domingo, septiembre 13, 2009
Imágenes retro
viernes, abril 17, 2009
Morcillas en almíbar
lunes, noviembre 24, 2008
La invasión de los cyborgs
“Y ahora todo es culpa de los pitiyanquis” repetía el tipo una y otra ves. Lo dijo 200 veces antes de la torta, lo remachaba durante la piñata, lo coreaba durante el cumpleaños feliz. “Pitiyanqui esto, “pitiyanqui aquello”. Y yo permanecía callado. Si acaso le respondía con la sonrisa cabizbaja que uno esboza de cara al piso cuando algo te da vergüenza, porque en el fondo lo que me provocaba decirle era: “pero bueno pana ¿Y quién demonios son esos pitiyanquis?”Confieso que no leo mucha prensa venezolana en línea. Nunca me lo propuse así pero desde que pisé Australia es muy poco lo que leo. Soy excesivamente práctico –mi defecto- y hace tiempo que perdí la expectativa de encontrarme algo esperanzador por allá. Sin embargo, los últimos sucesos a nivel mundial, más las recientes elecciones regionales –con chance real para los opositores- me han llamado la atención y comencé a leer.
¿Qué ha cambiado? En realidad poco. Hay nuevos términos como los “pitiyanquis” que presumo son “petit yanquis” para referírseles despectivamente, pero el discurso anti-norteamericano no ha cambiado mucho, más bien se ha intensificado; resulta conveniente. Es muy fácil conseguir aliados, particularmente a nivel internacional, entre los que adversan al imperio del norte, y además internamente tiene ese efecto aglutinador de “nosotros-David” contra el “imperio-Goliat”. Mientras tanto, Venezuela está haciendo negocios increíbles con el imperio, las relaciones económicas bilaterales nunca estuvieron mejor –si se les puede llamar así porque los negocios parecen favorecer mucho más al imperio que a los venezolanos-. Bien lo decía Rochefoucault: “La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud”
Pero volviendo al asunto pitiyanquístico, el presente año ha visto episodios más o menos dramáticos, y por instantes la pugna en los micrófonos y la diplomacia parece haber transcendido lo suficiente como para que un enfrentamiento sea considerado. En el nefasto y tristísimo caso de una invasión pitiyanqui a la tierra de los comedores de arepa, estoy seguro, Obama usaría algo diferente a las tropas marines que ahora ocupan varios rincones del mundo. Siendo Obama un tipo moderno, usaría los soldados del futuro, humanos con exo-esqueletos bio-mecánicos, cyborgs de última tecnología que están en desarrollo en este momento, dada la naturaleza tracalera de su adversario. Los caribeños nos defenderemos ¿pero con qué? Si el elegante portador de la verruga ya le habrá regalado toda la plata a otros países y además el barril de petróleo estará en 30 dólares. No será con armamento ni recursos que nos defenderemos, será con psicología, con inteligencia, con eso será.
Porque estos Cyborgs llegarán a la capital y cuando saquen sus tanques oruga, sus super máquinas de avance terrestre, van a volverse mierda con los huecos de Caracas. No hará falta ni lanzarles un petardo, ellos solitos caerán en los 40 huecos de la avenida Lecuna –aunque Bernal diga que sólo hay 12 huecos sin tapar en toda la ciudad- y se les quebrará la punta de eje, botarán el diferencial. O se quedarán colapsados en la autopista del Este, a cualquier hora y en cualquier dirección, y tendrán que negociar el paso con un fiscal de tránsito vestido de tamarindo, el cual se cree dueño del magnánimo gesto de “tú no pasas ahora”, “tú sí”, “tú no todavía, tu te quedas allí hasta que me dé la perrísima gana”. Y que ni se les ocurra rozar a una moto porque enseguida estarían rodeados por motorizados, una nube de avispas metálicas que les trancarán el paso, los escupirán, les darán cascazos (si los cargan) “y qué pasó apá, vas a revirá, vente pues, vente robotico e’ mielda, vamo'a dano, que’s lo ques, ay apá, ete como que’s algolla”. O serán atracados por malandros invisibles, mucho mejor armados que ellos, que salen de la nada y en la nada se desvanecen dejándolos en ropa interior y si acaso con cinco mil bolos para que se paguen el pasaje o llamen a su mamá.
Y cuando tras mucho esfuerzo lleguen a Miraflores o a la asamblea nacional y vean a los asambleístas o al gabinete de ministros, dirán: “ya va, un momentico ¿estos panas no son Ultraman, Robocop y Terminator que mandamos en la invasión pasada hace aaaaaaaaños? ¡Míralos allí instaladísimos haciendo chanchullos también! ¡Se metieron a políticos y se quedaron pana!". Y así poco a poco los invasores quedarán diluidos entre la población local, desperdigados y confundidos. Algunos se empatarán con una come-viáticos y vivirán para pagarle la operación de lolas o el capricho de turno. Otros acabarán enloquecidos, caminando por la ciudad al lado de los indigentes, recogiendo latas, revisando la basura para sobrevivir. A lo mejor algún cyborg reconozca a uno de sus camaradas mientras huelen pega debajo del puente de las Mercedes:
- Disculpa pana ¿tú eres venezolano o cyborg?
- No sé. No me acuerdo. Pero más chavista será tú madre ‘esgraciao.
Y sólo entonces se darán cuenta que la invasión ha fracasado.
miércoles, noviembre 19, 2008
Saudades qui manquent
Del portugués brasilero aprendí la palabra “Saudade”; esta es “uma espécie de lembrança carinhosa, de um bem especial que está ausente acompanhado de um desejo de revê-lo ou possui-lo”; es como un recuerdo entrañable. Los luso-parlantes se regodean diciendo que no existe una palabra equivalente en otro idioma. No se traduce como nostalgia porque esta lleva adosada un dolor, un recuerdo que deprime y hace daño. La saudade no duele, es más bien una remembranza dulce, o tal vez agri-dulce: es como un recuerdo que pica, a veces arde, a veces causa placer y el disfrute prevalece; es como esa herida a medio cicatrizar que nos eriza al frotarla con las sábanas, y la rozamos de nuevo, no queremos que acabe, nos arde, nos punza, pero gusta.Del francés parisino asimilé el verbo “Manquer”; la frase en francés “tu me manque” expresa un sentimiento poderosísimo. El cerebro demora en asimilar que una extremidad amputada ya no está allí, y el miembro imaginario puede llegar a picar, doler, sentir frío o calor; “tu me manque” es mucho más que “I miss you” o “me haces falta”; si alguien te manca es como si sintiera que estás allí con todos los sentidos, no hay recuerdo porque virtualmente no falta nada, hasta que un día ves y ya no está, y allí se extraña, pero en la cotidianeidad se vuelve a olvidar que no está, y se vuelve a mancar.
Pero la palabra que aún no he conseguido en ningún idioma es la necesaria para expresar saudade por aquello que deseamos poderosamente, pero que no ha ocurrido y que tal vez no ocurra. Con el pasar del tiempo los adultos nos hacemos más adultos, menos niños, menos imaginativos y soñadores, y tendemos a coleccionar muchas de estas “saudades que mancan”.
Hace muchos años, cuando soñaba más, escuche una canción del maestro Sabina que decía: “no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Obviando la carga negativa del vocablo “nostalgia”, eso se parece mucho a la palabra que busco.
lunes, noviembre 17, 2008
Bati-cumpleaños
Un día Yel me comentaba que unos amigos australianos no celebraban el cumpleaños; decían que eso era una fiesta pagana, que ¿para qué celebrarlo? En seguida fruncí el seño y muy consternado le respondí en caribe rabioso: “¿como que pa’qué? pues, pa’rumbear, pa’joder ¿pa’que más?”. Yel soltó una carcajada y luego del ataque de risa quedamos de acuerdo en que, sí, un cumpleaños se tiene que celebrar y punto final.¿Pero cómo celebrarlo? Esta semana cumplo años y esa es la pregunta que me hago. Cavilando mucho al respecto, he compilado la siguiente lista de posibles formas de celebrar un aniversario –o quizás sea un inventario de típicos personajes y formas de festejar su cumpleaños:
- Está el Guasón; siempre cagado de la risa, que conoce a todo el mundo; este es de los que hacen la mega rumba del siglo, con rios de “güisky”, copiosas bandejas de comida, banda en vivo, casa full de gente de los cuales sólo al 2% les tiene confianza como para pedirles un favor. Al final de la fiesta el Guasón casi siempre se emborracha porque –este es mi güisky, mi casa, mi comida, y para eso tengo bastante plata para tirar para el techo, no joda-
- ¿Y se acuerdan de Ma Parker? la mamá bonachona que siempre está tejiendo y protegiendo a sus hijos. Ma Parker sólo celebraría su cumpleaños con su familia y, si acaso, algunos allegados muy cercanos.
- También está el Rey Tut. Este era aquel gordito con la barba de chivo que se creía la reencarnación de Tutankamon. El Rey Tut sufría de amnesia y cuando invita a su cumpleaños en un restaurante, siempre se le olvida aclarar que los invitados tienen que pagar por todo lo que consuman.
- Y tenemos al acertijo; le encanta una adivinanza, siempre está pendiente, preguntando, averiguando quien le está organizando la fiesta sorpresa de su próximo cumpleaños.
- Igualmente aparece el pingüino; siempre con esas entradas espectaculares a rapel o volando con su paraguas. El pingüino celebraría su cumpleaños tomando un riesgo excitante: tipo lanzándose de un puente en bungee, o practicando parapente, o montándose en un globo.
- O se hace como doble-cara que es de los que siempre dice que no le gusta celebrar su cumpleaños pero que está súper pendiente de que quien lo llama o le regala algo. Y que ni se te ocurra mandarle sólo un mensajito SMS o por el facebook. ¡Te hace la cruz!
- Muchos también celebran como el Sr. Frio que el día de su cumpleaños lo congela todo y mira hacia atrás para reflexionar, esperando haber hecho algo bueno con su vida y la gente que lo rodea.
- Claro, también está el que celebra todos los días; aun si no es el día de su cumpleaños. Estos, no necesitan personaje. Después de todo, la vida ya es una tira cómica.
lunes, noviembre 03, 2008
Ernesto 136

Pero esta historia no comienza aquí; este cuento comienza en Venezuela, al menos dos o tres años antes. Ernesto, muchacho treintón temprano, recién casado, había aplicado a una visa de residencia permanente para venir a vivir y trabajar a Australia. Ernesto, como muchos, despotricaba de todo sobre el país que lo vio nacer. En Venezuela todos criticamos, claro, pero no con la saña de Ernesto: “es que la gente aquí es desordenada”, “aquí sólo sobreviven los vivos y corruptos, por eso me voy, allí les dejo su porquería de país”. Exceptuando ese detalle, Ernesto llevaba una vida normal, con trabajo, amigos, familia, esposa y todas sus relaciones en orden.
Ernesto llegó a Australia en una visa 136 de residencia permanente, sin trabajo, con un buen inglés, una maleta llena de ilusiones y muchísima determinación. Algunos de sus compatriotas le ofrecieron la típica ayuda de “escribe esto en el CV” o “para conseguir trabajo necesitas tales contactos”. Ernesto se sintió abrumado por todos los consejos no solicitados y así nos lo hizo saber: “¿será que estos creen que soy tonto?” nos decía. Sin embargo en ocasiones sintió lo contrario, que no lo querían ayudar, cuando no consiguió la recomendación que sí solicitaba. En fin, Ernesto a las pocas semanas después de llegar consiguió lo que buscaba: un trabajo en su profesión.
Un buen día Ernesto me dijo: “los venezolanos aquí son chismosos, todos se meten en la vida de todos. Además son unos engreídos, se aíslan, no se integran con la sociedad australiana”, y siguió: “… ¿para que me voy a venir aquí tan lejos? ¿para andar con venezolanos? Si de ellos es que me vine escapando...” Con el transcurrir de los días pude constatar que las últimas amistades de Ernesto eran ciertamente algunos venezolanos que tenían esta línea de pensamiento apátrida, pro-adaptación social al país de adopción; recuerdo que así había muchos compatriotas en la Florida y en Europa, es más, esta actitud es típica nuestra, pero de todos el más radical me parecía, hasta ahora, Ernesto, por el tono y la frecuencia de sus embestidas.
Con su nuevo trabajo Ernesto se mudó. En su nuevo vecindario Ernesto hizo una fuerte amistad con un señor mayor latinoamericano retirado, que había llegado a Australia hacia muchos años. Tenía tanto tiempo aquí que había perdido el acento original en español de su país, tanto que ni recuerdo de cual país era. Ernesto y este señor se hicieron grandes amigos, eran casi como padre e hijo. Coincidencialmente el señor también tenía una visión de asimilación a Australia a ultranza y veía con malos ojos a los inmigrantes latinos recientes, diría yo que los prejuzgaba como pocos dados a adaptarse. ¿Por qué? No se. O quizás sí se: tiene razón que muchos latinos no quieren adaptarse (así como muchos británicos, sudafricanos, o de cualquier origen), en gran parte porque pocos quieren asimilarse en los términos que este señor definía. En un par de ocasiones compartimos las tres familias y pude escuchar recomendaciones como estas: no es bueno tener muchos amigos, no hagas amistad con tus compatriotas –eso no te ayuda a adaptarte-, aquí se duerme a las 8:00pm y nos levantamos a las 5:00am –tú debes hacer igual, ¿los domingos? Sólo se ve el footy –y tu debes hacer lo mismo, así podrás seguir la conversación sobre footy el lunes en el trabajo. Y Ernesto parecía estar comprando todo el repertorio; el pobre estaba a punto de perder la única ventaja que en mi opinión tienen los inmigrantes en Australia: que no somos australianos y podemos tener una visión un poco más amplia.
A Ernesto cada día lo veíamos menos, hasta que no lo vimos más. Yo me quedé asistiendo a parrillitas y reuniones todos los fines de semana con cualquiera que quisiera compartir con nosotros –que casi siempre eran venezolanos que además son los únicos que aguantan ese trote, pero de vez en cuando también compartíamos con los menos cuantitativamente sociables aussies o con cualquier otro. Pero Ernesto se perdió. Continuó perdido hasta ese día en la playa cuando lo vimos de nuevo.
Esa tarde en la playa, luego de casi un año sin ver a Ernesto, él nos habló de una experiencia en Australia que me era ajena. Nos habló de su familia que le reclamaba el haberse ido. Nos habló de familiares que lo necesitaban, de su culpa por haberlos dejado y de cómo se lo echaban en cara. Nos habló de soledad. Nos habló de muchas otras cosas que no dijo pero que estaban allí evidentes: de una profunda depresión, de que no había conseguido una vida social satisfactoria y estabilidad emocional entre australianos y locales. Habló, habló muchísimo. Y luego de esa tarde, se nos volvió a perder. No lo hemos visto más.
Inmigrar a Australia en una visa 136, con familia, a buscar trabajo en otro idioma, a donde no se tiene una historia, es como volver a nacer, te deja absolutamente vulnerable; pone a prueba todo lo que tienes, lo mejor y lo peor: tus prejuicios e inmadurez se manifiestan, tus demonios te persiguen, pero también potencialmente tus fortalezas y sobre todo tu espíritu brillan. Y hablando de espíritu, hay una frase que una vez leí en un cuento inocente que ahora se me antoja muy apropiada: "La pura lógica es la ruina del espíritu".
miércoles, octubre 15, 2008
La teoría del todo (3): De mantuanos y castizos

En fin, estaba yo en el intermedio de un curso de entrenamiento en Perth cuando el facilitador se me acercó:
- “¿De donde erés?”
Luego de la aclaración y su reconocimiento (se acordó de la primera Miss Universo Venezolana: Maritza Sayalero, que por cierto ganó la corona en 1979 en Perth, y que se cayó parte de la tarima cuando se anunció la ganadora -un desastre- pero esa es otra historia…) mi interlocutor me pregunta:
- “¿Que tal está Venezuela? ¿Es un país estable?”
No es un secreto para nadie la situación actual de Venezuela -como no lo era para él-así que no es difícil imaginar el tono de mi respuesta. A lo que él respondió:
- “El problema de Latinoamérica es el sistema de clases que heredaron de sus colonizadores. En cambio los ingleses dejaron un sistema diferente, más igualitario…”
Allí comencé a subirme por las paredes. Pensé: “este no sabe nada de Latinoamérica y quiere aplicarnos sus prejuicios aprendidos en otra parte. Seguro nos está confundiendo con el conocido sistema de castas de la India.” Pero súbitamente me acordé de algo que contradecía su punto -según yo- y le dije: "¿sistema inglés diferente? Mira Sudáfrica ¿qué tipo de sistema dejaron allí los ingleses en complicidad con los holandeses?"
- “Eso es diferente; eso es racismo” me dijo. “En el racismo se excluye de la sociedad a un sector, pero los que quedan dentro de la sociedad, todos están en el mismo bote y todos reman en la misma dirección. De hecho, casi todos los países desarrollados tienen una vergonzosa historia de racismo. En su momento esta exclusión fue –equivocadamente- vista como una forma de mantener a la sociedad unida. Con sus equivocaciones históricas, los países del primer mundo siempre se han basado en sociedades unidas e igualitarias… ”
Ya aquí era evidente que esta no era una conversación promedio. Al final resulta que mi amigo el facilitador era un erudito sobre el tema, como el resto de la conversación demostró. Lo que sigue pasó más en los pensamientos que yo entretejía en el segundo plano de la plática –porque mi orgullo no me dejó hablar sobre ellos- mezclando elementos de la conversación en sí.
Es cierto, mi experiencia es que las sociedades más desarrolladas están basadas en la igualdad de sus ciudadanos; ejemplos sobran. También es rigurosamente cierto que las sociedades latinoamericanas, al contrario, están basadas en la desigualdad, en escalafones sociales. Allá es muy normal que alguien piense que en la sociedad hay gente que es “menos” que uno y otros que son “más” que uno. Es muy sutil, porque casi nunca hay discriminación directa pero muchos en el fondo sí piensan que “otros” tienen su lugar y “yo” tengo el mío. No se trata de la existencia de clases sociales –que en todos los países existen- se trata de clasismo: hay desprecio hacia abajo y rabia hacia arriba. De allí salen los epítetos despectivos “tierruo”, “marginal” o “sifrinito”. Esas cosas existen en todas las culturas, pero no están tan engranados en la sociedad ni existen con ese nivel de rabia y desprecio como en nuestros países. De hecho, la corrupción, delincuencia y violencia se presentan como expresiones escaladas de la rabia y desprecio que existe entre nuestras clases. Eso no es así en los países desarrollados, ni en la subdesarrollada Asia, donde la igualdad es el valor primordial de la sociedad.
Nosotros no tenemos un verdadero sentido de sociedad; nosotros somos los únicos que nos discriminamos, robamos y matamos entre nosotros mismos. Y asumimos como normal la desigualdad basada en un estatus. Uno no lo nota hasta que sale de su país (con la mente abierta para observar este tipo de cosas) y comprueba que el mundo no es así. En Venezuela el estatus generalmente lo da el dinero, o más bien el dinero que gastes o finjas gastar en bienes materiales, pero otros países latinos tienen sus propios temas: apellidos, origen, etc. Cualquiera es bueno para marcar clase y diferenciar. Yo se que a nadie le gusta pensar que su país es así, y si alguien se siente ajeno al clasismo es porque probablemente no sea clasista como individuo, y en realidad hay mucha gente allá que no es clasista, pero no se puede tapar el sol con un dedo, la verdad es que también hay mucha gente que sí lo es.
En una sociedad fraccionada, donde cada quien rema para su lado en el bote, siempre se parte el bote. Esto se refleja en el liderazgo elegido: los líderes –sea gobierno, líderes empresariales, etc- que son los que gritan en el altoparlante hacia donde se rema, van a hablarle sólo a su grupo o clase y lo único que van a lograr es que el bote se parta más rápido. Si no se lidera para todos, se divide. Triste pero cierto.
En mucha de la literatura -de origen anglosajón- que he revisado se señala a nuestra población multirracial como un factor que no ayuda a tener una sociedad cohesionada. Ejemplos sobran, en Asia o en la misma Australia, que echan por tierra ese argumento.
Hacia el final la conversación se desvió hacia la cultura inglesa y la igualdad como valor. En conclusión: yo todavía tengo en observación a esta teoría del todo: “falta de educación y moral, corrupción, violencia, delincuencia, líderes con intereses particulares, todo tiene origen en el sistema de clases que heredamos”. Me suena como muy radical, aunque estoy convencido de que sí juega un rol. Además, si de verdad allí esta la raíz de nuestros males, en la falta de sentido de sociedad, entonces es muy duro admitirlo porque, lo sabemos, nuestra mentalidad colectiva no va a cambiar pronto, tal vez nunca. Entonces ¿que oportunidad tiene esa región del mundo?
miércoles, septiembre 24, 2008
La teoría del todo (2): ídolos de barro
Allí estaba ella, en la mesa. Vestida de negro, treinta y pico, muy posh, hablando un inglés británico que recordaba a una niña de colegio con faldita a cuadros y medias altas. Una que otra vocal larga en la pronunciación dejaba traslucir que en realidad era australiana, probablemente con educación en colegios privados. El motivo de la cena: una reunión de padres y representantes de la escuela. Los temas de conversación, de super alto nivel. La cena transcurrió muy bien, con altura, y fue justo allí, al final de la cena que ocurrió. Resulta pues que nuestra reencarnación de Lady Di, así, sin ton ni son y en el medio de un restaurante de lujo lleno de gente, ha decidido llevarse los dedos a la boca y chupárselos. Sí. Se los chupo. Cinco sabores: pulgar, índice, corazón, anular y meñique; uno por uno fueron a tener a la mucosa bucal de nuestra interlocutora, parece que le gustó mucho la comida. Y allá rodó el aura de glamour que la rodeaba. ¿Decepción? ¿Incongruencia? No, ya estamos acostumbrados. No es ni la primera ni será la última. Recuerdo que en otros países, muy desarrollados ellos, era igual, o ¡perdón! mucho peor. Australia es una maravilla comparativamente, pero la gente aquí todavía es mucho más relajada que nosotros en los modales y urbanidad (o nosotros vivimos mucho de las apariencias –lo cual es otra forma de verlo)Muchos desde nuestra óptica latinoamericana, especialmente si no conocemos, tendemos a idealizar a los países desarrollados: “si ellos están tan bien, entonces todo allá tiene que ser mejor, comenzando por la gente. Tienen que ser más educados, más eficientes, trabajar más duro. Sino entonces ¿como llevan toda esa calidad de vida a su población?”. Recuerdo cuando acababa de llegar a Sydney, un amigo venezolano se empecinaba fervorosamente en que cruzáramos la calle por el rayado y que esperáramos por el semáforo. “Aquí todo el mundo sigue las reglas” militarmente nos decía; pero en la calle miraba a mi alrededor y veía a todos los transeúntes cruzando por donde les daba la gana y particularmente cruzando con el semáforo en rojo si no venían vehículos. Era y es un desastre. Probablemente cuando mi amigo iba de vacaciones a Nueva York no se daba cuenta de lo mismo porque lo miraba con otros ojos.
Desde que la gente es gente, si les dan oportunidad, van a buscar un atajo. Es así en cualquier parte del mundo. Una muestra desde nuestras vacaciones en Tailandia: miles de europeos del norte y australianos visitan Tailandia cada año. ¿Sabes que es lo que más les atrae?: el andar sin reglas. Muchos van a abusar, a manejar automóviles a cualquier velocidad y en cualquier estado de embriaguez, allá ensucian, rompen cosas, se comportan violentamente, usan y abusan de la industria del sexo, menores incluidas, y esto es lo que hace que este infame negocio prospere. Obviamente no se puede generalizar y no todos van a Tailandia para eso, pero muchísima gente sí va allá a abusar. Y cuando regresan a casa, en Europa o Australia, vuelven a ser unos angelitos cívicos obedientes de las leyes. Es curioso que en Tailandia los mala conducta sean este tipo de turistas, no los tailandeses.
Uno a uno, en promedio y ahorrando detalles, John Smith y Juan Pueblo son igualitos. A ambos les gusta un bochinche, ambos infringirían las leyes, y pueden ser violentos y abusadores si se dan las condiciones. Ciertamente no es por la gente común que en América latina hay tanta violencia y corrupción. No hay nada intrínsecamente malo con nuestra gente, no al menos en comparación a la gente de Australia o de Tailandia o de cualquier otra región. No hay nada malo en nuestros genes, no somos ni más ni menos flojos, ni violentos, ni prestados a delinquir, que cualquier otro.
Sin embargo la delincuencia, violencia y corrupción corren libres en América latina y no, por ejemplo, en Australia o Tailandia, este último siendo un país subdesarrollado y con pobreza. ¿Por qué? Es obvio, en estos países se hacen cumplir las leyes y en los nuestros no. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?
Opino que lo que hace la diferencia es ese uno o dos por ciento de la población: la dirigencia. Los líderes: gobierno, políticos, grandes empresarios, gerentes de empresa, tu jefe: ellos legislan, controlan las leyes, plantean las reglas que son timón para la economía, dirigen la educación, cobran o pagan impuestos, allí esta todo. Piénsalo de nuevo. Exceptuando a transnacionales privadas: ¿Cuántas veces has visto a los más tontos en los cargos más altos en cualquier empresa o servicio, particularmente los públicos, en nuestros países? Ahora hazte la misma pregunta en cuanto a gobierno y políticos.
Eso no ocurre en un país desarrollado. Aquí la gente común es similar a la gente de América latina pero la dirigencia australiana, o cualquier jefe en una empresa es sumamente preparado y competente. Lo mismo pasa en Tailandia, por lo que he podido ver y leer: no son sólo “pobres pero honrados”, sino que hay cultura de elegir a los más preparados para los puestos clave.
¿Por qué en Latinoamérica siempre terminamos eligiendo a los más incapacitados para que nos dirijan? Ese es un asunto cultural complejísimo para el cual un australiano –el que menos pensaba yo- me planteó una teoría la cual inspira el título de esta serie de posts; si la misma fuera cierta, lo explicaría todo. ¡Todo! Esa teoría la compartiré en un próximo post.
Posts relacionados: La teoría del todo (1): Asia y Latinoamérica.
jueves, septiembre 18, 2008
Cincuenta
- Calculando el índice de éxito de este blog, sumando los objetivos iniciales por importancia tenemos: escribo sólo porque me divierte: 50%. Punto de información para los que se interesan por nosotros: 30%. Foro de discusión de las ideas que me dan vueltas en la cabeza: 20%. Ahora, si igualmente le resto en lo que realmente se ha convertido este blog da: punto de interés sobre nosotros: -10%. Foro de discusión:-10% (“en un blog no se discute nada mijo, es como en la vida real ¡si llevas la contraria te miran feo!”). Información sobre la vida en Australia:-30. Entonces tenemos: 50 +30 +20 -10 -10 -30. ¡Eso da cincuenta!
- La cantidad de visitas únicas diarias al blog (no sólo hits) se puede confirmar haciendo clic en el mapamundi a la derecha. ¿Y adivinas cuantas son en promedio diario, a veces más, a veces menos? Pues sí: ¡cincuenta! No salgo de mi asombro.
- Los cincuenta visitantes promedios diarios se distribuyen más o menos así, sin ser grupos mutuamente excluyentes: los que buscan información sobre Australia: 80%. Los que entran sólo por divertirse: 20%. Los que entran por primera vez, vuelvan o no: 10%. Los que entran para ver “lo que escribió ahora ese”: 15%. Amigos: 5%. Y los que genuinamente se interesan por como está creciendo la Viv y como están Yel y Fer: 4%. Eliminando el mayor y el menor, como corresponde en los índices estadísticos, tenemos: 20 +10 +15 +5 = cincuenta ¡no lo puedo creer!
- Hay en total 181 estrellitas en los 49 post anteriores (no, no las conté, el blog las calcula solo) Como casi siempre colocan 5 estrellas por post, entonces hay aproximadamente 36 puntuaciones (181 dividido entre 5) todas representativas de la gente que le gusta lo que se escribe aquí. La cantidad de comentarios: 343 (estos si los tuve que sumar), entonces da un promedio de 7 comentarios por post. Y hubo un comentario (el último de este post) donde me confundieron con un escritor de profesión, ese vale por 10. Hasta ahora va: 36 +7 +10 = 53. Pero han habido 3 comentarios prejuiciados, anónimos, de esos de gente que piensa que la vida sólo se puede vivir de una manera: la de ellos. De nuevo: 53-3 = cincuenta. Increíble ¿no?
- Debido a algunos emails y comentarios que recibí, escribí un post que dedicaba a los que (mal) interpretan literalmente lo que escribo. Ese era el post número 30. Creo que ese post lo entendió menos gente aún, como 20. Y no faltaba mas, 30 +20 es igual a: ya tú sabes.
- Muchas veces he querido tener otro tipo de blog, uno adicional o uno que sustituya a este. Si cuento la cantidad de veces que he querido haberlo hecho anónimo desde el principio y así poder decir lo que yo quiera: como 20; o las veces que he pensado en tener un blog donde sólo invente cuentos a prosa tendida: 20 veces lo he pensado; o que el blog no tuviera nada que ver con Australia sino con cuentos que pueden pasar en cualquier lugar: 20 veces más. O cuando quisiera que el blog fuera en otro idioma, algo más retador e interesante: écrire dans la langue de l’amour, ou escrever so malandragem, lo he pensado al menos 20 veces. Van 20 + 20 +20 +20 = 80. Pero el tiempo libre que tengo por semana para esto me da un número negativo: -30. Ojo: 80-30 da cincuenta.
- Me han dado ganas de dejar este blog al menos unas 100 veces y quedarme sólo con el Facebook enviando besitos y bebidas cariñosas. Pero luego pienso en los posts de pensamiento libre que me faltan por escribir: como 20; en las experiencias de la Viv que hay que compartir: cuando menos 10 más, y en los post donde he gozado un mundo escribiendo: mínimo 20. Nótese: 100 -20 -10 -20 = ¡cincuenta!
Sean que le queden cincuenta posts más, o cincuenta días de vida, o cincuenta años, y con todo el horror numerológico que se apodera de mí ahora: ante todo gracias a los que leen, muchas más a los que comentan y ¡vayan mis mejores deseos a este blog por su cincuenta post-numerario!
jueves, septiembre 11, 2008
La teoría del todo (1): Asia y Latinoamérica
En particular a los bajos salarios en masa los relacionaba con la eventual aparición de la viveza criolla que siempre evoluciona en corrupción o delincuencia -especialidades de la misma rama. Es así en toda América latina (y parcialmente en EEUU donde el sueño americano no les llega a todos).
Pero eso no ocurre para nada en Tailandia. Me recuerda al dicho -que encontraba hasta ahora romántico e irreal- “somos pobres pero honrados”. No obstante, es así. Y no sólo es así en Tailandia, sino que también lo es en los demás países asiáticos, por ejemplo China y Taiwán.
Teniendo los países asiáticos tanta pobreza, -repito- hay demasiada gente y pocos recursos, la pobreza en Asia es dramática; si eso es así pero Asia es tan segura, con una delincuencia y sociedad tan controlada, entonces ¿Por qué con una pobreza similar o menor, Latinoamérica es tan insegura? ¿Por qué? ¿Por qué la vida allá vale lo que vale un carro, y a veces menos, lo que vale un par de zapatos?
¿Por qué? ¿Por qué, vale?
Encontrar respuestas a esa pregunta guarda una cercana analogía con la reciente puesta en servicio del Large Hadron Collider o LHC. Esta es la mayor y más compleja máquina hasta ahora construida por la humanidad; se trata de un acelerador de partículas construido para hacer chocar rayos de protones y así estudiar las partículas resultantes. El LHC fue puesto en servicio la semana pasada en la frontera entre Suiza y Francia con la colaboración conjunta de físicos de 34 países. ¿Y para que sirve ese aparato? El propósito del LHC es el de producir la única partícula que todavía no ha sido detectada –el bosón de Higgs. Esta partícula serviría para validar la teoría de la materia, así como explicar completamente a la gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear, entre otras. En fin, se estaría arribando al santo grial, a la partícula que daría origen a la teoría del todo.
Y finalmente todo quedaría explicado. ¡Todo!
Sé que suena osado intentar darle explicación al mayor problema que tiene América latina por delante. Sin embargo, lo que observé en Asia, unido a mis experiencias anteriores, lo que he estado leyendo y sobretodo una reciente conversación con un personaje Australiano, me han dado un punto de vista tan diferente que al menos merece ser compartido aquí -en el próximo post.
Mientras tanto queda colgado entre líneas: ¿Por qué en nuestros países hay tanta inseguridad social, tanta violencia? ¿Por qué?
lunes, septiembre 01, 2008
Being “Cool”
La gran mayoría de los asistentes vestía sus mejores galas. Casi todos vestidos de oscuro, había corbatas, las mujeres con trajes largos, todos portaban sus mejores sonrisas. Había grupos que se conseguían con otros grupos, besos y abrazos iban y venían. El ambiente era cheerful total. Un sitio para ver y dejarse ver, para mostrar que estás “in”. Me quedo pensando que en esta cultura mucha gente hace cosas para mostrarse a los demás, sólo para que los vean, y para relacionarse con otros. Esto me recuerda a una de las tantas vacas sagradas nuestras, el axioma según el cual el típico caribeño “compra cosas que no necesita, con dinero que no tiene, para aparentarle a gente que no le importa”. Tú sabes como es.
Me imagino la estampa del típico pantallero criollo importado aquí: el tipo anda en un 4WD gigantesco, de esos con sunroof con unos cauchos de 33’’, con actitud de que el mundo es de él: música a todo volumen, vidrios abajo, mirando alrededor a ver quien lo ve. El tipo va bajando a toda velocidad por la Mitchell Freeway y decide darse una vueltas por el centro de Perth para darse un “toque técnico” y ver que levanta, porque “mi pana, tengo la nave así tipo urbano, para pasear por la ciudad”. Aquí me pregunto: ¿es necesario un 4WD para pasear por la ciudad? ¿Un 4WD no es para salir fuera del pavimento? En fin, nuestro amigo entra en la city, y mientras pasa va saludando a los transeúntes cual reina de carnaval. Así llega a la St. George Terrace y lo agarra el tráfico. Justo allí cambia la música que tiene en el iPod conectado al carro, y en las cornetas: el presidente del género, Don Omar. Suenan los bajos Ki-ti-pum, Ki-ti-pum, Ki-ti-pum. Y dice: Chuli como te sientes, “Suelta como gavete”, pues agarráte vamos pa’arriba como un cohete. Y el tipo se menea y menea con los bajos del regueatton. El 4WD salta -ayudado por los cauchos de 33’’- al ritmo de la estridente música. Y suena el coro: ella bailando es una bomba, deja que se rompa, que lavo su pompa…Y el tipo se asoma hasta el torax por el sunroof, bailando el ritmo boriquoso, dando clases de perreo in-situ, hasta que estalla la risa de todos los que van asomados en la cola de la St. George Terrace.
Esa es nuestra estampa, reza la sapiencia popular. Pero volviendo a la cultura Australiana, aquí mucha gente sí invierte cantidades considerables en cosas que no necesita, en pasatiempos que simplemente les gustan. Invariablemente esto involucra un grupo con el que te quieres identificar -otros a los cuales les quieres mostrar lo que haces o lo que tienes. Hay todo tipo de locuras, todo el mundo colecciona algo, o es fanático de cierto tipo de películas, y las tiene y se reúne con los que las tienen, o carros a control remoto, o camping. Y lanchas: mucha gente las tiene y las exhibe con orgullo y hablan de ellas (algunos parece que sólo saben hablar de eso) Aquí todo eso es normal. Se usa el término Cool para definir algo que es “chévere”. Cuando algo es Cool entonces vale la pena hacerlo o tenerlo. Y se acepta que otros lo admiren y lo quieran hacer o tener también. Allí entonces se usa el término “turning heads”: cuando vas por la calle con una ropa Cool y los demás voltean. Que otros volteen a ver lo que llevas, te hace sentir más Cool, sin ninguna connotación negativa.
Pero si es uno de los nuestros, entonces no se es Cool sino faramallero. Cosas de la vida.
Por cierto, ya por fin cambié de carro, abajo está una foto. Casi me olvidaba de ese detallazo.
domingo, agosto 24, 2008
El australiano Mike Martin (o de los orgullos nacionalistas)
Mike Martin es australiano. Tan australiano como el venezolano José Fernández.Mike Martin llegó a Australia desde Venezuela por allá en los años ochenta. En aquel entonces lo único que había que hacer para inmigrar a Australia era tener ganas. No hacia falta -en principio- hablar mucho inglés, y algún filtro menor se aplicaba en cuanto a preparación académica. Inclusive Australia le pagaba el pasaje, primeros meses de estadía y entrenamiento en el idioma al inmigrante. Fue así como Australia vio llegar a Mike, que en realidad no era tal; su nombre de pila era Miguel, devenido en Michael, y para los amigos “Mike” por cuestiones de adaptación. Mike llegó recién graduado de electricista, muy joven. En Australia Mike terminó de crecer, se casó, tuvo hijos, amigos, compró casa e hizo una vida. ¿Qué razones llevaron a Mike a salir del Caribe y venir a parar aquí tan lejos? Eso sólo lo sabe él porque Mike no habla mucho al respecto. De hecho, Mike, luego de tantos años aquí, prefiere hablarme en inglés. Es que no había muchos latinos aquí para la época, y hoy en su casa, lógicamente, se habla inglés. Y todo el tiempo me está sugiriendo que hable inglés en mi casa con Yel y Viv (¡imagínate!) porque: “el inglés es lo más importante aquí, tú sabes. Además, ¿para que vas a hablar español si aquí eso no sirve para nada? ¡Olvídate de eso!” me dice. Mike con el tiempo se ha embebido en el fanatismo patriótico aussie: para él un Holden Commodore es el mejor carro del mundo; se le olvidan algunas palabras en español, le encanta una barbie (parrillada), tiene pocos amigos -pero tiene muchos contactos- me mira mal cuando soy “muy venezolano” o cuando critico algún aspecto de la vida en Australia. Mike es Aussie, tiene un montón de años aquí, y espera que yo sea Aussie como él, pero fuera de eso, Mike es, como muchos Aussies, un “top bloke”, es decir, un tipazo.
José Fernandez es venezolano. Tan venezolano como el Australiano Mike Martin. También es australiano porque José nació en Australia de madre venezolana. José es joven, en sus veinte y pico de años, habla español -si acaso- muy mal, pero no pierde oportunidad de practicarlo cada vez que nos ve. José fue un par de veces a Venezuela a visitar a familiares de sus padres cuando era un niño, pero hoy en día los siente lejanos. José, sin embargo, siente simpatía por todo lo que es latino y en particular por lo venezolano -pese a su mal español. No obstante, José creció aquí en Australia y desarrolla una vida normal australiana: se emociona con los juegos de footy, se viste, habla, camina y se comporta como un aussie, sus amigos son aussies; a pesar de lo que él diga, porque a veces se refiere a los australianos como “ellos”, con la connotación de “esos que son diferentes a mi”. Conversando con él creo que puedo inferir por qué: José creció en un ambiente un poco rudo para el extranjero -o aquel de origen extranjero- donde los sobrenombres y las burlas en el colegio no eran infrecuentes; cosas de muchachos, dirán algunos, y no dudo que así fuera, pero bromeando a veces a algunos se les fue la mano, por lo que puedo percibir.
Hace unos días mi querida hijita estaba viendo los juegos olímpicos, emocionada, sobreexcitada con las hazañas del equipo australiano, y justo allí se me ocurrió preguntarle: “Viv, si Australia compite con Venezuela ¿a cual equipo le irías tú?". Mi pequeña se quedo pensando, rumiando, recapacitando, y no me contestó nada. Me dijo que la pregunta era muy difícil y se sumió de nuevo en la televisión. No hay duda que a estas alturas la pregunta es difícil y en el futuro, lo será más, o tal vez no. Lo único seguro es que Australia ha cambiado mucho desde los días en que José estaba en la escuela. Hoy los bullies o bravucones son duramente castigados y la posibilidad de un ambiente hostil para alguien de origen extranjero es casi nula en Australia. Esto deja abierta, sin contaminantes, la posibilidad de que los niños se identifiquen con este país, con su país de origen, con los dos o con ninguno. Muy probablemente se identificaran mucho con este, un poco con el de origen, depende de los padres.
¿Y los inmigrantes adultos actuales? Estos vienen a este país después de pasar por un filtro donde se les solicita conocimientos del idioma y sobre todo una contundente experiencia profesional. Por ello, estos no llegan con la maleta vacía como llegó Mike Martin. El que llega a Australia hoy invariablemente tiene logros previos, financieros, profesionales, culturales o académicos, conseguidos en su país, que lo hacen caminar altivo, ostentando cierto orgullo por su tierra, la cual dejaron por razones que no son su culpa, circunstanciales, y por lo tanto no tienen absolutamente nada de que avergonzarse. Siendo así, ese orgullo les dificulta hacerse “Aussies” y probablemente no lo sean nunca. Serán, a lo sumo, venezolano-australianos o de cualquier otro origen una vez que se nacionalicen. En mi caso, Australiano nacionalizado, también suma el hecho de que no hay ningún aussie que piense que yo o cualquier otro por el hecho de portar un pasaporte australiano ya somos aussies. Comprensible, si me preguntan a mí, y yo reciproco en consecuencia.
Nuestro orgullo no es comprensible para alguien tan aussie como Mike. Él llegó muy joven y sin experiencia, él le debe todo lo que es hoy a Australia, y no pasó su infancia aquí así que no lo conoce todo -como José. Para Mike, igual que para algunos Aussies, a Australia no se le critica, es una cuestión de respeto. A Australia se le quiere y obedece. Punto; como a las madres: “no se discute lo que mamá dice”. Yo, sin embargo, opino diferente. Quería y quiero mucho a Venezuela, y en esa misma medida la criticaba, para plantar la semilla de la mejora; en la crítica indagaba respuestas y el proceso me ayudaba a entender. Igual es en Australia, la critico -igual que hacen muchos Aussies educados, por cierto- porque deseo todo lo mejor para este gran país en el cual decidimos vivir.
Post relacionados:
miércoles, agosto 13, 2008
El tiempo
Casualmente sonaba en la sala una canción vieja, de esas de al menos 5 años atrás. Me hizo acordarme de un cuento que le contaba a la Viv cuando estaba pequeña hacia esa misma época. En aquel entonces yo no me sabía ningún cuento para niños, y además había que contárselo con la luz apagada porque la idea era que se durmiera, así que no le podía leer. Ni modo, tuve que inventar el cuento. Este era sobre una niña llamada Vava cuya madre la envió en un tren desde París a visitar a su abuelita en Budapest. Vava viajaba con su perrito Doggy. Una vez en la cabina de pasajeros del tren, Vava se sintió importunada por el humo de un señor que estaba fumando una pipa. Es así como Vava decide acudir a la policía del tren para que intercediera, y así lo hicieron, pero provocaron una reyerta en la que el policía decide sacarle la pipa al señor de la boca y tirarla por la ventana. El señor de la pipa, a su vez, decidió quitarle un zapato a Vava y también lo tiró por la ventana. En medio del atajaperros que se formó, Doggy se escapó corriendo de la cabina, y Vava, sin un zapato, se fue atrás de él. El señor de la pipa también huyó de la policía. Vava buscó a su perrito por todo el tren pero este no apareció; la pobre Vava quedó muy triste, y así el tren siguió hacia su destino. Al llegar a Budapest, Vava le contó todo a su abuelita, y esta le dijo: “Vava, vamos a la comisaría a declarar a tu perrito Doggy como perdido”. Al llegar las dos a la comisaría ¡vaya sorpresa! La policía había agarrado al señor que se había escapado y también al perrito de Vava, Doggy. El perro tenía algo en la boca: ¿Qué era?
Aquí Viv invariablemente me respondía: “La pipa, Papi”. Y yo le decía: “No, no. Tenía el zapato de Vava en la boca”. Y justo en ese instante Viv se echaba a reír largo y tendido, y yo con ella. No importaba cuentas veces yo le contara esa historia ella siempre contestaba lo mismo: “la pipa” y luego de mi respuesta nos destornillábamos de la risa, una y otra vez. Ahora que me acuerdo me rió de nuevo.
En eso, mi canción vieja de hace 5 años se acabó en la sala, y yo levanté la mirada de nuevo. Allí seguían Yel y sus dos amigas, ya hablando de otra cosa. Viv seguía dibujando. Y mi flashback entró en una pausa, sucumbió a lo terrenal, a lo tangible, al pragmatismo de un viernes por la noche. Lo único que había quedado allí, colgando en el aire y sin dar cabida para cursilerías, era aquella frase de Caro: “¡mírala allí Yel! que grande se ve…”
A veces la realidad nos alcanza de forma tan contundente que sin mediar palabra le da dos bofetadas a cualquier recuerdo y lo acuesta a dormir. Benjamín Franklin tenía una frase categórica: “¿amas a la vida? Entonces no desperdicies el tiempo porque es la sustancia de la que esta hecha”. Yo me atrevería a parafrasear: ¿amas a tus hijos? Entonces invierte la mayor cantidad de tiempo posible con ellos.
martes, julio 22, 2008
The massage
En fin, nos pusieron a los dos boca abajo, en guayuco sobre dos camillas, con la cara metida en una especie de excusado hecho con toallas (no podíamos ver lo que nos hacían) y dos tailandesas de contextura pequeña comenzaron a untarnos un aceite terroso, primero con las manos, luego con una toalla, y paulatinamente fue variando tanto la densidad del aceite como el tipo de toalla. A esa altura, yo sin poder ver nada, trataba de adivinar con que me untaban el aceite. “Esto es papel, como una servilleta” me decía. Luego, cuando cambiaba el tejido, pensaba “esto es una toalla áspera”. Y así me embebí en un juego de imaginación infra-sensorial donde se me olvidó el mundo y lo único que hacia era percibir texturas. Simple ¿no? pero relajante. Luego la masseuse me pidió que me pusiera boca arriba y el embadurnado siguió, así como mi juego imaginativo, pero al mismo tiempo pensaba cosas en paralelo, por ejemplo, en la importancia de leer. Quien lee tiene acceso a la imaginación, y quien imagina emprende cosas (y quien escribe, bueno, escribir ya es un emprendimiento) Es importante rodearse de actividades que estimulen la imaginación. Por eso es que algunos artistas se niegan a hacer videos de sus canciones, porque parcializan y limitan la imaginación de quien los escucha. Yo estoy muy satisfecho con que a mi hijita le hayan inculcado el valor de la lectura en la escuela -se ha convertido en un ratón de biblioteca-. Todo eso pensaba mientras me entregaba a mi juego imaginativo.
- “Madame, Mister, please take a shower to continue with the massage.”
Al volver de las duchas, de nuevo boca abajo en la camilla, fue que realmente comenzó el masaje (¿se le puede llamar así?) La masseuse comenzó con los pies, julepe que julepe, y de repente clavó el codo en un punto abajo del talón (digo yo que era el codo porque no veía nada) “¡eeeeepa eso dolió!” estuve a punto de decirle, pero me contuve. Luego subió a las pantorrillas, luego a los muslos. Parecía seguir una rutina, primero masaje convencional, luego puyaba -¡duro!- con el codo en un punto clave, tú sabes, ahí donde se te bajan los breakers. Ya me estaba acostumbrando al dolor punzante, picoso, pero relajante. Y empecé a pensar-
Estas deben ser mis primeras vacaciones reales. Antes de venir a Australia solía viajar mucho pero por trabajo, así conocí muchos lugares, y claro que mezclaba los viajes con placer, pero siempre estaba esa laptop que había que prender en las mañanas, nunca me relaje como ahora. Además después de 10 años viajando tanto, hice esta interrupción de 3 años sin tomar un avión desde que llegamos a Perth, así que esto realmente sienta un hito.
Ciertamente Yel y yo no somos los turistas que se tienden en una playa como morsas; a nosotros nos gusta mezclarnos con la gente en mercados, observar, entender, aprender. En Bangkok y Kuala Lumpur vimos mucha riqueza y ostentación, pero también pobreza y formas de vivir realmente diferentes. Vimos religiosidad, espiritualidad, cábala, formas de inspirarse de la gente que eran muy creativas, algunas realmente chocantes, pero otras las encontramos dignas de admiración. Vimos cosas terribles, pero también utopías. Algunas cosas me dejaron pensando que yo no había sabido vivir hasta ahora. Fue un asalto furioso a los sentidos donde se nos gritó, crudo, alto y claro: ¡la vida se puede vivir de muchas maneras y ustedes no han visto nada todavía!...
En eso la masseuse me metió la rodilla en la espalda y me agarró los brazos como para manejarme como una motocicleta y jaló; allí chillé como un cochino “¡arrrrggghhhhhh!”
- “Are you Okay, mister?”
“Yesssshh, ahh, I’m sort of Okay” le dije y me volví a sumir en mis pensamientos-
…Y al menos yo fui tentado, aunque fue sólo por un momento. Y aunque no sucumbí, sí quedó claro que no viviremos igual después de este receso. Por ejemplo -y es sólo un ejemplo- hicimos mil cosas, fuimos a mil lugares, todo con una energía y frenetismo envidiable. Queda la pregunta ¿Cómo incorporar esa pasión y sanuk en nuestra vida de no-vacaciones? Si usáramos la mitad de esa energía todos los días ahora seriamos dueños de un tercio de todos los terrenos de Perth. Lo que sea que pasó, éramos nosotros, los mismitos; observen, aprendan, reprodúzcanlo. ¡Inspírense!
No hay duda de que hay una gran riqueza en observar con profundidad las cosas pequeñas de la vida. Y ciertamente, enfocarse en lo que realmente nos importa de verdad, hace una gran diferencia.
- “Mister, the massage has finished”
“Thank you” le dije. “Psst ¡Yel, epa! ¿Y a ti como te fue?”
martes, julio 01, 2008
La mentira más grande del mundo (y los héroes que las desmienten)
“Hay 200 millones de niños que duermen cada día en la calle – ninguno en este país” decía la publicidad en la pared.-
Digamos que, por ejemplo, la esposa quiere cambiar el color de la pintura de las paredes de la sala. Tan simple como parece, primero hay que buscar dinero en el presupuesto para eso. Si trabajan los dos –y aun si no- ambas partes van a empujar por lo que les parece más importante: color, precio, época del año para hacerlo, etc. Aun allí, todavía hay que asignar a un contratista. Uno tiene que preguntarse ¿Qué hay detrás de ese precio tan bajo que el contratista nos pasó?, ¿Por qué una empresa tan grande querría un contrato tan pequeño como este? Muchas preguntas deben ser consideradas de manera que podamos identificar un posible engaño. Al final, lo mejor que podemos hacer siempre será esforzarnos por tomar una decisión informada basada en la mejor evidencia disponible y actuar en consecuencia, aunque la mejor de las evidencias nunca será garantía de que se tome la decisión correcta.
Lo anterior es sólo un ejemplo de alguien aplicando algunas de las teorías de Maquiavelo (conjeturando, el esposo que no quiere que le cambian el color de la sala). La inteligencia maquiavélica se demuestra en comportamientos como: hacer y romper alianzas, hacer y romper promesas, hacer y romper reglas, mentir y decir la verdad, culpar y perdonar, confundir y desviar la atención.
Las teorías de Maquiavelo se han aplicado en política en todo el mundo, sobre todo en la America Latina (porque en África, ya Mugabe ni miente, es tan descarado el carajo) Pero en ningún otro lugar del globo una mentira es tan grande, se ha mantenido tanto en el tiempo, es tan usada por facciones que sólo miran la capa de barniz y la usan para sustentar sus propias obsesiones, como en Cuba.
¿Te gustan los blogs? Apuesto que sí. Te presento a Yoani Sanchez desde La Habana, Cuba. Su blog es hoy por hoy el más importante de habla hispana en el mundo. El lector aguzado habrá notado varios de sus posts en mi cuadro “leí y recomiendo” a la derecha. Yoaní es cubana, licenciada en filología hispana especializada en literatura latinoamericana. Vivió en Suiza 2 años para luego regresar a la Habana, desde donde nos escribe desmintiendo a la farsa más grande del mundo con una agudeza que no tiene desperdicio. Ella escribe en computadoras armadas con piezas del mercado negro y se disfraza de turista para meterse en cibercafés con su memory stick para poder publicar sus posts. Este año Yoaní se gano el premio Ortega y Gasset de periodismo en España por su trabajo en el blog ¿y adivinan qué? La maquinaria cubana no la dejó salir del país para recibir el premio. Recientemente Yoaní recibió una amenaza en el prólogo de un libro escrito por el mismísimo “barbudo con habano” (¡tan viejo! ¿no le dará pena?), a la cual respondió su esposo. Yoani, no hay duda, está siendo vigilada y a veces me pregunto como todavía escribe. Pasará el tiempo y a Yoani, lo sabemos, no le va a pasar nada mientras siga escribiendo, y ello será expuesto por los maquiavélicos como un ejemplo de que en Cuba hay libertad de expresión y tolerancia a la disidencia. Pero por detrás hay y habrá amenazas, coacciones, intimidaciones, contra ella y su entorno. Así funcionan estas cosas.
Y no me trago lo que decía aquella pared en la Habana. No se puede acabar con todo un pueblo para justificar unos paupérrimos logros.
Adelante Yoani, tú tienes de lo que nos faltó a todos.
martes, junio 24, 2008
La dinámica social del inmigrante

Emigrar es una decisión radical -generalmente para un problema radical- y el que así deja su país tiende a pensar radicalmente; a no apreciar los matices grises entre el blanco y el negro.
En el extremo blanco, me consigo en Australia a bastantes grupos de inmigrantes que socializan casi exclusivamente con los suyos, cada “tribu” separada de la otra: hindúes con hindúes, chinos con chinos, caribe con caribe, pommies con pommies, surafricanos, croatas, italianos, aquí hay gente de todas partes del globo, inclusive con mucho tiempo aquí -20 años- que socializan de esta manera. Y cada tribu tiende a pensar que su cultura es de alguna forma más rica que la local -o la de otras tribus-, así es el ser humano. Generalmente el trabajo y el estudio de los niños llevan a estos grupos a relacionarse un poco con otras tribus pero la tendencia a recluirse entre los suyos, por cuestiones de idioma e idiosincrasia, es clara y determinante. He notado, lo admito, que los más extremos, que se cierran exclusivamente con los suyos, y que hasta rechazan a los locales, tienden a pasar por periodos de depresión por la falta de su país. A pesar de esto, esta posición hay que saber respetarla porque las relaciones humanas son algo muy personal. Particularmente, el australiano, que es mayoría aquí, es muy respetuoso y deja a cada quien hacer lo que quiera (aunque tras bastidores, sobre todo después de algunos tragos, algunos Aussies me han enfatizado que les disgusta la reclusión en tribus)
Pero en el extremo negro del gradiente, también me he conseguido a algunos inmigrantes que prefieren relacionarse exclusivamente con los locales en lugar de con los suyos. Nótese que no se trata de que están abiertos a todos por igual, sino de que decidieron deliberadamente discriminar a sus compatriotas en favor del local. Este razonamiento siempre viene acompañado de la pregunta “¿Para qué me vine de Suazilandia… (inserte aquí su país de preferencia)… para andar aquí con Suazilandeses?”. En la psiquis de este inmigrante casi siempre está presente un cierto rechazo a su país, prejuicio con sus paisanos -con lo cual queda justificada la emigración-, idealización del país que lo recibe -todo en Australia es bueno, todo en su país de origen era malo- y por ahí va la cosa. A pesar de que esta posición pareciera auto-racismo, esta también toca respetarla, por su naturaleza personal, y porque cada quien es libre de escoger sus amistades como quiera. Sin embargo debo decir que los que he conocido con esta postura también tienden a deprimirse seriamente, y si son inmigrantes recientes, presentan cierta desadaptación. En lo personal, no creo que nadie pueda darle la espalda a sus raíces sin afectar un poco su salud mental.
Y en el medio está el color gris, que es donde yo prefiero ubicarme. Los grises, entre el blanco y el negro, no discriminan a sus amistades por la nacionalidad o el origen étnico sino que están abiertos a relacionarse con cualquiera que le brinde una relación mutua. Puesto de esa manera, abierto, sin prioridades, no hay duda de que la tendencia va a ser a relacionarse más con los que se tengan más cosas en común: con tus compatriotas, en mi caso con venezolanos. ¿Qué se le va a hacer? Esa es la dinámica emocional, pero no es exclusivo.
Aquí tenemos amigos venezolanos y australianos y a ambos los disfrutamos en forma diferente. No tengo preferencia pero admito que con los venezolanos es mucho más fácil porque la curva de amistad es más rápida, y lo más importante, la tasa de acierto y el tipo de relación es mejor para lo que uno busca. Cuando pasas el tiempo con amigos es para relajarse del trabajo y de las actividades cotidianas, y lo quieres hacer sin presiones. Con otras nacionalidades, al menos al inicio, hay que hacer un esfuerzo, con resultados a veces inciertos. No obstante, si se está abierto a todos, va a ser inevitable que eventualmente se haga amistad “en serio” con algunos locales.
Pero los australianos socializan de otra forma. Para ilustrar la diferencia, pongo a mi mejor amigo aussie; nos tenemos una gran confianza, pasamos excelentes momentos en familia, pero nos vemos, si acaso, una vez al mes. En cambio con los venezolanos nos vemos casi todos los fines de semana.
En algún lado leí que la definición de amigo es aquel del cual uno está seguro que no nos va a hacer ningún daño. Además de la atracción mutua, esa sensación de confianza debe existir para que sea un “amigo de verdad”, sino es sólo una relación. Tener este tipo de amistad con alguien de otro país, con otras costumbres, no es tan fácil, depende de tu capacidad para relacionarte –y la del prospecto de amigo-. En particular el australiano es sumamente simpático, hablador (al menos en Perth), pero difícilmente da “esa confianza” así como así. Los aussies son gente de contactos, de conocerte, de hablarte, de saber que haces, pero en realidad sus grupos sociales son más bien reducidos a núcleos familiares y allegados. Pero si logras establecer una amistad real con un australiano, sabes que tienes a alguien en quien confiar de verdad y a un amigo para toda la vida.
Por supuesto que entre venezolanos también se hacen amistades de confianza, pero como está el factor “bochinche” de por medio muchas relaciones tienden a quedarse a ese nivel (¿o soy yo el bochinchero?) Después de todo no es posible ser el gran amigo de todo el mundo porque hay matices de compatibilidad y uno filtra y es filtrado en consecuencia. La dinámica de las relaciones humanas que llaman.
En todo caso, cada quien tiene los amigos que puede o que quiere. Pero una cosa es seguro; el aspecto social-emocional es clave para el éxito de cualquier proyecto de inmigración a largo plazo. Ignorarlo, o encararlo de mala manera, puede costar caro.
sábado, mayo 31, 2008
El principio del iceberg
Señalaba Hemingway en Death in the afternoon su “teoría de la omisión” o “principio del iceberg”: un buen cuento es aquel que omite cosas, sólo muestra la punta del iceberg; y el resto, la masa que está bajo el agua, se puede inferir.Eso es exactamente lo que pasa, por ejemplo, cuando se observa una serigrafía abstracta de Peter Max, donde a primera vista vagamente se puede identificar algo, pero si se observa bien es posible “descifrarlo”. Igual sucede con la arquitectura, novelas, películas, música, elocuencia; el arte de la expresión está lleno de huecos, de vacíos que estimulan la imaginación. Si “imaginas” e interpretas lo omitido, habrás disfrutado el proceso, y no se te olvidará fácilmente lo que acabas de aprender. De hecho, en eso se basa la didáctica, en dejar “vacíos con significado”, estos son útiles y muy necesarios en casi todas las formas de expresión (exceptuando la documentación técnica y legal por razones obvias) Lógicamente, esto siempre conduce a diversas interpretaciones, pero eso es normal y hasta deseable; cada quien pone un poco de sus prejuicios y experiencia en los espacios vacíos de lo que interpreta.
Lo que más me gusta de los idiomas no es hablarlos sino más bien el proceso cognoscitivo de aprenderlo, particularmente al inicio cuando todavía no se entiende bien; es muy divertido porque no queda otra sino interpretar. Una vez que confirmas que determinada interpretación es correcta, no se olvida. Todo se hace hablando y escuchando, con gente, es muy rápido y dinámico, un triatlón para el cerebro. Así me tocó aprender portugués. En São Paulo, la señora que hacia la limpieza en el trabajo, Doña Jesí, era del noreste brasileño. Era increíble la velocidad a la que hablaba esta señora, y lo cerrado que era su acento. Cuando hablaba era como escuchar las cataratas de Iguazú, con el radio en alto, mezclado con sonidos metálicos, y sistemas neumáticos con fugas; pero disfrutaba mucho de sus fantásticos cuentos, lo que no le entendía, lo asumía, y al final sabia que había entendido algo más o menos uniforme, que no era hasta el ultimo milímetro lo que ella quiso explicar, pero que estaba muy cerca. Seguro, el cuento se me quedo.
Através de doña Jesí y otros comencé a entender a Brasil, su gente, su sistema de clases, los negocios, sus regiones. No lo entendí todo pero lo que quedó en blanco lo llene con mi interpretación, con lo que yo quería que fuera, algo que yo sé que no es, pero está cerquita, tan cerca como lo puede estar para un caribeño en la mata atlántica. Yel estuvo conmigo y para ella la historia es otra, diferente. Así se presentan las cosas en la vida. No existen las verdades ecuménicas. Si alguien te presenta algo en forma muy directa, donde todo está muy claro, sospecha. Si te exigen una sola interpretación, sospecha. Si alguien te dice que tiene la razón, doblemente sospecha.
El mundo sería un lugar mucho mejor si entendiéramos que es perfectamente normal -y deseable- que varias personas vean exactamente lo mismo de forma muy diferente, y que ninguno está equivocado. Por ejemplo, yo juro que veo a una señora muy vieja en el dibujo arriba, pero aquí me dicen que dizque es una muchacha joven. Y tú ¿Qué ves?