miércoles, septiembre 24, 2008

La teoría del todo (2): ídolos de barro

Allí estaba ella, en la mesa. Vestida de negro, treinta y pico, muy posh, hablando un inglés británico que recordaba a una niña de colegio con faldita a cuadros y medias altas. Una que otra vocal larga en la pronunciación dejaba traslucir que en realidad era australiana, probablemente con educación en colegios privados. El motivo de la cena: una reunión de padres y representantes de la escuela. Los temas de conversación, de super alto nivel. La cena transcurrió muy bien, con altura, y fue justo allí, al final de la cena que ocurrió. Resulta pues que nuestra reencarnación de Lady Di, así, sin ton ni son y en el medio de un restaurante de lujo lleno de gente, ha decidido llevarse los dedos a la boca y chupárselos. Sí. Se los chupo. Cinco sabores: pulgar, índice, corazón, anular y meñique; uno por uno fueron a tener a la mucosa bucal de nuestra interlocutora, parece que le gustó mucho la comida. Y allá rodó el aura de glamour que la rodeaba. ¿Decepción? ¿Incongruencia? No, ya estamos acostumbrados. No es ni la primera ni será la última. Recuerdo que en otros países, muy desarrollados ellos, era igual, o ¡perdón! mucho peor. Australia es una maravilla comparativamente, pero la gente aquí todavía es mucho más relajada que nosotros en los modales y urbanidad (o nosotros vivimos mucho de las apariencias –lo cual es otra forma de verlo)

Muchos desde nuestra óptica latinoamericana, especialmente si no conocemos, tendemos a idealizar a los países desarrollados: “si ellos están tan bien, entonces todo allá tiene que ser mejor, comenzando por la gente. Tienen que ser más educados, más eficientes, trabajar más duro. Sino entonces ¿como llevan toda esa calidad de vida a su población?”. Recuerdo cuando acababa de llegar a Sydney, un amigo venezolano se empecinaba fervorosamente en que cruzáramos la calle por el rayado y que esperáramos por el semáforo. “Aquí todo el mundo sigue las reglas” militarmente nos decía; pero en la calle miraba a mi alrededor y veía a todos los transeúntes cruzando por donde les daba la gana y particularmente cruzando con el semáforo en rojo si no venían vehículos. Era y es un desastre. Probablemente cuando mi amigo iba de vacaciones a Nueva York no se daba cuenta de lo mismo porque lo miraba con otros ojos.

Desde que la gente es gente, si les dan oportunidad, van a buscar un atajo. Es así en cualquier parte del mundo. Una muestra desde nuestras vacaciones en Tailandia: miles de europeos del norte y australianos visitan Tailandia cada año. ¿Sabes que es lo que más les atrae?: el andar sin reglas. Muchos van a abusar, a manejar automóviles a cualquier velocidad y en cualquier estado de embriaguez, allá ensucian, rompen cosas, se comportan violentamente, usan y abusan de la industria del sexo, menores incluidas, y esto es lo que hace que este infame negocio prospere. Obviamente no se puede generalizar y no todos van a Tailandia para eso, pero muchísima gente sí va allá a abusar. Y cuando regresan a casa, en Europa o Australia, vuelven a ser unos angelitos cívicos obedientes de las leyes. Es curioso que en Tailandia los mala conducta sean este tipo de turistas, no los tailandeses.

Uno a uno, en promedio y ahorrando detalles, John Smith y Juan Pueblo son igualitos. A ambos les gusta un bochinche, ambos infringirían las leyes, y pueden ser violentos y abusadores si se dan las condiciones. Ciertamente no es por la gente común que en América latina hay tanta violencia y corrupción. No hay nada intrínsecamente malo con nuestra gente, no al menos en comparación a la gente de Australia o de Tailandia o de cualquier otra región. No hay nada malo en nuestros genes, no somos ni más ni menos flojos, ni violentos, ni prestados a delinquir, que cualquier otro.

Sin embargo la delincuencia, violencia y corrupción corren libres en América latina y no, por ejemplo, en Australia o Tailandia, este último siendo un país subdesarrollado y con pobreza. ¿Por qué? Es obvio, en estos países se hacen cumplir las leyes y en los nuestros no. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?

Opino que lo que hace la diferencia es ese uno o dos por ciento de la población: la dirigencia. Los líderes: gobierno, políticos, grandes empresarios, gerentes de empresa, tu jefe: ellos legislan, controlan las leyes, plantean las reglas que son timón para la economía, dirigen la educación, cobran o pagan impuestos, allí esta todo. Piénsalo de nuevo. Exceptuando a transnacionales privadas: ¿Cuántas veces has visto a los más tontos en los cargos más altos en cualquier empresa o servicio, particularmente los públicos, en nuestros países? Ahora hazte la misma pregunta en cuanto a gobierno y políticos.

Eso no ocurre en un país desarrollado. Aquí la gente común es similar a la gente de América latina pero la dirigencia australiana, o cualquier jefe en una empresa es sumamente preparado y competente. Lo mismo pasa en Tailandia, por lo que he podido ver y leer: no son sólo “pobres pero honrados”, sino que hay cultura de elegir a los más preparados para los puestos clave.

¿Por qué en Latinoamérica siempre terminamos eligiendo a los más incapacitados para que nos dirijan? Ese es un asunto cultural complejísimo para el cual un australiano –el que menos pensaba yo- me planteó una teoría la cual inspira el título de esta serie de posts; si la misma fuera cierta, lo explicaría todo. ¡Todo! Esa teoría la compartiré en un próximo post.

Posts relacionados: La teoría del todo (1): Asia y Latinoamérica.

jueves, septiembre 18, 2008

Cincuenta

Como este es mi post número cincuenta pensaba en hacer algo especial para celebrarlo. Se me ocurrió que tal vez debiera navegar por el río Swan en un yate de 50 pies con cincuenta amigos para que se nos salga la baba viendo las cincuenta mansiones en las cuales desearíamos vivir cada uno con vista al río, pero eso es un poco costoso. O quizás correr un maratón de cincuenta cuadras por Perth mientras toco cincuenta puertas para decir: “G’day!” a cincuenta personas, pero soy muy flojo. Entonces pensé en una mega parrillada en la casa con cincuenta personas (el record es de 48 -niños incluidos) pero hace mucho frío todavía.
Y mientras cavilaba, en pleno delirio de solemnidad, me di cuenta que el número cincuenta está íntimamente ligado a este blog. Cincuenta es “el número”; si alguien que sepa de numerología lee esto lo invito a que me ayude por favor. Veamos:

- Calculando el índice de éxito de este blog, sumando los objetivos iniciales por importancia tenemos: escribo sólo porque me divierte: 50%. Punto de información para los que se interesan por nosotros: 30%. Foro de discusión de las ideas que me dan vueltas en la cabeza: 20%. Ahora, si igualmente le resto en lo que realmente se ha convertido este blog da: punto de interés sobre nosotros: -10%. Foro de discusión:-10% (“en un blog no se discute nada mijo, es como en la vida real ¡si llevas la contraria te miran feo!”). Información sobre la vida en Australia:-30. Entonces tenemos: 50 +30 +20 -10 -10 -30. ¡Eso da cincuenta!

- La cantidad de visitas únicas diarias al blog (no sólo hits) se puede confirmar haciendo clic en el mapamundi a la derecha. ¿Y adivinas cuantas son en promedio diario, a veces más, a veces menos? Pues sí: ¡cincuenta! No salgo de mi asombro.

- Los cincuenta visitantes promedios diarios se distribuyen más o menos así, sin ser grupos mutuamente excluyentes: los que buscan información sobre Australia: 80%. Los que entran sólo por divertirse: 20%. Los que entran por primera vez, vuelvan o no: 10%. Los que entran para ver “lo que escribió ahora ese”: 15%. Amigos: 5%. Y los que genuinamente se interesan por como está creciendo la Viv y como están Yel y Fer: 4%. Eliminando el mayor y el menor, como corresponde en los índices estadísticos, tenemos: 20 +10 +15 +5 = cincuenta ¡no lo puedo creer!

- Hay en total 181 estrellitas en los 49 post anteriores (no, no las conté, el blog las calcula solo) Como casi siempre colocan 5 estrellas por post, entonces hay aproximadamente 36 puntuaciones (181 dividido entre 5) todas representativas de la gente que le gusta lo que se escribe aquí. La cantidad de comentarios: 343 (estos si los tuve que sumar), entonces da un promedio de 7 comentarios por post. Y hubo un comentario (el último de este post) donde me confundieron con un escritor de profesión, ese vale por 10. Hasta ahora va: 36 +7 +10 = 53. Pero han habido 3 comentarios prejuiciados, anónimos, de esos de gente que piensa que la vida sólo se puede vivir de una manera: la de ellos. De nuevo: 53-3 = cincuenta. Increíble ¿no?

- Debido a algunos emails y comentarios que recibí, escribí un post que dedicaba a los que (mal) interpretan literalmente lo que escribo. Ese era el post número 30. Creo que ese post lo entendió menos gente aún, como 20. Y no faltaba mas, 30 +20 es igual a: ya tú sabes.

- Muchas veces he querido tener otro tipo de blog, uno adicional o uno que sustituya a este. Si cuento la cantidad de veces que he querido haberlo hecho anónimo desde el principio y así poder decir lo que yo quiera: como 20; o las veces que he pensado en tener un blog donde sólo invente cuentos a prosa tendida: 20 veces lo he pensado; o que el blog no tuviera nada que ver con Australia sino con cuentos que pueden pasar en cualquier lugar: 20 veces más. O cuando quisiera que el blog fuera en otro idioma, algo más retador e interesante: écrire dans la langue de l’amour, ou escrever so malandragem, lo he pensado al menos 20 veces. Van 20 + 20 +20 +20 = 80. Pero el tiempo libre que tengo por semana para esto me da un número negativo: -30. Ojo: 80-30 da cincuenta.

- Me han dado ganas de dejar este blog al menos unas 100 veces y quedarme sólo con el Facebook enviando besitos y bebidas cariñosas. Pero luego pienso en los posts de pensamiento libre que me faltan por escribir: como 20; en las experiencias de la Viv que hay que compartir: cuando menos 10 más, y en los post donde he gozado un mundo escribiendo: mínimo 20. Nótese: 100 -20 -10 -20 = ¡cincuenta!

Sean que le queden cincuenta posts más, o cincuenta días de vida, o cincuenta años, y con todo el horror numerológico que se apodera de mí ahora: ante todo gracias a los que leen, muchas más a los que comentan y ¡vayan mis mejores deseos a este blog por su cincuenta post-numerario!

lunes, septiembre 15, 2008

Hola, acabo de leerme todo tu blog…

Lo siguiente es una cadena de emails publicados aquí con permiso del remitente.

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(Primer mensaje, hace 3 meses…)

Hola, mi nombre es Señor X, …...leí de ti a traves de tu Blog…
Sucede que mi familia y yo estamos pensando seriamente en decidir vivir en Australia (pensamos mucho en que la mejor opción es Perth), y hay un millón de dudas que me asaltan y quería saber si podías ayudarme a despejarlas……aquí voy……..
Hace 2 años recibimos la residencia permanente, nos preparamos para ir, vendimos TODO, pero, al final, los miedos, dudas y amigos que nos decían que no era lo mejor, que acá estamos bien y demás, que ustedes también deben haber pasado, nos echamos para atrás...

(resto del email solicitaba información específica sobre costos, la vida en Australia, beneficios, etc... para tomar una decisión informada sobre emigrar o no)

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(Mi respuesta, hace 3 meses…)

Hola señor X,

Lo que me preguntas es algo de lo que tu mismo te tienes que convencer. Te le responderé con lo que me pasó a mí. Yo no me hubiera venido si no me hubiera quedado sin país, lo cual no es tu caso por lo que veo. A mi me iba bien en Venezuela pero me tuve que venir a Australia para que me siguiera yendo bien.

Ahora ya que estoy aquí y en el buen sentido de la frase, hasta daría gracias -en lo personal- de que las circunstancias me obligaron a venirme. Dependiendo de lo que te guste, y sobre todo, si tienes hijos, la vida en América latina no es vida.

Eso fue mi opinión personal.

En resumen. En tu caso, yo -personalmente- hubiera cometido el error de no venirme.

Saludos,

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(Nuevo email de la misma persona recibido recientemente...)

Hola Fer,

Acabo de dar una nueva mirada a tu blog...quería comentarte que mi esposa y yo hemos tomado la decisión de irnos para Australia (concretamente a Perth).....

(el resto del email solicitaba información de suburbios en Perth, hotel para llegar, colegios, universidades y costos)

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(Mi respuesta)

Hola X,

Felicitaciones por la decisión. Espero que te hayas convencido por ti mismo. No todas las experiencias son iguales. No todas las personas son iguales. Australia si es la misma para todos. Por ejemplo, si eres demasiado apegado a la familia que dejas allá, aquí ese tipo de persona pasa mucho trabajo por la distancia –los he visto, literalmente se derrumban. Pero si eres apegado a tu familia nuclear –la que viaja contigo- entonces es otra cosa. Australia con tantos parques y seguridad es para ellos, para los niños. En fin, no soy quien para increpar tu decisión, pero si te puedo ayudar con algunas de las cosas que me preguntas:

El colegio para los niños es lo que va a decidir donde vas a vivir, dado que los colegios públicos aceptan sólo “local intake”, es decir, tienes que vivir en la zona. Aquí no importa que el colegio sea privado o público, lo que importa es que sea bueno. Los hay buenos privados y públicos (y malos también). Y aunque la mayor cantidad de colegios con reputación son los privados, resulta que la mejor secundaria de Perth es pública: Rossmoyne Senior High School. Esta secundaria también tiene el programa ESL (English as a second languaje) el cual es una ayuda a los niños de los inmigrantes, en tu caso indispensable. No todos los colegios tienen este programa. Por favor ve en la página de Rossmoyne y ve el “local intake”, esa es la zona que sugiero para vivir. Para los más chicos hay una Rossmoyne Primary School para primaria donde aplica lo mismo.

Acostúmbrate a los suburbios de Perth en la siguiente página. Allí inmigrantes discuten sobre los diferentes suburbios, ventajas, conveniencias, etc. También hay información sobre como y donde alquilar. Domain y Real estate son las páginas típicas para que te des una idea pero lo mejor –indispensable- es comprar el periódico cuando llegues los miércoles y Sábados, e ir a visitar las casas.

Para llegar, algunos han estado llegando a Perth a este apart-hotel. Tiene cocina –que es lo que necesitas, no podrás comer en la calle todos los días y menos con niños- y el precio es aceptable.

Respecto a las universidades, por favor ve en la siguiente página. En Australia si hay universidades públicas, o más bien subsidiadas, de hecho, de cierta manera todas lo son. En todas hay que pagar por los estudios. Hoy en día los ciudadanos australianos (y te puedes hacer australiano luego de haber estado aquí 4 años) pagan una fracción del costo de los estudios. Los que no son ciudadanos australianos (incluyendo a los residentes permanentes) pagan completo. Para ambos casos hay un sistema de préstamo (HECS-HELP para ciudadanos y FEE-HELP para no ciudadanos) con intereses bajos que el estudiante, futuro profesional, pagará a través del sistema de impuesto cuando tenga el ingreso suficiente. Si tienes hijos en edad universitaria es importante que leas la página indicada arriba.

Respecto a costos, trae todo lo que puedas. Los dos primeros meses entre hotel, electrodomésticos, depósito para alquiler de vivienta, etc, se van mínimo 15K. Luego disminuye, pero nunca menos de 2.2K/mes.

Espero haber ayudado.

Saludos,

jueves, septiembre 11, 2008

La teoría del todo (1): Asia y Latinoamérica

Mencionaba anteriormente que había quedado muy impresionado con la seguridad en Tailandia, particularmente en Bangkok. Bajo mi óptica, esa ciudad lo tenía todo para que al menos la delincuencia común prosperara, a saber: ocho millones de habitantes, una ciudad aplastante y salarios bajos con la consecuente -y notoria- pobreza. Todo un arquetipo del tercer mundo. Y en efecto, Tailandia es un país en vías de desarrollo pero, aun así, se puede caminar a cualquier hora y por -casi- cualquier lugar.

En particular a los bajos salarios en masa los relacionaba con la eventual aparición de la viveza criolla que siempre evoluciona en corrupción o delincuencia -especialidades de la misma rama. Es así en toda América latina (y parcialmente en EEUU donde el sueño americano no les llega a todos).

Pero eso no ocurre para nada en Tailandia. Me recuerda al dicho -que encontraba hasta ahora romántico e irreal- “somos pobres pero honrados”. No obstante, es así. Y no sólo es así en Tailandia, sino que también lo es en los demás países asiáticos, por ejemplo China y Taiwán.

Teniendo los países asiáticos tanta pobreza, -repito- hay demasiada gente y pocos recursos, la pobreza en Asia es dramática; si eso es así pero Asia es tan segura, con una delincuencia y sociedad tan controlada, entonces ¿Por qué con una pobreza similar o menor, Latinoamérica es tan insegura? ¿Por qué? ¿Por qué la vida allá vale lo que vale un carro, y a veces menos, lo que vale un par de zapatos?

¿Por qué? ¿Por qué, vale?

Encontrar respuestas a esa pregunta guarda una cercana analogía con la reciente puesta en servicio del Large Hadron Collider o LHC. Esta es la mayor y más compleja máquina hasta ahora construida por la humanidad; se trata de un acelerador de partículas construido para hacer chocar rayos de protones y así estudiar las partículas resultantes. El LHC fue puesto en servicio la semana pasada en la frontera entre Suiza y Francia con la colaboración conjunta de físicos de 34 países. ¿Y para que sirve ese aparato? El propósito del LHC es el de producir la única partícula que todavía no ha sido detectada –el bosón de Higgs. Esta partícula serviría para validar la teoría de la materia, así como explicar completamente a la gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear, entre otras. En fin, se estaría arribando al santo grial, a la partícula que daría origen a la teoría del todo.

Y finalmente todo quedaría explicado. ¡Todo!

Sé que suena osado intentar darle explicación al mayor problema que tiene América latina por delante. Sin embargo, lo que observé en Asia, unido a mis experiencias anteriores, lo que he estado leyendo y sobretodo una reciente conversación con un personaje Australiano, me han dado un punto de vista tan diferente que al menos merece ser compartido aquí -en el próximo post.

Mientras tanto queda colgado entre líneas: ¿Por qué en nuestros países hay tanta inseguridad social, tanta violencia? ¿Por qué?

lunes, septiembre 08, 2008

Decálogo decadente Tailandés

Directo desde nuestras maravillosas vacaciones y sin cabida a más introducción, aquí está el Top Ten Thai:

NÚMERO 10:
Disco inédito en Tailandia de José Luís Rodríguez -El Puma- en su época con La Billo’s:

NÚMERO 9:
Hasta ese momento no había visto a ninguna mujer musulmana en la playa:

NÚMERO 8:
La profesión más vieja del mundo nunca duerme en Tailandia. Esta foto es a las 10:30am:

(Esta industria es muy extendida y hace a Tailandia tristemente célebre en el mundo)

NÚMERO 7:
Rancho tailandés en el mar de Andamán (y había muchos más):


NÚMERO 6:
Estos avisos estaban por todas partes en Phuket, no muy estimulante para unas vacaciones:

NÚMERO 5:
Trajes de baño a la medida:

NÚMERO 4:
Mucha gente va a Tailandia a hacerse trajes copiados de diseñadores famosos a la medida. Los precios son sorprendentes bajos:

NÚMERO 3:
Aquel día, en plena Asia, sin nada familiar alrededor, pase al lado de la portada del periódico -del cual no entendía ni papa- y vi de reojo a la chica del cuadro pequeño y dije: “¡epa! ¿Qué paso ahí?” (Interprétese: ese corrientazo que da cuando vez algo demasiado, desmedido, exageradamente familiar)

Y en efecto, era Dayana Menoza que había ganado el Miss Universo la noche anterior y nosotros ni sabíamos. El grito de la sangre que llaman.

NÚMERO 2:
Para todos aquellos amantes de la más reciente cadencia boricua (¿Por qué será que Puerto Rico acapara toda la música del Caribe?) Para leerlo sentado. Sin más, señoras y señores: nos pusieron Regueatton en el boxeo tailandés (ver video):


Yo me perdí toda la historia del regueatton en el caribe. La sigo de lejos; a lo mejor algún día escribo sobre mis impresiones. Lo cierto es que aquí he visto a más de uno que dice que lo odia bailándolo “agachao”.

Y finalmente, LA NÚMERO 1:

Mira a esta princesita japonesa. Que linda ¿no?

Mira de nuevo. Como dirían aquí: “sorry mate, it’s a bloke!” (lo siento pana, ¡es un tipo!) A esta otra, del mismo show, se le nota más:


jueves, septiembre 04, 2008

The aussie way (3): Mateship

Todas las culturas tienen un aspecto que destaca por encima de los demás, ese “talante” que caracteriza al país o región. Lo que es la competitividad para los norteamericanos, el apego por los detalles artísticos para los franceses, o la calidad para los japoneses, tiene su equivalente en Australia. Este es para mí, sin duda alguna, el mateship.

Lo escribo en inglés porque no se trata de simple compañerismo; es algo difícil de explicar en palabras, pero temerario como soy lo voy a intentar. El mateship se basa en el principio de que todos somos iguales, y de allí se deriva que nadie deba osar destacar por encima de los otros. Esto es particularmente cierto en grupos de trabajo o de amigos, pero también es aplicable a la sociedad en general. El mateship está en el centro del australianismo y es la fuente de la cual se alimentan casi todos los clichés de lo que significa ser aussie. Es idéntico desde Brisbaine hasta Perth, y por eso sostengo que este es el país más uniforme que he conocido (por ejemplo hay muchas más diferencias entre Nueva York y Los Angeles, o entre Bogotá y Medellín que las que hay entre la gente de Sydney y Perth)

El mateship tiene sus códigos, por ejemplo un good bloke es un tipo que trabaja duro el cual se ha construido una reputación entre sus mates a base de compañerismo, participación y mucha (muchísima) humildad. En Australia se entra a un grupo siempre por alguna actividad: trabajo o grupo de interés (hobbies o comunitario) y para ser considerado un good bloke es imperativo hacer tu trabajo bien; no vale -como en otras partes que no quiero mencionar- sólo ser simpaticón. Igualmente, ser humilde -low key- es muy importante; tanto que lo más admirado, y requisito indispensable para ser jefe o gerenciar lo que sea, es que uno finja ser menos de lo que en realidad es: típicamente los jefes exitosos son aquellos que andan con el blue jean roto, hacen BBQ, toman cerveza y se ensucian las manos “allá abajo” con sus subordinados. Otra situación típica de low key es cuando en un grupo alguien comienza a exaltar las cualidades de uno. Aquí uno debe (tiene que) dirigir la conversación hacia otro lado y mostrar que uno está ruborizado. Complicado ¿no?

Pero si eres realmente un tipazo de humilde y colaborador, entonces estás en peligro real de pasar al estatus de, oh dear!, serías un top bloke. Este es el desideratum de la sociedad Australiana y generalmente allí se accede después de mucho esfuerzo. Típicamente allí están las personas que se destacaron en algún deporte (otra de las vacas sagradas Aussies) o personas con mucho carisma. Pero, no es el mismo carisma latino de vivo criollo, no, para nada. Es alguien muy humilde, que se relaciona bien -según los códigos locales- trabajador, con los pies en la tierra, y es en cierta forma divertido, que da gusto emprender algo con él.

En este punto alguien estará pensando que el mateship es algo que es aplicable en todos partes del mundo. Y lo era, por ejemplo en América latina en ciertos sectores –por ejemplo corporativos o transnacionales. Sin embargo, los latinos no tenemos la igualdad como un valor, y de alguna manera más bien tenemos valores contrarios. En ningún lugar, que yo haya conocido o leído, hay todo un país tan alineado con los valores de igualdad y humildad como Australia, y es a todos los niveles sociales, que por cierto, diferentes niveles sociales sí existen aunque casi nadie le gusta hablar abiertamente de ello (porque se supone que todos somos iguales ¡eso es!)

Hay muchos códigos con los que se expresa el mateship, por ejemplo con la archiconocida expresión “mate” (compañero, amigo) para llamar a alguien que se escucha por todos lados. Esta, dependiendo de la entonación y situación puede expresar muchas cosas diferentes, incluyendo una cierta carga despectiva, pero generalmente expresa mateship.

El mateship a nivel personal es muy blockey -de hombres- y en general Australia todavía arrastra una cultura machista (pero avanza muy rápido hacia la igualdad de los sexos) Para que se vea la naturaleza de la relación entre mates, aquí una amistad entre hombres es una admiración mutua y un compinchismo tal que llega al punto de dos amigos irse de vacaciones por una semana o más a pescar o surfear juntos, lejos a otro país, y dejar a las mujeres y niños en la casa (cosa inaudita en otras partes del mundo) Aquí si alguien es tu mate personal, es un vínculo irrompible para toda la vida.

Con el mateship o compinchismo de grupos en el trabajo hay que tener cuidado, y he sido víctima de este mucha veces, sobre todo al inicio en un nuevo rol o proyecto donde todavía no me aceptan en el grupo. También con esta manía de ser todos iguales, Australia se presenta como uno de los sitios más difíciles para ejercer autoridad y liderazgo. Aquí existe esa idea en el imaginario popular de que ellos no necesitan jefe (el muy aussie tall poppy syndrome: rechazo a todo aquel que se destaca). Los que tenemos a personal aussie reportándonos nos las vemos negras si no conocemos los códigos del mateship. Sin embargo me he beneficiado muchas más veces de lo que me he perjudicado de la unión que existe en un grupo cuando este está cohesionado.

Realmente hay que tener hielo en las venas (o no entender la mano) para no sentir admiración por este valor tan australiano. Si yo hubiera crecido aquí, verdaderamente me sintiera muy orgulloso.

See ya later, mate!

lunes, septiembre 01, 2008

Being “Cool”

Anoche tuvimos el placer de asistir al concierto de Andrea Bocelli en el Burswood Dome. Apoteósico, para que decir menos. La tarantella, el barbero de Sevilla, la cavalleria rusticana, todas fueron cantadas, junto a los clásicos pop. Todo muy bueno, aunque los asientos un poco incómodos. En el intermezzo me di a la tarea de analizar a la fauna del evento.

La gran mayoría de los asistentes vestía sus mejores galas. Casi todos vestidos de oscuro, había corbatas, las mujeres con trajes largos, todos portaban sus mejores sonrisas. Había grupos que se conseguían con otros grupos, besos y abrazos iban y venían. El ambiente era cheerful total. Un sitio para ver y dejarse ver, para mostrar que estás “in”. Me quedo pensando que en esta cultura mucha gente hace cosas para mostrarse a los demás, sólo para que los vean, y para relacionarse con otros. Esto me recuerda a una de las tantas vacas sagradas nuestras, el axioma según el cual el típico caribeño “compra cosas que no necesita, con dinero que no tiene, para aparentarle a gente que no le importa”. Tú sabes como es.

Me imagino la estampa del típico pantallero criollo importado aquí: el tipo anda en un 4WD gigantesco, de esos con sunroof con unos cauchos de 33’’, con actitud de que el mundo es de él: música a todo volumen, vidrios abajo, mirando alrededor a ver quien lo ve. El tipo va bajando a toda velocidad por la Mitchell Freeway y decide darse una vueltas por el centro de Perth para darse un “toque técnico” y ver que levanta, porque “mi pana, tengo la nave así tipo urbano, para pasear por la ciudad”. Aquí me pregunto: ¿es necesario un 4WD para pasear por la ciudad? ¿Un 4WD no es para salir fuera del pavimento? En fin, nuestro amigo entra en la city, y mientras pasa va saludando a los transeúntes cual reina de carnaval. Así llega a la St. George Terrace y lo agarra el tráfico. Justo allí cambia la música que tiene en el iPod conectado al carro, y en las cornetas: el presidente del género, Don Omar. Suenan los bajos Ki-ti-pum, Ki-ti-pum, Ki-ti-pum. Y dice: Chuli como te sientes, “Suelta como gavete”, pues agarráte vamos pa’arriba como un cohete. Y el tipo se menea y menea con los bajos del regueatton. El 4WD salta -ayudado por los cauchos de 33’’- al ritmo de la estridente música. Y suena el coro: ella bailando es una bomba, deja que se rompa, que lavo su pompa…Y el tipo se asoma hasta el torax por el sunroof, bailando el ritmo boriquoso, dando clases de perreo in-situ, hasta que estalla la risa de todos los que van asomados en la cola de la St. George Terrace.

Esa es nuestra estampa, reza la sapiencia popular. Pero volviendo a la cultura Australiana, aquí mucha gente sí invierte cantidades considerables en cosas que no necesita, en pasatiempos que simplemente les gustan. Invariablemente esto involucra un grupo con el que te quieres identificar -otros a los cuales les quieres mostrar lo que haces o lo que tienes. Hay todo tipo de locuras, todo el mundo colecciona algo, o es fanático de cierto tipo de películas, y las tiene y se reúne con los que las tienen, o carros a control remoto, o camping. Y lanchas: mucha gente las tiene y las exhibe con orgullo y hablan de ellas (algunos parece que sólo saben hablar de eso) Aquí todo eso es normal. Se usa el término Cool para definir algo que es “chévere”. Cuando algo es Cool entonces vale la pena hacerlo o tenerlo. Y se acepta que otros lo admiren y lo quieran hacer o tener también. Allí entonces se usa el término “turning heads”: cuando vas por la calle con una ropa Cool y los demás voltean. Que otros volteen a ver lo que llevas, te hace sentir más Cool, sin ninguna connotación negativa.

Pero si es uno de los nuestros, entonces no se es Cool sino faramallero. Cosas de la vida.

Por cierto, ya por fin cambié de carro, abajo está una foto. Casi me olvidaba de ese detallazo.

domingo, agosto 24, 2008

El australiano Mike Martin (o de los orgullos nacionalistas)

Mike Martin es australiano. Tan australiano como el venezolano José Fernández.

Mike Martin llegó a Australia desde Venezuela por allá en los años ochenta. En aquel entonces lo único que había que hacer para inmigrar a Australia era tener ganas. No hacia falta -en principio- hablar mucho inglés, y algún filtro menor se aplicaba en cuanto a preparación académica. Inclusive Australia le pagaba el pasaje, primeros meses de estadía y entrenamiento en el idioma al inmigrante. Fue así como Australia vio llegar a Mike, que en realidad no era tal; su nombre de pila era Miguel, devenido en Michael, y para los amigos “Mike” por cuestiones de adaptación. Mike llegó recién graduado de electricista, muy joven. En Australia Mike terminó de crecer, se casó, tuvo hijos, amigos, compró casa e hizo una vida. ¿Qué razones llevaron a Mike a salir del Caribe y venir a parar aquí tan lejos? Eso sólo lo sabe él porque Mike no habla mucho al respecto. De hecho, Mike, luego de tantos años aquí, prefiere hablarme en inglés. Es que no había muchos latinos aquí para la época, y hoy en su casa, lógicamente, se habla inglés. Y todo el tiempo me está sugiriendo que hable inglés en mi casa con Yel y Viv (¡imagínate!) porque: “el inglés es lo más importante aquí, tú sabes. Además, ¿para que vas a hablar español si aquí eso no sirve para nada? ¡Olvídate de eso!” me dice. Mike con el tiempo se ha embebido en el fanatismo patriótico aussie: para él un Holden Commodore es el mejor carro del mundo; se le olvidan algunas palabras en español, le encanta una barbie (parrillada), tiene pocos amigos -pero tiene muchos contactos- me mira mal cuando soy “muy venezolano” o cuando critico algún aspecto de la vida en Australia. Mike es Aussie, tiene un montón de años aquí, y espera que yo sea Aussie como él, pero fuera de eso, Mike es, como muchos Aussies, un “top bloke”, es decir, un tipazo.

José Fernandez es venezolano. Tan venezolano como el Australiano Mike Martin. También es australiano porque José nació en Australia de madre venezolana. José es joven, en sus veinte y pico de años, habla español -si acaso- muy mal, pero no pierde oportunidad de practicarlo cada vez que nos ve. José fue un par de veces a Venezuela a visitar a familiares de sus padres cuando era un niño, pero hoy en día los siente lejanos. José, sin embargo, siente simpatía por todo lo que es latino y en particular por lo venezolano -pese a su mal español. No obstante, José creció aquí en Australia y desarrolla una vida normal australiana: se emociona con los juegos de footy, se viste, habla, camina y se comporta como un aussie, sus amigos son aussies; a pesar de lo que él diga, porque a veces se refiere a los australianos como “ellos”, con la connotación de “esos que son diferentes a mi”. Conversando con él creo que puedo inferir por qué: José creció en un ambiente un poco rudo para el extranjero -o aquel de origen extranjero- donde los sobrenombres y las burlas en el colegio no eran infrecuentes; cosas de muchachos, dirán algunos, y no dudo que así fuera, pero bromeando a veces a algunos se les fue la mano, por lo que puedo percibir.

Hace unos días mi querida hijita estaba viendo los juegos olímpicos, emocionada, sobreexcitada con las hazañas del equipo australiano, y justo allí se me ocurrió preguntarle: “Viv, si Australia compite con Venezuela ¿a cual equipo le irías tú?". Mi pequeña se quedo pensando, rumiando, recapacitando, y no me contestó nada. Me dijo que la pregunta era muy difícil y se sumió de nuevo en la televisión. No hay duda que a estas alturas la pregunta es difícil y en el futuro, lo será más, o tal vez no. Lo único seguro es que Australia ha cambiado mucho desde los días en que José estaba en la escuela. Hoy los bullies o bravucones son duramente castigados y la posibilidad de un ambiente hostil para alguien de origen extranjero es casi nula en Australia. Esto deja abierta, sin contaminantes, la posibilidad de que los niños se identifiquen con este país, con su país de origen, con los dos o con ninguno. Muy probablemente se identificaran mucho con este, un poco con el de origen, depende de los padres.

¿Y los inmigrantes adultos actuales? Estos vienen a este país después de pasar por un filtro donde se les solicita conocimientos del idioma y sobre todo una contundente experiencia profesional. Por ello, estos no llegan con la maleta vacía como llegó Mike Martin. El que llega a Australia hoy invariablemente tiene logros previos, financieros, profesionales, culturales o académicos, conseguidos en su país, que lo hacen caminar altivo, ostentando cierto orgullo por su tierra, la cual dejaron por razones que no son su culpa, circunstanciales, y por lo tanto no tienen absolutamente nada de que avergonzarse. Siendo así, ese orgullo les dificulta hacerse “Aussies” y probablemente no lo sean nunca. Serán, a lo sumo, venezolano-australianos o de cualquier otro origen una vez que se nacionalicen. En mi caso, Australiano nacionalizado, también suma el hecho de que no hay ningún aussie que piense que yo o cualquier otro por el hecho de portar un pasaporte australiano ya somos aussies. Comprensible, si me preguntan a mí, y yo reciproco en consecuencia.

Nuestro orgullo no es comprensible para alguien tan aussie como Mike. Él llegó muy joven y sin experiencia, él le debe todo lo que es hoy a Australia, y no pasó su infancia aquí así que no lo conoce todo -como José. Para Mike, igual que para algunos Aussies, a Australia no se le critica, es una cuestión de respeto. A Australia se le quiere y obedece. Punto; como a las madres: “no se discute lo que mamá dice”. Yo, sin embargo, opino diferente. Quería y quiero mucho a Venezuela, y en esa misma medida la criticaba, para plantar la semilla de la mejora; en la crítica indagaba respuestas y el proceso me ayudaba a entender. Igual es en Australia, la critico -igual que hacen muchos Aussies educados, por cierto- porque deseo todo lo mejor para este gran país en el cual decidimos vivir.

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martes, agosto 19, 2008

Suplicio en Phuket

Te juro que no queríamos ir. Protestamos, nos opusimos, pedimos comunicarnos con la embajada Australiana, apelamos a que nos acompañaba una menor de edad, pero igual nos obligaron. Quien me manda a estar metiendo tanta cosa en esas maletas. En fin, lo cierto es que tuvimos un malentendido con la aduana Tailandesa en Bangkok y nos mandaron a un centro de detención en Phuket, este:

Fue horrible. El trato fue absolutamente vejatorio. Todos los días nos obligaban a trabajos forzados en la playa. La temperatura del agua era tan cálida que nosotros al principio sospechamos que personas con problemas de incontinencia se habían bañado justo antes allí, pero luego averiguamos que esa es la temperatura normal. La que más sufrió en la playa fue la Viv, mirála aquí, pobrecita:

Pero allí no acabaron los malos tratos. No contentos con el trabajo forzado durante el día, también en las tardes nos transportaban a Patong, a la ciudad, para que continuáramos trabajando de noche. Patong era sórdida, bizarra, se veía cualquier cosa en la calle:

El transporte era patético:

Y justo cuando pensábamos que habíamos caído bajo, descendimos más abajo todavía:

Los reclusos se peleaban casi todos los días (Muay Thai: Boxeo patada tailandés).


Y tenía que defenderme:

Por ratos, al menos pudimos ahorrarle amarguras a nuestra pequeña al enrolarla en el retén de menores (Kid’s club) Allí tenían a varios niños en actividades de rehabilitación:

Algunos días nos trasladaron a otras playas para seguir martirizándonos. Una de ellas fue Phi-Phi Island, donde fue filmada la película The Beach (La playa) con Leonardo Di Caprio. La playa más hermosa del mundo, según nos dijeron para engañarnos, pero la verdad es que los paisajes eran absolutamente deplorables.


Otro día nos llevaron a James Bond Island, donde fue filmada la película homónima The man with the golden gun (el hombre de la pistola de oro) con Roger Moore. Yo soy un fanático de James Bond y no me creo que esa fue la locación de esa película porque la formación rocosa que aparece en el fondo de la siguiente foto explotó en la película original. ¿Cómo es que todavía sigue allí? Puras mentiras. Sólo querían vernos sufrir.

Pero lo peor de todo, y lo digo sincera y francamente, fue la comida. ¡Que espanto de comida! Preferíamos no comer. Casi nos morimos de inanición:

Cada vez que nos tocaba comer, a Yel se le notaba en el semblante. Le repugnaba:

Tanto fueron las nauseas que Yel decidió hacer un curso de culinaria tailandesa:

En fin, quedamos humillados, vejados, desmoralizados. ¡Más nunca volvemos para allá!

Más de 100 fotos del resto de nuestro calvario en Phuket aquí.

miércoles, agosto 13, 2008

El tiempo

Eran Yel y dos amigas que miraban las fotos de nuestro reciente viaje a Tailandia en la pantalla plana de la sala. Pasaban foto tras foto mientras Yel les iba comentando los pormenores. Viv estaba en la misma sala en una mesita dibujando, concentrada, sesuda, abstraída de las fotos. Yo observaba la situación a lo lejos, en la mesa del desayuno, tomando un trago de no me acuerdo que. Las mujeres comenzaron a subir el nivel del cuchicheo al pasarse por una serie de fotos de la Viv. La orgullosa madre se hinchaba ante los madrigales que le lanzaban sus amigas a nuestra hijita: “Mira esa… ¡que linda!”, decían. “Y mira esta otra foto”, se escuchó luego. La escena transcurría linealmente hasta que Yel cambió su expresión al escuchar a una de sus amigas decir boquiabierta: “¡mírala allí Yel! que grande se ve…”

Casualmente sonaba en la sala una canción vieja, de esas de al menos 5 años atrás. Me hizo acordarme de un cuento que le contaba a la Viv cuando estaba pequeña hacia esa misma época. En aquel entonces yo no me sabía ningún cuento para niños, y además había que contárselo con la luz apagada porque la idea era que se durmiera, así que no le podía leer. Ni modo, tuve que inventar el cuento. Este era sobre una niña llamada Vava cuya madre la envió en un tren desde París a visitar a su abuelita en Budapest. Vava viajaba con su perrito Doggy. Una vez en la cabina de pasajeros del tren, Vava se sintió importunada por el humo de un señor que estaba fumando una pipa. Es así como Vava decide acudir a la policía del tren para que intercediera, y así lo hicieron, pero provocaron una reyerta en la que el policía decide sacarle la pipa al señor de la boca y tirarla por la ventana. El señor de la pipa, a su vez, decidió quitarle un zapato a Vava y también lo tiró por la ventana. En medio del atajaperros que se formó, Doggy se escapó corriendo de la cabina, y Vava, sin un zapato, se fue atrás de él. El señor de la pipa también huyó de la policía. Vava buscó a su perrito por todo el tren pero este no apareció; la pobre Vava quedó muy triste, y así el tren siguió hacia su destino. Al llegar a Budapest, Vava le contó todo a su abuelita, y esta le dijo: “Vava, vamos a la comisaría a declarar a tu perrito Doggy como perdido”. Al llegar las dos a la comisaría ¡vaya sorpresa! La policía había agarrado al señor que se había escapado y también al perrito de Vava, Doggy. El perro tenía algo en la boca: ¿Qué era?

Aquí Viv invariablemente me respondía: “La pipa, Papi”. Y yo le decía: “No, no. Tenía el zapato de Vava en la boca”. Y justo en ese instante Viv se echaba a reír largo y tendido, y yo con ella. No importaba cuentas veces yo le contara esa historia ella siempre contestaba lo mismo: “la pipa” y luego de mi respuesta nos destornillábamos de la risa, una y otra vez. Ahora que me acuerdo me rió de nuevo.

En eso, mi canción vieja de hace 5 años se acabó en la sala, y yo levanté la mirada de nuevo. Allí seguían Yel y sus dos amigas, ya hablando de otra cosa. Viv seguía dibujando. Y mi flashback entró en una pausa, sucumbió a lo terrenal, a lo tangible, al pragmatismo de un viernes por la noche. Lo único que había quedado allí, colgando en el aire y sin dar cabida para cursilerías, era aquella frase de Caro: “¡mírala allí Yel! que grande se ve…”

A veces la realidad nos alcanza de forma tan contundente que sin mediar palabra le da dos bofetadas a cualquier recuerdo y lo acuesta a dormir. Benjamín Franklin tenía una frase categórica: “¿amas a la vida? Entonces no desperdicies el tiempo porque es la sustancia de la que esta hecha”. Yo me atrevería a parafrasear: ¿amas a tus hijos? Entonces invierte la mayor cantidad de tiempo posible con ellos.

jueves, agosto 07, 2008

The Aussie way (2): The Barbie

Barbeque, BBQ, bar-bi-kiu, parrillada, asado, o como le dicen cariñosamente aquí, la “barbie”, es la quinta esencia de las tradiciones australianas y es sin duda la costumbre con la que más se identifican los australianos. Varios países del mundo tienen una tradición similar pero en ninguna parte la han sofisticado tanto como aquí. Toda casa que se respete en Australia tiene una parrillera en el patio trasero y muchos parques tienen parrilleras públicas. En fin, es toda una institución. Como toda institución, esta necesita reglas, así que me he dado a la tarea de compilar algunas:

LOS 10 MANDAMIENTOS DE LA PARRILLADA AUSTRALIANA

1. NO COMPARARÁS
Si vas a una parrillada en una casa australiana no oses comparar la aussie barbie con tu parrillada venezolana (o asado argentino o churrasco brasileño) y mucho menos decir que la tuya era mejor, o lo peor, que la aussie barbie es una copia de la barbeque americana. ¡No digas nada! Ellos deben continuar pensando que son los otros que se copiaron de ellos –si quieres que te inviten de nuevo.

2. NO USARAS FÓSILES PRIMARIOS
Atención venezolanos: aquí no se usa carbón en la parrilla, se usa gas. No hay venezolano que conozca que no haya reaccionado con horror al enterarse de esto, y al principio todos han vertido innumerables epítetos sobre la costumbre gasífera, pero en menos de seis meses todos están felices volteando carne en su parrillera a gas. Es más limpio, mucho más rápido y el impacto en el sabor es mínimo para la calidad de carne que se consigue aquí.

3. NO PERDERÁS EL GLAMOUR
Nada de comer en platos plásticos o de cartón, eso es para tortas. Después de todo no es sólo una parrillada, es la más famosa tradición australiana. Se debe sacar la mejor de las vajillas y los mejores cubiertos, no importa que sea en un parque público. Si la necesidad apremia, es preferible dar de comer a los invitados en una servilleta.

4. NO TORTURARÁS
Un bistec debe ser cocinado en una vuelta y listo -si quieres que le quede esa capa caramelizada- Nada de torturalo con 15 vueltas (so pena de que quede hecho una chancleta)

5. NO MUTILARÁS
Atención venezolanos: aquí la carne no se sirve picada en trocitos. Repito: no se pica, no, no, no. Aparte de que así se enfría más rápido, aquí la carne es de primera calidad y no hay necesidad de disfrazar la calidad de la carne picándola. Si nos fijamos, en Venezuela cuando la carne era buena (lomito, punta, churrasco) tampoco se picaba.

6. NO ESCATIMARÁS
En Australia la carne buena es muy buena. Estamos hablando de Porter steak, Scotch filet, rump, etc. Es buena y es cara. Pero si sucumben a la tentación de comprar “esa carnita del super que es más barata” pagaran la penitencia de su sabor: ¡es horrible! Sabe a cera de oído. Aquí la carne cara es buena pero la barata es pésima. Nota: el 80% de las aussie barbies populares son con salchichas y cebolla, aquí no me suscribo y les doy el mismo tratamiento a las salchichas que a la carne barata.

7. RESPETARÁS A TU DIOS (BACO)
Parrillada australiana sin cerveza o vino no es parrillada australiana.

8. SERÁS GENEROSO
Existe un viejo adagio en Australia que pregona que no se le debe abrir al invitado que toque la puerta; eso, porque el acto indica que no está cargando la debida caja de cervezas. Uno sólo debe abrirle al que toque la puerta con los pies. Moraleja: nunca vayas a una Aussie Barbie sin llevar algo para compartir, sea esto cervezas, el postre, carne, o lo que sea. Pregunta antes.

9. NO OSARÁS CRUZAR EL UMBRAL
En Australia una mujer no se acerca a una parrillera ni de lejos, eso es territorio de hombres. Igualmente, un hombre no mueve un dedo por hacer la ensalada, eso es territorio de mujeres. En el evento, se separan en hombres (alrededor de la parrillera, hablando de carros, lanchas y cosas de hombre) y mujeres (alrededor de la ensaladera, chismeando y hablando cosas de mujeres)

10. NO MALINTREPRETARÁS
Atención venezolanos: no deben asumir que en Australia cambiaron a la yuca y hayaquitas como acompañantes por el ñame. Cuando un australiano repite “ummm, ñame” (yummy) quiere decir que le gustó la parrilla.

sábado, agosto 02, 2008

La otra ciudad de los ángeles

Algunos le dicen el llamado de la selva, o el llamado de los lobos, pero a mi me gusta más la expresión “Les chèvres sont toujours attirés par le maquis”. Lo cierto es que volamos y desandamos parte del camino antes emprendido. Me preguntaba: “¿Qué tiene Tailandia?, ¿Qué tiene Bangkok qué atrae a tanta gente no sólo de vacaciones, como eran nuestros planes, sino que inclusive muchos farang se quedan a vivir? ¿Por qué ese coolness factor que envuelve a todo lo que tiene que ver con el antiguo reino de Siam?”

Al abrirse la puerta del aeropuerto recibimos una bofetada de calor húmedo que vino con un cúmulo de recuerdos primarios, de esos que no vienen del cerebro sino de la memoria visceral. Cuando nos adentramos a la ciudad inmediatamente nos sobrevino una sobre exposición de los sentidos. Bangkok es gigante, ruidosa, con un tráfico aplastante. Miles de personas marchaban por las calles, cuales hormigas, tratando de sortear a los muchos vendedores callejeros, puestos de comidas, otros transeúntes, turistas, miles de motos, vehículos.

Y Olores. Había muchísimos puestos de comida en la calle.
Así, el muy familiar tercer mundo nos dio -de nuevo- la bienvenida. Definitivamente esto no parecía -y aquí me permito usar el término mexicano que es menos despectivo- para niños fresa.
Pero esa fachada dura pronto develó un Bangkok mucho más cálido. El Bangkok de la eterna sonrisa Tailandesa, del hablar bajito, del conocido saludo “sawadee-ka” con las manos juntas en forma de rezo, de gente servicial que se desvive por atender, de un gracias “kah-kun-kah” del que casi se le siente el terciopelo. De un lenguaje tonal que recuerda a la textura de la seda. Viniendo de donde vengo, ya casi había olvidado este nivel de contacto personal.

Bangkok es sórdidamente espiritual. Los tailandeses son budistas de la tradición Therevada la cual se basa en la introspección -observarse uno mismo- la meditación y en acogerse a un sistema de preceptos entre los que destaca el “camino medio” o no-extremismo; este enseña fundamentalmente a no aferrarse pero tampoco a reprimirse. Casi cada dos cuadras hay al menos un pequeño altar para rezar, y por supuesto, también hay templos grandilocuentes que son destino turístico. Hay al menos 10 de estos templos, pero los más destacados son el Wat Pho y el Gran Palacio, este último es un complejo con varios templos que queda adyacente a la antigua residencia del Rey de Tailandia; infaltables en una visita a Bangkok.

“El Buda Acostado” dentro del templo “Wat Pho”


El Gran Palacio

Un análisis de la espiritualidad Tailandesa no está completo sin incluir la relación del pueblo con el rey. Tailandia es una monarquía constitucional, hay un primer ministro, pero se consiguen afiches y fotos del rey por todas partes. También observamos con curiosidad pequeños altares con ofrendas a reyes pasados (recientes de una o dos generaciones atrás)

La religiosidad en Tailandia se sincretiza abiertamente con la cábala y la superstición. Ningún tailandés osaría dar un paso importante sin antes consultarse con un Chamán. Esto en si, es sumamente complejo y es motivo de turismo temático desde todas partes del mundo -más popular de lo que uno podría imaginarse. Las ofertas de lecturas de cartas, planta de la mano, lectura de tabaco y demás hierbas abundan por todos lados, inclusive en el medio de la calle. Para mí todo es válido siempre que logre inspirar a la gente a prosperar por el buen camino. Curiosamente, observamos como se venden los números de teléfono celular de acuerdo a los números “de suerte”, siendo más costoso el que repita cierta combinación de números. ¡Numerología en acción!

El desapego por las cosas materiales del budismo tailandés contrasta poderosamente con el consumismo desaforado que se ve en las calles. Con todo el comercio formal abierto todos los días hasta las 10:00pm y el informal trabajando 24 horas, había centros comerciales inmensos, hiper-lujosos. También había mercados populares disfrazados de centros comerciales, y mis preferidos los mercados al aire libre. Los precios, risibles, en particular viniendo de Australia. El fuerte era ropa, calzados y joyería, todo de excelente calidad. Después de todo si uno revisa la etiqueta de cualquier camisa de marca comprada en cualquier lugar del mundo hay una buena oportunidad de que haya sido manufacturada en Tailandia.

Chinatown en Bangkok
(en este mercado se podría conseguir hasta un riñón para un transplante)

El anochecer en Bangkok no significa absolutamente nada para el ritmo de la ciudad. El tráfico y la cantidad de gente siguen igual. Aparecen, sí, las luces de neón y una vida nocturna que dejaría a las Vegas con los ojos pizpiretos.


Bangkok no sólo no duerme sino que -como los Gremlins- le gusta comer de noche. La gastronomía tailandesa no necesita presentación; faltaría aclarar que donde se come mejor es en una de esas mesas plásticas en las aceras junto a las ventas de comida en la calle –el precio es regalado. Una escapada a alguno de los muchos restaurantes de lujo también vale la pena. Comer en Tailandia es toda una experiencia: para dos o tres personas se sirven seis o más platos variados y cada quien toma un poco de cada uno. Lo que importa es compartir y el momento social.


Bangkok es una ciudad inmensa, intimidante. Al principio nuestro primer instinto fue el de resguardar nuestra seguridad personal, pero rápidamente corroboré lo que había investigado antes: Bangkok es una ciudad sorprendentemente segura. Se deducía por la inmensa cantidad de turistas y expats que se veían a toda hora y la omnipresencia de la policía turística.

Todo en Bangkok era increíblemente barato por cualquier estándar, cosa que indicaba -y que además sabía de antes- que los salarios tienden a ser muy bajos, que existía pobreza. Esta, además, era evidente. Yo siempre había asociado -demográficamente- a la pobreza en masa con la eventual aparición de delincuencia común, y ver a esta inmensa ciudad tal Caracas o São Paulo, con los mismos vicios tercermundistas, con el mismo caldo de cultivo, pero sin el mismo resultado violento anti-social, para mi representó un cambio de paradigma el cual me prometí analizar con mayor profundidad en el futuro. Para completar la utopía, Tailandia no tiene una industria petrolera o minera. Ellos viven de la manufactura y exportación de bienes de todo tipo -a super bajo costo- y de la agricultura. Eso, junto a otras actividades (turismo incluido) es lo que genera empleos.


Los salarios bajos más bien se manifiestan en algunos tailandeses tratando de sacarle dólares rápidos a los turistas. Algunos taxistas nos mentían diciendo que tal atracción estaba cerrada e insistían en llevarnos a una tienda o restaurante en particular –donde él ganaba una comisión. Hubo muchos casos como ese. En fin, lo intentaron mil veces pero no pudieron con nosotros. Los chóferes de los tuk-tuks eran particularmente mercenarios. Un tuk-tuk es un pintoresco carro-taxi de 3 ruedas que se maneja como una motocicleta, pintado de todos los colores posibles, que por sus características no tiene taxímetro. En Bangkok hay miles y miles de Tuk-tuks. Bangkok no fuera Bangkok sin ellos.


Nos fuimos de Bangkok sobre expuestos, saturados de pensar sobre cosas en las que usualmente no pensamos y muy satisfechos. Viviendo en la tranquilidad acogedora de Perth, Bangkok nos recordó la importancia de tener cierto agite de vez en cuando (y no hay que salir de Perth para tenerlo) También por primera vez sentí que mi tiempo para experimentar algo que realmente me atraía ya había pasado. En fin, no es difícil dejarse deslumbrar por la que -muchos dicen- es la verdadera capital del mundo.

Después de demolernos en Bangkok nos iríamos a Phuket, allá en la playa tendríamos unas vacaciones más convencionales, serían más las vacaciones de la Viv, y le daríamos un descanso a nuestros maltrechos sentidos.

Más de 100 fotos de nuestro viaje a Bangkok aquí.