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domingo, enero 10, 2010

The dark side

Estaban Darth Vader y Luke Skywalker en su sempiterna pelea con los sables laser:

- Luke espera, tengo algo que decirte- dijo Darth Vader guardándose su sable rojo (rojito) en el cinto.

- Defiéndete malvado- Dijo Luke. Y agrego: -¿Qué me vas a decir, que soy tu hijo?-

- No vale Luke, eso lo sabe toda la galaxia. Lo que tengo que decirte es otra cosa. Mira, es que no deberíamos seguir peleando-.

- ¿Cómo?- Ripostó Luke, blandiendo su sable verde.

- Sí Luke. Es que mientras peleamos a esto se lo están llevando los mediocres-.

- No entiendo- dijo Luke con atención, ahora sí guardando el sable.

- Sí. Los mediocres. Es que si continuamos peleando nos vamos a joder todos y esto se lo van a llevar ellos. Y si no me crees, escucha, te lo voy a demostrar-.

Y así procedió el gran Darth Vader a enumerar las razones por las cuales los mediocres se están quedando con todo:

1) La gente cree que Tarek Willian es poeta (y que Jose Vicente intelectual, y Diosdado un estadista).

2) Y 10 años después, con 80% de pobreza, desempleo, delincuencia, corrupción, opresión y subversión, todavía hay millones que deliran por Chávez.

3) Y también 10 años después, todavía hay miles que piensan que los anteriores son unos resentidos marginales que no piensan y que ni vale la pena intentar razonar con ellos.

4) Ni hablar del racionamiento de luz eléctrica en un país rico en recursos energéticos.

5) Y los jóvenes que creen que el reggaeton es la música más creativa que hay.

6) Y también están los empresarios que antes eran azul azulitos que ahora se cuadran con el régimen por puro dinero dinerito.

7) Hay muchos argentinos, franceses y hasta australianos que también deliran por Chavez. Es que a la gente le encanta una revolución (con tal que no sea en su país)

8) Y aunque no se crea, hay gente que sí piensa que el dólar volvió de nuevo a 4.30 y que ahora sí vamos a estar chévere como antes.

9) Y existen agrupaciones tipo estudiantes revolucionarios, o encapuchados subversivos defendiendo al gobierno. ¿Y desde cuándo los jóvenes y estudiantes se cuadran con el stablishment?

10) Algunos juran que allá hay una revolución cultural (con ministro de la cultura y todo)

11) Jesucristo, el Che, Fidel, Bolivar, Miranda, la virgencita, la montaña de sorte y babalawos cubanos todos caben en el mismo saco ideológico sin problema alguno.

12) Es típico conseguirse a un rojo rojito alabando al socialismo y criticando al capitalismo del norte, pero vestido con pantaloncitos Tommy, zapaticos Nike y portando un teléfono Blackberry.

13) Y hablando de Blackberry, un teléfono celular costosísimo con múltiples funciones destinado a ejecutivos, es el teléfono que usan desde las quinceañeras hasta los motorizados.

14) Y en la misma onda de ser consecuente, recuerdo que el cajero de la panadería de la casa era un morenito como de metro y medio que tenía un tatuaje neo-nazi en el brazo. Así de fácil.

jueves, septiembre 24, 2009

Wilmer

El pana Wilmer vive en Caracas. Igual que el panita Alberto.

Wilmer M., conocido en los bajos fondos como “el Wilcho”, es mecánico de oficio. Soñador, músico y siempre pelando bola, coexiste en esa Caracas de barrio desconocida para muchos; “pobre pero honrado” como diría él. En Venezuela si creciste pobre, por como luces y te expresas –por tu pinta pues- es típico que alguna vez te hayan negado la entrada en algún local nocturno, o te hayan rechazado de algún trabajo, o simplemente alguien se haya incomodado por tu presencia y te lo haya hecho saber bruscamente, tú sabes, ese tipo de roce tan criollo, tan “nuestro”. El caso es que Wilmer, por supuesto, no era inmune a esas sutiles señales y las fue anotando por ahí a través de los años. Hoy no es de extrañar que Wilmer se sienta identificado con su presidente –también conocido en los bajos fondos como “Esteban”-; después de todo este habla y luce como él, a Esteban también “los otros” le dicen “mono” o “macaco”, y es lógico que cada vez que Wilmer escucha que llaman así a su presidente le de un poco de rabia y se identifique aun más con él. Wilmer toda su vida fue pobre y se sintió olvidado por todos, en especial por la clase dirigente; pero hoy en día tiene una conexión emocional con su líder político. Además, gracias a su presidente, él, su esposa y dos hijos ahora están estudiando de noche, todos sacando el bachillerato, y por ello recibe un ingreso de alrededor de $100 por cabeza al mes (que en Venezuela bastante ayuda) Y no sólo eso, sino que el bachillerato lo puede sacar en dos años. Ah, y luego seguir a la Universidad –que son sólo dos años más, Bolivarianamente hablando-. Y ni hablar del mercado popular que ahora tiene el barrio; ni del nuevo servicio de medicina preventiva local. En fin, si tú fueras Wilmer, también quisieras a Esteban de presidente, y hasta el dos mil siempre.

El pana Alberto también vive en Caracas. Igual que el panita Wilmer. En la Caracas del este, la buena, donde las luces brillan bonito. Él se cruza con Wilmer sólo en el taller donde lleva el carro a hacerle el servicio. Alberto es el típico clase media, profesional, graduado de universidad –pública por cierto. Como todo clase media, para él su Venezuela, su país, es su gente, sus amigos de la urbanización, del trabajo, sus recuerdos de universidad. ¿Barrios pobres? Ni de cerca. Jamás ha pisado uno. Como muchos venezolanos medianamente acomodados, él siempre ha tratado de distanciarse de todo lo que le huele a pobre gastando fortunas en mantener apariencias: en carros, en el club, en pinta, en viajes a Miami, en fiestas de socialité, en lujos. A pesar de la situación actual del país, Alberto todavía se siente orgulloso de su origen y su lema es “en Venezuela todos tenemos la misma oportunidad” en referencia a que si estudias y trabajas duro, seguro sales adelante. Y así lo hizo él, estudio y se fajó para llegar a donde está. No obstante Alberto hoy se preocupa porque las oportunidades de salir adelante se le cierran; el actual gobierno interviene empresas productivas para sustituirlas por versiones estatales ineficientes, el desempleo entre profesionales aumenta, los salarios se hacen pírricos. Además se intimida a opositores del régimen con varios esquemas: listas de personas, cierre de medios de comunicación. Sin mencionar que se está destruyendo la educación y con ella el futuro. La guinda de la torta es que su presidente –sí, Esteban- se expresa en forma grosera, vulgar, y él no se siente representado por esos valores. Alberto, sin más, está muy preocupado y no puede entender -no le cabe en la cabeza- que alguien en su sano juicio pueda apoyar al actual gobierno de su país.

Hace unas semanas vino a Perth un dirigente estudiantil venezolano a dictar conferencias en un par de universidades sobre las bondades de la revolución bolivariana. Tuve la experiencia de escuchar –e intervenir- en una de las charlas. El discurso del muchacho me lo sabía, pero una cosa es recordarlo y otra diferente es volver a sentir tan cerca aquello que sólo leía en línea y discutía con amigos después de tanto tiempo. Lo que más me hizo mella no fue lo que dijo el párvulo oficialista sino los post comentarios, lo que luego leí, investigué, discutí, para darme cuenta –y sorprenderme- con lo poco que entendemos los venezolanos a la crisis moral en la que estamos sumidos.

Venezuela tiene una pobreza de más del ochenta por ciento. La clase media es sólo un 10% del país. El solo pensamiento de que todo el que estudie podrá tener una vida digna, como enfatiza Alberto, está ignorando hechos simples como que no a todos su condición les permitirá estudiar. Algunos sin recursos tendrán que trabajar temprano, o a otros la cabeza no les dará para estudiar, después de todo eso no es para todo el mundo. Australia, EEUU o cualquier país de Europa está lleno de gente que no termina la escuela secundaria y todos tienen una vida digna, ya sea manejando un camión, o limpiando o tomando un oficio. Es eso o se sobreviene un problema social, caldo de cultivo para la delincuencia y otros vicios. Que todos, no solo los más educados, puedan vivir dignamente, hace una sociedad real, integra. Pero en Venezuela algunos oficios son pensados para gente de segunda con remuneración de segunda. En términos simples, nuestro problema es el sistema de clases en el que hemos vivido por tanto tiempo, en que no nos pensamos como una sociedad integra sino una sociedad de clases, con gente bien y gente mal. Y así lo ve Alberto, que no se puede poner en los zapatos de Wilmer porque para él Wilmer no existe; Wilmer le arregla el carro, se hablan, bromean entre ellos, pero no lo ve, es transparente.

Recuerdo que cuando vivía en Venezuela traer a colación este tipo de temas era exponerse a que te trataran de “chavista light”. Se sobrevenían miraditas, carrasposos, o en algunos casos hasta agresiones, porque “a esa gente hay que oponérseles, hay que odiarlos”. No se daban cuenta, mis queridos clase media, que de eso se alimenta Esteban, del odio, de las agresiones, como en el caso de Wilmer. El pobre Wilmer tampoco se da cuenta que lo manipulan con una inyección de odio; así como tampoco se da cuenta que esos regalos que hoy recibe no son sustentables en el tiempo porque no producen nada, que la educación que recibe es más un adoctrinamiento político que preparación para un trabajo mejor, y que –peor aún- no van a haber trabajos y ni carros para arreglar en un futuro no tan lejano si las cosas continúan como van.

Lo que más duele es que el problema no es la gente, ni sus dirigentes o políticos, es el sistema. No se puede acusar a Alberto –y menos a Wilmer- de culpables. “La culpa no es del individuo, es el sistema que está podrido” leí por ahí. ¿Y que esperanza hay de que cambie este sistema en una o dos generaciones?

Discúlpeme el amigo lector, yo siempre escribiendo cosas que no le interesan a nadie, pero es que la vida es como un paisaje; puedes vivir en el medio de este pero sólo puedes describirlo si lo miras a la distancia.

viernes, abril 17, 2009

Morcillas en almíbar

A mí me preocupan un montón esas personas que andan por allí perennemente felices. Esos a los que todavía no les has acabado de preguntar “¿Cómo estás? “ cuando ya te saltan encima con un “super ultra recontra híper califragilísticamente efervecente ¡a las mil maravillas!”. Y justo allí, cuando me cae el chaparrón de super positivismo eléctrico, pienso: “¡ay papá! Algo anda muy mal aquí”.

Todo en esta vida es un balance. Como los ingredientes en la comida oriental que mezclan azúcar con picante. O como a mí que me encanta mi trabajo pero eso no me impide el querer unas merecidas vacaciones. Como el Yin y el Yan, todo debe ser balanceado. Y todo tiene su lado bueno y su lado malo. De lo malo poco se habla –porque te hace ver socialmente negativo- pero eso no altera su existencia. El caso es que lo malo existe para compensar lo bueno porque nada es perfecto. Eso es un balance y aprendí temprano que cada quien escoge los suyos, y depende de los que elijas el tipo de persona que seas. Algunos serán buenos balances: la vida familiar, o laboral, o él círculo de amigos. Y otros no serán tan positivos –en ese caso todavía no hay balance-. Pero todos tenemos otra categoría de balances que como que no nos cuadran. Son como unas morcillas en almibar, combinaciones que - aunque intentan ser balanceadas- no terminamos de pasar.

Yo agradezco –y siempre agradeceré- a la providencia por haber nacido y crecido en Venezuela. En ningún lugar del mundo se vive la vida con la intensidad con la que se vive en el Caribe (mi opinión personal claro está, luego de haber vivido en varios países) La estrella aquí es, por supuesto, la rumba, la fiesta, el calor humano. Y que conste, mucho se me ha dicho que eso es efímero, que cuando llegue a viejo probablemente ninguno de mis amigos de farra va a estar conmigo. No estoy de acuerdo. Yo pienso que son precisamente esos momentos los que siempre me van a acompañar, son esos instantes los que realmente transcienden. Con mis amigos me he reído y he gozado un mundo. El resto –como diría un amigo mío- todo se quedará aquí cuando nos vayamos.

Sin duda los venezolanos individualmente tienen una gran calidad humana ¿Quién lo niega? Pero también es verdad que en sociedad, desde una junta de condominio hacia arriba, somos medio desastrosos. Tenemos todo un conjunto de costumbres que hacen que nuestras comunidades funcionen caóticamente. Un país donde el lucir humilde es un pecado, donde se mira por encima del hombro al que tiene menos, donde todo es un mojón mental, no puede producir una sociedad cohesionada; eso produce en cambio roces, que se escalan en rabia, que a su vez escala en delincuencia, que se devuelve en corrupción e injusticia, y es un todos contra todos donde sólo me importo yo, y no me importa el prójimo. Allí entonces, sálvese quien pueda. Porque si no me importas te robo a mano armada. Y si tengo poder político me corrompo y me enriquezco a tu costa, total no me importas.

Grandes individuos. Paupérrimos en conjunto. Mis morcillas en almíbar.

(Inspirado en las últimas injusticias acaecidas en mi país, entre otras…)

martes, marzo 17, 2009

Perth, 14th March 2009

No me gustan las hamburguesas en Australia. Y no es que no me gusten, es que no me gustan las de aquí. Con esa mayonesa dulce, con esa remolacha, bañada en salsa BBQ, el sabor te empalaga hasta la mucosa nasal. Pero ese día andaba apurado así que pedí el combo doble con todo -no, no please, medium size. No, miss, no deserts, thank you- Agarro mi bandeja y me la llevo a una apartada mesa alta de cuatro puestos, de esas para gente solitaria que come sin compañía. Que nadie me hable, que nadie me vea, sólo quiero comer rápido, relajarme y salir. Y sí, reconozco que me gusta la vista amplia que te dan esas mesas, son muy apropiadas para la práctica del people-watching.

Con sumo cuidado desempaqué mi hamburguesa, calculé meticulosamente la fuerza con la que tenía que encajar el pitillo en el centro exacto de la tapa del vaso de coca-cola, lo meto y listo, ya estoy comiendo. Fue allí cuando comencé a observar a la gente a mí alrededor. En frente está un flaco largo con su novia, se ven muy enamoraditos, en un rascabucheo típico de la edad. En la esquina está una abuelita con su nietecita. Y la nené me saluda a lo lejos como diciéndome: “te estoy cazando” mientras las detallo. Es que tú sabes, todas las niñas se ríen conmigo. Y en el centro ¡epa! Allí está un gordo con su hijo gordito, con una cara y ademanes que juraría ya que este tipo es Venezolano. Pero es que Perth ya parece Miami, uno se los consigue por todos lados. ¿Qué hago, me acerco a saludar? Nooh, que va. La primera regla de oro entre los venezolanos en el exterior es que sí te consigues a uno en la calle, mejor déjalo pasar. A un venezolano te lo tienen que presentar en casa de alguien o conocerlo del trabajo o algo; si te tropiezas a uno en la calle, la desconfianza generalmente se impone.

Pero veamos, el hijo es igualito al papá, los dos gorditos. Papá gordo está hablando por teléfono celular, un iPhone de esos –con musica, facebook, agenda y pues si vibra quien sabe para que más le servirá- y se le escucha en un español desgañitado: “no, no mamá, que se joda. Si el tipo ese no quiere pagar los 350 por la Hummer no se la vendas”. Y es allí cuando el hijo gordito le dice a papá gordo: “Papá, pupú”. Y papá gordo: “bueno mamá, yo se que ya yo me vine para Australia y tengo que salir de esa vaina pero coño, la Hummer está como nueva y además allá está cotizada con la escasez de carros que hay…”. En eso niño gordo se baja de la silla, se mete debajo de la mesa y con su manita le toca la panza al papa: “Papá, pupú. Quiero hacer pupú” a lo que el padre responde: “¿qué? ¿300? ¡No pana! Mira mama, yo tengo que sacarle algo. A mi me costo como 300 y eso antes de los rines que le monte”. Y el hijo: “Papá, pupúuu!”. En eso el gordo le tira un manotón a la bolsa de papas y se mete varias de un golpe: “essam… ñam… Hummerm … ñam… ñam… que se jodam… ñam”. Y niño gordo: “Papi, pupúuu!” A estas alturas la abuelita de la esquina estaba roja a punto de gritar “oh my god!”; el flaco parecía que se iba a lanzar un clavado en la merengada y la novia estaba sudando a borbotones con ganas de que se la tragara la tierra. Y papá gordo siguió luego de tragar: “¿y es que pa’ papaito no hay nada? Es más, ahora sacando cuentas, esa Hummer está muy barata. Pónsela en 370 a ver que te dice el carajo…”. “Papá, pupú”. “Si vale, y si no le vendemos la camioneta a otro” “papi, ¡pupú por favor!”. “dile al tipo que si me deposita en dólares afuera podemos hablar”. “Papá, pupú”.

Fue allí cuando niño gordo se paró en medio del pasillo, puso una piernita a un lado, la otra del otro y cual luchador de sumo, se agachó levemente y pujó. El sonido y el aroma que lo siguió nos hizo entender a todos los presentes que había cumplido su propósito a cabalidad. Entonces niño gordo se acerco al padre y lo llamó: “Pápi, papi” a lo que papá gordo respondió: “sí bueno hijo ¿qué es lo que pasa?”. Allí me provocaba pararme y gritarle: “¿cómo que qué le pasa? Que se cagó, se cagó aquí en frente de todos mientras tú hablabas pendejadas por la verga esa” pero no dije nada, tu sabes, es que soy tímido. Niño gordito le dijo “pápi, quiero ir a un parque” y el padre respondió “está bien hijo, vamos”, tomó a su hijo de la mano y recorrieron el pasillo dejando una parda estela a su paso. En su ruta a la puerta de salida, papá gordo me pasó por un lado y en perfecto english-ñol me preguntó : “excuse me my friend, where is the nearest park?” A lo que respondí:

- Sorry mate, I don’t know. I’m not from here.

jueves, febrero 19, 2009

4 ingredientes para Naty

Hace unos días me puse a escuchar un programa de opinión por radio venezolana en Internet. La cosa fue más o menos así:

-¿Aló? ¡Ay gracias por atenderme! Al fin voy a poder desahogarme de todo lo que nos esta pasando – dijo la chica con el típico acento “mandibuleao” del este Caraqueño.

-Me llamo Natalia pero me dicen la Naty… Bueehno, es que estoy super friqueada y shoqueada. O seeea ¡ya no aguanto más!- siguió nuestra amiga. Y por cierto, estos dos últimos verbos vienen de freak y shock en inglés.

Luego de una corta conversa y frente a las invitaciones del conductor del programa para que se desahogara, la moza culminó muy elocuentemente:

-…y lo que no puedo entender es como nosotros los Venezolanos, una gente tan linda, terminamos gobernados por ese monstruo, tan feo, tan grosero, vulgar, enredador, tramposo, que manipula los resultados de las elecciones y que además tiene a este país sumergido en una sola crisis y una sola pelea desde hace 10 años. Es que yo lo veo tan claro… ¿Cómo nos pudo pasar esto? ¿Cómo es que los que todavía lo apoyan no lo ven? ¿Son tarados?-

Ay Naty, Naty. Escucha Naty. ¿Que cómo nos pudo pasar esto? ¡Las cosas pasan loquilla! si los planetas se alinean, si combinas los ingredientes exactos, en el momento preciso. Mira, toma una licuadora y mete estos 4 ingredientes:

I. Nuestra sociedad disfuncional: con los típicos problemas de cualquier sociedad latinoamericana: una gran mayoría pobre olvidada y una minoría dirigente –desde la clase media hasta la política- que los miran por encima del hombro, los ignoran y sólo piensan en ellos mismos y su cogollo. Estos últimos además les dio por ser más corruptos que nunca en un momento histórico por allá a finales de los 80.

II. La resaca soviética: en los 60 y 70 los soviéticos financiaban el adoctrinamiento desde adentro de las filas de los jóvenes militares en Latinoamérica –Venezuela incluida- como un plan para expandir el comunismo. No resultó bien, y luego lo intentaron en las universidades (por eso el halo izquierdoso de casi todas las universidades de la región) pero el caso es que un obsequioso joven militar, al cual llamaré “Esteban de Jesús”, sí que resultó adoctrinado en extrema izquierda y comunismo. Este mismo Esteban se rebela contra la putrefacta clase política de los 80 y se levanta contra el gobierno en un golpe de estado a principios de los 90.

III. A un carismático oportuno: Esteban se las arregla para ganar popularidad desde la cárcel a la cual fue a parar por su insurrección. Sale. Forma un partido político, se aprovecha de que la gente estaba harta de la clase política existente, se lanza a la presidencia y ¡oh sorpresa! ganó a finales de los 90.

IV. Petrodólares: al segundo año de gobierno, justo cuando la luna de miel se le acababa a Esteban, el condenado tiene la recontra suerte de que el barril de petróleo sube a precios estratosféricos. La entrada de petrodólares le ha dado –hasta hace poco- financiamiento para mantener cierto nivel de popularidad de forma artificial en base a regalos, dadivas, corrupción, compra de conciencias, amedrentamiento, de todo un poco.

Y mi querida Naty; a estas alturas creo que no vale la pena porfiar que somos gente tan linda, insistir en que lo que esta allí no está, seguir diciendo que el rey no está desnudo. No vale la pena negar nuestras disfuncionalidades como sociedad y mucho menos ahora cuando se hace evidente que es principalmente por ellas que estamos donde estamos. Nuestro país no es ni la peor ni la mejor sociedad de América Latina, pero sí es a la que se le alinearon los planetas hoy, a la que se le revolvieron esos 4 ingredientes en la secuencia precisa.

Y ya ves mi estimada Naty: las cosas sí pasan. Allí está la Alemania nazi, y sin irse tan lejos: las cruentas dictaduras de Argentina, Chile y Brasil en los 70. ¡Vaya! ¡Si le sigue pasando a Cuba desde hace 50 años! A ellos ya les tocó, se les alinearon los planetas en su oportunidad. Ahora nos tocó a nosotros. Todos estos casos Naty, demuestran que la democracia no es perfecta pero es lo mejor que hay. Lo que le falta para ser perfecta, ese 2% perverso, maligno, cuando las cosas salen pésimo aún en democracia, allí vive Venezuela en este momento. A veces por ese 2% se sale del área democrática, y se regresa, y uno no está ni seguro cuando Esteban fue democrático y cuando no lo fue.

Naty, a riesgo de que te molestes conmigo te voy a decir una cosa: el ventajismo exagerado y hasta la trampa son parte del juego democrático, de ese último 2% imperfecto. En todos los países, el gobierno en alguna oportunidad ha abusado de su poder. Sino acuérdate del 2004 cuando Bush le ganó a Gore en los EEUU. El abuso de poder, la intimidación, presos políticos, trampa electoral, uso del dinero para fines políticos y no para la prosperidad del país, todas son viejas fórmulas. El gobierno será tan abusador y doblará las reglas de la democracia tanto como las circunstancias de popularidad le permitan. No hay gobierno que resista una popularidad de menos de 10% por mucho dinero y ventaja que tenga. Así fue como sacaron a Fujimori del Perú, pero lamentablemente ese no es el caso en Venezuela –todavía-.

Paciencia Nati, que al menos el cuarto ingrediente ¡ya no está! Con la maquinaria de gasto de este gobierno, a finales de este año van a estar sumergidos en una falta de liquidez tan profunda, que nadie se va a acordar de ese pedazo de referéndum que se celebró en Febrero. Y la gente lo va a cobrar. Quédate tranquila Naty, tranquila.

lunes, febrero 02, 2009

La imposibilidad del no

Mucho se ha hablado –particularmente en los últimos tiempos de éxodo masivo de criollos al exterior- sobre que es lo que más caracteriza a los venezolanos. Se dice que somos comedores empedernidos de arepas y de diablitos Underwood, que tomamos Toddy, Frescolita –y un Nestea especial también-, que somos muy solidarios para rumbear –y un poco desunidos para casi cualquier otra cosa-, que somos amigeros, habladores, exagerados, bailadores, con bellas mujeres, se habla de todas esas cosas y más; todas discutibles, todas vulnerables, todas clichés con numerosas excepciones a la regla.

Yo creo, en cambio, que lo que más nos caracteriza es algo mucho más sutil; vendría a ser algo que afecta todos los aspectos de nuestras vidas –particularmente como nos relacionamos-. Planteo aquí que nuestra marca de fábrica, nuestro talante común, es nuestra imposibilidad de decir “no”.

Y así es. Lo que para cualquier mortal criado en otros pagos seria resuelto con un sencillo “no, panita, hoy no puedo”, a nosotros nos cuesta un mundo. Por ejemplo, propóngale usted a un australiano que conoció en una reunión –digamos, no exactamente a un amigo, sino alguien que sabes que se caen medianamente bien- que un día por favor te cuide al niño, que tú tienes que hacer una diligencia. El anglosajón en cuestión dirá que sí, si realmente puede y si quiere hacerlo. Si no puede, y aún si puede pero simplemente no quiere, sin ninguna razón lógica, él va a decir que no –punto-.

El mismo caso pero esta vez entre venezolanos, o mejor, entre venezolanas –supuestamente amiguísimas-:

- Aló ¿manita? ¿Hola, como estás?
- Chévere, ¿y tú?
- Bien vale… aquí pasando calor, en estos días la temperatura ha llegado a 43…
- Ay sí. No veo la hora que llegue el invierno de nuevo…
- Sí vale… Mira mana, tú sabes que este viernes tenemos la fiesta del trabajo de Juancho y tú sabes como es la cosa aquí: No kids. ¿Será que tú puedes hacerme la segunda con mí chamo?
- (Pensando: “… está sí que es fresca de verdad, con lo que me cuesta mi tiempo libre esta cree que lo voy a querer pasar cuidando un muchacho de otro…”)

Pero en ese momento la neurona 4301 se le cruza con la 2345 y en el cortocircuito liberan una enzima desoxirribonucleica que le nubla el pensamiento, y le dice:

- Ok chama, tráeme tu chamo el viernes.

Y por supuesto, se queda pensando –y peor, comentando- que su amiga es una abusadora. Pero no le dice que no. No se lo dice, porque ella misma no sabe recibir un no. Si uno le pide un favor a un compatriota y recibe un no, generalmente uno se ofende. Toda una receta para el conflicto.

Si existiera un antídoto, una suerte de inyección que nos enseñara a decir que “no” cuando hay que decirlo, yo mismo me sacrificaría y haría de conejillo de indias. Me imagino el momento: me inyectan, se me ponen los ojos blancos, la lengua se me sale, pego tres chillidos, y en el trance busco el laptop, me lo pongo en las piernas y comienzo a escribir un post, así:

- ¡NO! Porque no me como, nunca me he comido y nunca me comeré, esas morcillas en almíbar que llaman la revolución bolivariana.

- ¡NO! Por haberse jugado la carta del odio dividiendo a los venezolanos y aglutinando contra enemigos imaginarios. ¡Que fácil se vende el odio!

- ¡NO! Por bravucón, guapo y apoyao en una chequera de petróleo. Te quiero ver ahora sin plata, papá.

- ¡NO! Por emplear la sutil intimidación: lo suficientemente sutil para desmentirla a nivel internacional, lo suficientemente contundente como para asustar. Me refiero aquí a las listas de opositores marcados, a las brigadas de choque de civiles “independientes”; a las amenazas públicas; a eso y más.

- ¡NO! Por fingir querer a un pueblo dándole regalos y dádivas, y no lo que realmente necesitan: educación y trabajo.

- ¡NO! Por querer quebrar el sector privado productivo del país y sustituirlos con puestos de trabajos improductivos en la nómina pública para disfrazar el desempleo y crear dependencia con el régimen.

- ¡NO! Por meterse con lo más sagrado: destruir la educación, cambiar la historia que se cuenta, crear carreras universitarias de 2 años, secundarias de 2 años, primarias de 1 año.

- ¡NO! Por meterse con lo más impoluto: nuestros niños declamando poemas a revoluciones absurdas, inventar que la patria potestad de los niños no es de los padres sino del estado.

- ¡NO! Porque nunca había habido tanta escasez, tantas empresas quebradas, tanto retroceso, y a la vez nunca había entrado tanta plata en tan corto tiempo al país.

El antídoto sirve. Inmunízate. Aprende a decir que NO este febrero.

martes, diciembre 16, 2008

Contrastes


No es un secreto para nadie que me gusta la narrativa inmersiva, esa prosa que describe hasta el último detalle y con estilo atrapa al que la lée. Una vez embebido en el relato, un cambio de velocidad, o de timón, un contraste bien medido, logra sacar al lector de la inmersión y es como si le dijera: ¡epa, despierta! Esta técnica es fácilmente identificable en películas, música y con un poco de práctica también se le puede reconocer en pinturas, fotografía, esculturas o cualquier manifestación artística.

Es así como en el medio de una descripción totalmente formal a veces se cuela una frase soez, o cambia el tema a algo totalmente inesperado. El contraste despierta y produce interés -dice la teoría de la comunicación-. Y en realidad la comicidad es sólo eso: un atajo, un cambio de un relato que creíamos que terminaba de una manera hacia algo completamente inadvertido.

No sólo el arte, sino la vida misma se nutre de contrastes. Muchas veces me ha pasado que alguien resulta ser muy diferente –para bien- a lo que aparentaba. Y que placer produce encontrar a alguien humilde cuando se profundiza en una relación que parecía ser todo lo contrario en la superficie. Por alguna razón ese contraste se disfruta más. O Yel y yo que somos tan diferentes en algunas cosas, tanto que nos complementamos. O el cambio de aire en unas vacaciones. O también las diferencias que me ha tocado vivir entre Latinoamérica y Australia. O mi interés en opiniones diferentes a las mías –las disfruto más que las que concuerdan conmigo, no es de estas últimas de las que voy a aprender algo nuevo-. Todos esos contrastes hacen una vida más rica y provechosa: la vida es –no hay duda- un juego de contrastes.

Pero hay que saber diferenciar los contrastes fructuosos de los chimbos. Porque hay gente que se dedica a coleccionar contrastes chimbos, por ejemplo: en mi tierra de contrastes, donde el pobre y el pudiente parecen de diferentes países, con acento e idiosincrasias diferentes, allá se ven –adicionalmente- los siguientes contrastes: misiones de ayuda que no ayudan sino que crean clientelismo, desempleo y desabastecimiento; una democracia que sataniza a todo aquel que disienta; niños angelicales adoctrinados en los colegios para declamar poemas y alabanzas al che o al mismísimo Esteban; regalo de dinero a otros países compinches de doctrina –mientras la pobreza y delincuencia galopa libre en el país-. Y muchos dirán que el colmo de la contradicción: todo eso se mantuvo y empeoró mientras el barril de petróleo estuvo entre 80 y 120 dólares en un país rico en ese mineral.

Pero para mí ese no es el peor contraste. Agarra este: enmienda constitucional. Coño, ¿qué no es el colmo de lo contradictorio el adjetivar de constitucional, y por ende democrático, a algo que le daría la posibilidad a Esteban de quedarse en el poder hasta el 2000 siempre? ¿Qué tiene eso de constitucional y democrático? ¿Cuál es su intención? Y lo de enmienda. Se enmienda algo que se hizo mal bajo buena fe, es como un “perdón, me equivoque, hay que enmendarlo” Pero esto es un vulgar engaño donde poco a poco se intenta empujar con la barriga las intenciones de un dictador que pretende eternizarse en el poder. Eso de enmienda constitucional es algo así como un ateo cristiano, o un caraquista magallanero, o un mentiroso sincero; es algo que no pega, es discordante, es un contraste chimbo.

Los contrastes en mi país son tan comunes que se han hecho cotidianos. Nos hemos acostumbrado a que todo el tiempo la mata se esté moviendo. Pero dentro de ese mar constantemente picado, mi pana, esta es una Tsunami, es el contraste que contrasta con los demás contrastes. Si le dan a Esteban el tiquete hasta el 2000 infinito: ¡uh, ah, ese no se va! Sólo espero que con esta gracia, como una frase soez en el medio de la narrativa inmersiva, se despierte la gente y sus lideres, y puedan hacer retumbar un sonoro: “¡verga, NO!”.

lunes, noviembre 24, 2008

La invasión de los cyborgs

“Y ahora todo es culpa de los pitiyanquis” repetía el tipo una y otra ves. Lo dijo 200 veces antes de la torta, lo remachaba durante la piñata, lo coreaba durante el cumpleaños feliz. “Pitiyanqui esto, “pitiyanqui aquello”. Y yo permanecía callado. Si acaso le respondía con la sonrisa cabizbaja que uno esboza de cara al piso cuando algo te da vergüenza, porque en el fondo lo que me provocaba decirle era: “pero bueno pana ¿Y quién demonios son esos pitiyanquis?”

Confieso que no leo mucha prensa venezolana en línea. Nunca me lo propuse así pero desde que pisé Australia es muy poco lo que leo. Soy excesivamente práctico –mi defecto- y hace tiempo que perdí la expectativa de encontrarme algo esperanzador por allá. Sin embargo, los últimos sucesos a nivel mundial, más las recientes elecciones regionales –con chance real para los opositores- me han llamado la atención y comencé a leer.

¿Qué ha cambiado? En realidad poco. Hay nuevos términos como los “pitiyanquis” que presumo son “petit yanquis” para referírseles despectivamente, pero el discurso anti-norteamericano no ha cambiado mucho, más bien se ha intensificado; resulta conveniente. Es muy fácil conseguir aliados, particularmente a nivel internacional, entre los que adversan al imperio del norte, y además internamente tiene ese efecto aglutinador de “nosotros-David” contra el “imperio-Goliat”. Mientras tanto, Venezuela está haciendo negocios increíbles con el imperio, las relaciones económicas bilaterales nunca estuvieron mejor –si se les puede llamar así porque los negocios parecen favorecer mucho más al imperio que a los venezolanos-. Bien lo decía Rochefoucault: “La hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud”

Pero volviendo al asunto pitiyanquístico, el presente año ha visto episodios más o menos dramáticos, y por instantes la pugna en los micrófonos y la diplomacia parece haber transcendido lo suficiente como para que un enfrentamiento sea considerado. En el nefasto y tristísimo caso de una invasión pitiyanqui a la tierra de los comedores de arepa, estoy seguro, Obama usaría algo diferente a las tropas marines que ahora ocupan varios rincones del mundo. Siendo Obama un tipo moderno, usaría los soldados del futuro, humanos con exo-esqueletos bio-mecánicos, cyborgs de última tecnología que están en desarrollo en este momento, dada la naturaleza tracalera de su adversario. Los caribeños nos defenderemos ¿pero con qué? Si el elegante portador de la verruga ya le habrá regalado toda la plata a otros países y además el barril de petróleo estará en 30 dólares. No será con armamento ni recursos que nos defenderemos, será con psicología, con inteligencia, con eso será.

Porque estos Cyborgs llegarán a la capital y cuando saquen sus tanques oruga, sus super máquinas de avance terrestre, van a volverse mierda con los huecos de Caracas. No hará falta ni lanzarles un petardo, ellos solitos caerán en los 40 huecos de la avenida Lecuna –aunque Bernal diga que sólo hay 12 huecos sin tapar en toda la ciudad- y se les quebrará la punta de eje, botarán el diferencial. O se quedarán colapsados en la autopista del Este, a cualquier hora y en cualquier dirección, y tendrán que negociar el paso con un fiscal de tránsito vestido de tamarindo, el cual se cree dueño del magnánimo gesto de “tú no pasas ahora”, “tú sí”, “tú no todavía, tu te quedas allí hasta que me dé la perrísima gana”. Y que ni se les ocurra rozar a una moto porque enseguida estarían rodeados por motorizados, una nube de avispas metálicas que les trancarán el paso, los escupirán, les darán cascazos (si los cargan) “y qué pasó apá, vas a revirá, vente pues, vente robotico e’ mielda, vamo'a dano, que’s lo ques, ay apá, ete como que’s algolla”. O serán atracados por malandros invisibles, mucho mejor armados que ellos, que salen de la nada y en la nada se desvanecen dejándolos en ropa interior y si acaso con cinco mil bolos para que se paguen el pasaje o llamen a su mamá.

Y cuando tras mucho esfuerzo lleguen a Miraflores o a la asamblea nacional y vean a los asambleístas o al gabinete de ministros, dirán: “ya va, un momentico ¿estos panas no son Ultraman, Robocop y Terminator que mandamos en la invasión pasada hace aaaaaaaaños? ¡Míralos allí instaladísimos haciendo chanchullos también! ¡Se metieron a políticos y se quedaron pana!". Y así poco a poco los invasores quedarán diluidos entre la población local, desperdigados y confundidos. Algunos se empatarán con una come-viáticos y vivirán para pagarle la operación de lolas o el capricho de turno. Otros acabarán enloquecidos, caminando por la ciudad al lado de los indigentes, recogiendo latas, revisando la basura para sobrevivir. A lo mejor algún cyborg reconozca a uno de sus camaradas mientras huelen pega debajo del puente de las Mercedes:

- Disculpa pana ¿tú eres venezolano o cyborg?
- No sé. No me acuerdo. Pero más chavista será tú madre ‘esgraciao.

Y sólo entonces se darán cuenta que la invasión ha fracasado.

jueves, septiembre 11, 2008

La teoría del todo (1): Asia y Latinoamérica

Mencionaba anteriormente que había quedado muy impresionado con la seguridad en Tailandia, particularmente en Bangkok. Bajo mi óptica, esa ciudad lo tenía todo para que al menos la delincuencia común prosperara, a saber: ocho millones de habitantes, una ciudad aplastante y salarios bajos con la consecuente -y notoria- pobreza. Todo un arquetipo del tercer mundo. Y en efecto, Tailandia es un país en vías de desarrollo pero, aun así, se puede caminar a cualquier hora y por -casi- cualquier lugar.

En particular a los bajos salarios en masa los relacionaba con la eventual aparición de la viveza criolla que siempre evoluciona en corrupción o delincuencia -especialidades de la misma rama. Es así en toda América latina (y parcialmente en EEUU donde el sueño americano no les llega a todos).

Pero eso no ocurre para nada en Tailandia. Me recuerda al dicho -que encontraba hasta ahora romántico e irreal- “somos pobres pero honrados”. No obstante, es así. Y no sólo es así en Tailandia, sino que también lo es en los demás países asiáticos, por ejemplo China y Taiwán.

Teniendo los países asiáticos tanta pobreza, -repito- hay demasiada gente y pocos recursos, la pobreza en Asia es dramática; si eso es así pero Asia es tan segura, con una delincuencia y sociedad tan controlada, entonces ¿Por qué con una pobreza similar o menor, Latinoamérica es tan insegura? ¿Por qué? ¿Por qué la vida allá vale lo que vale un carro, y a veces menos, lo que vale un par de zapatos?

¿Por qué? ¿Por qué, vale?

Encontrar respuestas a esa pregunta guarda una cercana analogía con la reciente puesta en servicio del Large Hadron Collider o LHC. Esta es la mayor y más compleja máquina hasta ahora construida por la humanidad; se trata de un acelerador de partículas construido para hacer chocar rayos de protones y así estudiar las partículas resultantes. El LHC fue puesto en servicio la semana pasada en la frontera entre Suiza y Francia con la colaboración conjunta de físicos de 34 países. ¿Y para que sirve ese aparato? El propósito del LHC es el de producir la única partícula que todavía no ha sido detectada –el bosón de Higgs. Esta partícula serviría para validar la teoría de la materia, así como explicar completamente a la gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear, entre otras. En fin, se estaría arribando al santo grial, a la partícula que daría origen a la teoría del todo.

Y finalmente todo quedaría explicado. ¡Todo!

Sé que suena osado intentar darle explicación al mayor problema que tiene América latina por delante. Sin embargo, lo que observé en Asia, unido a mis experiencias anteriores, lo que he estado leyendo y sobretodo una reciente conversación con un personaje Australiano, me han dado un punto de vista tan diferente que al menos merece ser compartido aquí -en el próximo post.

Mientras tanto queda colgado entre líneas: ¿Por qué en nuestros países hay tanta inseguridad social, tanta violencia? ¿Por qué?

jueves, junio 19, 2008

Caribe Australiano

En los próximos días usaremos nuestro pasaporte australiano por primera vez; eso me hizo recordar que en Octubre del año pasado tomamos el “voto de compromiso” y juramos lealtad a Australia. Desde ese entonces no somos sólo residentes sino nacionales australianos -por naturalización, claro está-.

Los australianos deben ser los seres más patriotas y orgullosos de su país que yo conozca. Más que, por ejemplo los franceses. Seguro más que cualquier latinoamericano, tal vez comparable sólo con los Texanos de los EEUU -esos sí son regionalistas de verdad-. Mi punto es que hacerse compatriota de estos no es, emocionalmente, cualquier cosa. También es cierto que los Venezolanos tenemos una relación extremista-ambigua de pertenencia con Venezuela –muy a favor o muy en contra-, en buena parte alimentada por los lastimosos acontecimientos de los últimos 10 años. En fin, un caribeño haciéndose australiano y el tema identidad es cuando menos interesante y le dedicaré alguna líneas pronto. Garantizado que levantará algunas cejas.

Por el momento se me ocurre divagar sobre el proceso de australianización que he notado entre los caribeños que habitamos por aquí. Los hechos:

  • Cuando recién llegamos aquí, las reuniones no acababan a menos de las 3:00am y las amanecidas no eran infrecuentes. Hoy cada vez se acaban más temprano. Generalmente a las 10:00pm todo el mundo se fue para su casa como buenos padres Aussies (nótese que son los padres, porque los solteros son otra casta)

  • No podemos ver un pedazo de carne un fin de semana porque la montamos en la parrilla.

  • En todas las reuniones las mujeres se van pa’lla y los hombres pa’ca, separados de forma inalienable, y no se vuelven a encontrar si no hasta el final, idéntico a como hacen los Aussies. Esto no es para nada de la cultura caribeña -allá se permanece en pareja- y se nota que es una costumbre adquirida porque los recién llegados rompen los grupos sin darse cuenta (no sin ganarse algunas miradas de desaprobación)

  • Los niños aquí son el centro de nuestras vidas. No que no lo fueran allá, pero aquí es mucho más exacerbado.

  • El uniforme aquí es bermudas y cholas (ojotas, sandalias) -aunque algunos se resisten-

  • Aquí todos están obsesionados por el deporte. Si hasta yo, flojo con carnet de membresía ya he hecho dos tipos de deportes en forma seria y consistente.

  • Todos -bueno casi- al final estamos chapoteando en estas playas frías. ¿Y las aguas tibias del caribe? Ni me acuerdo.

  • Nosotros que le rendíamos culto al prócer latinoamericano Eudomar Santos y su frase “como vaya viniendo vamos viendo”, aquí todo los planificamos con meses de anticipación.

Y lo peor de todo es que ninguno se ha dado cuenta de que están cambiando sus hábitos. Si les preguntas dicen que allá eran así también. ¡Llevamos tanto tiempo aquí que ni nos acordamos!


Post relacionados:
Los otros
La culpa la tiene el petróleo
Haciendo lo correcto; haciendo las cosas bien

miércoles, abril 16, 2008

Una de juegos de video

La primera vez que vi un juego de video fue en el Sears de Puerto la Cruz. El juego en cuestión era el famoso Pong -¿recuerdan a los dos palitos y la pelotita?-. Ni se que edad tenia pero debía haber estado muy pequeño, entre 6 y 8 años. Pequeño y todo, lo recuerdo vívidamente; jugué sólo un rato y ese momento marcó el resto de mi vida. La diversión hizo que me diera cuenta por primera vez de la tecnología que nos rodeaba: ¿Cómo era posible que esa ruedita moviera el palito en la tele? Y a todas estas, ¿Cómo funciona la tele? ¿De donde vienen las imágenes? ¿Y la luz? ¿Y los carros? Y la nevera ¿cómo enfría? Y por allí me fui. Es interesante que la mayoría de las personas pasen por la vida dando por descontado que “esas cosas” sólo funcionan y ya, pero yo a tan temprana edad no lo veía así. Muchacho complicado que iba a resultar este.

Recuerdo que a los 11 años me compraron un Atari. Yo tenía Space Invaders, Superman, Adventure, Boxeo, entre otros. Jugaba largas horas. Los juegos de video son como una novela donde uno es el protagonista y por eso son tan adictivos. Empero, la pubertad tocaba la puerta, comencé a tener otros intereses, y un buen día vendí el Atari con todos sus juegos.

Vi pasar el Intellivision, Colecovision, diferentes versiones del Sega y retomé el asunto de adulto cuando compré un Nintendo 64. Desde entonces ya he tenido un Playstation 2, Wii y juegos de computadora. He visto y leído sobre todo tipo de juegos, sobre la industria y sus personajes, es algo fascinante en lo que se ha convertido. Los juegos de video son hoy una industria de entretenimiento que mueve billones de dólares, es mucho más grande que Hollywood.

De video juegos es más lo que leo que lo que en realidad juego. He visto y leído muchas cosas, nada me sorprendería de esta industria, pensaba yo desde mi inocencia, hasta que me enteré del próximo juego que sale en Agosto de este año.

Mercenaries 2: World in Flames es un juego de video de ultima generación ambientado en Venezuela donde Mercenarios invaden al país para liberarlo de un loco megalomaníaco, Ramón Solano, quien se ha instaurado como dictador, y así regresar el balance al mercado petrolero mundial. La trama envuelve a varios grupos: los mercenarios (de los EEUU), la armada venezolana (aliada de Solano), los PLAV (People’s Liberation Army of Venezuela, opuestos a Solano), Universal Petroleum Corporation y su armada privada, el ejercito Chino y las naciones unidas. El juego se desarrolla en Caracas, Merida, Maracaibo, Cumana, Isla Margarita, y otras locaciones.

La imagen abajo es un arte que circuló al principio de la campaña de marketing del juego. Por favor hagan click en la imagen y noten a PDVSA la campiña, la torre Domus de plaza Venezuela, la torre Beta de Bello monte, el anuncio de Baigon y a la izquierda la valla publicitaria de Banesco.
Existe en Internet toda una pelea política de facciones del gobierno Venezolano para evitar que este juego salga a la luz. La pelea inclusive incluye a Bono de U2 (el cual es accionista de la compañía productora del juego) La pelea va empatada porque el gobierno venezolano logro que cambiaran parte de la trama del juego pero el juego de que va, va.

Este juego es la segunda parte; la primera fue ambientada en Korea del Norte. Al mejor estilo del post los otros, nunca, jamás, de ningún modo pensé que mi país le hiciera una segunda parte a Korea del Norte, y menos en un juego de video. Eso le pasaba a otros, no a mi país.

El siguiente es un trailer del juego en el que se ve a Ramón Solano y los tanques cruzando el puente sobre el lago de Maracaibo. Realista ¿no?

Y respecto a la trama: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

domingo, marzo 30, 2008

Los Otros

Siempre me han atraído las tramas de giro repentino en los libros y películas. Un buen ejemplo es la película The Others (Los Otros) dirigida por Alejandro Amenábar. La trama gira en torno a Grace Stewart (Nicole Kidman), una ama de casa y ferviente católica que vive en una antigua mansión junto a sus dos niños en la época de la segunda guerra mundial. Grace vive esperando pacientemente noticias de su esposo el cual está en el frente de guerra. Un buen día Grace recibe a tres lúgubres sirvientes y desde ese momento comienzan a pasar extraños eventos en la casa. Estos incluyen sucesos paranormales, voces, ruidos que sugerían que espíritus habitaban con ellos. Los eventos fueron creciendo en magnitud, y ya era evidente la presencia de “los otros” pero de repente un par de giros en la trama hacen ver a Grace que eran ella y los suyos los que habían fallecido hace tiempo y en forma de espíritus asustaban a los verdaderos habitantes de la mansión.

En la película, el cambio de paradigma fue sublime y repentino como una estocada de florete en esgrima. Estoy seguro que todos hemos pasado por casos donde nos creíamos de “estos” y mirábamos a “los otros” con desdén, para luego descubrir que en realidad pertenecemos a “los otros”.

Algunos casos personales:

- Como todos los que crecimos por allá, me fue transmitido por ósmosis que “los otros” que no se aprovechan de cualquier situación para su bien personal, sin importar que sea inmoral o ilegal, eran unos pendejos. Un par de cositas que me han pasado me demuestran que los pendejos son los que piensan eso.

- También de allá donde crecí: si alguien luce humilde es visto como un pecado, como la negación social, como “los otros”. Hoy prefiero ser de “los otros” yo mismo y no juzgar a nadie por como luce.

- Hace muchas lunas solía pensar que Venezuela era rica y afortunada. Leia en la prensa casos de países lejanos, en África o similares, donde los golpes de estado estaban a la orden del día y la gente se enfrentaba en las calles por ideologías políticas; o los casos de Cuba y Corea del Norte donde regímenes retardatarios subyugaban a la población. Yo pensaba: pobre de esos “otros” países, que afortunados somos que a nosotros nunca nos va a pasar eso ¡Pero que afortunados somos!...

- Para la época en que el régimen actual tomo la presidencia de Venezuela (increíble que ya sean 9 años) a mi me toco salir del país por trabajo. Me fui con una idea negativa del país (“…tienen lo que se merecen ¿no lo eligieron? ahí se los dejo…”) y veía a “otros” venezolanos que me venían con nacionalismos como ridículos. Hoy soy un ridículo que descubrió que no importa que tan lejos esté siempre voy a ser venezolano, con lo bueno y lo malo.

- Al retornar a Venezuela de esa expatriación temporal ya pensaba que no me expatriaba más, que un extranjero en otro país siempre estaba en desventaja de idioma, acento, idiosincrasia, códigos, etc. Hoy me siento supremamente cómodo en Australia.

- Cuando comencé a viajar por trabajo me conseguí a muchos venezolanos afuera. Pensaba que los venezolanos en el extranjero por estar lejos de su tierra dejarían atrás el clasismo que tanto nos caracteriza y serian más unidos. Ilustro la historia: yo estaba en un centro comercial en Miami cuando escucho a dos venezolanos hablar (los reconocí por el acento) y me les acerco amistosamente. En eso mis coterráneos cambiaron a hablar inglés entre ellos y así mantener la distancia conmigo y mi español. En fin, yo pensé que era de “ellos” pero resulta que era de “los otros”. Tengo mil historias así, sobre todo de Europa y la Florida.

- Por lo anterior, cuando llegué a Australia tenía mis ideas sobre los venezolanos en el extranjero. Poco a poco descubrí que aquí por ser la muestra más homogénea (todos profesionales, de la misma edad, con hijos) los venezolanos son mucho más unidos que en otras partes del mundo, así que ya no tengo ideas prejuzgadas (pero de vez en cuando los venezolanos aquí le hacemos honor al dicho “la cabra tira p’al monte”)

- Antes de salir de Venezuela escuchaba eso que llamaban Reggaeton como algo grotesco que emanaba del transporte público y puestos de vendedores callejeros, algo que escuchaban “los otros”. Hoy cuando escucho sonar los bajos se me sale el caribe por los poros.

En fin, por todo lo anterior es que yo no tomo posiciones radicales –pero siempre tomo una posición-, no discrimino –ni me dejo discriminar-, no me creo más que nadie –pero me esfuerzo en superarme-, no reniego totalmente –ni me mimetizo por completo- al principio no confió ni desconfío – pero siempre doy oportunidad-, nunca asumo que lo sé todo –pero estoy conciente de lo que sé-, siempre deseo el bien para los demás –tanto como deseo el mío-, siempre escucho –pero me aseguro de que soy escuchado-. Y hago todo eso, porque no se si hoy soy de “estos” y mañana me doy cuenta que soy de “los otros”. De hecho, a veces escucho voces extrañas en mi casa ¿acaso tú no?

domingo, marzo 16, 2008

La culpa la tiene el petróleo

Últimamente he escuchado demasiadas voces (virtuales y reales) que se refieren en forma negativa al gentilicio venezolano. Lo peor es que lo he escuchado de venezolanos. Es como una falta de vínculo, una especie de reclamo de lo golpeado que está el país y decimos ¡basta! ya no nos identificamos con eso. Esta crisis de identidad es particularmente común entre los venezolanos en el extranjero, máxime en Australia donde la distancia física fácilmente se convierte en mental.

Ayer en una conversación entre venezolanos nos preguntábamos cuales son los aspectos más resaltantes de nuestra cultura ¿qué nos identifica? Unos dijeron el baile y la música, otros las miss universo (cosa que ya quedo lejos en el tiempo) y otro dijo que actualmente el aspecto cultural que más destaca en Venezuela es que las niñas al cumplir los 15 años piden que les hagan los senos. Si, que les “monten” las lolas. Por el amor de dios si hasta hay psicólogos especializados en casos de adolescentes que se deprimen porque no tienen las 36B cuando todas las tienen en el colegio. Pero que se puede esperar si hasta los bancos tienen promociones en la televisión para prestar el dinero para la operación. Si antes de venir a Australia yo recuerdo haberme paseado por el centro comercial San Ignacio en Caracas y todas, pero absolutamente todas las niñas se veían como infladas, innaturales, caminando orgullosas con el pecho en alto y con escotes que hacían dudar si no se pusieron la blusa al revés. Entre las más mayorcitas también era popular el asunto; allí el caso era ir junto al novio o esposo a la consulta y escoger las pechugas en un catálogo entre los dos. Por toda la capital la silicona ganaba terreno; Caracas estaba convertida en una ciudad de mujeres de tórax trémulo, de caminar vibrante, que campaneaban sus regodeos al desplazarse.

Pero yo no venía a hablarles de lolas plásticas (discúlpenme las que las tengan, ustedes chicas están en su derecho de buscar sentirse bien como mejor les parezca) Yo venia a contarles sobre la depresión de idiosincrasia que ataca a los venezolanos en la actualidad. Y es que realmente mi país está muy mal en todos los aspectos pero sobre todo en el moral. Eso ha levantado una ola de rechazo al venezolanismo entre los venezolanos, y muchas veces esa es la excusa del que emigra de Venezuela: alejarse de Venezuela y sus venezolanos –que por ellos es que estoy como estoy. Después de todo, si en ese país pasa lo que pasa, y la gente hace lo que hace, algo debe estar intrínsicamente mal con los venezolanos.

Lo anterior se amplifica si nos comparamos con nuestros vecinos latinoamericanos. Todos están relativamente bien, algunos hasta cerca de ser países desarrollados como Chile. Centroamérica, Colombia, inclusive países de reciente coqueteo con el socialismo como Argentina, Brasil y Ecuador, todos están en un relativo buen camino. Y aquí nos deprimimos aún mas: ¿y entonces? Algo malo tenemos que tener en nuestra cultura o genes para que nos pase lo que nos está pasando a los venezolanos.

Hasta cierto punto el complejo de inferioridad que se nos ha desatado a los venezolanos es justificado. Realmente el país esta muy mal, pero esos son ciclos de maduración. Todos los países del mundo han pasado por ciclos de conflicto interno o externo: en el siglo 19 EEUU con su guerra civil, en los 30s y 40s Alemania y Japón con las guerras mundiales, más recientemente las guerras civiles de España y Portugal; Argentina, Chile y Brasil con sus dictaduras de los 60s-70s. Todos se las vieron muy mal (sobre todo moralmente) para luego renacer desde sus cenizas en un país mejor.

Todos los países tocan fondo y rebotan hacia arriba en ciclos. Casi todos los pueblos repiten esa crisis varias veces en el camino de su maduración. Y he aquí Venezuela, en el medio de su peor crisis. Ya ha tenido varias: la guerra de independencia, la post guerra, las dictaduras de los 30 y 50. De hecho era la democracia más antigua de America Latina en los 90 (en teoría todavía lo es) Parece que los ciclos tienen que ver con la mala memoria de los pueblos.

Pero si este ciclo fuera un simple ciclo como los anteriores, o como los de otros países del mundo, yo todavía estuviera en Venezuela –tan sabroso que era mi país. Yo hace 5 años calculé que este ciclo iba a ser mucho más largo porque existe algo que hoy diferencia a Venezuela de sus vecinos y de la Venezuela de otras épocas: El Petróleo y su alto precio.

El periodista Thomas Friedman del NY times desarrollo la llamada “Primera Ley de la Petropolítica”. Su artículo original en inglés está aquí y en español aquí (recomiendo la fuente en inglés) La mencionada ley postula lo siguiente, cito: “el precio del crudo y el ritmo de la libertad siempre se mueven en direcciones opuestas en Estados petroleros ricos en crudo. Cuanto más alto sea su precio medio global, más se erosionan la libertad de expresión, la de prensa, las elecciones libres y justas, la independencia del Poder Judicial y de los partidos políticos y el imperio de la ley. Y estas tendencias negativas se refuerzan por el hecho de que cuanto más sube el precio, menos sensibles son los gobernantes con petróleo a lo que el mundo piensa o dice de ellos”, cierro la cita.

Como no se espera para nada que el precio del barril de crudo baje en los próximos 10 o 15 años entonces decidimos mi familia y yo venirnos a Australia. Mal haríamos quedándonos allá y desperdiciar los años más productivos de nuestras vidas en una crisis, que si bien era necesaria, no se le ve final.

Ah y por cierto, ya los venezolanos no tenemos que sentirnos acomplejados ¡La culpa la tiene el petróleo! No somos nosotros, es ese excremento del diablo... Bueno, obviamente no es el mineral el que tiene la culpa sino lo que hacemos los venezolanos con ese mineral -sino vean a Noruega- pero ya eso es harina de otro costal. No somos escandinavos ¿verdad?

sábado, marzo 01, 2008

¿Ya le diste una patada a tu inmigrante?

Preséntele a un caribeño el prospecto de inmigrar a Australia y lo primero que le va a preocupar (o lo segundo, después del trabajo) es quién va ser él aquí, como va a encajar en esta sociedad. En pocas palabras ¿como son vistos los inmigrantes en Australia? Después de todo, casi todos estos inmigrantes tienen profesión y gozan de cierta reputación en sus países de origen, a pesar de la situación de su país.

¿Quieres saber como ven a los inmigrantes aquí? Haz click en la siguiente imagen:


¿Entendiste el chiste? sigue leyendo

El australiano común no tiene ni la menor idea de como es el proceso de inmigración selectivo ni de por que es que estamos aquí. Por eso la iniciativa del juego “patea a tu inmigrante” arriba, para explicar a través del sarcasmo la contribución de los inmigrantes a la sociedad y economía australiana. La iniciativa es excelente. Conozco de cerca el asunto y puedo decir que Australia no es sustentable sin inmigración. Australia o importa inmigrantes o muere.

El problema es que para este tipo de cosas siempre va a haber una minoría que no lo piensa con la razón sino con las vísceras. Tengo amigos (de los de verdad) australianos que así me lo han manifestado, en particular en contra de ciertas etnias (observen los nombres de los inmigrantes en “patea a un inmigrante”) Pero hoy la agarran contra una etnia, mañana contra otra. Esa es la dinámica de estas cosas.

Todos tenemos un lado bueno y un lado malo. El tipo de persona que somos depende de cual cultivemos y nos cultiven más. Depende de hacia cual lado hayas sido educado o alentado por figuras de poder e influencia como dirigencia política, maestros, profesores, tus jefes en el trabajo, tus padres en tu casa, amigos que admiramos.

A finales de los 90 apareció una figura política sumamente controversial en Australia: Pauline Hanson. Pauline se las arregló para entrar en la nómina del partido liberal y ser elegida al parlamento de Queensland. Su primer discurso frente al parlamento fue totalmente inflamatorio en contra de las políticas de inmigración de Australia, alertando a la población de ser invadida (por una etnia en particular) y de estar perdiendo la esencia de los valores australianos. El infame discurso y otros posteriores, la catapultaron a las primeras planas de los periódicos. Con el tiempo fundó un partido político propio, el cual por increíble que parezca, ha sido el grupo político que ha ganado más popularidad en corto tiempo en Australia. Con su figura humilde de simple dueña de un negocio de “fish and chips”, ganaron varios puestos en el parlamento, primero en Queensland, luego en el parlamento Federal. Como dato interesante Pauline terminó tras las rejas en el 2003 por un problema de malversación de fondos electorales; una tontería diría yo, al lado de lo otro que estaba haciendo (legalmente) Hoy en día Pauline está libre pero su popularidad ha declinado mucho.

El odio es un producto que se vende fácil. Que fácil es apelar a lo peor que tiene la gente. Si tienes un discurso inflamatorio, si tienes a un grupo a quien echarle la culpa y separar entre un "ellos y nosotros", siempre vas a conseguir quien te compre el discurso. Eso pasa y ha pasado con cualquier pueblo. La gente es similar en cualquier parte del mundo.

miércoles, febrero 20, 2008

Haciendo lo correcto; haciendo las cosas bien.

Sé que suena un poco absolutista. ¿Qué es lo correcto? Hacer las cosas bien ¿según qué criterio? Si todo es relativo en esta vida. Sin embargo no me refiero a la opinión que tengan otros sobre lo bueno o lo malo. En realidad me refiero a lo que piense uno sobre lo que uno mismo hace. Me refiero a los valores individuales de cada quien. Más interesante aún va a ser analizar como estos valores se proyectan en el colectivo para producir una sociedad, en este caso la australiana, y como esta se compara con la sociedad venezolana; a ver que nos enseñamos mutuamente. Este post toca todos estos puntos y es el primero de una serie. Veamos.

Siempre he pensado que hacer lo correcto es lo que nos hace movernos hacia adelante y progresar, es el ticket de entrada para emprender cualquier rol: profesional, padre, o jefe de una junta de condominio. En lo que sea que se haga, uno tiene que sentir que esta haciendo lo correcto de acuerdo a sus valores. Si a esto se le añade el dar lo mejor de sí en cada emprendimiento, el intentar hacer las cosas bien, entonces literalmente se compra confianza e inspiración para uno mismo, y eso tiene el mismo efecto en los que nos rodean. Si uno se tiene confianza los demás confían en uno. No me refiero a confianza en nuestras habilidades sino a confianza en que uno esta haciendo lo correcto y que está haciendo lo mejor que puede.

Si por el contrario un individuo optara por emprender algo que sabe que esta mal, hay oportunidad de que no consiga la fuerza y entereza para terminar la tarea. Algo similar pasa si uno hace algo por hacerlo sin ponerle el mejor esfuerzo, generalmente se deja el emprendimiento por la mitad.

En Australia he notado que muchos realmente se esfuerzan en sus puestos trabajo y emprendimientos personales. La cantidad de gente que es buena en sus trabajos es apabullante. Si le tuviera que poner un número, lo cual es difícil, yo diría que un 50% o 60% de la fuerza laboral es gente que se esfuerza en hacer las cosas bien. Como en todos lados, hay algunos flojos, hay amiguismo, pero estos casos no son la mayoría. Esto parece ser más o menos homogéneo en todos los sectores, público o privado, salvando las diferencias.

En ocasiones comparo la cultura de trabajo de Australia con la de Venezuela (o cualquier otro país latinoamericano) Dependiendo del aspecto que enfoque a veces gana Venezuela, a veces Australia. Sin hacer un análisis detallado, me explico en lo siguiente.

En Venezuela hay excelentes profesionales, algunos son genios, especialistas destacados que se esfuerzan mucho en sus trabajos y estudios. Estos casos de genialidad no parecen ser muy comunes en Australia así que en el renglón genialidad gana Venezuela. Para mi, definitivamente Venezuela da más genios por cada 1000 habitantes que Australia. La genialidad no se limita a los profesionales; hay genios emprendedores, técnicos, obreros, comerciales, de todo tipo, inclusive empresas “genias” o élite, islas de conocimiento como las había en la industria petrolera, o islas de orden y aseo como el metro de Caracas. Somos un país de élites de genialidad (..¡ja!)

En Australia no se presentan genialidades tan frecuentes como las descritas en Venezuela, pero el australiano promedio está entrenado para trabajar. El entrenamiento básicamente consiste en un conjunto de valores que promueven siempre tratar de hacer lo correcto y de esforzarse en hacer las cosas bien. Nada más. Es así de básico. Muchos australianos tienen ese entrenamiento, es algo masivo, así que en el renglón “cantidad de fuerza laboral entrenada” gana Australia. Así pues, Australia es un país de promedios.

Muchas veces los inmigrantes cometemos un error de cálculo al compararnos con el australiano promedio. Esa comparación frecuentemente nos favorece. Ya he escuchado muchas veces cosas como: nosotros trabajamos más duro, nosotros pensamos más lateralmente, estos Aussies se desaparecen a las 4:00pm, etc. Todo eso puede ser verdad, pero el error está en la muestra. No se puede comparar a un australiano promedio con un inmigrante en Australia que para empezar sabe varios idiomas, tiene una o dos carreras universitarias y ¡emigró! No hay un emprendimiento más arrojado que ese. El que emigró emprende lo que sea. Para que la comparación sea justa entre países compárese un australiano promedio con un venezolano promedio.

A pesar del tiempo que tengo aquí todavía me duele mi país, que a pesar de sus genialidades y recursos, todavía sigue sin desarrollarse porque la mayoría está aferrada a valores equivocados, sobre todo la dirigencia y líderes políticos (y no, no pienso que los que los eligen, la población, tienen toda la culpa)

El valor contrario a hacer lo correcto es la viveza criolla, cuyo hermano mayor es la corrupción. Con la viveza como valor se fomenta el individualismo (quítate tu pa’ ponerme yo), el materialismo, las diferencias sociales, la moral de la sociedad se contamina, y lo más importante es que se pega y crece como un melanoma: yo particularmente encuentro ridículo esperar que un individuo pague gustoso el impuesto municipal cuando sabe que la municipalidad es corrupta. Nadie es justo en un sistema injusto, simplemente el ser humano es así.

En Venezuela estos valores cambiarían con una combinación de educación y tiempo. Al menos una generación tendría que pasar para que valores como hacer lo correcto y el esfuerzo sean asociados con prosperidad. Pero este proceso ni ha comenzado, lamentablemente la dirigencia allá sigue educando anti-valores.

Son muchas las diferencias entre las sociedades de Australia y Venezuela, y muchos los motivos para que estén tan lejos la una de la otra en el índice de desarrollo humano, pero para mi el principal motivo es la educación y el sistema de valores. Nada que no se pudiera corregir en Venezuela si se tomaran las decisiones correctas.

(Continuará)