al trabajo, lo que conseguí fue mucho mejor de lo que había investigado. Las condiciones son muy favorables: mucha oferta de puestos, poca competencia local. Es el empleado, no el empleador, el que tiene el poder de negociación; eso empuja hacia arriba el nivel de remuneración y los puestos a los que se acceden. Es así como me hice de una posición senior en cortos dos años, y Yel también trabaja en su profesión y va por el mismo camino. No sólo eso, mi trabajo actual es el reto profesional más grande y de más responsabilidad que haya tenido, me está costando pero ese es mi reto, y estoy aprendiendo mucho. En ingeniería hay mucho por hacer aquí, y pocos que lo hagan, tengo en mente proyectos para ayudar a rescatar esa posición tan embarazosa en la que se encuentra la profesión en Australia y así hacer algo un poco mas trascendente. En fin, tenemos retos, tenemos sueños, estamos aprendiendo.

En relación a posibilidades de inversión, eso en Australia es todo un mundo absolutamente fascinante. El cielo es el límite. Ahora bien, no es como en Venezuela que unos pocos (generalmente dejando los escrúpulos aparte) se hacen millonarios en 2 años. Aquí es posible, no para pocos sino para todos, hacerse millonario en 8 o 10 años (es posible, no necesariamente conveniente, después de todo hay que disfrutar la vida; un término más razonable serian 12 o 15 años) Eventualmente todo el mundo va a tener que hacerse al menos casi millonario para el momento en que le toque retirarse; esa es la única forma de garantizarse un retiro digno en un país tan costoso como este.

En cuanto al clima y ambiente: creo haber sido elocuente sobre como se vive en Australia en armonía con la naturaleza, la cantidad de parques, y en cuanto a la playa. A estas alturas tengo que admitir que no sólo nos gusta sino que aparecen los primeros vestigios de sentido de pertenencia con esta la tierra.

En cuanto a la gente; me gusta el estilo aussi, me suscribo al estilo de vida relajado, de andar como un mamarracho todo el tiempo, a hablar pistoladas de cualquier cosa menos de algo importante. Me suscribo a socializar basado en reputación y humildad -the “top bloke” scheme-. Me inscribo en lo difícil que es hacer una amistad con un aussie, pero si la haces sabes que tienes a alguien en quien confiar de verdad. También me suscribo a la multiculturalidad, a aprender que hay asiáticos sumamente dignos y admirables. También al grupo de venezolanos que son como los boy scouts, “siempre listos” (pa'l bochinche). Supongo que aquí hay algo de que como estamos mucho mas tranquilos disfrutamos más de la gente que si nos quiere y está pendiente de nosotros, y podemos corresponder en consecuencia.

En cuanto al sistema del primer mundo, a uno le queda la sensación de que en Australia el sistema funciona, y funciona para todos, es justo, y eso evita que existan ciudadanos de segunda que se dediquen a actividades de “segunda”. Para mi Australia es la demostración de que sí es posible vivir en un país donde cada cosa tiene sentido. El sistema hay que entenderlo, hay que estar entrenado en él, hay que observar, interpretar, interactuar con el sistema –eso es parte del juego-. Me gusta el reto. Esto funciona, se nota en los aspectos macro como educación, salud, presupuesto fiscal, tu lugar en la sociedad. También lo notas en lo micro: por ejemplo en lo bien entrenado que está el cajero del supermercado para hacer su trabajo –no para más- ¡que eficiencia!, ¡que prolijidad!.

En resumidas cuentas, después de tanto cuestionar aquí he conseguido respuestas a todas las cuestiones. Hay una gran sensación de abundancia que nos embriaga: aquí vivimos, aquí amamos, aquí nos aman, aquí aprendemos, aquí transcendemos, aquí nos protegen, aquí protegemos.

Aquí seguimos. Post relacionados: Pero bueno… ¿ cual es la criticadera?; La culpa la tiene el petróleo.

martes, mayo 20, 2008

Cultura Occidentalis Australiensis

¿De qué estamos disfrazados aquí?

En Perth las fiestas de disfraces son muy comunes; así que un diciembre de estos, en una fiesta del trabajo de Yel, nos tocó nuestra primera vez. La fiesta tenía como título “The East meets the West” (El Oriente conoce al Occidente). La idea era que cada quien eligiera un país o cultura de su preferencia, y el correspondiente traje típico. No hubo que preguntarnos dos veces para que nos pusiéramos a buscar los disfraces para lo cual Perth ofrece sopotocientas tiendas de alquiler.

Elegir el disfraz fue lo de menos; la parte interesante comenzó cuando los compañeros de trabajo nos preguntaban de que nos íbamos a disfrazar. “Seguro que se ponen un traje típico de Venezuela” me dijo uno que compartía la oficina conmigo. Luego dijo: “espera… America Latina no es oriente, ni es occidente… tiene su propia cultura diferente ¿no?”. Yo salté: “¿cómo que no es occidente?, !claro que America Latina es de cultura occidental!...” pero el tipo me miraba con cara de que yo estuviera loco. Desde ese momento y hasta el día de la fiesta yo parecía un zombie que le preguntaba lo mismo a todo el mundo: “para ti ¿Latinoamérica es de cultura occidental, verdad que sí?” Y así continué inclusive durante la fiesta. Pobre iluso.

De 10 respuestas, 8 eran con una rotunda negativa; con variadas justificaciones: “…los países occidentales son como Australia, EEUU, Canadá, que tienen ciertas costumbres... y además con cierto nivel de desarrollo…” Allí yo rebatía -para buscarles la lengua-: “y en ese esquema ¿dónde quedan países como España, por ejemplo?” (haciendo apología a la cultura latina en Europa). Allí algunos se quedaban callados (no sabían o nunca habían pensado en eso). Uno hasta me dijo: “¿Y España no queda en el oriente de Europa?”.

Al decir verdad algunos pocos contestaron inmediatamente que America y la Europa Latina si son parte de la cultura occidental. Los que así lo hicieron fue porque tuvieron algún contacto con nuestra cultura. El resto –por lo visto- nos concibe culturalmente con una camisa de mil colores y una cesta de frutas en la cabeza (cuando pregunto siempre suena el adjetivo “colourful” o full de colores) El asuntico me picó por algún tiempo y poco a poco fui reuniendo argumentos para sumar a mi cruzada. Recuerdo claramente la última conversación al respecto, en otra reunión:

- “¿De donde eres tú?”

- “De Venezuela, Suramérica”

- “¡Oh!, que gran choque cultural con Australia, me imagino…”

- “Amigo, ya me han dicho eso varias veces y nunca lo he entendido. Verá: allá se habla un idioma europeo-igual que aquí-, nuestra herencia es europea -igual que aquí-, de religión cristiana -igual que aquí-…”

- (Silencio incómodo del interlocutor)

- “…yo puedo entender que desde la guerra del golfo los medios de comunicación hayan construido la imagen de occidente como los países que apoyan a los EEUU, pero el verdadero origen de la cultura occidental no está en los países anglosajones sino en el imperio romano. Es más, fueron los romanos los que civilizaron a Inglaterra. Desde ese punto de vista, los latinos son mas occidentales que los anglosajones…bla bla bla… ”

Esa era una discusión absolutamente bizantina, no tenía caso, no sólo porque no iba a convencer a nadie, sino porque ese tipo de conversaciones saca de su zona de confort a algunos aussies. A favor de ellos tengo que decir que si la situación hubiera sido en EEUU o UK estoy seguro que la conversación ni hubiera tenido lugar, al menos no en forma tan abierta (o alguien me hubiera dado mi tate-quieto).

En Australia el tema del origen de la gente es un tema de conversación recurrente. A todo el mundo se le pregunta de donde es, y todos responden cosas como: “yo nací en Sydney pero mi mamá es italiana y mi papá griego”, y a veces siguen con la segunda generación, y así se forman conversaciones kilométricas súper aburridas. Este es sin duda un país multicultural pero no lo es desde hace tanto tiempo, serán 25 años que tiene la inmigración realmente multicultural aquí, y todavía se apela al origen con una frecuencia que nos es extraña, con cierta dosis de etnocentrismo. Cabe señalar que todas las culturas son en cierta medida auto-centristas (sino reflexionemos: ¿Quiénes son los que piensan que inventaron el sabor, el guaguancó, y que nadie sabe vivir tan sabroso como ellos?)

En realidad mi experiencia es que la idea prejuzgada que tenga un australiano sobre uno importa muy poco para relacionarse y socializar con ellos. Relaciones y amistades, estos son temas importantes tanto para el trabajo como para la estabilidad emocional de todos: ¿cuál es el lugar socio-emocional de un caribeño aquí? Sobre esto en un futuro post.